domingo, 31 de julio de 2016

Capítulo 35.

- Comience con su testimonio señorita.

Suspiré y era hora de comenzar…

- Bueno, ese día yo fui a buscar a mi hijo, Bruno, al jardín como siempre. Pero, cuando llegué, la señorita me dijo que se había ido con su padre… En un principio, quise creer que había confundido a su papá con mi pareja, pero no fue así. Más allá de los nervios y el miedo que tenía en aquel entonces, llamamos a la policía y en ese momento me llamó Máximo al celular. La policía intentó rastrearlo pero no pudo. –Tomé un poco de agua.- Recibí otra llamada de él al día siguiente, pero seguía sin saber nada y así pasaron dos días más. Para decirlo más simple, estuve más de tres días sin saber nada de mi hijo. –Y notaba que mi cuerpo comenzaba a temblar.- Hasta que esa mañana me llamaron de la comisaría que tenían novedades y como no aguantaba más estar en la cama llorando y sin hacer nada, fui hasta la comisaría en compañía de mi novio. Fuimos con nuestro auto detrás del patrullero hasta la casa donde se suponía que estaban y en donde, por suerte, estaban…

Hice una pausa y tomé otro poco de agua. Junté mis manos sobre la mesa que estaba delante de mí y tomé aire.

- Después de una discusión a los gritos, que para ser sincera de los nervios no recuerdo, salió con mi hijo en brazos y apuntándolo con un arma. –Y dejé caer una lágrima.- Y ahí fue cuando, intentamos convencerlo… Pero, se volvía cada vez más loco. –Hice una pausa, para tomar aire.- Pegó un tiro al aire y en ese momento, no sé cómo, mi hijo logró soltarse y corrió hacia mí. –Sequé mis lágrimas.- Y ahí tan solo me quedé con él, era lo único que me importaba.
- Pero termine con el relato…
- Bueno, está bien. –Y continué.- Mi novio vino a buscarnos y nos llevó al auto, en donde nos quedamos hasta que pudimos irnos… Si digo que pasó entre la policía y Máximo mentiría, porque la verdad es que no lo sé. Lo único que me importaba en ese momento era contener a mi hijo.
- ¿Ese señor es el padre biológico de su hijo?
- Sí, así es.
- ¿Y por qué terminaron?
- Bueno… Yo empecé mi relación con él cuando estaba en el último año del secundario. Fue mi primer novio… Los primeros dos meses fue todo bien, pero de un día para el otro se volvió completamente violento. –Tomé otro poco de agua, revivir esas cosas me hacía demasiado mal.- Me maltrataba… Psicológica y físicamente.
- ¿Y usted reaccionaba?
- No, incluso intentaba justificarlo al principio… Pero, después me di cuenta de que no era normal lo que le sucedía.
- ¿Y cuando quedó embarazada… Fue por obligación?
- No, nunca abusó de mí si es eso lo que preguntan. Me costaba dejar de quererlo… Quedé embarazada al principio de la relación igualmente, sucede que me enteré del embarazo casi a los 4 meses.
- ¿Y se lo contó?
- Sí, claro que se lo conté. Pero nunca quiso saber nada… Incluso, esa fue la última vez que lo vi hasta que sucedió todo esto.
- ¿Nunca más supo de él?
- No, nunca.
- ¿Usted lo buscó?
- No.

-

Estábamos con Bruno, esperando a que Pau salga de la sala…

Cuando salió, Bruno corrió hacia su mamá, quien estaba llorando y la abrazó. Pau se agachó a su altura y lo abrazó.

- No llores mami. –Le dijo y yo sonreí, muerto de amor.-
-Rio.- Sos lo más lindo que me pasó en la vida.
- Y vos la mejor mamá del mundo.

Me acerqué a ellos y los abracé.

- ¿Vamos a casa? –Les pregunté.- No es lindo estar acá me parece.

Después de un rato… Estábamos en casa. Habían pasado algunos días desde que Bruno había vuelto.

Paula se estaba bañando.

- Pepe… -Dijo Bruno acercándose a mí.-
- ¿Qué pasa Bruno? –Le pregunté sentado en el sillón, estaba respondiendo un mail desde el celular.-
- Quiero decirte algo.
-Dejé el celular e hice que se sentara en mis piernas.- ¿Qué queres decirme?
- ¿Vos no queres ser mi papá?
-Sonreí, muerto de amor.- ¿A vos te gustaría eso?
- Sí, me encantaría, porque vos me cuidas a mí y la cuidas a mamá.
- ¿Y no te parece que ya soy un poco tu papá?
- Mmm… Sí. Pero quiero decirte papá.
- A mí me encantaría que lo hagas. –Besé su mejilla.- Me encanta ser como tu papá.

Bruno me abrazó por el cuello y mis ojos se llenaron de lágrimas.

- Yo quiero que vos seas mi papá para siempre.
-Sonreí.- Entonces, puedo serlo Bruno.
- ¿En serio?
- Obvio que sí. –Lo abracé más fuerte.- Te amo Bruno.
- Te amo papá.

Lo abracé más fuerte y cerré mis ojos, dejando caer algunas lágrimas.

-

Salí de bañarme y fui al cuarto de Bruno, a buscarlo… Pero, lo escuché hablar con Pepe en el living y me quedé allí, para escucharlos.

Se me cayeron las lágrimas.

Me asomé por el umbral de la puerta, para mirarlos y sonreí. Me acerqué sigilosamente a ellos y me arrodillé en el suelo.

- Son los hombres de mi vida. –Dije.- Y me hace muy feliz ver la relación que tienen.
- Es que tu novio es el mejor de todos mami.
-Reí.- Tenes razón, es el mejor y el más lindo. –Pepe sonrió y nos dimos un beso.- Y usted, es el hijo más lindo que podría haber tenido. –Y besé su nariz.-

Nos abrazamos con fuerza, los tres y terminamos haciéndonos cosquillas.

- ¿Qué les parece si vamos a merendar al Shopping? –Propuso Pepe.-
- ¡Sí! –Dijo Bruno festejando y reímos.-

-

Esa noche, Bruno ya se había quedado dormido en su cuarto y yo estaba en el cuarto que compartíamos con Pau… Algo emocionado. Sentado en la cama y dándole la espalda a la puerta.

Paula entró y se arrodilló detrás de mí. Me abrazó por la espalda y besó mi cuello.

- Te juro que te morfaría a besos. –Dijo depositando besos a lo largo de todo mi cuello.-
- ¿Por qué?
- Porque sos muy tierno. ¿Te pensas que no te conozco? –Preguntó riendo.-
-Reí.- Lo que dijo Bruno hoy me desarmó de amor.
-Sonrió.- Yo sabía que no había nadie mejor que vos para ocupar ese lugar.
- Gracias por dejarme, de verdad.
- Es un placer enorme.

Apoyó su mentón en mi hombro y cerró sus ojos.

- ¿Vos queres decirme algo más, no?
-Rio.- Me conoces tanto como yo a vos.
-Reí.- ¿Qué es?

Se sentó frente a mí y me sonrió.

- Estaba pensando…
- ¿En qué?
- En que… ¿No te gustaría agrandar la familia? –Dijo con una sonrisa enorme en su cara.-
- ¿Me estás hablando en serio?
- ¿Qué? ¿No te gusta la idea? –Preguntó triste.-

Yo no respondí, tan solo me tiré sobre su cuerpo y la besé.

- Me encantaría… No hay nada que deseé más en el mundo que tener un hijo juntos.
- ¿De verdad?
-Sonreí.- De verdad. –Volví a besarla.- Pensaba que no querías.
- ¿Cómo vas a pensar eso tonto?
- Capaz Bruno se pone celoso…
-Rio.- Puede ser, pero me encantaría que tenga un hermanito.
- Me imagino a Bruno con un bebé y me derrito.
- Yo me derrito de solo pensarnos como una familia.
- ¿No somos una familia ahora?
-Rio.- Sí, pero más grande… -Suspiró y cerró sus ojos.- Me imagino yendo a todos lados juntos…
- Es hermoso lo que decís.
- Es lo que deseo. –Me dijo.- Y quería que lo sepas.
- Me encanta saberlo. ¿Pero sabes qué me encanta más?
- ¿Qué?
- Que deseemos lo mismo.

Y la besé suavemente.

- Sos la mujer de mi vida Paula.
-Sonrió.- Y vos sos el hombre de la mía.

Nos besamos y comenzamos a dar vueltas en la cama.

Sin dudas… No me había equivocado al esperarla tantos años. Toda esa espera había valido la pena.





-


Quedan cinco capítulos...

sábado, 30 de julio de 2016

Capítulo 34.

Me desperté en medio de la noche y me senté de golpe en la cama, temblando del miedo y sin poder dejar de llorar.

Suspiré, tratando de tranquilizarme, al ver que mi hijo estaba durmiendo a mi lado.

- ¿Qué pasa Pau? –Me preguntó Pepe.-
-Suspiré.- Una pesadilla.
- ¿Qué soñaste?
- Que se lo llevaba otra vez. –Dije secando mis lágrimas.-
- Tranquila, que fue solo un sueño.
- Sí, ya sé. –Volví a acostarme y lo abracé.- Seguí durmiendo Pepe.
- Vos tranquilízate.
- Eso intento.

Y en ese momento, Bruno abrió sus ojos.

-Acaricié su mejilla.- Seguí durmiendo mi vida. –Le dije.-
- Sos vos mami. –Dijo y me abrazó por la cintura.-
- Sí hijo, soy mamá. –Besé su cabeza.- Tranquilo.
- Quedate conmigo.
- ¿Queres que vayamos a dormir a tu cama? –Le pregunté.-
- No.
- ¿Queres que nos quedemos acá?
- Sí.
- Bueno…

Alcancé la manta y la acomodé sobre Bruno, quien estaba sobre mí. Lo abracé por la cintura y besé su frente.

- Seguí durmiendo hijo. –Lo abracé más fuerte.-

Y lo mimé, hasta que volvió a quedarse dormido.

- Ahora dormí vos… -Me dijo Pepe.-
- Siento que se me va a salir el corazón por la boca.
- No estés nerviosa, lo tenemos acá con nosotros.
- No puedo sacarme la sensación de miedo. Es horrible.
- ¿Queres algo de tomar?
- No, quiero quedarme acá.
- Cerra los ojos.
-Sonreí.- Te amo más de lo que te imaginas. –Le dije.-
-Se acercó a besarme.- Te amo infinitamente. –Nos besamos.-

 Esa mañana…

- ¿Ya te vas? –Le pregunté a Pepe.-
- Sí… Seguí durmiendo y cualquier cosa llamame.
- No te preocupes y gracias. –Besé su mano.-
- Te amo. –Besó mi frente.-
- Te amo Pepe. –Besó mis labios y se fue.-

Yo lo intenté, pero no pude volver a dormirme… Solo podía mirar a mi hijo y acariciarlo.

Cerca de las diez de la mañana, él abrió sus ojos, pero nunca se movió. Seguía sobre mi cuerpo y nos abrazábamos.

- Buen día mi amor. –Susurré después de un rato y besé su cabeza.-

Pero él no respondió, suspiré y me senté en la cama, sin sacarlo de encima de mi cuerpo.

- ¿No queres comer nada hijo? ¿Una chocolatada?
- Ahora no.
- Bueno, está bien…
- Solo quiero quedarme con vos.
- Acá nos quedamos, todo el tiempo que quieras.

Lo abracé con fuerza y apoyé mi mentón en su cabeza.

- Ahora sí quiero una chocolatada.
- ¿Vamos a prepararla y volvemos a la cama? –Él asintió.- Entonces levantate mi amor.

Fuimos juntos hasta la cocina y preparamos su chocolatada, yo me hice un té y buscamos un paquete de sus galletitas preferidas.

Volvimos a mi cuarto y nos sentamos frente a frente, para desayunar. Él estaba muy callado y eso era extraño, entendía que podía ser por todo lo que había pasado, pero igualmente se lo pregunté cuando terminó con su desayuno.

- ¿Estás bien mi amor? –Pregunté y acaricié su mejilla.- Estás muy callado.
-Pensó unos segundos.- ¿Ese señor era mi papá, no?
-Suspiré… Sabía que esa charla llegaría.- ¿Venís a upa de mamá? –Le pregunté acomodando mis piernas, él no dijo nada y se sentó sobre mis piernas estiradas y frente a mí.- Ese señor es tu papá… -Le dije tratando de no llorar.- Fue mi pareja hace mucho tiempo, antes de que nacieras. –Acaricié su pelo.- Pero, nos peleamos…
- ¿No me conocía?
- No mi amor, no…
- ¿Y por qué nos trató mal?
-Suspiré.- Porque… No lo sé. –Dije sin saber muy bien qué responder.-
- Yo no lo quiero.
- Nadie te obliga a quererlo Bruno.
- No lo quiero. –Repitió.-
- Yo te prometo que no te va a llevar nunca más.
-Me abrazó por el cuello.- No quiero que nos vuelvan a separar.
- Eso no va a pasar otra vez.
- Vos sos la mejor del mundo mamá. –Sonreí.- Y Pepe también, yo quiero que él sea mi papá.
-Volví a sonreír.- ¿Vos sabes quién es la persona que yo más amo en todo el mundo?
- Mmm… No.
- A vos Bruno, a vos. –Besé su cabeza.-
- Vos también sos la persona que más amo.
- Te amo hijo, te amo.
- Te amo mami.

Suspiré y él apoyó su mejilla en mi pecho.

- Siempre juntos, te lo prometo.

Cerré mis ojos y dejé caer algunas lágrimas…

Me sorprendía lo inteligente que es (O que son los nenes), solo preguntan lo que necesitan saber y ya está… Lo cual, me había facilitado bastante el trabajo.

