jueves, 14 de julio de 2016

Capítulo 14.

“Hola Pau. ¿Cómo están? Perdón que te joda, entiendo que capaz no quieras hablar conmigo, pero hace mucho tiempo que no sé de ustedes y los extraño.”

“Sos muy tierno Pepe, estamos bien… Hace unos días fui al médico y está todo perfecto.”

“Me alegra mucho, de verdad. ¿Lo pudiste ver?”

“Sí, me hizo una ecografía y no se quedó quieto ni un segundo…”

“Ay, qué lindo.”

“¿Queres venir a verla? Tengo una copia.”

“¿En serio?”

“Sí, si queres… Sino, no pasa nada.”

“Sí, obvio que quiero.”

“Entonces te espero.”

Suspiré y dejé mi celular a un lado, la verdad era que lo extrañaba. Estaba acostumbrada a verlo casi todos los días.

Tocó timbre y algo nerviosa, fui a abrirle.

- Hola. –Dije cuando le abrí y nos saludamos.- Pasa…

Él entró y yo cerré la puerta.

- ¿Algo para tomar? ¿Comer?
- Mmm… No Pau, almorcé hace un ratito.
- ¿Seguro?
- Sí, no te preocupes.
- Mmm… Bueno. –Me senté frente a él.- ¿Cómo estás?
- Bien, mejor ahora que vine. Los extrañaba. –Dijo tocando mi panza y sonreí.- ¿Cómo se está portando?
- Está cada vez más inquieto y eso que todavía falta mucho. –Reí.-
- Va a ser igual a vos.
- ¿Por qué?
- Porque vos no te quedas quieta ni un segundo. –Reí otra vez.- ¿O no?
- Sí, tenes razón.
- Sería lindo que se parezca a vos igual.
- Sí, supongo…
- ¿Por qué decís así?
- No sé, cuando pienso en esas cosas me duele un poco.
- ¿Qué cosa?
- Estar sola…
- No tiene que dolerte, tiene que darte orgullo.
-Me encogí de hombros.- Es feo saber que no voy a poder darle una familia.
- Pero le vas a dar a la mejor mamá de todas. –Sonreí.- No estés mal, ese boludo tiene que dejar de ponerte triste.
- Es difícil, va a ser toda la vida el papá de mi hijo.
- Es solo su papá biológico.
- Pero es su papá.
- Tenes que olvidarte de él Pau.
- No puedo.
- ¿Vos lo seguís queriendo?
- No, nunca lo quise demasiado en realidad.
- ¿Y entonces? ¿Por qué?
- Porque es el papá Pepe, no lo puedo evitar.
- Pero no te vas a perdonar nunca no disfrutar de esto por no poder dejar de pensar en él.
-Suspiré.- Puede ser.
- No tiene sentido que sigas pendiente de él, te trató horrible y encima se borró.
- Puede que tengas razón.
- No, no puede… ¡Tengo! –Ella rio y yo corrí el pelo de su cara.- Me gusta que te rías. –Ella sonrió.- ¿Puedo ver a mi ahijadito?
- Sí, obvio.

-

Paula se fue a buscar la ecografía y yo suspiré, acomodándome en el sillón y tratando de dejar las tensiones afuera.

Ella puso la ecografía en la tele y se sentó a mi lado, sonreía al ver a su bebé y me contagiaba esa felicidad. La realidad era que amaba a ese bebé.

- No veo la hora de tenerlo acá. –Dijo riendo.-
- Ya lo vas a tener y lo vas a llenar de besos todo el día.
- Me conoces mucho.
- Es obvio, yo lo haría también.
- También vas a poder llenarlo de besos si queres.
- ¿Me vas a dejar?
- Obvio tonto. -Sonreí y besé su mejilla, ella se incomodó.- Perdón.
- No, no pasa nada.

Y se paró, para sacar el DVD y guardarlo.

- Pau… Veni. –Dije aún sentado en el sillón.-
- ¿Qué pasa?
- Veni.

Ella se sentó frente a mí y yo la miré a los ojos.

- No quiero que cambie nuestra relación, olvidate de lo que te dije.
- No puedo olvidarme Pepe.
-Suspiré.- No soportaría perderlos.
- No nos vas a perder, perdón si reaccioné mal.
- ¿Me perdonas?
- Sí, no pasa nada.
- Gracias. –Sonreí.-
- No me lo tenes que agradecer. –Y me abrazó.- Bruno y yo te adoramos Pepe.
- Y yo a ustedes, muchísimo.

Suspiré y cerré mis ojos, para disfrutar de aquel abrazo, la sentí sonreír y también sonreí.

-Se separó de mí.- ¿Me ayudas con algo?
- Obvio. ¿Con qué?
- En el cuarto de Bruno.
- Obvio.

Fuimos juntos hasta el cuarto de Bruno y me pidió que le cambiara unas lamparitas.

- Perdón, ya sé que es una boludes, pero me da miedo subirme a un banquito.
- No pasa tonta, te las cambio.
- Gracias. –Sonrió y yo cambié las lamparitas.-

Ella se sentó en un silloncito que había allí y yo me senté en la practi-cuna, que aún no tenía puesta la baranda.

