miércoles, 3 de agosto de 2016

Capítulo 38.

- No puedo estar tan feliz… -Dije acariciando su brazo y ella sonrió.- No es que un papel cambie las cosas, porque nos amamos igual… Pero, fue un detalle para sellar lo que nos pasa que me hace muy feliz mi amor.
-Tomó mi mano y la besó.- Sos tan tierno…
-Me acerqué a ella y le di un beso.- Y vos tan linda. –Reímos y nos besamos.-

Y en ese momento, lo escuchamos a Bruno levantarse. Nos vestimos rápidamente riendo e ingresó al cuarto, ya que Pedro fue a abrirle la puerta.

- Tengo hambre… -Dijo entrando a la pieza.-
-Reí.- Primero vamos a cambiarnos, esa camisa estaba planchada. –Le dije riendo.-
- Tengo un plan. –Dijo Pepe.-
- ¿Cuál? –Le pregunté.-
- Pedimos helado y comemos acá… ¿Quieren?
- ¡Sí! –Gritó Bruno y reímos.-
- Voy a pedir… Si vos te cambias. –Le dijo a Bruno.-
- Bueno Pepe…

Yo reí y me fui con Bruno a su pieza. Quité su camisa y la dejé a un lado… Busqué su pijama y lo ayudé a cambiarse.

- Me encanta que sonrías mamá. –Me dijo de la nada y yo me tiré sobre él, para llenarlo de besos.-
- Y a mí me encanta que sonrías vos mi amor.
- Te amo mami.
-Sonreí y besé su mejilla.- Te amo hijo, más de lo que te imaginas. –Y lo abracé con fuerza.-
- Pero me estás apretando.
-Reí y me separé un poco de él.- Perdón. –Besé su nariz y él rio.-

Lo ayudé a cambiarse y volvimos a mi cuarto… Yo me senté en la cama, con mi espalda apoyada en el respaldo y mis piernas estiradas. Bruno se acostó a lo ancho de la cama y apoyó su cabeza en mis piernas.

- ¿Estás muy cansado hijo? –Pregunté corriendo el pelo de su cara.-
- Sí…
- Ahora comemos el helado y dormís. ¿Queres? –Asintió y en ese momento, entró Pedro al cuarto con el helado.- ¿Cómo lo tuviste tan rápido? –Le pregunté riendo.-
- ¿Me fui y no se dieron cuenta?
- ¿Pero no ibas a pedir? –Le pregunté extrañada.-
- O sea… Que yo me voy y ni cuenta se dan. –Dijo haciéndose el enojado y Bruno se sentó en la cama.- Quedamos así eh.

Con Bruno nos miramos cómplices y fuimos hacia él, le quité el helado y las cucharas de sus manos y lo dejé en la cómoda… Entre los dos, lo empujamos hasta la cama y lo llenamos de besos y cosquillas.

- No te enojes Pepe. –Le dijo Bruno.- Nos encanta que nos cuides y nos quieras. ¿O no mami?
-Sonreí.- No seríamos nada sin vos mi amor. –Dije y apoyé la cabeza en el pecho de quien ahora era mi marido.-
-Pepe sonrió y nos abrazó con fuerza.- Los amo…
- Y nosotros a vos Pepe. –Le dije y besé su hombro.-

Luego de comer el helado, Bruno se quedó dormido y lo llevé a su cama. Volví al cuarto y Pedro estaba en la cama, con su celular.

Me acosté a su lado y él apagó su celular, acarició mi frente y yo sonreí.