- Mami…
- ¿Qué hijo?
- ¿Voy a tener que ir al jardín otra vez?
- Sí, pero no a ese…
- ¿Y cuándo voy a volver?
- No sé Bruno… ¿Te aburrís conmigo? –Pregunté intentando sonar divertida y él rio.-
- No ma.
- Ah bueno… Menos mal. –E hice cosquillas en su cuello.- Igual, hoy a la tarde tenemos que ir al médico.
- ¿Para qué?
- Para saber que estás bien.

Me daba miedo preguntarle, pero era hora de hacerlo.

- ¿Te hizo algo malo Bruno?

Y él no respondió. Hice que se sentará y nos miráramos.

- Hijo… -Acaricié su nariz y él sonrió, me contagió la sonrisa.- ¿Me contas cómo fueron las cosas? Lo que te acuerdes.
- Me fue a buscar al jardín… Y fuimos a un lugar. –Hizo una pausa.- Me encerró en una pieza. –Dijo con los ojos llenos de lágrimas y yo tomé sus manos.- No me dejaba salir.
- ¿Te daba de comer? –Le pregunté tratando de que las lágrimas no llegarán a mis ojos.-
- Pan. –Respondió.-
- ¿Y no te pegó o te hizo algo malo?
- No.
- ¿Seguro?

Él asintió y yo lo abracé.

- Igual… Quiero que te vea el médico. –Besé su mejilla.-
- Pero ahora no.
- ¿Queres quedarte acá un rato más? –Asintió.-

“Hola amor. ¿Cómo va todo? ¿Bruno ya se despertó?”

“Acá estamos… Todo bien, creo.”

“¿Por qué crees?”

“Charlas que tuve con Bruno.”

“¿Él está bien?”

“Sí… Aunque sigue asustado.”

“Es lógico amor.”

“Sí, ya sé. Pero quiero que se le pase.”

“Dale un tiempo.”

“Quiero llevarlo al médico…”

“¿Queres que los acompañe?”

“¿Salís temprano hoy?”

“Después de almorzar.”

“Entonces te esperamos. Gracias.”

“Nada que agradecer Pau. ¡Deja de decirme gracias!”

“Jajajaja… Nunca voy a dejar de agradecerte por amarnos tanto.”

“Es un placer enorme.”

“Te amamos con locura.”

“Y yo a ustedes.”


viernes, 29 de julio de 2016

Capítulo 33.

Bruno corrió hacia mí y yo corrí hacia él, no podía contener las lágrimas y sentía que no podía mantenerme parada de los nervios, pero necesitaba estrujarlo contra mi cuerpo.

Lo alcé y lo abracé con fuerza por su cintura, él me abrazó por el cuello. Bruno no dejaba de temblar ni de llorar.

- Tranquilo hijo… -Suspiré.- Tranquilo que ya estás con mamá.
- Tengo miedo mami.
- Lo sé mi amor, lo sé. –Lo abracé más fuerte.- Pero ya estás conmigo. Sh…

Me separé un poquito de él y choqué mi nariz con la suya, mirándolo a los ojos.

- Trata de respirar hijo. –Le dije y sequé sus lágrimas.- Respira conmigo. –Dije respirando tranquila, tratando de que él me siga.- Dale que te va a hacer mal mi amor…

Pero él volvió a abrazarme, yo suspiré y lo abracé lo más fuerte que pude. Había deseado demasiado ese abrazo y necesitaba hacerlo eterno.

- Te amo hijo… -Le dije a su oído.- ¿Sabes?
- Yo también te amo mami.

Sonreí en medio de las lágrimas y caminé hasta quedar apoyada contra una pared, no podía mantenerme en pie y había perdido la noción de lo que pasaba a mi alrededor.

- Amor… -Dijo Pedro corriendo hacia mí.- Salgan de acá.
- ¿A dónde queres que vaya?
- Vayan al auto. –Dijo acariciando el pelo de Bruno.-
- Veni con nosotros. –Le rogué.-
- Vengan.

Nos abrazó y caminamos hasta nuestro auto. Yo me subí en la parte trasera con Bruno en mis brazos, sentado sobre mis piernas y escondiendo su carita en mi pecho

- Me quiero ir a casa mamá.
- Lo sé hijo y yo también.
- ¿Y por qué no nos vamos?
- Te prometo que en un ratito nos vamos.

Lo miré a Pedro, que estaba parado fuera del auto.

- ¿Qué pasa?
- Lo quieren agarrar.
-Suspiré.- Me muero de miedo. –Le dije modulando mis labios.- Veni, por favor. –Le dije quebrándome.-

Pedro se sentó a mi lado y nos abrazó.

- Tranquila. –Susurró en mi oído y besó mi cuello. Yo cerré mis ojos y lo abracé más fuerte a Bruno.- Ya vamos a estar en casa los tres.

Me sentía abrumada, a punto de desvanecerme… No entendía nada de lo que estaba pasando, no podía procesarlo. Hasta que escuché un tiro y Bruno se aferró a mí.

- No pasa nada mi amor… -Le dije a Bruno, tratando de dejar de llorar.-
- ¿Pero qué fue eso?
- Nada hijo, nada. –Besé su cabeza.- Trata de dejar de llorar…
- Me quiero ir mamá.
-Suspiré.- Ya nos vamos Bruno.

Apoyé mi cabeza en el hombro de Pedro y le susurré.

- ¿Qué hay que esperar?
- No sé, pero me dijeron que si nos vamos puede ser más bardo… No queremos que se la agarre con ustedes.
-Suspiré.- Necesito desaparecer de acá.
- Trata de no pensar…

Yo no dije más nada y apoyé mi mentón en la cabeza de mi hijo.

- No llores más Bruno… -Suspiré.- Ya estás con mamá, tranquilo.

Y no sé cuánto tiempo más pasó…

-

Finalmente, lograron llevárselo en el patrullero y la realidad es que no había prestado demasiada atención a cómo se habían dado los hechos.

Solo intentaba tranquilizarlos.

- ¿Vamos a casa? –Les pregunté.-
- Sí Pepe. –Respondió Bruno y yo le sonreí.-
- No llores más hermoso. –Dije secándole las lágrimas.-
- Quiero ir a casa, llevanos Pepe.
-Besé su cabeza.- Ahora vamos mi amor.

Bruno volvió a refugiarse en el pecho de su mamá y yo le di un beso a Pau.

- Tranquila, que ya se terminó todo. –Dije secando sus lágrimas.-
- Gracias. –Me dijo.-
- No, shh… -Volví a besarla y bajé del auto, para subirme en la parte delantera, para poder manejar.-

-

- ¿Estás durmiendo mi amor? –Le pregunté y él negó con su cabeza.- Ya estamos por llegar a casa. ¿Sabes?

Por fin llegamos a casa y la realidad era que cuando quise salir del auto, empecé a temblar. Pedro me dio la mano y me ayudó, yo seguía con Bruno en brazos.

Entramos a casa y cuando quise bajar a Bruno, él me abrazó con más fuerza. Suspiré y caminé con él hasta mi cuarto. Me senté en la cama con él en mis brazos y sequé sus lágrimas.

- ¿No queres bañarte hijo? Y después nos quedamos acá todo el tiempo que quieras…
- Pero veni conmigo ma.
- Yo voy con vos, dale.

Pedro estaba parado en el umbral de la puerta y se acercó a nosotros.

- Vayan que yo ahora les llevo ropa.
- Gracias mi amor. –Dije levantándome y le di un beso.-

Fui con Bruno hasta el baño y quité su ropa mientras la bañera se llenaba, lo senté allí y lo bañé, haciéndole masajes… Él, de a poquito, comenzaba a tranquilizarse. Lo envolví en un toallón y lo llevé a mi cuarto, lo cambié en mi cama y él se quedó allí, acostado mientras yo jugaba con su pelo.

- ¿Más tranquilo? –Le pregunté a su oído.-
- Acostate conmigo mami.

Yo no le respondí y me acosté a su lado, abrazándolo por la espalda y llenándolo de besos.

- No quiero que nos separen nunca más. –Me dijo y yo lo abracé con todas mis fuerzas.-
- Te prometo que eso no va a pasar otra vez hijo, te lo prometo. –Besé sentidamente su mejilla.- ¿Por qué no dormís un ratito? –Pregunté acariciando su pelo.-
- Pero quedate conmigo. –Dijo presionando mi mano.-
- No me voy a ir a ningún lado hijo. –Cerré mis ojos.- Te amo. –Susurré en su oído.- Dale, dormí que te va a hacer bien.

Y no sé cuánto tiempo pasó, solo sé que fue muchísimo... Hasta que por fin se quedó dormido y yo me largué a llorar como una nena. Me senté en la cama, a su lado y sin dejar de jugar con su pelo.

Pedro ingresó a la habitación y sin decir nada, se sentó a mi lado y me abrazó por el costado.

- Ya pasó todo… -Me dijo.- No llores más hermosa.
-Suspiré.- Necesito sacar todo lo que tengo afuera. –Dije sin poder hablar por el llanto.-
- Veni… -Dijo haciendo que me acueste en la cama y apoyé mi cabeza en su brazo.- Trata de tranquilizarte, mientras más tranquila estés vos… Mejor va a estar él.
-Suspiré.- Lo sé, pero me cuesta… Fue horrible.
- Pero ya pasó mi amor, mira… Lo tenes acá con vos.
-Busqué la mano de mi hijo y entrelacé mis dedos con los suyos.- Te juro que nunca sufrí tanto… Sentía que me moría sabiendo que estaba con Máximo.
- Lo sé mi amor… Te juro que lo sé. –Besó mi frente.- Pero ya está… ¿Por qué no intentas dormir vos? No dormís hace tres noches.
- Vos tampoco Pepe. –Le dije.- Gracias por bancarte todo esto conmigo.
- Hey, Pau… Yo sé que no soy su papá, pero somos una familia y siempre vamos a estar juntos. –Besó mi nariz.- En las buenas y en las malas… No es algo que tengas que agradecer.
-Sonreí a medias y él secó mis lágrimas.- Dormí vos también.
- Vos intenta dormir y después veo que hago.
- Vos también estás cansando.
- No te preocupes por mí.
- Pero…
-Me interrumpió.- Pero nada… -Hizo que cierre mis ojos.- Dale, trata de descansar.
- Te amo. –Dije y besé su mano.- Gracias, de verdad.
- Te amo mi amor. –Me dio un beso en mis labios.- Dormí que yo los cuido.

Sentí que su mano comenzó a jugar con mi pelo y con el correr de los minutos, comenzaba a tranquilizarme… Pero de a poco, nunca había tenido tantos nervios juntos.

Intentaba pensar que ya estábamos juntos, pero el miedo que tenía en el cuerpo y en la mente, no podía apartarlo.

Capítulo 32.

Las horas pasaban y yo seguía sin saber nada… ¡No soportaba un segundo más lejos de mi hijo!

Me sentía demasiado pelotuda estando en mi cama… ¡Sin hacer nada!

Pedro entró al cuarto con una taza de té y me la ofreció.

- No, no quiero…
- Amor. –Dejó la taza en mi mesita de luz y se sentó frente a mí.- Tomate el té al menos.
- No me pasa nada… -Dije ahogada en lágrimas.-
- Es solo un té. Estás muy pálida.
- No me importa, lo único que me importa es tener a Bruno conmigo otra vez.
-Tomó mis manos.- Te prometo que eso va a pasar pronto.
- No puedo más.
-Secó mis lágrimas.- Esto va a pasar pronto…
- No soporto la incertidumbre.
- Ya va a pasar todo.
- Yo sé que lo haces de bueno y porque queres contenerme… Pero no me tranquiliza que me digas todo el tiempo lo mismo.
- ¿Y qué puedo hacer por vos?
- Abrazarme. –Le dije con un hilo de voz.-

Él me abrazó y lo sentí llorar a la par mía.

- Yo también necesito que esté acá. –Me dijo llorando.-
- Lo sé mi amor, lo sé. –Suspiré.-
- Pero quiero confiar.
- Yo también, pero no puedo.

Nos quedamos algunos segundos en silencio y él se separó un poco de mí.

- ¿Tomas un poquito del té?
- Mmm…
- Dale. –Me alcanzó la taza y yo la agarré.-

Tomé un poco de té y él posó sus manos en mis piernas.

- Siento que me muero. –Dije ahogada y dejé la taza a un lado.-
- No estás sola. –Apretó con fuerza mis manos.-
- Es lo único que hace que no termine de caer.
- Nunca voy a soltarte… -Hizo una pausa.- Nunca voy a soltarlos.
-Volví a abrazarlo.- Se me hacen eternos los minutos.
- A mí también. –Suspiró y nos abrazamos con fuerza.-
- No sé cómo voy a aguantar esto.
- Hacelo por él.
-Suspiré.- Nunca tuve tanto miedo en mi vida.
-Me abrazó aún más fuerte.- Veni…

Hizo que me acostara, apoyando mi cabeza en sus piernas y me tapó. Él apoyó su espalda en el respaldo de la cama y sentí que sus dedos comenzaron a acariciar mi cara, ya que tenía los ojos cerrados.

- Trata de descansar. –Me dijo.-
- Ya sé que no voy a poder Pepe.
- ¿Queres que nos quedemos acá igual?
- Sí, por favor.

-

La noche pasó y seguíamos sin saber nada. Paula volvió del baño y se metió en la cama, tapada hasta la cabeza. Yo no dije nada y me metí debajo de las mantas con ella. Acaricié su mejilla y besé su frente.

- Pau…
- No, no digas nada. Solo quedate conmigo.