- ¿Ya estás por entrar al sexto mes, no?
-Asintió.- Sí… La semana que viene.
- Qué loco.
-Rio.- Para mí es mucho más loco, te lo aseguro.
- ¿Pero te sentís bien?
- Sí, no sé… Es difícil estar sola, pero la llevo… Me acostumbré.
- No estás sola.
-Sonrió.- Lo sé, pero me refiero a estar sola acá en casa.
- Cuando nazca Bruno no te vas a sentir nunca más sola.
- Vuelvo a lo de hace un rato, me duele no poder darle un papá.
- No tendrá un papá, pero tiene al mejor padrino del mundo. ¿No te parece?
-Sonrió.- Al mejor de todos.
-Sonreí y me acerqué a ella, me arrodillé en el suelo y besé su panza.- No estés mal. –Acaricié su cuello.- Dale che.
- No, no estoy mal… Creo.
- Mmm…
- Con el tiempo lo voy superando, pero de a poquito.
- Ya va a pasar.
- Quiero creer que cuando lo tenga en mis brazos, todo va a pasar.
- Todo. Cuando lo tengas sobre tu pecho, todo lo malo va a desaparecer.
-Sonrió.- Sos muy tierno Pepe.
- Solo quiero que estén bien.
- Si estamos así hoy, en una gran parte, es gracias a vos.
- No, es gracias a vos que sos mucho más fuerte de lo que crees.
- Pero vos nos ayudaste mucho.
- Toda la vida voy a estar para ustedes.
- Gracias, en serio.
- No me agradezcas más. –Reímos y me levanté.- Tengo algo para vos.
- ¿Qué cosa? –Preguntó entusiasmada.-
- Esperame acá.
- Bueno…

Fui a buscar un paquete dentro de mi mochila y se lo di.

- ¡Basta de regalos Pedro!
- Vos me diste el título de padrino.

Paula rio y abrió el regalo.

- ¿Te gusta?
- Me encanta Pepe. –Dijo abriendo la cajita, eran varios sonajeros para bebés.- En serio.
- Los vi y no me resistí.
- Empeza a resistirte un poco.
- No y ahora que trabajo, menos.
- ¿Trabajas?
-Reí.- Sí, en el cine del Shopping.
- Esa, bien ahí. Te felicito.
- Gracias.
- De nada…

miércoles, 13 de julio de 2016

Capítulo 13.

“Mmm… Ya sé lo que pasó. ¿Puedo ir a tu casa? Al menos para que no estés sola. Te hace mal estar angustiada.”

“Me haría muy bien que vengas Agos. ¿Mañana tenes facu?”

“A la tarde.”

“¿Queres quedarte hasta mañana?”

“Obvio amiga.”

“Gracias linda.”

“En un ratito estoy por ahí.”


- ¿De verdad nunca te habías dado cuenta Pau?
- No, te juro que no Agos. –Suspiré.- Me cayó como un balde de agua helada. ¿Vos lo sabías, no?
- Me dí cuenta sola. –Hizo una pausa.- Él me avisó que te lo había contado y me pidió que no te deje sola.
- Es muy tierno. –Sonreí.-
- ¿No te gusta ni un poco?
- Agos… Es mi amigo desde que soy una nena y además, no es momento de enamorarme. ¡Mucho menos de mi mejor amigo!
- Ay Pau… -Tomó mi mano.- Yo le dije mil veces que trate de olvidarte, pero nunca me hizo caso.
- ¿Hace mucho tiempo que…?
- Mucho, pero no me preguntes porque no quiero quedar en el medio.
- Está bien, perdón. Tenes razón.
- Pero no quería que estés sola.
- Gracias por estar acá, de verdad.
- ¿Te sentís mal, no?
- Siento la panza dura, es de los nervios… Me da miedo.
- No tenes que estar así Pau, pensa en él. –Dijo tocando mi panza.-
-Suspiré.- No sé qué hacer.
- ¿Por qué no vas a darte una ducha y te metes en la cama? Yo voy a comprar helado y después vemos alguna peli. ¿Qué te parece?


-Sonreí.- Me parece que sos la mejor del mundo.
- Dale, anda.

Asentí y me levanté. Busqué mi pijama y ropa interior, para ir a bañarme. Abrí el agua y dejé que la bañera de llenara, no era demasiado grande, pero necesitaba relajarme. Me senté allí, sintiendo el agua calentita y mis manos se posaron en mi panza. Cerré mis ojos e intenté respirar tranquila, varias veces.

Sentía a Bruno moverse y eso era lo que más me tranquilizaba.

- Perdón bebito. –Suspiré.- Te juro que no quiero estar tan nerviosa… -Respiré hondo y largué el aire.- En los días como hoy lo único que quiero es tenerte en mis brazos, sentir tu calorcito sobre mi cuerpo y que me llenes de paz… Me da un poco de culpa que los bardos nunca se terminen, pero de verdad que hago todo lo que puedo. –Y en ese momento se movió fuerte, yo reí.- Me hace bien sentirte. ¿Sabes?

Me quedé largos minutos allí y luego salí, no me había mojado el pelo, asique acomodé mi rodete y luego me vestí. Me metí en mi cama y mis manos seguían sobre mi panza, Agos aún no había vuelto.

Me senté con mis piernas cruzadas y erguí mi espalda, subí mis brazos y respiré hondo, largando el aire de a poco y volviendo a poner mis manos sobre mi panza. Ya la sentía más blanda y eso me aliviaba.