- Tenes una carita mi amor…
-Reí.- Fue un día con muchas emociones y estoy cansada.
- Entonces dormí.
- Pero vos vení conmigo.
-Rio y se acostó frente a mí. Acarició mi mejilla.- Nunca me voy a olvidar de este día. –Susurró.-
- Yo tampoco mi amor. –Lo besé y quedamos muy cerca, mirándonos.-
- Te juro que no puedo dejar de pensar en todo lo que te esperé…
- Basta porque me vas a hacer sentir culpable.
-Rio.- ¿Culpable de qué? ¿De hacerte amar tanto?
-Sonreí y lo besé.- Me siento muy afortunada de tenerte al lado. –Le confesé.- De verdad… Y te juro que es algo que pienso y agradezco todos los días. –Lo besé.- Me pasaba que yo nunca lograba encontrarle un propósito a mi vida, siempre como que me faltaba algo. –Hice una pausa.- El día que nació Bruno encontré mi primer motivo para estar en el mundo… Y el segundo lo encontré cuando descubrí que te amaba. –Lo besé.- Gracias mi amor.
- Me mata lo que me decís.
-Sonreí.- Es la verdad…
-Hizo que quede sobre su cuerpo y me aferró a él abrazándome por la cintura.- Te amo con locura.
-Sonreí y lo besé.- Te amo mi amor, te amo. –Nos besamos y nos abrazamos.-

Yo seguía sobre él y mi cara estaba escondida en su hombro.

- ¿Te estás quedando dormida?
-Reí.- Puede ser… ¿Queres que me corra?
- No, ni se te ocurra. –Me abrazó más fuerte.- Me encanta sentirte tan cerquita.
-Sonreí.- ¿Seguro?
- Segurísimo… Dormí si queres.
- Qué descanses mi amor. –Besé su cuello.-
- Usted también señora esposa. –Reí y él besó mi mejilla.- Hasta mañana hermosa.
- Hasta mañana.

Y quedarme dormida sintiéndolo tan cerca, me relajaba por completo.

Al día siguiente, desperté porque Bruno estaba a mi lado. Era verano y estaba de vacaciones.

- ¿Qué pasa hijo? –Le pregunté.-
- Que me desperté.
-Reí.- ¿Y no tenes sueño?
- Sí… Pero no me puedo dormir.
- ¿Y no queres dormir un rato más con mamá?
- Sí…
- Entonces vení…

Bruno se acostó a mi lado y yo acaricié su mejilla.

- ¿Estás bien Bruno? –Se encogió de hombros.- ¿Pasa algo?
- Mmm…
-Me senté en la cama, tratando de no desplomarme del sueño que tenía y besé su frente.- Podes confiar en mamá… ¿Sabes? –Asintió.- ¿Entonces me contas qué pasa?
- Soñé que papá me llevaba otra vez.

Suspiré, creí que ya lo había “superado”… Pero, de vez en cuando, aparecían este tipo de situaciones que me partían al medio.

Hice que se sentará en mis piernas y lo abracé contra mi pecho.

- Eso no va a volver a pasar… -Besé su cabeza.- Siempre vamos a estar así de juntos.
- Pero fue feo…
- Pero fue un sueño mi amor.

Y sentí que comenzó a llorar. Lo abracé más fuerte.

- No llores hijo… Mamá siempre va a cuidarte, te lo juro.
- Quiero dormir, pero con vos.
- Entonces vení.

Nos acomodamos en la cama, enfrentados y busqué la sábana para taparnos, ya que estaba prendido el aire acondicionado.

- Descansa hijo… -Susurré y acaricié su pelo hasta que se quedó dormido.-

“Bruno volvió a soñarlo…”

“No te preocupes, el psicólogo dijo que era normal.”

“Sí, ya sé… Pero no puedo evitar preocuparme.”

“¿Él ahora está bien?”

“Sí, se quedó dormido…”

“Quedate con él, nada va a darle más seguridad que eso.”

“Ay, gracias…”

“¿Por qué?”

“Porque siempre sabes como tranquilizarme.”

“A eso me dedico… Jajajaja”

“Amo que me ames así y amo amarte.”

“Con todo lo que me estás diciendo desde ayer, creo que me voy a morir de amor.”

“Son los efectos del casamiento…”

“¿O sea que se acaba?”

“¿Mi amor por vos? ¡Nunca!”

“Te quiero llenar de besos y faltan mil horas para volver a casa… No vale.”

“Guardalos bien, así me los das cuando llegas.”

“¡Linda! Te lo prometo.”

“Te amo Pepe…”

“Y yo te amo a vos Chinita.”


Reí, siempre que me decía así me reía.


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