Y yo no dije más nada, la abracé y se refugió en mi pecho.

Pasaron infinitas horas y seguíamos en la misma posición.

El celular sonó y Paula se levantó de golpe.

-

- Hola. –Dije temblando.-
- Ahora me atendiste más rápido nena.
- No sigas con esto, por favor.
- Quiero conocer a mi hijo.
- Podes hacerlo de otro modo. –Dije tratando de contener el llanto.-
- No me dejarías…
- Nunca lo intentaste.
- Paula, no me jodas.
- Devolveme a mi hijo.
- No Paula. No. Vos lo tuviste casi cinco años, ahora me toca a mí.
- ¡Bruno no te conoce!
- Encima le pusiste Bruno. ¿No tenías un nombre más horrible?
- ¿Podemos arreglar esto como dos personas grandes? Podemos encontrarnos, sin la policía de por medio… Solo nosotros tres.
- No Paula. ¿Qué parte no entendes?
- Vos no entendes que es mi hijo y estar lejos de él no me deja respirar.
- Acostumbrate.
- No puedo acostumbrarme a estar lejos de él, es la persona que más amo en el mundo. ¡Y eso es algo que vos nunca vas a sentir!
- Dejate de joder con lo sentimental Paulita.
- ¿Puedo hablar con él?

-Rio irónicamente.- ¡Ni se te ocurra!

Y me cortó.

- ¡La puta madre! –Grité y revoleé un almohadón a la mierda.-
- ¿Qué te dijo?
- No sé, no sé nada Pedro.

Y me levanté, porque no soportaba seguir en la cama. Fui a su cuarto y me dejé caer en el suelo, apoyando mis brazos y mi cabeza en su cama… Sintiendo su olor.

Abracé con fuerza su muñeco preferido y cerré mis ojos.

- Pau… ¿Puedo pasar? –Dijo en la puerta.-

Y yo no respondí. Se acercó a mí.

- Veni… Te hace peor estar acá.
- Necesito tenerlo cerca, aunque sea una ilusión.

Se arrodilló detrás de mí y posó su mano en mi espalda.

- Gorda… Dale.
- Dejame Pedro.
-Suspiró.- Voy a llamar a la comisaría a ver si hay novedades.
- Bueno.

Y se fue… Me acosté en la cama de Bruno y apoyé mi cabeza en su almohada, llenándome de su olor.

- Pau… -Dijo en el umbral de la puerta.-
- No saben nada. –Le respondí.- ¿Me dejas sola? Por favor.
- ¿Segura?
- Sí…
- Cualquier cosa estoy en el cuarto.

Yo asentí y Pedro se fue. Me senté sobre la cama y busqué su cuaderno, para comenzar a escribir.

“Nunca creí que podía sentir tanto miedo en el cuerpo… No lo imaginaba posible. Te extraño con cada parte de mi ser. Te necesito cerca, necesito saber que estás bien y poder llenarte de besos… Abrazarte hasta que te quedes sin aire.
No soporto no saber cómo estás hijo. No puedo respirar si no te tengo cerca.

No veo la hora de correr a abrazarte, no puedo más. No tengo fuerzas. Vos sos mi fuerza.”


Para ser sincera, no sabía ni siquiera qué había escrito… Solo sabía que necesitaba sacarlo un poco afuera.

Busqué su pijama y fui con la remera del mismo en mis manos hasta mi cuarto.

Me acosté al lado de Pedro, quien estaba sentado en la cama y abracé la remera de Bruno.

- No sé cómo seguir. Me desarmo. –Le dije.-
- Trata de dormir… Así no pensas y el tiempo se pasa más rápido.
- No puedo Pepe, te juro que no puedo.
- Dale… -Acarició mi pelo.-
- No puedo. –Le dije algo molesta.-
- ¿Y qué queres hacer?
- Abrazar a mi hijo. –Dije ahogada en lágrimas.-
- Confía en que eso va a pasar.
- ¿Cuándo?
- Ojala pudiera decírtelo mi amor.
- No puedo… No puedo…
- Sí que podes… Bruno te está esperando, para que lo abraces con fuerza.
- ¿Y en dónde me está esperando? –Suspiré.-
- Eso ya lo vamos a saber.
- No digas nada mejor.
- ¿Por qué?
- Porque me pone nerviosa tu optimismo.
- Intento tranquilizarte.
- Lo único que me tranquilizaría es estar con él.
-Acarició mi pelo.- Confía mi amor, confía.

jueves, 28 de julio de 2016

Capítulo 31.

En la vida uno sabe que el tiempo pasa rápido, incluso lo siente… Pero cuando sos madre el tiempo se te hace arena entre las manos.

¿Cómo puede ser? ¡Si ayer me enteré de que estaba embarazada!

Cuatro años y medio tenía Bruno… Sí, una locura. Lo miraba y no lo podía creer, tan grande y tan chiquito a la vez. Tan hermoso, tan dulce y tan bueno… Lo miraba y se me inflaba el pecho de orgullo.

Y claro que en todo este tiempo nuestra vida había cambiado demasiado. Pedro se había recibido y estaba trabajando como Ingeniero en una fábrica, yo continuaba con mis tejidos (que cada vez eran más) y me quedaba con Bruno durante el día. Pedro se mudó con nosotros. Ya éramos casi marido y mujer.

Sonó mi alarma y Pedro se estaba bañando… Me levanté y fui a despertar a Bruno.

- Buen día mi amor… -Dije en su oído.- Es hora de levantarse… -Dije acariciando su cuello.- Hay que ir al jardín…
- Tengo sueño mami.
-Reí.- Yo también, pero hay que arrancar el día igual.
- Mmm… -Abrió sus ojos y le sonreí.-
- Dale señorito, arriba. –Y lo llené de besos.- ¿Nos cambiamos?
- Sí.

Lo ayudé a cambiarse y él se quedó mirando la tele mientras yo preparaba el desayuno para los tres.

- Buen día mi amor. –Dijo Pedro abrazándome por la espalda.-
- Buen día amor. –Nos dimos un beso.- ¿Lo llamas a Bruno así desayunamos?
- Dale.

Desayunamos los tres juntos y luego yo me cambié, para llevar juntos a Bruno al jardín. Luego, Pedro se fue a trabajar.

Yo me volví a casa en dónde me bañé y luego me puse a tejer…

Cuando fue la hora de ir a buscar a Bruno, me dirigí hacia el jardín… Pero, él no estaba. Me acerqué a las maestras, algo preocupada por miedo a que le hubiese pasado algo.

- ¿Bruno? ¿Le pasó algo? –Le pregunté a su maestra.-
- Vino a buscarlo su papá.
- ¿Qué? –Pregunté paralizada.-
- Sí, eso dijo.
- ¿Y ustedes no corroboraron?
- Creíamos que era su pareja.
- ¿Pedro?
- Eso creo.

Suspiré y lo llamé a Pedro.

- Hola amor.
- Pepe… ¿Vos retiraste a Bruno del jardín?
- No Pau, estoy en el trabajo.
- ¡La puta madre! –Dije con los ojos llenos de lágrimas.-
- ¿Qué pasa gorda?
- Me dicen que lo vino a buscar su papá. ¿Vos entendes eso?
- Para, tranquilizate.
- No puedo Pedro. ¡No puedo!
- Amor… ¿En dónde estás?
- En el jardín.
- Ya voy para allá, no te muevas.
- Está bien.

Corté y la busqué a la señorita.

- ¿Cómo puede ser que le entreguen a mi hijo a cualquiera? –Le grité.- ¡Es un nene! ¿Cómo puede ser tan irresponsable? ¡Ahora no sé a dónde está mi hijo! –Dije quebrándome.-
- Me dijo que era su papá.
- ¿Ustedes no saben la historia? ¿Para qué carajo me entrevistaron? –Dije con bronca.-
- ¡Pero es su papá!
- ¡Mi hijo no conoce a su papá! –Le grité, llena de bronca.- ¡Porque su padre es un hijo de puta! –Dije apoyándome contra la pared, porque sentía que me caía al suelo de los nervios.-

Y en ese momento, se acercó la directora.

- ¿Qué sucede acá? –Dijo muy calmada.-
- ¡Que le entregó a mi hijo a cualquiera! –Dije tratando de que se me entienda por el llanto.-
- ¿Con quién se fue el nene?
- Con el padre. –Le dije a la directora.- Usted sabe la historia… Ese hombre no puede hacerse cargo de Bruno. –Dije con bronca.-
-Se acercó a mí.- Tranquilizate, porque así no vamos a lograr nada.
- Me voy a tranquilizar cuando esté con mi hijo.

Dije y me senté en un banco, no podía más parada.

- ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? –Les pregunté llena de bronca.-

Y en ese momento, lo vi entrar a Pedro… A quien corrí, para abrazarlo.

- Tranquila mi amor, tranquila.
- Me muero si no vuelvo a verlo Pedro.
- No, no pienses así. –Besó mi mejilla.- Trata de tranquilizarte porque así no vamos a lograr nada.

-

Las maestras no nos daban ninguna solución y aunque yo intentaba mantener la calma para que el estado de Pau no empeorara, sentía que se me iba a salir el corazón por la boca.

Llamamos a la policía y estaban revisando el lugar, en busca de algún tipo de indicio. Pau y yo estábamos sentados en un banco. Tomados de la mano y ella apoyaba su cabeza en mi hombro.

Ninguno decía nada… Tampoco sabíamos qué decir.

Sonó el celular de Paula y ambos nos exaltamos.

- Número desconocido. –Dijo temblando.-
- Atienda. –Dijo uno de los oficiales.-
- No puedo hablar. –Me dijo a mí.-
- Tranquila… -La besé.- Atende, dale.

-

Atendí el celular, sin poder dejar de titubear.

- Hola…
- ¡Al fin me atendiste Paulita!

Lo miré a Pedro y le susurré:

- Es él. –Dije al borde del colapso.-
- Alarga la charla a ver si lo podemos rastrear… -Me dijo modulando un policía y volví al teléfono.-

- Paulita… ¿Estás ahí? ¿Tan poco te importa tu hijo?
- ¿Lo tenes vos hijo de puta?
- Obvio… ¿Quién es su papá?
- ¡Vos no!
- Sí, la genética lo dice.
- La vida no. –Y Pedro tomó con fuerza mi mano.- No le hagas nada, por favor…
- ¿Cómo le voy a hacer algo? ¡Es mi sangre che!
- ¿Qué ganas con todo esto?
- Conocer a mi hijo.
- Te acordaste tarde… Siento que me muero si no lo tengo cerca.
- Imaginate yo que nunca lo conocí.
- ¡Nunca quisiste! –Le dije con bronca.- Traemelo, te lo ruego.
- Solo llamaba para que te quedes tranquila.
- ¿Tranquila con qué?
- Con que está conmigo.

Y me cortó, sequé mis lágrimas temblando y Pedro me abrazó por el costado.

- Lo tenemos… -Dijo el oficial.-
- ¿Qué tienen? –Preguntó Pedro.-
- La localización.
- ¡Vamos entonces! –Dije queriéndome parar, pero Pepe me frenó.-
- Vamos nosotros… -Dijo el oficial.-
- Pero soy la mamá.
- Pero es probable que lo esté haciendo para despistar.
-Suspiré.- ¿Qué quiere decir con eso?
- Que vamos a ir a investigar… Ustedes quédense acá.

Y se fueron, solo quedó un oficial en la puerta.

Pedro me abrazó con fuerza y yo terminé de desarmarme en sus brazos.

- Me voy a morir Pedro.
- No, no pienses así… Ahora tenes que estar más fuerte que nunca.
- No puedo ser fuerte lejos de mi hijo.
- Tenes que ser fuerte, para volver a estar con él.
- Quiero arrancarle los pelos a todas estas forras de las maestras.
- Hey, hey… ¡Tranquila! Así no vas a solucionar nada.
- Es mi hijo Pepe…
- Lo sé mi amor, lo sé. A mí también me duele esto. –Suspiró.- Pero hay que confiar.
- ¿Confiar en qué? ¿En Máximo? ¿Me estás jodiendo?
- Confiar en que la vida aprieta, pero no ahorca.
- No sé, no sé nada… Solo sé que no voy a volver a respirar tranquila hasta no tenerlo otra vez conmigo.
- Confía en que eso va a ser pronto mi amor.

miércoles, 27 de julio de 2016

Capítulo 30.

Pedro estaba sentado en la cama, con su espalda sobre el respaldo y tapado con las mantas. Yo estaba acostada a su lado, boca abajo y abrazando una almohada. Las mantas me cubrían hasta la cintura.

Sentí que recorrió mi espalda con su mano y lo miré, sonriendo.

- ¿Se puede saber en qué pensas? –Preguntó y acarició mi mejilla.-
- Mmm… -Suspiré.- No sé si se puede. –Reí.-
- ¿No se puede? –Me preguntó riendo.-
- Pensaba en vos.
- ¿Y qué pensabas sobre mí?
-Me erguí un poco, haciendo que las mantas me taparan porque tenía frío y para poder mirarlo más de cerca. Él corrió el pelo de mi cara y yo sonreí.- Pensaba en que fui muy estúpida en no mirarte antes. –Le dije riendo.- Me haces sentir muy bien. –Dije y besé su hombro.- Gracias.
-Me besó.- Sos tan linda…
- Vos sos lindo. –Nos besamos.-
- ¿La pasaste bien conmigo?
- Increíble. –Susurré rozando sus labios con los míos y nos sonreímos.- ¿Vos?
- ¿Viste que me dijiste eso de las expectativas?
- Sí…
- Bueno, las superaste.

Yo sonreí, muerta de amor y lo besé. Luego, me acurruqué en su pecho y él me abrazó.