- Te queda tan linda esa panza. –Me dijo Agos, a quien no había escuchado volver.-
-Abrí mis ojos y sonreí.- Todavía me siento rara. –Reí.-
- Te juro que te admiro. –Dijo sentándose frente a mí.-
- ¿Por qué?
- Por como te hiciste cargo.
- No me arrepiento ni un poco, Bruno es el amor de mi vida y todavía ni lo conozco.
-Sonrió y posó su mano en mi panza.- Me encanta verte así.
-Sonreí.- Fue raro, y todavía lo siento raro, pero es muy hermoso.
- Solo tenes que preocuparte por él ahora.
- Lo sé, lo sé. –Suspiré.- Pero a veces me cuesta.
- Bruno es lo importante.
- No veo la hora de tenerlo en mis brazos… Aunque me muera de miedo.
- ¿Miedo de qué?
- De no saber qué hacer boluda. –Reímos.-
- Vas a saber qué hacer, él va a ayudarte.

- Estuve leyendo mucho este tiempo… Muchas mamás dicen que los bebés se hacen entender, pero igual no deja de ser un bebé.
- Vos vas a poder, yo estoy segura.
-Sonreí.- Eso espero.
- Vas a ver que sí. –Acarició mi mejilla y la abracé.-
- Gracias, de verdad.
- ¿Vas a agradecerme toda la vida?
-Reí y me separé de ella.- Capaz… ¿Trajiste el helado?
- Obvio. ¿Qué peli miramos?
- Mmm…

Vimos una película y nos bajamos un kilo de helado, iba a explotar.

Le tomé las manos a mi amiga y las puse sobre mi panza.

- Me parece que le gustó el helado. –Le dije riendo.-
- Se mueve una banda.
-Sonreí.- Es tremendo.
- Te brillan los ojitos.
-Volví a sonreír.- Me hace feliz saber que siempre lo voy a tener conmigo.
- Sos tan linda amiga. –Me abrazó.-

Sí, siempre nos abrazábamos con ella.

Así pasaron algunos días… Lo que me había dicho Pedro me había descolocado por completo, aún no podía procesarlo.

Desde que había cortado con Máximo (quien por suerte nunca volvió a aparecer) que la idea de estar en pareja no era una opción, mucho menos en este momento de mi vida y si bien, me costaba estar sola, lo tenía que aceptar y sobrellevar como podía.

Nunca, jamás se me había cruzado por la cabeza la idea de que Pedro estuviera enamorado de mí y, aunque él insistiera, yo me sentía culpable por la situación. No quería hacerle mal y por eso desde aquella situación, no había vuelto a hablarle.

Si bien no quería alejarlo de Bruno, y tampoco de mí, creía que lo mejor era cortar la relación por un tiempo. Quería que se olvidara de mí, sinceramente no soportaba la idea de que me amara y no poder devolverle lo mismo. Lo quería demasiado como para lastimarlo.

En fin, ahora estoy en la sala de espera del obstetra… ¡Y no soportaba la mirada de todas sobre mí!

Me miraban como si fuese un bicho raro y tan solo era una mujer esperando un hijo como ellas. Intenté serenarme, tocando mi panza y lo sentí moverse. Sonreí.

- No te duermas que te quiero ver bien eh. –Susurré y cerré mis ojos.-

Mantuve mis ojos cerrados, sin prestarle atención a mi alrededor hasta que me llamaron.

El médico me revisó y me hizo una ecografía que me emocionó hasta las lágrimas.

Por suerte, estaba todo perfecto y mientras limpiaba el gel de mi panza, él me dio algunas indicaciones.

Salí de la clínica, sin mirar a nadie y caminé hasta la parada de colectivos. Cuando me subí, estaba bastante lleno y nadie se ofreció a cederme el asiento. Caminé como pude hasta el fondo y me sostuve de uno de los caños, miré a un señor para ver si reaccionaba y reaccionó, pero horrible.

- ¿Qué me miras pendeja? ¿Se supone que porque cojiste sin forro te tengo que dar mi asiento? ¿Cuántos años tenes? ¿16? Hacete cargo de tu irresponsabilidad.
- Vos podrías aprender a respetar a las mujeres. ¿No te parece? –Le dije con bronca.-
- Respetate vos nena.
- ¿Quién te dijo que no me respeto?
- Tenes a un pibe en tu panza.
- ¿Y?
- Sos una nena.
-Suspiré.- No te incumbe eso a vos y si no me queres dar el asiento, no te preocupes. Puedo viajar parada. –Y me di vuelta, pero él me tomó por la espalda.-
- Ubicate pendeja.
-Lo miré.- No me toques, desubicado.
- Decile al pibito que te garchaste que se ubique y que use forro.
- ¿Quién te crees que sos?
- Ni debes saber quién es el pibe. ¿No?

Y en ese momento, una señora saltó a defenderme.

- ¿Podes dejarla en paz flaco? –Le dijo.-
- Estoy bien, no se preocupe. –Le dije a la señora.-

Y otro señor se sumó, quien obligó a este hombre a bajarse en la próxima parada. Yo me senté y la señora se paró a mi lado.

- ¿Estás bien nena?
- Sí, no se preocupe. Y gracias.
-Me tomó de la mano.- No les hagas caso, te tendría que dar orgullo saber que vas a ser mamá y haberte animado a pesar de que seas chica. Es lo más lindo que va a pasarte en la vida.
- Gracias, de verdad.
- No es nada. –Tocó mi panza y yo le sonreí.- Este bebé seguro esté orgulloso de su mamá. –Mis ojos se llenaron de lágrimas y ella me sonrió.- Te deseo lo mejor.
- Gracias, de corazón.
- No, no me lo agradezcas.

martes, 12 de julio de 2016

Capítulo 12.

Algunas semanas después, mi papá me había ayudado a arreglar varias cosas de la casa y ya tenía la cuna y el cochecito en mi pieza.