- ¿Tenes sueño? –Preguntó jugando con mi pelo.-
- Mmm… Un poco, pero voy a esperar a que se despierte Bruno… Ya debe estar por despertaste.
- Es un crack el niño.
- ¿Por qué?
- Porque tuve una charla con él y le pedí por favor que me dejará estar con su mamá un ratito.
-Reí.- Sos un tarado. –Besé su pecho.-
- ¡Más respeto che!
- Bueno, bueno. –Lo abracé con fuerza.-
-Besó mi frente.- Estás helada.
-Reí.- Tengo un poco de frío.
- Vestite tonta.
- ¿No te enojas?
-Rio.- ¿Cómo me voy a enojar?
- No sé. –Reímos y nos dimos un beso.-

Yo me vestí y fui hacia el cuarto de Bruno, quien seguía durmiendo. Me acerqué a él y acaricié su manito… Él tomó mi dedo y yo sonreí.

- Descansa hijo… -Susurré y besé su frente.-

Quise soltarme de él, para irme, pero me agarró con fuerza y yo reí.

- ¿Qué pasa mi amor?

Y él comenzó a moverse, se despertó llorando.

- Tranquilo, tranquilo… -Dije alzándolo.- Tranquilo que mamá está acá. –Dije a su oído y me senté en el sillón de su cuarto, con él en mis brazos.- No llores Brunito…

Bruno se tranquilizó, luego de un rato y le dí de comer. Fui con él en brazos hasta el cuarto y Pepe se estaba quedando dormido. Me acosté a su lado, con mi hijo sobre mi pecho y tomé su mano.

- Hasta mañana mi amor. –Le dije.-
-Sonrió y besó mi mano.- Qué lindo que me digas así.
-Sonreí.- No me hagas poner colorada.
- No, no. –Besó mi brazo, desde mi mano hasta mi hombro.- Solo que me gusta.
-Volví a sonreír.- Dale, descansa.
- Vos también.
- Cuando el peque esté oficialmente dormido…
- ¿Está despierto?
- Más o menos…

Pedro acomodó su cabeza en mi hombro y entre los dos, llenamos de mimos a Bruno hasta que se durmió.

- Pepe… -Susurré.- ¿Dormís?
- No… ¿Qué pasa Pau?
-Besé su frente.- Nada, solo quería agradecerte por ser así con nosotros… Sobre todo con Bruno. –Hice una pausa.- Es mi hijo y vos podrías no hacerte cargo…
- Siempre te voy a ayudar, en todo lo que pueda. –Me dijo.-
- Gracias, de verdad. Me tranquiliza mucho saber que, capaz me esté yendo muy al futuro y no dé, pero igualmente me tranquiliza saber que mi hijo va a tener un hombre con quien poder hablar todo lo que no puede conmigo. –Pepe sonrió.- Nos hace muy bien que estés cerca nuestro.
-Me besó.- Siempre voy a estar cerca de ustedes…
- Gracias… -Lo besé.- En serio.
- A vos, por dejarme ser parte. –Sonreímos y nos besamos.- Y dale… Descansa que estás super chinita.
-Reí.- Bueno che…
- Descansa que yo los cuido.
-Mordí mi labio, muerta de ternura.- Te quiero chapar todo.
-Se acercó a besarme.- Linda…

-

Pau estaba a mi lado, durmiendo con Bruno en su pecho. Les saqué una foto y la puse de fondo de pantalla… Querían que sean mi familia para siempre.

“Tu amiga me va a volver loco.”

“¿Por qué? ¿Pasó algo?”

“Pasó, pero no es nada malo…”

“¿Y qué pasó nene?”

“Que la amo con locura.”

“Ay, sos un tierno Pepito.”

“Jajajajaja, no flashees Agos.”

“No flasheo, es la verdad. Desde que están juntos, la veo muy feliz a Pau.”

“Pensé que era ilusión mía.”

“Yo veo lo mismo…”


- ¿Qué pasa Pepe? –Me preguntó súper dormida.-
- Nada Pau, seguí durmiendo.
- ¿Con quién hablas?
- Con Agos.
- ¿Está bien?
- Sí Pau, tranquila… Seguí durmiendo, dale. –Corrí el pelo de su cara.-

“Gracias por toda la banca Agos, de verdad.”

“No me tenes que agradecer nada, me hace bien verlos tan felices.”

“Sos la madrina de nuestra relación, jajaja”

“Jajajajajaa, un placer.”

“Te dejo Agos… Me voy a dormir.”

“Dale, nos hablamos Pepe.”

“Un beso amiga.”


Me acosté al lado de Pau y ella me miró.

- ¿De qué hablaban?
- Cosas nuestras señorita.
-Rio.- Okei, okei.
- Perdón, no quería despertarte.
- No fuiste vos, fue Bruno que me pateó. –Rio.- Está muy inquieto.
- ¿No queres que lo lleve?
- No, no. Me encanta dormir con él encima, salvo que a vos te moleste…
- ¿Cómo me va a molestar Pau?
- No sé…
- No me molesta, tranquila. –Besé su frente.- Dale, dormí…
- Vos también.
- Ahora va. –Reí.-
- ¿Estás con insomnio?
- No puedo dejar de pensar.
- ¿En qué?
- En todo lo que te amo.

Ella sonrió y yo me acerqué a besarla.

- ¿Por qué sos tan hermoso? –Me besó.-
- Ya te dije que vos me pones así. –Reímos y nos besamos.-
- Dale… ¿Dormimos?
- Eso voy a intentar.

Nos dimos un beso y nos acomodamos para dormir. Busqué su mano y entrelacé mis dedos con los suyos.

- Descansa hermosa…
- Vos también Pepe.

Y a los pocos minutos, Bruno se despertó buscando comida y reímos.

- Ay Brunito, sos muy obvio. –Le dijo Pau riendo, se sentó en la cama y comenzó a amamantarlo.-






-


¡Últimos diez capítulos!

martes, 26 de julio de 2016

Capítulo 29.

Había pasado un mes, en el que, contrariamente a lo que creía… Paula y yo habíamos afianzado la relación y éramos una pareja bastante en serio. La verdad es que yo había intentando no ilusionarme al principio, por miedo a que no funcione, pero ahora es imposible no hacerlo. Quiero que sea mi mujer toda la vida.

Bruno estaba cada día más grande y hermoso… No me arrepentía de jugar a ser su papá. Obvio que tenía en claro que no lo era, pero hacerme la idea de que iba a poder estar para él cuando me necesitara, me hacía bien y a Pau, también.

Esa noche, me quedaría a dormir en la casa de Paula y me aseguré de que Bruno estuviera durmiendo en su cuna. Sonreí y me acerqué a él.

- Haceme el aguante esta noche… -Dije acariciando su nariz.- Que quiero tener un ratito a mamá para mí. –Reí.- Descansa hermoso. –Me acerqué a besar su frente y luego fui en busca de Paula.-

Entré al cuarto de Pau y ella estaba sentada sobre su cama, dándole la espalda a la puerta y con su celular. No notó que entré. Me senté detrás de ella y la abracé por la espalda, mientras besaba su cuello.

- Hola hermosa. –Susurré en su oído.-
- Hola Pepe. –Sonrió.-
- ¿Estás haciendo algo muy importante con el celular?
- Mmm… No.
- Entonces permiso. –Dije y se lo quité de las manos.-

Besé desde su cintura hasta su cuello y la abracé con fuerza, cruzando mis brazos en su panza. Ella buscó mis manos con las suyas y suspiró, cerrando sus ojos.

Llené de besos su cuello durante algunos minutos y Paula quiso hablar, pero no la dejé…

- Antes de que preguntes, Bruno está durmiendo muy cómodamente en su cuna.
- No, no es eso. –Suspiró.-
- ¿Y qué es? –Quise ponerme delante de ella, pero me frenó.-
- No, quedate ahí. –Me dijo tomando con fuerzas mis manos.-
- Hey… ¿Qué pasa?
- Necesito que me abraces y si queres que te cuente lo que me pasa, no soporto sostenerte la mirada.
- Me asustas un poco.
-Suspiró y cerró sus ojos con fuerza.- No quiero parecer una histérica.
- Si das tantas vueltas… Lo vas a parecer. –Le dije riendo y ella también rio.-
- Ay, perdón.
- No pasa nada. –Le di un beso en su mejilla.- ¿Me explicas qué pasa?
- Para… No me presiones.
- No te presiono, pero quiero que confíes en mí.
- Confío tonto.
- Y está perfecto.
-Sonrió.- Es que… -Suspiré.- Yo sé lo que buscas, no soy una nena y tampoco soy boluda.
- ¿Y está mal?
- No, para… ¿Me dejas terminar?
- Sí, perdón.
-Suspiró.- Me pasa que… Yo nunca estuve con nadie que no sea Máximo. –Dijo un poco confundida.- Y… ay, no sé.
- ¿Qué no sabes? –Besé su cuello suavemente.- ¿No queres?
- No, no es eso.
- ¿Y qué es?
- Me siento una tarada. –Me dijo muy seria y yo la abracé más fuerte.-
- No sos ninguna tarada.
- Es que… -Hizo una pausa.- Me siento rara.
- ¿Con qué? ¿Conmigo?
- No, no es eso.
- ¿Y entonces qué es? Perdón que insista, pero si no me lo decís no puedo entenderte ni ayudarte.
- Sí, ya sé. –Hizo una pausa.- Solo estuve con él, como te decía… Y la verdad es que mis recuerdos con él son horribles. –Cerró sus ojos.- Creo que lo único que hizo bien su vida fue dejarme embarazada. –Suspiró.- Pero… ¿Viste que yo siempre te digo que no estoy acostumbrada a que me traten así?
- Sí…
- Bueno, tiene que ver con eso. No sé. –Se encogió de hombros.- Me da, no es miedo, es mmm… Inquietud todo esto que pasa entre nosotros y eso no quiere decir que no me guste eh. Me encanta lo que está pasando, pero me da miedo y además… No me siento segura con mi cuerpo desde que lo tuve a Bruno.
- Pero vos sos hermosa… Eso no importa.
-Sonrió.- Te juro que me siento una nena.
- Sos hermosa en todas tus facetas.
- Y vos un chamullero.
- De verdad. –Acaricié su cuello con mi nariz y ella cerró sus ojos, sonriendo.-
- Sos muy tierno. ¿Sabías?
- Sí, porque me lo decís seguido.
-Rio.- Es porque es la verdad. –Giró su cabeza para besarme.- Gracias por no mandarme a la mierda.
-Reí.- Nunca lo haría… Deseé muchos años que estemos ahí como para echarlo a perder por cualquier cosa.
- Te juro que no entiendo cómo no te presté atención antes. –Me dijo riendo.-
- Porque querías hacerme sufrir.
- Mmm… Puede ser.
- ¡Ay, qué mala! –Dije y le hice cosquillas.-
- No, no. Cosquillas no.
- ¿Cosquillas no? ¿Y qué cosa entonces?
- Mmm… Los besos me gustan más.
- ¿Sí?
- Sí…
-Sonreí y besé desde su hombro hasta su mejilla.- Pau… -Susurré en su oído.-
- ¿Qué Pepe?
- Yo voy a cuidarte siempre. ¿Sabes?
-Sonrió.- Lo sé y eso me hace sentir muy segura. –Dijo buscando mis labios con los suyos.-
- Perdón si te incomodé.

Ella se dio vuelta y quedó sobre mí. Reímos.

- No me incomodaste.
- ¿No? –Pregunté abrazándola por la cintura.-
- No, ni un poquito. –Me besó.-
- Mejor así. –Dije quitando el pelo de su cara.-
- Gracias por entenderme… -Me dijo.-
- No me lo tenes que agradecer.
- Te juro que no quiero hacerte sentir mal…
- No me haces sentir mal.
- ¿Seguro?
- Muy seguro.
-Sonrió.- Mejor así entonces.

Y se hundió en mi cuello, llenándome de besos. Yo la abracé con fuerza y cerré mis ojos.

- Te prometo que no va a ser mucho tiempo.
-Reí.- Sos una tarada…
-Me miró, seria.- Me da miedo no gustarte.
- ¿Vos estás loquita? –Pregunté abrazándola con fuerza.- Sos la mujer más hermosa del mundo para mí. –La besé.-
- Pero… Tuve un hijo.
- ¿Y?
- Y eso Pepe.
- Vos sos hermosa para mí, eso es lo único que tiene que importarte.
- Me cuesta un poco amigarme con mi nuevo cuerpo.
- Yo puedo ayudarte cuando quieras. –Dije acariciando su espalda.-
-Sonrió y me besó.- No puedo creer que seas así de tierno.
- Vos me haces ser así.
- ¿Solo yo?
- Mmm… Sí. –La besé y sonreímos.-

Mis manos subieron desde su cintura hasta su nuca y las enredé en su pelo.

- Tengo miedo de que Bruno se despierte… -Me dijo.-
- ¿Por qué?
- Porque capaz que quiero hacer cosas que no requieren a él en medio. –Dijo besando mi cuello y yo sonreí.-
- Me parece que ahora si estás un poquitito histérica.
-Rio.- Perdón, si queres te dejo solo.
-La abracé con fuerza.- ¡No! ¡Ni se te ocurra! –Reímos y nos besamos.-
- Es que me haces sentir tan bien que no veo por qué en la cama no vaya a ser igual. -Dijo con sus mejillas coloradas y me morí de ternura.-
- ¿Qué son esos cachetitos rojos?
-Rio.- Me da un poco de vergüenza.
- Yo te la saco en dos segundos. –Dije hundiéndome en su cuello otra vez.-
- ¿Solo la vergüenza?
- ¡Ah bueno! –Dije riendo.- ¿No tenías vergüenza? –La miré.-
- Soy así de cambiante. –Dijo riendo.-
- Espero que eso nunca me juegue en contra.
- Creo que nunca podrías hacer algo que te juegue en contra.
- ¿Nunca?
- Mmm… No. Nunca. –Dijo y me besó.-
- Hace mucho tiempo que deseo esto. –Dije acariciando su mejilla con mi mano. Ella besó la palma de mi mano y yo continué el recorrido hasta volver a enredarla en su pelo.-
- Espero que no tengas muchas expectativas, no quiero desilusionarte.
- Nunca lo harías… -Dije y la besé.-
-Sonrió.- Vos a mí tampoco.

Di media vuelta, quedando sobre ella… Llené de besos su cara y bajé por su cuello, mientras ella jugaba con el pelo de mi nuca.

- ¿Estás bien? –Le pregunté en su oído.-
- Sí Pepe. –Respondió.-
- Te noto un poco tensa.
-Rio.- Perdón.
-La besé.- No es necesario que sea hoy.
- Pero quiero que sea. –Me dijo.- Dale, no des más vueltas. –Me dijo riendo.-
- Mmm… Suena tentador. –Y la besé.-
- Vos sos tentador.
- ¿Yo?
- Sí, vos. –Y me besó.- Y mucho más de lo que crees…

Era imposible que esa mujer me desilusionará…

Había sido la mejor noche de mi vida.

lunes, 25 de julio de 2016

Capítulo 28.

- Mira lo que sos Brunito. –Dijo Agos tomándolo en brazos.- Ya te extrañaba. –Besó su mejilla y Bruno movió sus piecitos.- Ay, ay. ¡Te morfo todo!
-Reí.- ¿Queres que prepare mate?
- Dale…
- Necesito hablar con vos.
- Me doy cuenta con solo mirarte.
-Sonreí.- Me conoces mucho.
-Rio.- ¿Me lo puedo llevar mientras preparas el mate?
- Mira que me cuesta eh. –Reí.- Obvio gorda, llevalo…

Preparé el mate y después de un rato, Bruno se había quedado dormido en el sillón y el termo ya estaba vacío.

- Esos ojos hablan solos Pau.
- ¿Y qué se supone que dicen mis ojos? –Suspiré.-
- Que no sabes por dónde empezar.
-Reí, mordiendo mi labio.- No sé qué hacer gorda.
- ¿Con qué?
- Con Pepe.
- ¿Él te gusta?
- Me encanta. –Suspiré.- Me hace sentir muy bien.
- ¿Y entonces?
- Tengo miedo…
- ¿De qué?
- De que él me ame mucho más de lo que yo lo quiero…
- Él te ama…
- Lo sé, lo siento.
- ¿Y vos qué sentís?
- Que lo quiero…
- Bueno, pero lo tuyo con él es más reciente.
- Pero tengo miedo de no poder amarlo tanto.
- ¿Por qué?
- No sé. –Me encogí de hombros.-
- No dejes que el miedo te frene.
- Pasa que ahora no estoy sola.
- Pepe ama a Bruno.
- Sí, lo sé… Pero me refiero a que no quiero estar mal, porque mi hijo me necesita.
- Pero no podes olvidarte de vivir porque sos mamá.
- Sí, ya lo sé.
- ¿Y entonces? Pepe no va a hacerte mal.
- No, no es eso. Tengo miedo de hacerle mal yo…
- Pero vos lo queres… Se empieza así Pau.
- Me estoy enroscando demasiado.
- Pienso igual Pau.
- ¿Y qué hago?
- Deja que suceda.
- Me cuesta.
- Dejate llevar… Él te hace bien.
-Suspiré.- Sí… Muy bien.
- ¿Y entonces? No te frenes… Dale una oportunidad, no te das una idea de todo lo que te ama.
- Perdón por estar metiéndote en el medio.
- No me pidas perdón tonta, haría cualquier cosa con tal de que estén juntos y felices.
- Te quiero mucho amiga. –Dije abrazándola.- Gracias.
- Y yo te quiero a vos Pauli.

Agos debió irse a cursar y yo me quedé a solas con mi hijo… Me senté en el suelo, apoyé mi mano en su espalda y besé su naricita.

- Quiero cuidarte mi amor… -Suspiré.- Pero sé que Pepe te va a hacer bien, igual que a mí. –Y apoyé mi mentón en el sillón, comencé a acariciar la carita de Bruno y él esbozó una sonrisa.- Ay. ¿Por qué sos tan lindo? –Sonreí y él abrió sus ojitos.- Hola mi amor… hola. –Besé su frente.- Al fin te despertaste, ya te extrañaba. –Reí y él estiró sus bracitos.-

Yo me paré y lo tomé en mis brazos, acostándolo boca abajo sobre uno de mis brazos.

- Uy, me parece que hay que cambiarnos el pañal. –Dije caminando a mi cuarto.-

Cambié a Bruno y luego comió… Estaba demasiado tranquilo, mirando sus manitos acostado en la cama y me mataba de amor.

“Hola Chinita. ¿Cómo andan?”

Sonreí, hace mucho no me decía así.

“¿Chinita otra vez? Jajaja”

“¿Te molesta?”

“No, me encanta.”

“Entonces te voy a decir Chinita más seguido.”

“Tampoco te aproveches eh.”

“No sé, no sé… Jajaja”

“Jajajaja… Tonto. Estamos bien, Bruno juega con sus manitos y yo me estoy por poner a tejer. ¿Vos?”

“Saliendo del cine… Con ganas de verlos.”

“Mmm… Podes venir cuando quieras.”

“Estoy por tomarme el bondi.”

“Te esperamos entonces.”

Me acosté al lado de Bruno y me quedé mirándolo… Podía hacer eso toda mi vida y no era exagerado.

Escuché el timbre y fui con mi hijo en brazos hasta la puerta.

- Hola Pepe… -Dije abriendo la puerta y nos dimos un beso. Sonreímos.-
- Hola hermosa. –Me dio un beso.- Hola bebé hermoso. –Besó la cabeza de Bruno y yo sonreí.-
- Veni… Pasa.

Entramos al living y él fue al baño, cuando volvió prácticamente me sacó a Bruno de los brazos.

- Bueno… Creo que quedé afuera. –Dije riendo.-
- Podes venir eh…
-Reí.- ¿No queres comer algo?
- Mmm… Podría ser.
- Tengo budín. ¿Queres?
- Sí, dale. ¿Te ayudo?
- Me ayudas quedándote con él.
- Bueno, entonces aprovecho.

Reímos y fui a preparar algo para comer.

-

Bruno estaba muy cómodo en mi pecho y yo sonreía… Estaba verdaderamente enamorado de ese nene.

- Me encanta verlos juntos. –Dijo sentándose frente a nosotros.-
- A mí me encanta tenerlo cerquita.
-Sonrió.- Te llena de paz tenerlo encima.
- Exacto… -Tomé su mano y la besé.- Vos también me das paz.
-Sonrió.- Y vos a mí. –Se acercó a mí y me besó.-

Merendamos juntos y luego Bruno pidió por su mamá, porque tenía hambre.

Bruno no dejaba de bostezar y nosotros reíamos.

- Dormí mi amor… -Dijo acomodándolo sobre su pecho.- Tranquilo…
- ¿No queres que vayamos al cuarto Pau?
- No, que duerma acá.
- ¿Segura?
- Sí… ¿O queres dormir?
- No, no. Solo decía.
- Que se duerma y lo dejamos así estamos un ratito juntos. ¿Queres?
-Sonreí.- Sí, me encanta.

Me acerqué a darle un beso y acaricié su mejilla.

Cuando Bruno se quedó dormido, Pau lo dejó en su moisés y cuando volvió, se sentó sobre mis piernas y me abrazó por el cuello. Yo la abracé por la cintura.

- Ay, qué lindo que vengas para acá. –Le dije y besé su mejilla.-
-Sonrió.- Quiero estar cerca tuyo. ¿No se puede?
- Obvio que se puede… Y me encanta. –La besé.- ¿Cómo estás?
- Mmm… Bien. ¿Vos?
- ¿Por qué mmm?
- No, no sé. –Reí.- ¿Vos? ¿Estás bien? Tenes una carita…
- Estoy un poquito cansado.
- ¿No queres dormir un ratito?
- Quiero estar con vos.
- Podes dormir mientras yo tejo.
- ¿Tenes que tejer mucho?
- Tengo una entrega de 50 lechuzas el fin de semana.
- ¿Y cuántas tenes?
- Ninguna. –Reí.-
- ¿Y no puedo ayudarte?
- Mmm… Sí.
- Entonces trae, dale.
- ¿Seguro?
- Sí Pau, dale.
- Bueno, gracias. –Me besó.- Ya vengo.
- Dale.

Pasamos todo el día juntos… Ella tejía y yo rellenaba los cuerpitos.

domingo, 24 de julio de 2016

Capítulo 27.

Bruno se despertó al rato y fui hasta el cuarto, Pedro se quedó hablando con su mamá.

- No llores mi amor… -Dije tomándolo en brazos.- Tranquilo. –Susurré caminando con él en mis brazos, pero no dejaba de llorar.-

Revisé su pañal, pero estaba limpio. Lo cambié de posición. Intenté darle el pecho.

Bruno seguía llorando.

- ¿Qué pasa hijo? –Pregunté acostándolo en mi cama, tomé sus pies y comencé a mover sus piernas… Pero no, tampoco le dolía la panza.-

Volví a tomarlo en mis brazos y me senté, contra el respaldo de mi cama y lo acosté en mi pecho. Él se acomodó, pero seguía llorisqueando.

- No pasa nada mi amor. –Susurré en su oído y comencé a acariciar su espalda.- No llores más bebé.

Y estuve casi una hora, tratando de que se tranquilice. Pedro se acercó a mí con un vaso de agua y luego de tomar un poco, lo dejé.

- Estas cosas son las que me angustian. –Le dije. Que llore sin razón… Siento que siente esa falta y me hace mal. –Suspiré, acariciando a mi hijo.-
- Pero con vos se calma.
- Ponele.
- Sí Pau…
-Suspiré.- Me da miedo que le pase algo malo.
- ¿Algo como qué?
- No sé… No me hagas caso.
- ¿Queres que los deje solos?
- No, quedate. –Le rogué.- Quedate con nosotros.

Él se sentó a mi lado y besó mi hombro.

- Mientras más tranquila estés vos… Más tranquilo va a estar él.
- Lo sé.
- Entonces tranquila… -Besó mi mejilla.- Se está quedando dormido.
- Respira muy fuerte todavía. –Le dije.- Le cambia mucho la respiración cuando duerme.
-Sonrió.- Se conocen mucho me parece.
- Lo único que hice estos tres meses fue conocerlo… Y podría hacerlo toda mi vida. –Besé su frente.- Quiero y necesito que esté bien.
- Él está bien Pau.
- Sí, pero esa falta… Siempre va a estar.
- Deja de hacerte la cabeza.
- Me cuesta Pepe.
- No pienses… Trata de descansar.
- Necesito que se duerma él primero.
- Entonces dejamos de hablar.
-Sonreí y lo besé.- Gracias.

Después de un largo rato, Bruno por fin se quedó dormido y yo me acomodé en la cama… Con él sobre mi cuerpo.

- Dormí con nosotros. –Le dije a Pepe.-
- ¿Segura?
- Sí, por favor. –Dije abriendo la cama.-

Pedro sonrió y se metió en la cama con nosotros.

- Descansa Pepe…
- Vos también Pau.

Nos dimos un beso y sonreímos.

Desperté, porque Bruno estaba muy inquieto.

- Tranquilo… -Susurré.- Me estás matando hijo. –Reí y me levanté con él en mis brazos.-

Me paré en una esquina del cuarto y comencé a moverlo de un lado al otro, porque se estaba despertando.

Él buscó mi pecho y sabía que era hambre… No comía hace muchas horas.

Me acomodé en la cama y comencé a amamantarlo.

- Pau… ¿Qué pasa?
-Reí.- Nada, solo tenía hambre. Seguí durmiendo.
- ¿Segura?
- Sí Pepe.

Yo reí y él se acomodó para seguir durmiendo. Cuando Bruno terminó, me acomodé con él en mi cama y nos quedamos dormidos otra vez.

Esa mañana…

- Pau… -Susurró en mi oído.- Tengo que irme.
- Mmm… Bueno. –Lo miré.-
- Tengo que trabajar y cursar.
- Está bien, anda. –Le sonreí.- Que tengas un buen día.
- Ustedes también. –Nos dimos un beso y se fue.-

Suspiré y acosté a Bruno en mi cama, para ir al baño.

Cuando volví, me senté al lado de mi hijo y cerré mis ojos… Tratando de serenarme. Me sentía rara y eso no sabía si era bueno o malo.

“Desde que te fuiste que no puedo dejar de pensar en vos.”

“Yo tampoco puedo dejar de pensarte.”

“¿Qué vamos a hacer?”

“¿Con qué?”

“Con esto Pepe.”

“Yo quiero dejar que pase y disfrutarlo… No sé si tiene mucho sentido pensar en el futuro.”

“Tengo miedo de que me quieras más de lo que yo te quiero.”

“No te enrosques con esas cosas.”

“Perdón, pero no puedo… Jajaja”

“No son cosas para pensar cuando recién empieza una relación. ¿No te parece?”

“Mmm… Puede ser.”

“Esa cabecita loca no para eh.”

“Nunca… No puedo evitarlo.”

“¿Por qué no aprovechas y dormís? ¿O Bruno está despierto?”

“Bruno está súper pancho.”

Y le mandé una foto de él durmiendo.