Con mi mamá, habíamos armado varias cosas para terminar de decorar el cuarto de Bruno y un juego de sábanas más.

Me habían regalado varios paquetes de pañales y de a poco, todo terminaba de acomodarse.

La realidad era que esa ayuda de mis viejos y vender en un negocio más me había aliviado bastante…

-

Esa tarde, iría a la casa de Paula y estaba bastante decidido a hablar con ella.

- Estás raro Pepe.
- ¿Vos todavía no te diste cuenta de lo que pasa Pau?
- ¿De qué me hablas Pedro?
- No, de nada…
- No, ahora decime.
- No Pau, nada.
- Pedro… ¿Qué pasa?
- Nada, una boludes.
- Dale nene, te conozco.
- Deja Pau.
- ¿De qué me tengo que dar cuenta?
- De nada.

Me levanté molesto, pero ella me siguió.

- ¿Qué te pasa Pepe?
- Pau…
- ¿Qué?
- Nada, de verdad. –Suspiré.-

Ella se paró frente a mí y me miró a los ojos.

- No entiendo qué es lo que pasa Pepe.
- Que me muero por ser el padre de ese bebé. –Dije sin saber muy bien lo que estaba diciendo.-
- Perdón, pero no entiendo nada.
- ¿De verdad no te das cuenta?
- No Pepe. ¿De qué me tengo que dar cuenta?
- Estoy enamorado de vos. –Y por fin pude decirlo, bajé mi mirada y quise irme. No soportaría el rechazo.-
- ¿Vos me estás hablado en serio Pedro? –Preguntó posando su mano en mi espalda.-
- Sí, perdón.
-Hizo que me dé vuelta y me miró.- Perdón, pero no sé qué decirte. –Dijo con lágrimas en los ojos.- Te juro que nunca lo busqué.
- Lo sé Pau, lo sé. –Suspiré.- Me enamoraste por como sos, no tuviste que hacer nada especial para que pasara.
- No quiero lastimarte, sos muy importante para mí, pero como…
- Como amigo, lo sé.
- No sé cómo reaccionar.
- Lo mejor es que me vaya.
- Perdoname, de verdad… No quería que pase esto.
- No me tenes que pedir perdón, vos no hiciste nada para que pase.
- Pero…
- De verdad Pau. –Acaricié su mejilla.- Y no llores. –Ella sonrió.- Yo siempre voy a estar para vos, pase lo que pase.
- Pero capaz que es mejor que no nos veamos…
- No soporto estar lejos tuyo.
- Pero… -Suspiró.- No quiero lastimarte Pedro, te quiero mucho como para hacerlo.
- No me prives de estar lejos de ustedes.
- No quiero hacerte mal.
- No me hace mal estar cerca tuyo.
- Pepe… Dale.
- No quiero alejarme, no me saques eso.
-Suspiró y se sentó.- Perdón, pero estoy nerviosa. –Tocó su panza y cerró sus ojos.-
-Me acerqué y me agaché frente a ella.- ¿Estás bien? –Toqué su panza.-
- Sí, no te preocupes.
- ¿Segura?
- Sí. –Respiró hondo y yo sequé sus lágrimas.-
- Perdoname, te juro que yo tampoco quise que pasara, pero no quiero dejar de ser tu amigo.
- ¿A vos te hace bien ser mi amigo?
- Sí Chinita. –Ella sonrió.- No me saques eso, quiero estar cerca tuyo y de Bruno.
- Pero yo no quiero que vos sufras porque no siento lo mismo que vos.
- Vos no te preocupes por mí.
- Te mereces ser feliz, te lo dije mil veces… Te mereces una mujer que te ame.
- Yo quiero que vos seas esa mujer.
- Perdón, pero no es lo que siento y…

No la dejé seguir hablando, tan solo la abracé y ella lloraba cada vez más.

- Perdón, pero no me lo pude guardar más. –Le dije.- No quiero que nada cambie entre nosotros.
- Perdoname vos a mí.
- No, yo no tengo nada que perdonarte.
- Sí Pepe…
- No Pau, no. No pienses en eso. –Me separé de ella y sequé sus lágrimas con mis dedos.- Vos ahora solo tenes que pensar en tu bebé. –Dije tocando su panza.- No me pidas que no esté cerca de mi ahijado.
-Sonrió.- Pero vos tenes que prometerme algo.
- ¿Qué cosa?
- Que si te hace mal la situación, me lo vas a decir y te vas a alejar. Yo te prometo que no me voy a enojar… -Hizo una pausa.- Y, también, me tenes que prometer que vas a permitirme enamorarte de alguien que pueda hacerte feliz.
- Pau…
- ¿Me lo prometes? –Asentí y ella me abrazó.-
- Gracias.
- ¿Por qué?
- Tenía miedo de que reacciones mal, no sé.
- Te quiero mucho como para reaccionar o hacerte mal, bastante culpa me da lo que me estás diciendo.
- Pero no es tu culpa.
- Bueno, pero yo lo siento así.
-Me separé un poco de ella.- A mí me hace bien estar cerca de ustedes.
- ¿Estás seguro?
- Sí Pau.
-Sonrió.- Bueno, está bien… Pero ahora prefiero estar un rato sola. ¿Te enojas?
- No, puede que tengas razón y yo también necesite estar un poco solo. –Besé su mejilla y me paré.- Gracias por tomártelo así, de verdad.
- Te quiero Pepe. –Tomó mi mano y me dio un beso, yo sonreí y luego me fui.-

Salí de su casa y me largué a llorar como un nene, nunca creí que iba a poder hablar y no sabía si decirlo era lo mejor, pero ya estaba hecho.