“¿Y la mamá?”


Yo reí y me saqué una foto, la cual le envíe.

“Hermosa… Como siempre.”

“No me mientas que no hace falta.”

“Para mí sos hermosa.”

“Y para mí sos muy tierno.”

“Linda… ♥ Te dejo porque tengo que entrar a clases.”

“Está bien, anda Pepe. Yo voy a tratar de dormir un rato.”

“Dale, aprovecha vos que podes.”

“Jajajaja, a la tarde me tengo que poner con un pedido igual.”

“¿Queres que nos veamos esta noche?”

“Sí, me encantaría.”

“Entonces después arreglamos.”

“Dale Pepe, un beso grande.”

“Otro para ustedes.”

Suspiré y dejé mi celular a un lado.

Dormir otra vez no pude… Bruno se despertó y yo no lo había notado porque estaba demasiado concentrada en mis pensamientos.

Su manito buscó mi dedo y lo miré sonriendo.

- Buen día mi amor… -Besé su frente.- No te había escuchado. –Reí.- Veni que te necesito cerquita.

Lo tomé en brazos y me quedé allí con él, hasta que me pidió comer…

sábado, 23 de julio de 2016

Capítulo 26.

Me desperté y no podía creer lo que estaba viviendo, sonreí ampliamente al verlos allí… Acaricié la frente de Pau y estaba dormidísima, al igual que Bruno que estaba muy acurrucado en su mamá.

Me levanté con cuidado y fui hasta la cocina, eran las ocho de la noche asique me dispuse a preparar una cena para nosotros dos.

Cuando lo tuve todo listo, fui a la habitación con la bandeja en mis manos y la dejé sobre la cómoda. Me senté al lado de Pau y besé su frente, bajando por su cara hasta terminar en su boca. Ella abrió los ojos y sonrió.

- Arriba che… -Dije haciéndole cosquillas en el cuello.-
- Mmm… ¿Qué hora es? –Suspiró.-
- Las ocho.
- ¿Ya? ¿Y este sigue durmiendo? –Preguntó riendo.-
- Me parece que está cómodo.
- A mí me parece lo mismo. –Reímos.-

Pau se sentó, con cuidado de Bruno quien seguía dormido y acarició su nariz.

- No quiero despertarte mi amor, pero sino me vas a tener toda la noche despierta. –Dijo besando la cara de su hijo.- Arriba Bruno… -Susurró en su oído y lo llenó de besos.- Dale hijo, despertate. –Y siguió llenándolo de besos, hasta que se despertó bastante molesto.- Ay, perdón. –Le dijo riendo.- Veni… -Lo acomodó sobre su pecho.-
- Me encanta verte así. –Le dije tomando su mano.-
-Me sonrió.- Gracias.
- De verdad que confiaba mucho en vos… Pero te veo y se me cae la baba, me sorprendes.
-Rio.- Sos muy lindo. –Besó mi mano.- No quiero que se enfríe lo que preparaste, traelo.
- Son milanesas con puré igual, no es mucha ciencia. –Le dije riendo.-
- Seguro esté rico… A ver si puedo comer antes de que el gordito me quiera comer a mí. –Me dijo riendo y yo también reí.-

Cenamos juntos en la cama y luego, Pau se dedicó a darle la teta a Bruno mientras yo lavaba las cosas en la cocina.

Y aunque quisiera procesarlo… No podía, no podía caer.

Fui con una sonrisa al cuarto y ellos estaban jugando en la cama, me colgué mirándolos desde el umbral de la puerta hasta que ella me vio.

- Veni Pepe… -Me dijo y yo sonreí.- No seas tímido. –Reímos.-

Me acerqué a ellos y nos quedamos un rato jugando.

- ¿Vos tenes que irte? –Me preguntó.-
- ¿Me estás echando? –Le pregunté riendo.-
- No tonto, quería que me ayudes a bañarlo.
- Obvio. –Le sonreí y ella me dio un beso.- ¿En que te ayudo?
-Sonrió.- Sos muy lindo. ¿Sabías?
- Vos, sos hermosa. –Y la tomé por la cara para besarla, pero Bruno se quejó. Reímos.- ¿No me compartís un poco a tu mamá? –Le pregunté haciéndole cosquillas en la panza y él rio.- ¿No? –Y volvió a reír, pero le tiraba los brazos a su mamá.-
-Paula rio y lo tomó en brazos.- Me mata que sea así. –Besó su mejilla y sonrió.- Dale. Veni…

Caminamos juntos hasta el baño y mientras yo llenaba la bañera, ella lo desvistió.

-

Más tarde, Bruno había vuelto a tomar la teta y se había quedado dormido conmigo… Pero, como aún estaba Pepe, lo dejé en el moisés.

Lo busqué a Pedro y lo abracé por la espalda.

- ¿Me escuchas una cosa? –Le pregunté.-
- ¿Qué pasa?
- Quiero que me mires. –Le dije.-

Él se dio vuelta, uniendo nuestras manos. Le di un beso y quedé cerca de él.

- Yo de verdad que no puedo terminar de poner en palabras lo que me pasa… -Hice una pausa.- Pero es evidente que pasa. Vos me haces sentir muy bien, muy cuidada y muy querida. –Él sonrió.- Y eso me gusta, me gustas vos. –Sonreímos.- Pero, yo soy mamá.
- Eso lo sé y no es un problema para mí Pau.
- Lo sé Pepe, pero quiero que lo sepas y lo entiendas. –Suspiré.- Quiero estar con vos, pero Bruno siempre va a estar.
- Y yo no pretendo sacarlo eh, adoro a ese nene.
-Sonreí y lo abracé.- Gracias, de verdad.
- ¿Por qué me estarías agradeciendo?
-Reí.- Por estar siempre y por haberte bancado tanto tiempo en silencio.
- Si todo eso valió para estar así ahora, no importa. Ya está.
- ¿Te quedas con nosotros?
- Si me invitas, obvio que me quedo.
- Te estoy invitando nene.
- Entonces sí. –Besó mi mejilla y yo sonreí.-
-Me separé un poco de él.- Igual, me desperté hace un rato… No tengo mucho sueño.
- ¿Y qué queres que hagamos?
- Mmm… No sé. –Me encogí de hombros, riendo.-
- Yo quiero que hablemos.
- ¿De?
- Te conozco Pau.
- ¿De qué queres hablar? –Repetí.-
- Veni…

Caminamos hasta el sillón y nos sentamos, frente a frente.

- ¿Qué es lo que pasa Pau?
- ¿Con qué? –Pregunté abrazando mis piernas.-
- Yo sé que estás feliz con Bruno, pero veo en tus ojos algo de tristeza y no me gusta. –Acarició mi mejilla y yo suspiré.-
- Tengo miedo de que le esté faltando algo. –Dije con los ojos llenos de lágrimas.- No tiene a su papá y yo sé que lo sabe, que lo nota.
- Pero te tiene a vos… ¿Vos viste cómo te busca Pau? Eso es porque te ama con locura. –Sonreí.- No tenes que estar triste por eso, el boludo que se lo pierde es él… No vos.
-Me encogí de hombros.- Me cuesta un poco aceptar que soy madre soltera.
- Sos la mejor mamá que podría tener ese bebé.
-Sonreí.- Gracias, pero la falta que tiene no la voy a poder evitar.
- Mira… -Dijo tomando mis manos.- Yo no sé en dónde va a terminar esto que está empezando… Pero, a mí me gustaría mucho ser esa figura paterna para él. –Sonreí.- Yo sé que no soy su papá y que nunca voy a serlo… Lo sé, lo sabemos. –Ella asintió.- Pero, capaz, como pareja de su mamá… Puedo ser eso que le falta, al menos un poco. –Hizo una pausa y yo no le dije nada.- Ay, perdón. Estoy yendo demasiado rápido, perdón. –Suspiró.- Es que espero esto hace tanto que ya quiero que seas mi mujer. Perdón, te juro que…
-Lo callé de un beso.- No tenes que pedir perdón, es muy hermoso lo que dijiste.
- ¿No voy muy rápido?
-Reí.- Puede ser, pero pase lo que pase, vos siempre vas a ser una persona muy importante para nosotros.
- Y ustedes para mí. –Sonreímos y nos besamos.- No tenes que pensar en esas cosas ahora.
- No puedo evitar pensar en el día que empiece a preguntarme.
- Falta mucho para eso Pau.
- Sí, ya sé. ¿Pero qué se supone que le voy a decir?
- Lo vas a pensar en su momento. ¿Qué sentido tiene hacerte la cabeza ahora?
- Ninguno. –Reí.-
- Exacto. –Me besó.-
- Mmm… Gracias. –Le dije.- De verdad. –Lo besé.- Siempre me hizo muy bien hablar con vos.
- Podes hablar conmigo todo el tiempo que quieras.
-Sonreí.- ¿Te quedas a dormir? Por favor.
- Si me lo pedís con esa sonrisa, es imposible negarme.
-Volví a sonreír.- Me hace bien tenerte cerca.
- Quiero estar cerca tuyo toda la vida. -Lo besé y me acurruqué en él, me abrazó por la cintura y yo hice lo mismo. Sonreí.- Así de cerca es más lindo todavía.
-Reí.- Me estoy dando cuenta de que me faltaba tener un hombre cerca.
- Ah… Muy bien. ¿Dejaste la terquedad de lado?
-Reí.- No seas malo, no era terquedad.
- ¿Y qué era?
- Que necesitaba acomodar mi vida… Tener un hijo te mueve todo. –Le dije muy seria.-
- Te jodo polvorita.
- Bueno, no sé… -Reí.- No me gusta que me jodan.
- Fue un chiste nada más. –Dijo haciéndome cosquillas.-
- No seas malo.
- Vos no te enojes.
- ¿Quién te dijo que me enoje?
- Tu tono de voz.
-Lo miré.- Me da culpa que te hayas bancado tanto tiempo… Por eso no sé si me gusta hacer chistes sobre el tema.
-Acarició mi cara.- Eso es tema pasado.
- Pero igual…
- Igual nada. –Me besó.- ¿Queres ir a dormir?
- Bruno se va a despertar en un ratito, pero si tenes sueño…
- Mejor lo esperamos. –Reímos.- La verdad es que no tengo sueño.
- Yo tampoco.
- Entonces veni.

Hizo que me acostara en el sillón, con mi cabeza en sus piernas… Yo busqué una de sus manos y entrelacé sus dedos con los míos, mientras él con su mano libre jugaba con mi pelo.

- Me encanta verte tan relajada… -Me dijo.-
- Vos me pones así.
- Me encanta generar eso en vos.
-Sonreí.- Sos demasiado tierno.
- Acostumbrate… -Besó mi frente.- Siempre soy igual de tierno y siempre voy a querer cuidarte… -Hizo una pausa.- Y que yo sepa, hay un hombrecito por acá cerca que es una ternura total y que también va a cuidarte siempre.
-Sonreí.- Te quiero… -Besé su mano.-
- Y yo te quiero a vos bonita.

Capítulo 25.

Bruno se quedó dormido en mis brazos y fui a dejarlo en su moisés, volví al encuentro con Pedro algo inestable… Bueno, en realidad, del todo inestable.

Me senté delante de él, sin decir nada y acomodé mi pelo con un rodete. Estaba nerviosa y él lo notaba.

- ¿Te podes tranquilizar? –Me preguntó y yo reí.- Soy yo, soy Pepe… No te voy a hacer nada malo.
- Eso lo sé.
- ¿Y entonces?
-Suspiré.- Te juro que quisiera entender qué es lo que me pasa, pero no puedo.
- ¿Podes ser un poco más explicativa?
- Vos estuviste, siempre, cuando nadie estuvo… Y eso fue muy importante para mí, sabes que lo valoro demasiado y que te lo voy a agradecer toda la vida.
- Sí… -Dijo y corrió un mechón de pelo que caía en mi cara.-
- Y en ese momento, yo no podía pensar en otra cosa que no sea mi bebé. Capaz que te cueste entenderlo, pero es así…
- No te preocupes, lo entiendo.
-Sonreí.- Pero ahora me doy cuenta de otras cosas.
- ¿De qué cosas?
- Para un poco, que me cuesta.
-Rio.- Bueno, perdón. –Reímos y tomé sus manos, él me dio un beso en cada una.-
- Me doy cuenta que, aunque quise evitarlo… Algo me pasa. –Y por fin pude decirlo, suspiré.- Pero no termino de descifrarlo.
- ¿Pero qué es eso que te pasa?
- Te digo que no sé.
- Ponelo en una palabra.
-Cerré mis ojos y sin pensar, se lo dije.- Amor. –Y tapé mi cara con mis manos, soltándolo a él.- Hace mucho que te miro de otra manera, pero nunca me había dado cuenta. –Le confesé.- Con todo lo que me pasó y con el pelotudo de Máximo, sinceramente ni me había detenido a pensarlo. La primera vez que me lo dijiste fue como si nada, tampoco se me ocurrió pensarlo. –Lo miré.- Pero ahora sí, o bueno, desde esas últimas veces que hablamos. –Acaricié su mejilla.- Me gustas mucho y me matas de amor.
-Sonreía y me miraba fijo a los ojos, con su mirada brillosa.- Es muy lindo lo que me estás diciendo.
- ¿Sí? Yo me siento bastante boluda.
-Acarició mis mejillas.- No, no sos ninguna boluda.
- Nunca quise lastimarte.
- Eso lo sé.
- Perdón, de verdad.
- No me tenes que pedir perdón y tampoco es momento de hacerlo.
- ¿Y de qué es momento? –Le pregunté sonriendo.-
- Mmm… Se me ocurren muchas cosas. –Dijo acercándose a mí.-
- Hace demasiado tiempo que no hago estas cosas. –Dije riendo.-
- Sh…

Y se acercó aún más, chocando su frente con la mía.

- No pienses en esas cosas. –Dijo acariciando mis brazos.-
- ¿Y en qué tengo que pensar? –Le pregunté nerviosa.-
- No tenes que pensar.
- ¿Y qué tengo que hacer?
- Sentir…

Dijo y me tomó de las manos, para que quedáramos ambos de pie. Me tomó por la cintura y ya no tenía escapatoria.

- No te das una idea de la cantidad de veces que imaginé esto. –Dijo abrazándome con fuerza y yo sonreí.-
- Entonces no esperes más. –Le dije sonriendo.-

Él me devolvió la sonrisa y se perdió en mi cuello, llenándome en besos. Lo abracé por la nuca y cerré mis ojos, disfrutando de lo que hacía. Sintiendo algo extraño, pero hermoso, en mi interior.

Lentamente se acercó a mis labios y cuando los unimos sentí que mi corazón iba a terminar dentro de su cuerpo.

Comenzó siendo suave y de repente sentí su lengua junto con la mía, sonreí en medio de aquel beso y lo abracé más fuerte para intensificarlo.

- Quiero estar toda la vida con ustedes. –Me dijo sin dejar de besarme.-
- Y yo me doy cuenta que no hay nadie mejor que vos para que esté con nosotros. –Nos separamos y nos sonreímos.- De verdad… ¡Sos muy lindo! –Lo besé y escondí mi cara en su cuello.- Pero siento que me va a costar un poco terminar con la idea de que sos mi amigo.
- Puedo ayudarte con eso cuando quieras. –Dijo besando mi cuello y yo reí.- No quiero despegarme de vos. –Suspiró.- Te juro que esperé esto por muchos años.
- Perdón por ser tan boluda, de verdad.
-Hizo que lo mire.- No tenes que pedir perdón, las cosas se dieron así y ya está… -Hizo una pausa.- Te puedo hacer una pregunta.
- Sí…
- ¿Esto qué quiere decir?
- Que quiero intentarlo. –Le dije muerta de vergüenza.-

Y él no dijo más nada, tan solo me besó hasta acorralarme contra la pared y yo reí.

- No sé qué es que un hombre me trate bien. –Dije jugando con el pelo de su nuca.- Y vos me haces sentir bien desde que tengo uso de razón.
- Te quiero cuidar toda la vida Paula.
-Sonreí.- Sos muy tierno.
- Y no solo a vos, a tu hijo también.
- Eso terminó de convencerme.
- ¿Qué cosa?
- Que ames tanto a Bruno.
- Me animo a decirte que lo amo casi tanto como vos. –Reímos y nos besamos.-
- No pretendo que seas su papá, porque es una carga que no quiero tirarte… Pero si me gusta la idea de que estés cerca de él, porque es obvio que va a necesitar alguna figura masculina.
- A mí me encantaría ser su papá.
-Sonreí.- Me parece que estamos yendo muy rápido igual.
- Mmm… Puede ser. –Reímos y nos besamos.-
- Prefiero que me beses…
- Me encanta tu plan.
- ¿Sí?
- Sí.

Y me besó…

-

No podía caer en la realidad, creía que mi corazón iba a estallar de la emoción.

Yo estaba sentado en su sillón y ella acostada en el mismo, con su cabeza en mis piernas y mis manos se enredaban en su pelo. Sus ojos se mantenían cerrados y respiraba en paz.

- Me da miedo esto. –Me dijo.- Y necesito que lo sepas.
- ¿Miedo de qué? –Pregunté sin dejar de acariciar su pelo.-
- No sé… ¿De qué no funcione?
- Yo te prometo que va a funcionar, al menos de mi parte.
-Suspiré.- Quiero confiar.
- Entonces hacelo. ¿Algo te lo impide?
- Mmm… Creo que no. –Rio.-
- Entonces no te hagas la cabeza mujer.
- Soy mujer. ¡No puedo evitarlo! –Reímos y nos besamos.-
- La mujer más linda del mundo sos.
- Si yo te pregunto… ¿Me respondes algo sinceramente?
- Sí.
- ¿Hace cuánto te diste cuenta qué te gustaba?
- Teníamos 15.
- ¿Hace tanto tiempo?
- Sí. –Reí.- Pero en ese momento creía que capaz era una calentura adolescente, entonces traté de evadirlo… Pero cuando vi que con el tiempo no pasaba me di cuenta de que era amor de verdad. –Ella sonrió.- Yo te amo de verdad Pau. –La besé.- Y no hace falta que respondas. –Sonrió y me besó.- Sos muy linda. ¿Sabes?
- Vos sos lindo. –Dijo acurrucándose en mí.- Hacia demasiado tiempo que no sentía como alguien me mimaba.
- Acostumbrate, porque me encanta hacerlo.
-Sonrió.- Siempre lo lleno de mimos a Bruno, soy re cargosa. –Rio.- Pero sentirlos también me gusta.
- Relajate entonces.
- Seguro esté por despertarse el gordo.
- ¿Y si vamos con él?
- ¿Seguro?
- Sí, dale.

Ella sonrió y se levantó, nos dimos un beso y fuimos hasta el cuarto de Paula.

Bruno seguía durmiendo y Pau se acercó para tomarlo en brazos. Se acostó en su cama con él sobre su pecho y mis manos volvieron a su pelo. Cerró sus ojos y suspiró.

- No creía que podía sentir tanta paz junta.
-Sonreí y besé su frente.- Disfruta un poquito…
- Lo hago desde que tengo a esta belleza conmigo. –Dije mimando a mi bebé.-
- Pero, aunque te hagas la fuerte, yo sé que te cuesta estar sola. –Ella suspiró.- Eso es un sí. ¿O no?
- Sí.
- Por eso, vos también necesitas que te mimen un poco. ¿Me dejas?
-Sonrió.- Sí, por favor.

Después de un ratito, Bruno se despertó pero se quedó súper tranquilo sobre el cuerpo de su mamá y sintiendo sus caricias…

Mientras, yo acariciaba el pelo y la cara de Pau… Quien se estaba quedando dormida y tenía una leve sonrisa en su rostro. Besé sentidamente su frente y me acosté al lado de ellos.

- Dormí hermosa. –Susurré en su oído.-
- Bruno está despierto.
- Poncha en dos segundos. –Le dije riendo.- No te preocupes.

Y al rato, nos quedamos dormidos los tres.

viernes, 22 de julio de 2016

Capítulo 24.

Bruno seguía creciendo y de a poco comenzaba a recordar que era algo más que su mamá… Hoy cumplía tres meses y era increíble lo independiente que era en comparación a cuando era súper bebé, aunque claramente seguía dependiendo de mí.

Lo escuché despertarse y me acerqué a buscarlo.

- Buen día mi amor. –Dije acariciando su nariz, como hacía siempre y él me sonrió.- Ay, pero qué linda sonrisa. ¿Te despertaste de buen humor? –Dije y besé su panza, él enredó sus manos en mi pelo y reí.- Ahora te agarro che, un poco de paciencia.

Lo tomé en mis brazos y él se acurrucó en mi pecho. Me acosté en mi cama con él aún más acurrucado en mí y eso ya se había convertido en una costumbre.

Él se dormía en mi cama y cuando yo me despertaba lo dejaba en su moisés para poder ordenar la casa durante la mañana, luego nos quedábamos un rato juntos en la cama y cuando terminaba de despertarse, comía y lo cambiaba.

Durante el día, las cosas a veces cambiaban un poco, pero mi vida se basaba en él y en tejer todo lo que podía, porque claro que esa seguía siendo mi entrada laboral.

Bruno se movió, buscando mi pecho y sonreí.

- ¿Tenes hambre mi amor? ¿Eh?

Y desacomodé mi ropa, para que él comience a comer. Cuando terminó, acomodé mi ropa y lo cambié… Lo llevé al living y lo dejé en el cochecito con algunos juguetes, mientras yo tejía…

Pero, comenzó a quejarse, asique lo acerqué a mí y me asomé en el cochecito.

- Estoy acá hijo. –Susurré.- ¿Qué pasa? –Tomé su manito.- Tranquilo.

-

Hacia dos meses que no los veía y eso me tenía muerto en vida. Esa última tarde nos habíamos visto, pero las cosas seguían igual que siempre… O en realidad, peor.

Habíamos perdido todo de contacto y los extrañaba demasiado.

Intenté rehacer mi vida sin tenerlos en cuenta, pero no podía evitarlo. No podía evitar el hecho de amarlos como lo hacía.

-


Bruno se quedó dormido y yo intenté concentrarme en los tejidos, pero sinceramente no podía. Hacia algunos días que no podía quitar a Pedro de mi mente.

Y no, aunque quería… No podía aclarar lo que me pasaba.

Guardé las cosas que estaban a medio tejer y alcé a mi hijo para ir a mi cuarto. Lo acosté con cuidado en mi cama y yo me acosté a su lado, posé mi mano en su pancita y suspiré, mirándolo.

De a poco, me estaba dando cuenta de que algo me pasaba… El tema es si ese algo terminaría en algo serio.

Todo lo que había hecho por Bruno y por mí nos había acercado mucho más de lo que creía o de lo que en ese momento había notado… Porque claro que en ese momento no podía pensar demasiado en mí. Durante todos esos meses Bruno había sido mi prioridad, y si bien seguía siéndolo, de a poco me permitía volver a pensar en mí.

Casi por un impulso, le hablé:

“Necesito verte.”

Así, sin anestesia. Siendo directa. De una.

“Cuando quieras y donde quieras… No te das una idea de lo que te extraño.”

“Decime vos a donde.”

“¿Queres que vaya a tu casa?”

“Si preferís.”

“Así no lo molestamos al peque.”

“Entonces te espero.”


Suspiré y dejé caer mi cabeza hacia atrás…

- No hay vuelta atrás. –Me dije para sí.-

No pude evitar agarrar a mi hijo y posarlo sobre mí, él me llenaba de paz. Besé su cabeza y él buscó mi pecho con sus manitos, sonreí.

- Quiero poder darte una familia. –Suspiré.- Pero no sé qué es lo que me pasa… -Acaricié su espalda.- Perdón mi amor. –Hice una pausa.- Te prometo que vamos a estar bien.

“Estoy acá Pau.”

“No sé si me animo a verte Pedro.”

“No voy a hacerte nada malo, lo sabes.”

“Es que no me entiendo.”

“Capaz que si hablamos, puedo ayudar a que te entiendas.”

“Me siento una histérica y una boluda.”

“No te preocupes, yo sé cómo sos… Dale, estoy acá y quiero verte. Al menos dejame que te dé un abrazo. Te extraño.”

“¿Estás en la puerta?”

“Sí.”

Lo dejé a Bruno en su moisés y me acerqué a la puerta, la cual abrí y nos quedamos unos segundos mirándonos.

No soporté y me tiré en sus brazos, lo abracé con fuerza por la nuca y no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Sentí que me abrazó por la cintura, también fuerte y suspiró con fuerza en mi cuello.

- Te extrañaba demasiado. –Le confesé.-
- Yo también Pau, no te das una idea de cuanto.

Nos quedamos largos minutos abrazados y nos separamos.

- Veni, pasa…

Entramos a mi casa y yo cerré la puerta, sentí que me abrazó por la espalda y sonreí, pero a la vez quería separarme de él.

- Pepe… Para un poco.
- No, te extrañé demasiado.
-Sonreí.- Yo también, pero necesito que hablemos.

Y en ese momento, Bruno comenzó a llorar.

- Te salvó la campana. –Dije riendo y me separé de él.-
- Traelo, me muero por verlo.
-Sonreí.- Voy a buscarlo.

Caminé hasta mi cuarto y me asomé por el moisés…

- No llores hijo. –Lo tomé en brazos y besé su frente.- Dale, tranquilo que vino el padrino a verte.

Me quedé un rato con él, hasta que se tranquilizó y fui a buscar a Pepe.

-

Cuando la vi venir con Bruno en brazos me sentía un pelotudo por cómo sonreía y de la emoción que me recorría el cuerpo.

- Estás enorme hermoso… -Dije tomando la manito de Bruno.-
- Agarralo nene.
- ¿Segura?
-Rio.- Pepe, dale.

Pau me lo pasó y lo sostuve en mis brazos otra vez, sonreí y me senté en el sillón con él. Lo acosté en mis piernas y tomé sus manitos.

- Hola Brunito, hola. –Dije y besé su frente.- Estás hermoso. ¿Sabes? –Sonreí y me quedé mirándolo por un rato.-
- Aunque no hable, yo me entiendo con mi hijo y recién me dijo que te extrañaba mucho. –Dijo Pau sentándose a nuestro lado.-
-Reí.- Ah… ¿Sí?
- Sí, y no te rías porque es verdad.
- Bueno, bueno… Te creo. –Volvimos a reír.-

Me quedé un rato con él, hasta que comenzó a buscar a su mamá.

- Me parece que tiene hambre. –Dijo Pau tomándolo en brazos.- ¿Te jode que le dé la teta acá?
- No Pau, tranqui.
-Sonrió.- Te prometo que después hablamos.
- Dale… -Besé su mejilla y ella sonrió.-

jueves, 21 de julio de 2016

Capítulo 23.

Bruno crecía y yo sentía que lo hacía a pasos agigantados. Ya tenía un mes y cada día me enamoraba más de mi bebé.

De a poquito, comenzaba a agarrar algunas cosas, sobre todos mis dedos y movía con más fuerza sus extremidades. Dormía un poco más de corrido, solo un poco y bostezaba.