Paula ya lo sabía y en cierto punto, también había sido una manera de sincerarme conmigo mismo.

Caminé aceleradamente hasta una plaza y me senté contra un árbol, sequé mis lágrimas y respiré lo más hondo que pude. El amor duele y demasiado.

“Agos, perdón que te meta en el medio… Pero le conté a Pau.”

“¿De verdad?”

“Sí, no aguantaba más.”

“No quiero estar en el medio.”

“Está bien, te entiendo. Sos amiga de los dos… Solo quería que lo sepas porque sos parte del grupo.”

“¿Te enojas si voy a hablar con Pau?”

“No, era lo que quería pedirte… No quiero que esté mal, más que nada por su bebé.”

“Sos un amor Pepe.”

“Es solo que la quiero, a ella y a Brunito.”

“Yo hablo con ella, no te preocupes.”

“Gracias, y te pido por favor que no me cuentes nada, porque de verdad no quiero meterte en el medio ni que te pelees con ella por mí.”

“No te preocupes, de verdad…”

“Gracias Agos.”

“De nada Pepe… Sos muy valiente.”

“Mmm… Ponele, jajaja”


Suspiré y dejé el celular a un lado, al menos así me aseguraba de que Paula no estuviera sola.

Sí, puede que sea un boludo y que siempre piense en ella por sobre mí, pero la amo y es algo que no puedo evitar.

Me levanté de allí y emprendí el camino hacia mi casa, por suerte mis viejos no estaban y tenía que hacer cosas de la universidad, lo cual suponía que me iba a distraer.

Primero, me di una ducha para dejar de llorar y luego me posicioné ante los eternos textos, pero claro que no pude leer ni una línea.

No podía dejar de pensar en ella.

No podía dejar de pensar en cuanto la amaba.

lunes, 11 de julio de 2016

Capítulo 11.

Y así fue como los meses empezaron a suceder, algo lentos, pero firmes.

Estaba de cinco meses y ya sabía que sería un varoncito, a quien llamaría Bruno. Pocas veces me había detenido a pensar si prefería que sea nena o nene, pero que sea un nene me llenaba de felicidad… Eso de saber que al menos, algún hombre me cuidaría y me amara sin medidas, me hacía sentir menos sola.

Porque claro que mis viejos seguían sin dirigirme la palabra.

Ya había terminado el secundario, por suerte con todo aprobado y había comenzado a trabajar con la mamá de Pepe. Ella tenía un negocio de manualidades y como yo sabía tejer muñequitos, tejía para su negocio y la realidad era que vendía bastante… No era demasiada plata, pero al menos podía mantener aquella casita y comer.

Lo que me preocupaba era que aún no había podido equipar el cuarto de Bruno, le había comprado muchas cosas, pero aún no tenía ni cuna, ni moisés, ni cochecito… Ni ninguna de esas cosas y la realidad, era que el precio era demasiado elevado.

El cuarto de Brunito, a pesar de eso, ya estaba bastante decorado… Había tejido varias cosas: las letras de su nombre, varios muñequitos que había acomodado en una repisa que ya estaba allí y además, Pedro me había ayudado a pintar las paredes de verde manzana. Había refaccionado unos cuadros que había en la casa de mi abuela e imprimí en una gráfica motivos infantiles, Pepe los colgó en el cuarto. Además, había cocido cortinas nuevas para la habitación, también había armado y cocido un cambiador y varios juegos de sábanas tamaño de cuna estándar.

Siempre que tejía o cocía me acordaba de mi abuela, en ese momento pensaba que eso no me serviría de nada y ahora me estaba salvando la vida. Gracias abu.

El placard de la habitación ya estaba bastante lleno de cosas, no solo por parte mía, sino también de Pepe y Agos, quienes vivían llenándome de regalos. Ya tenía bastante ropita para los primeros meses, chupetes, mamaderas, algo de pañales, mantitas, varios juguetes, un juego de platitos, vasitos y cubiertos para cuando comiera, varios baberos.

También, me había comprado el almohadón para amamantarlo y ya había equipado una caja con elementos de higiene para él (y varias cremas para mí, especialmente para cuando le diera la teta) y varias cosas más.

Pero, repito: lo que más me preocupaba era como iba a comprar todas aquellas cosas “grandes.” Tenía algo de plata que me habían regalado para mi cumpleaños, porque sí, ya tenía 18, pero aún así me faltaba bastante.

Mi panza ya se notaba demasiado y había días en los que Bruno no se quedaba quieto, hoy era uno de esos días.

- Tranquilo mi amor… -Dije tocando mi panza.- Que soy yo la que te está teniendo adentro. –Reí y continué tejiendo.-

Me sorprendió el timbre, no esperaba a nadie. Me levanté del sillón y caminé hasta la puerta, miré por la mirilla y me sorprendí al verlos.

Abrí la puerta y no sabía muy bien qué decir.

- Hola. –Dije y me quedé mirándolos, ellos no dejaban de mirar mi panza.-
- Hola hija. –Dijo mi mamá.- ¿Podemos pasar?
- Sí, pasen.

Ellos entraron y me seguían mirando.

- ¿Qué hacen acá? –Pregunté, me incomodaba un poco su actitud.-
- Vinimos a hablar con vos. –Dijo mi papá.-
- Bueno, los escucho. –Dije sentándome en el sillón.-

Ellos se sentaron frente a mí e hicieron una pausa demasiado larga que me estaba poniendo nerviosa.