- Buen día mi amor. –Dije acercándome a su moisés, en donde lo había dejado cuando me levanté.- Buen día. –Repetí acariciando su nariz y él estiró sus bracitos.- A ver… Veni.

Lo tomé en brazos y besé su cabecita.

- Me parece que hay que cambiarnos el pañal. –Dije revisándolo, pero él buscaba mi pecho.- Para un poquito mi amor. –Le dije.-

Busqué el cambiador y cambié su pañal y su ropita. Estaba acostado en la cama, con uno de sus muñequitos. Mis manos acariciaban sus piecitos y él miraba para todos lados.

Quité el muñeco de sus manitos y acaricié toda su cara… Amaba que sea tan mimoso y pegado a mí. Lo tomé en mis brazos, luego de desacomodar mi ropa y le dí de comer.

- Tenías hambre. –Le dije riendo.- Tranquilo que te vas a ahogar che.

-

Habían pasado varios días y la verdad es que me costaba horrores estar lejos de ellos. Agos era mi punto de contacto, pero solo para saber que estaban bien, porque no quería meterla en el medio.

Ese día debía cursar a la mañana y trabajar a la tarde... Y desde que habíamos dejado de vernos esos eran mis días preferidos, para no pensar en cuánto los extrañaba.

Estaba revisando mi celular en el recreo y Paula había subido a Facebook una foto de Bruno. No pude evitarlo y le hablé:

“No puede estar tan hermoso ese gordito Pau, me enamoré de la foto que subiste.”

“Jajajaja, te juro que se me cae la baba.”

“Está hermoso, de verdad. Te felicito.”

“Gracias Pepe. ¿Cómo estás?”

“Mmm… En la facu. ¿Vos?”

“Tejiendo un poco mientras el peque duerme.”

“Tengo muchas ganas de verlos.”

“No sé si es el momento.”

“¿Y cuándo va a serlo?”

“No, no sé.”

“Quiero verlo a Bruno al menos.”

“Inevitablemente me vas a tener que ver a mí.”

“¿Y no puedo ir con Agos? Por si te pongo incómoda.”

“No sé Pepe, dejame pensarlo.”

“Bueno, está bien… Perdón si me mandé y no tenía que hablarte.”

“No, no pasa nada.”


Guardé mi celular en el bolsillo y suspiré. La extrañaba de verdad y hablar con ella me hizo notar que la extrañaba más de lo que creía.

Y no solo la extrañaba a ella, sino también a Bruno.

-

Dejé el tejido a un lado y lo miré a mi hijo.

- No sé qué hacer… -Suspiré acariciando su bracito y él abrió sus ojitos.- Perdón, no quería despertarte mi amor.

Su manito buscó mi dedo y lo presionó. Sonreí.

- Te amo tanto Bruno. –Acaricié su frente.-

Sentía que él podía sentir lo que me pasaba y que yo podía sentir lo que le pasaba a él. No sabía cómo, pero podía sentirlo.

Después de algunos minutos, lo apoyé sobre mi pecho y lo abracé con mi mano libre, porque no soltaba mi dedo.

- Me llenas de paz hermoso.

Cerré mis ojos y me quedé allí, con mi hijo. El amor de mi vida.

Había sido un mes complicado, pero feliz… Muy feliz.

-

Esa noche, salí del trabajo y volví a mi casa. Cené, casi por obligación y me encerré en mi cuarto.

Otra vez estaba llorando y por ella. Me sentía el pelotudo más grande del mundo, la amaba cada día más y eso me pasaba hacia muchísimos años.

¿Cuánto tiempo más iba a tener que soportar esta situación?

Necesitaba poder amarla de verdad…

U olvidarla.

Pero así, no podía seguir. No podía más.

-

Luego de cenar, con Bruno tranquilo en su cochecito, lavé las cosas y ordené la cocina. Cerré toda la casa y fui en busca de mi hijo.

- Es hora de bañarnos. –Dije alzándolo.- ¿Qué te parece? –Pregunté acariciando su nariz con la mía.-

Llené su bañera, dentro de la bañera de mi casa y luego quité su ropita y su pañal. Lo acosté allí, sosteniéndolo con mi mano y él hizo una mueca de satisfacción.

- ¿Está linda el agüita? –Pregunté riendo.-

Lo bañé y luego de secarlo, le puse su pañal y lo envolví en una manta de polar… Quería cambiarlo, pero él no me dejaba. Estaba pegado a mí.

- ¿Qué pasa mi amor? ¿Qué pasa? –Susurré y apagué la luz del baño, fui con él hasta mi cuarto y me acosté con él sobre mi pecho.- ¿No tenes hambre? –Pregunté extrañada.-

Quise despegarlo de mí, pero comenzó a llorar.

- No, no mi amor… No. Sh… -Dije volviendo a acomodarlo sobre mí y acaricié su espalda.- Tranquilo que mamá se queda con vos.

Bruno de a poco se tranquilizó, pero seguía despierto. Pude vestirlo y luego volvió a acomodarse sobre mí. Era claro que esa noche íbamos a dormir juntos.

- Dormí bebé, dormí… -Susurré en su oído y besé su cabeza varias veces.-

Me quedé mimándolo, hasta que por fin se quedó dormido.

-

No me podía dormir y no soportaba que me pasara eso. Revisé el WhatsApp y vi que estaba en línea, quise hablarle pero no me animé.

“Sos el causante de mi insomnio.”

Reí al leerlo.

“¿Y eso es bueno o malo?”

“Malo, porque Bruno se va a despertar dentro de un rato a comer y yo sigo mirando el techo.”

“Uy, perdón entonces. Jajajaja”

“No sé qué hacer con vos Pedro… Y tampoco sé qué hago hablando con vos.”

“Porque nos tenemos confianza.”

“Sí, eso es verdad. Vos también sos la causante de mi insomnio igual eh.”

“Jajajajaja, perdón.”

“Intenta dormir Pau.”

“Vos también Pepe.”

“¿Hablamos mañana?”

“Puede ser. Que descanses.”

“Vos también.”


miércoles, 20 de julio de 2016

Capítulo 22.

Pedro se fue y yo estallé en llanto. Me sentía una pelotuda por no saber lo qué me pasaba y por estar lastimándolo.

Lavé mi cara reiteradas veces y no podía dejar de llorar. ¡Odiaba estar tan sensible!

Aproveché que Bruno seguía durmiendo para ordenar un poco la casa y limpiar, tratando de desquitar mi bronca en aquellas acciones.

-

Estaba en mi habitación, con Agos quien había venido a hacer de psicóloga. Yo estaba acostado en mi cama, boca abajo y sin poder dejar de llorar. Era un nene.

- Me siento un boludo Agos.
-Acarició mi pelo.- No es de boludo amar.
- Pero le caí con todo esto ahora y…
- Hiciste lo que pudiste.
- Pude poco Agos.
- La amas hace años… En algún momento ibas a explotar.
- Pero fue el peor momento.
- Bueno, puede que no sea el momento indicado, pero pasó y ya no hay vuelta atrás.
- ¿Y qué tengo que hacer ahora?
- Alejarte un poco, darle tiempo y darte tiempo.
- ¿Darme tiempo? Ya sé que la amo y eso no tiene vuelta atrás.
- Entonces dale tiempo a ella… Entende por lo que está pasando.
- Sí, ya sé.
- Vas a tener que armarte de paciencia, porque es lógico que priorice a su hijo.
- Sí, no reniego de eso.
- Es mamá hace una semana, su vida está cambiando demasiado y su cuerpo la debe estar volviendo loca.
-Suspiré.- Por eso, me siento un tarado por no haber podido controlarme.
- Pero no tiene sentido que te castigues por eso.
-Sequé mis lágrimas.- Me duele amarla tanto.
- Ay Pepe… No llores, hey.
- No puedo evitarlo.

Agos me abrazó y aunque quisiera, no podía dejar de llorar.

- Tranquilo Pepe.
- No quiero que la dejes sola.
- Yo la adoro, pero deja de ponerla todo el tiempo sobre vos… Porque te estás olvidando de cuidarte a vos mismo.
- Estoy seguro de que algo le pasa conmigo.
- Yo no puedo responderte eso Pepe.
- No pretendo que lo hagas, solo que estés con ella.
- Yo ahora estoy con vos…
- Pero…
- Deja de llorar primero. ¿Qué te parece? –Reí.-

-

Bruno se había despertado excesivamente mamero, asique luego de prepararme algo para comer y terminar de ordenar (todo con él en mis brazos), me senté en el sillón. Estaba por llegar mi mamá.

- Hola… -Dijo entrando.-
- Hola mami. Pasa. –Le dije desde el sillón, Bruno estaba despierto en mis brazos.-
- ¿Cómo están? –Me saludó a mí y luego a Bruno, quien se quejó.-
- Un poco caprichosos me parece. –Dije mirando a Bruno.- No se despega de mí.
- Aprovechalo. –Dijo mi mamá mientra se sacaba su abrigo y luego se sentó frente a mí.- Porque después crecen.
-Reí.- Tiene siete días mami.
- Por eso… ¡Ya creció una semana! –Reímos.-
- ¿Queres comer algo?
- Comí recién, no te preocupes.
- ¿Segura?
- Sí hija, tranquila. Contame cómo están, cómo se porta.
- Bien, creo… -Reí.- Pensé que iba a ser más terrible.
- ¿Él o vos?
- La situación, pensé que no iba a saber qué hacer.
- ¿Viste que te dije que no tenías que preocuparte?

Sonreí y Bruno comenzó a buscar mi pecho, lo dejé, pero comenzó a inquietarse y a llorisquear… Quise pararme para buscar la almohadita y mamá me lo impidió.

- ¿Qué necesitas?
- La almohada para darle la teta.
- ¿En dónde está?
- En mi cuarto.
- Yo la voy a buscar.
- Gracias ma.

Mi mamá me alcanzó la almohada y comencé a darle la teta.

- Te juro que no puedo creer verte así. –Me dijo sonriendo y yo le devolví la sonrisa.- Te queda tan lindo tu bebé.
- Gracias mami.
- De verdad, me llenas de orgullo. –Acarició mi mejilla.-
- No me hagas llorar ma.
- Te digo la verdad.
- Bueno, gracias. Estoy muy feliz.
- Se te nota, igual te veo los ojitos tristes. ¿Pasa algo? ¿Es por Máximo?
-Negué con mi cabeza.- Después te cuento. ¿Puede ser?
- Sí, obvio. Termina con el gordito.

Después de un rato, Bruno estaba dormido sobre mí y no había manera de pasarlo a su moisés.

- ¿Qué pasa hija?
- Pedro.
- ¿Qué pasa con él?
- Dice que está enamorado de mí. –Suspiré.- No sé, no entiendo.
- ¿De verdad?
- Sí ma, el otro día me besó.
- Ese chico es hermoso.
- ¡Pero es mi amigo ma!
- ¿No te gusta ni un poco?
- No sé y eso es lo que más me duele, no quiero lastimarlo.
- ¿No sabes si te gusta?
- Lo que hace por nosotros me puede, me mata de amor. Estuvo presente hasta en el parto. –Suspiré.- Pero… Nunca lo vi como algo más que mi amigo.
- Hasta ahora.
- Puede ser.
- ¿Puede ser?
- Me cuesta pensar en algo que no sea Bruno en este momento.
- ¿Pero eso quiere decir que no le cerras la puerta?
- Eso quiere decir que no sé ma. No sé.
-Tomó mi mano.- Yo entiendo por lo que estás pasando, pero no te duermas porque los hombres no nos esperan eternamente…
- Sí, lo sé. ¿Pero vos me entendes que no puedo pensar en estar con alguien ahora? ¡Y menos con mi mejor amigo!
- Sí, obvio que te entiendo hija. Solo es un consejo.
- Gracias mami.
- De nada hija, y si de verdad te pasa algo, olvidate que es tu amigo.
- Me cuesta un poco.
- No creo que exista mejor hombre para que esté a tu lado… Tenes un hijo y eso siempre va a condicionar las cosas, él lo ama.
- Lo sé, pero en este momento no sé que quiero… Y no quiero hablar más del tema.
- Está bien. ¿Queres que haga mate?
- Dale.
- No estés triste, disfruta de esta hermosura. –Dijo posando su mano en la espalda Bruno, yo le sonreí y me fui.-

-

“Pau, perdón que te joda otra vez. Estuve pensando mucho en lo que hablamos y puede que tengas razón. Voy a alejarme, al menos por un tiempo… Pero no me alejo por mí, porque lo que yo siento no va a cambiar. Me alejo por vos, para que puedas pensar y aclarar lo que te pasa o lo que no te pasa.
De más está decir que siempre voy a estar para ustedes, eso no lo dudes nunca Pau. Los amo, con locura…”

“Me hace mal lo que me decís.”

“¿Por qué?”

“Porque todo el tiempo estás pensando en mí antes que en vos y no quiero lastimarte.”

“Por eso decido alejarme, para que pienses en lo que te pasa y después me lo digas… Te prometo que si no queres saber nada conmigo, yo me alejo para siempre. Aunque me duela.”

“No sé si es eso lo que quiero.”

“¿Y qué es lo que queres?”

“No puedo saberlo en este momento. Perdón otra vez.”

“Perdón te tengo que pedir yo, te caí con todo esto en el momento menos indicado.”

“No, ya está… Eso ya pasó. Fue cuando tenía que ser.”

“Pero quiero pedirte perdón.”

“No te preocupes por eso.”

“Bueno, está bien… Pero, prometeme que si necesitas algo con Bruno no vas a dudar en llamarme.”

“Te lo prometo.”

“Gracias, por esto y por entenderme.”

“Te queremos mucho Pepe…”

“Y yo a ustedes, siempre.”