- Vinimos a pedirte perdón hija. –Dijo mi papá.- Reaccionamos horrible, sabemos que te hicimos mucho daño… Y venimos a pedirte perdón de verdad.
- No nos justifico y sé que reaccionamos mal, pero estamos arrepentidos en serio.
-Suspiré.- Me dolió mucho lo que me dijeron.
- Lo sabemos hija. –Dijo mi mamá.- Estamos muy arrepentidos.
- No entiendo cómo pudieron pensar que iba a abortar.
- Te lo dijimos porque no sabíamos cómo reaccionar. –Dijo mi papá.-
- Fue la peor manera de reaccionar. –Dije, seguía enojada.-
- Perdonanos, por favor. –Suplicó mi mamá.-
- Perdón, pero no es tan fácil. –Suspiré.- Me costó demasiado estar sola, todavía me cuesta. –Y no quería llorar.- La verdad, es que a pesar de todo el amor que les tengo, me decepcionaron… Y perdón si les duele, pero necesito que lo sepan.
- Por eso venimos a pedirte perdón. –Dijo mi mamá con lágrimas en los ojos.-
- No se arregla con un perdón. –Hice una pausa.- Ojala fuese así de simple.
- Pau… -Dijo mi mamá, tomando mis manos.- Sabemos que estuvimos mal y eso nos llena de culpa, también sabemos que tardamos mucho en venir, pero… No aguantábamos más, necesitábamos saber de vos y de tu bebé.
- ¿Ahora les importa mi bebé? –Pregunté tratando de no ser tan hiriente.-
- Siempre nos importó Pau. –Dijo mi papá.-
- Vos me pediste que lo mate.
- Fue un momento en el que me cegué.
- Pero fue horrible papá.
- Lo sé hija, no sé cómo pedirte perdón.

Y no pude evitar llorar.

- Los necesité demasiado todo este tiempo… Máximo se borró, era obvio que lo iba a hacer, no me sorprendió. –Sequé mis lágrimas.- Me las rebusco como puedo, pero siento que si sigo así a mi hijo le van a faltar demasiadas cosas y no quiero, no lo soporto.

Ellos me abrazaron y yo me largué a llorar como una nena en los brazos de mis papás.

- Perdonanos hija, por favor. –Dijo mi mamá.-
- Si se quedan conmigo, los perdono. –Dije.- Los necesito mucho.
- Nosotros estamos acá mi amor. –Dijo mi papá y besó mi mejilla.-

Pasamos incontables minutos abrazados, hasta que nos separamos y mamá secó mis lágrimas.

- Es un nene y se va a llamar Bruno. –Dije sonriente y mi mamá volvió a abrazarme.-
- No puedo creer que mi nena vaya a ser mamá.
-Reí.- Yo tampoco lo puedo creer, pero es.

Volvimos a separarnos y mi viejo sacó un sobre de su bolsillo.

- Sabemos que necesitas muchas cosas. –Y me dio el sobre.-
- No pa, no quiero plata.
- No es plata, abrilo.

Agarré el sobre y lo abrí… Eran los papeles para ir a retirar una cuna y un cochecito, sonreí en medio de las lágrimas y lo abracé.

- Ay, gracias papi. De verdad, gracias. –Lo abracé con fuerza y mamá se unió al abrazo.-

Me separé de ellos, después de un ratito.

- Gracias. –Repetí.- Pero igual, no es esto lo que más necesito de ustedes… Los necesito porque me siento muy sola.
- Bueno, pero tu bebé necesita muchas cosas. –Dijo mi papá.- Y nosotros vamos a ayudarte… -Secó mis lágrimas.- Me hace sentir muy orgulloso de vos que, a pesar de todo, hayas podido salir adelante y que tengas tu casa.
- Es la casa de la abuela en realidad.
- Sabes que te la dejó a vos y la estás manteniendo sola.
-Suspiré.- Me cuesta un poco, necesito tener otra entrada de plata y no sé qué hacer. –Hice una pausa.-
- Mira Pau… -Me dijo mi mamá.- Yo hablé con Graciela…
- ¿La qué tiene el negocio?
- Sí, y me dijo que si queres, podes vender ahí también.
-Sonreí.- ¿De verdad?
- Sí Pau.
- Sí, me encantaría… La verdad es que necesito plata.
- Y papá quiere proponerte algo también.
- ¿Qué cosa? –Le pregunté a mi papá.-
- No quiero que te enojes eh. –Me dijo y yo reí.- La realidad es que, si vos lo necesitas, yo puedo ayudarte, al menos un poco… Si me dejas, puedo hacerme cargo de los gastos de la casa…
- Pero papi…
- No seas terca Pau, al menos hasta que Bruno pueda ir al jardín y vos puedas trabajar de verdad.
- No sé pa…
- A mí no me cuesta nada, quiero ayudarte… Dale, es solo un poco de plata que para mí no es nada y a vos te ayudaría mucho.
- ¿Estás seguro?
- Sí hija.
-Sonreí.- La verdad es que me da un poco de calor aceptarlo, pero me ayudaría muchísimo.
- Entonces olvidate de todos esos gastos, corren por mi cuenta.
-Sonreí y lo abracé.- Gracias pa, de verdad.
- No me lo tenes que agradecer hija.
- Es mucho para mí.
- Lo sé, por eso quiero hacerlo.
-Besé su mejilla y me separé de él.- Pasa que es mi hijo y quiero hacerme cargo yo.
- Y te estás haciendo cargo de una manera increíble Pau. –Dijo mi mamá y tocó mi panza, yo sonreí.- De verdad.
- Hago lo que puedo.
- Podes muchísimo. –Me dijo mi mamá.- Queremos ayudarte porque te amamos y amamos a ese bebé.
- Hablamos con Pepe, por eso sabíamos que te faltaban la cuna y el cochecito… Pero también me dijo que hay que arreglar algunas cosas. –Dijo mi papá.-
- Mmm… Sí. –Reí.- Él no se animó porque no sabía.
- ¿Qué hay que arreglar?
- Gotean las canillas del baño, hay una puerta del placard de Bruno que está rota, la persiana de mi pieza está trabada y el horno no prende…
- ¿Por qué empiezo? –Preguntó mi papá y yo sonreí.-


domingo, 10 de julio de 2016

Capítulo 10.

Esa noche, estaba sola en la casa de mi abuela. Me bañé, para intentar terminar de relajarme y luego fui en ropa interior hasta el cuarto… En dónde me miré al espejo, de pies a cabeza. Sonreí al ver que una incipiente pancita se asomaba. Tomé mi celular y me saqué una foto en medio de las lágrimas. Me observé durante algunos minutos y luego me acosté en la cama, con mis manos sobre mi panza.

- Hola bebito hermoso, hola… -Hice una pausa.- Yo soy mamá. –Suspiré y entrelacé mis dedos, sin dejar de tocar mi panza.- Espero que estés bien ahí adentro, a pesar de todo lo malo que pasa acá afuera… Ya sé que estamos algo solos, pero yo te prometo que te voy a cuidar con la vida mi amor. –Dejé caer algunas lágrimas.- Siempre voy a estar con vos mi vida, siempre y voy a hacerle frente a lo que sea con tal de que vos estés bien. –Cerré mis ojos.- No dejo de imaginarte. ¿Sabes? –Hice una pausa.- Puede que haya sido un baldazo de agua fría enterarme que estás ahí, pero estoy tan feliz que no me importa. A pesar de todo el miedo, quiero tenerte ya en mis brazos, quiero conocerte y sentirte, poder olerte y llenarte de besos… Pero, sé que para eso falta bastante todavía. –Reí.- Y en todo ese tiempo que falta, mamá va a solucionar todo lo que pasa de este lado, así cuando naces soy toda tuya. –Hice una pausa y suspiré.- Te amo mi vida, te amo.

Sequé mis lágrimas y me acomodé, de costado para intentar dormir.

“Que descansen Pau, fue un día complicado.”

“No fue tan complicado porque estuviste vos Pepe… Vos también descansa y perdón por lo que te hice pasar.”

“No fue nada, de verdad. Lo hice porque me importas, me importan.”

“Gracias, te quiero.”

“Yo también te quiero Chinita.”


Apagué mi celular y no podía dejar de pensar en mis papás. Yo entendía que se enojaran, obvio que lo entendía, pero… Lo que me habían dicho era demasiado.

-

“¿Estás bien Pau? ¿Por qué no viniste?”

“Sí, estoy bien… La verdad es que no estoy como para ir a la escuela.”

“Solo quedan algunas semanas.”

“Por eso Pepe, ya tengo casi todo aprobado, ya fue.”

“Está bien, solo quería saber si estabas bien.”

“Estoy bien, gracias por preguntarme. ¿Me avisas si hay algo importante en el cole?”

“Sí, no te preocupes. Pensa en lo importante.”


- ¿Sabes algo de Pau? –Me preguntó Agos.-
- Recién hablé con ella, está bien, pero es lógico que no tenga la cabeza para venir acá.
- Sí, es verdad. Podríamos ir a hoy a visitarla. ¿No?
- Dale, me sumo.

-

Luego de desayunar, salí a caminar un poco, tenía miedo de cruzarme con Máximo, pero sabía por dónde solía andar asique, evité esos lugares.

Pasé por una casa de cosas para bebés y no pude entrar a mirar, a mirar todo. No sabía ni qué necesitaría, pero quería llevarme todo.

No me resistí y compré algunas cosas: un enterito blanco con unos ositos, un gorrito también blanco, algunas mediecitas, un chupete y un peluche de jirafa que me enamoró.

Salí, con una sonrisa del lugar y volví a mi casa… O a lo que estaría siendo mi casa. Busqué una caja y guardé las cosas que había comprado, junto con los escarpines que me había regalado Pepe y lo guardé en el placard.

Busqué mi computadora, rogando que me llegara alguna señal libre de wifi y por suerte, así fue. Luego, busqué un cuaderno y una birome…

Pasé eternas horas leyendo páginas de maternidad y anotando distintas cosas, desde cosas que tenía que saber hasta lo que necesitaba comprar. Al final de mi investigación, tenía escritas casi quince hojas. Reí. Estaba empezando a caer en la realidad y eso me hacía feliz.

- Vamos a estar bien mi amor, mamá te lo promete. –Dije mirando mi panza y acariciándola.-

Luego de releer un poco todo lo que había escrito, me preparé algo para comer con lo poquísimo que tenía en la heladera y volví a la cama. No tenía muchas ganas de moverme de allí.

La casa era pequeña, pero suficiente para lo que necesitaba. Tenía una cocina a modo de pasillo, por donde se ingresaba a la casa, al lado un living-comedor, también pequeño, un baño y dos habitaciones. En fin, no necesitaba mucho más.

Terminé de comer y me acosté, revisé mi celular y lo dejé a un lado. Tenía sueño.

-

Salimos de la escuela y fuimos juntos hasta la casa de la abuela de Pau. Tocamos timbre.

- ¡Al fin nena! –Dijo Agos y Pau rio.-
- Perdón, me había quedado dormida. –Dijo Pau.- Pasen.
- Perdón, no queríamos molestar… -Le dije.-
- No molestan, nunca. –Dijo cerrando la puerta.- ¿Quieren mate? No tengo mucho más. –Rio.-

Al ratito, estábamos en el living, tomando mate.

- ¿Cómo estás Pau? Te noto más tranquila. –Le dijo Agos.-
- Estoy un poco más tranquila, me siento mejor. –Sonrió.- Estar acá me calma, lo que me preocupa es saber de qué voy a vivir, mis ahorros no van a durar demasiado. Espero que mis viejos aflojen, pero no sé.
- Ya le vas a encontrar la vuelta. –Le dije.-
- Eso espero. –Respondió.-
- Vas a ver que sí. –Le dijo Agos y ella sonrió.-
- Me da un poco de miedo estar sola, no sé… Que mis viejos hayan reaccionado así, me mató. De Máximo lo sabía, pero de ellos… ¡No pensé que tanto!
- Ya van a aflojar Pau, estoy segura. –Le dije.-
- Me dijeron que aborte Pepe.
- Pero capaz no supieron como reaccionar… -Dijo Agos.-
- No sé, no sé qué pensar. –Dijo.- Pero no quiero hablar de eso.

Pasamos la tarde tomando mate y Agos se tuvo que ir.

- ¿Yo molesto o puedo quedarme un rato más?
- Nunca molestas Pepe.
-Sonreí.- Tu heladera está muy vacía.
-Rio.- Ya sé.
- ¿Te acompaño al super?
- No tengo un mango Pepe, tiro un par de días con lo que tengo.
- Tenes que alimentarte bien.
- Ya sé, tengo que comprar unas pastillas también.
- Entonces no se discute, vamos.
- Pero…
- ¡Vamos!
-Rio.- Bueno…
- Yo sé que no es la mejor circunstancia, pero tenes que cuidarlo. –Toqué su panza.-
- Lo sé, hoy le compré unas cosas… Pero no tenía la receta encima, por eso no compré las pastillas.
- Buscala y vamos a comprarlas.
- Dale, ahora vengo.

Paula buscó la receta y salimos del departamento. Compró las pastillas que debía tomar y pasamos por el almacén, al menos para que comiera algo de verdad.

- Tenes que cuidarte Pau.
- No me retes, me haces sentir mal.
- No quiero retarte, solo quiero que te cuides.
- Me cuesta sin un mango Pedro.
- Ya lo sé, pero no tengas vergüenza de pedir ayuda.
-Suspiró.- Estaba pensando en vender cosas por Internet.
- ¿Qué cosas?
- No sé, tengo que ver.
- Tenes que hablar con tus viejos, yo entiendo que vos quieras tener tu plata y me parece perfecto… Pero ellos capaz puedan ayudarte.
- Está complicado Pepe.
- Ya lo sé, pero al menos intentalo.
-Se encogió de hombros.- Sí, no sé.
- ¿Qué ideas tenes?
- ¿Para qué?
- Para vender en Internet.
- Los amigurumis.
- Mmm… Tengo una idea.
- ¿Cuál?
- Podemos hablar con mi mamá.
- ¿Para qué?
- Para que los venda en el negocio. ¿No estaría bueno?
-Sonrió.- Sí, posta que sí.
- ¿Vamos a verla al negocio?
- ¿Ahora?
- ¡Ya!
-Rio.- Bueno, dale.

Nos paramos y ella me abrazó, sin decir nada.

- Gracias por todo lo que estás haciendo por nosotros, te juro que cada cosa vale muchísimo.
- Haría mucho más por vos Pau. –La abracé con fuerza.-

Capítulo 9.

“Necesito hablar con vos, es urgente e importante.”

“¿Qué queres Paula?”

“¿Podemos vernos Máximo?”

“¿En dónde?”

“Ahora te mando la dirección, te espero ahí en una hora.”

“Okei.”

Le envié la dirección y lo miré a Pedro.

- Viene en una hora.
- Tranquila, yo voy a estar acá.
-Sonreí.- Gracias, de verdad. Sola, esto no podría.
- Te voy a prohibir que me digas gracias.
-Reí.- ¡Bancatela! Te mereces que te agradezca.
- Pero no lo hago a cambio de un gracias.
- No importa por qué lo haces, lo que importa es que lo haces y eso me hace sentir bien.
-Sonrió.- Listo, basta. –Reímos.-

Pedro se encargó de distraerme la hora restante y estaba a punto de llegar.

- No tiembles, mientras más segura te muestres, más inhibido va a estar él.
- No lo conoces Pepe.
- Yo no voy a dejar que te haga nada malo.
- Me muero de miedo igual.

Y en ese momento sonó el timbre.

- La puta madre. –Dije.-
- Pau. ¿Me escuchas? –Asentí.- Trata de estar lo más tranquila posible, así le podes abrir y le contas todo. Yo voy a estar acá al lado, te prometo que no te va a pasar nada malo. –Acarició mi mejilla.- En serio, tranquila.
-Suspiré.- Anda, dale. Si lo hago esperar va a ser peor.
- Si ves que no salgo, gritame.
-Reí.- Dale.

Pedro se encerró en su cuarto y yo le abrí por el portero eléctrico, lo esperé caminando de un lado al otro y cuando escuché el ascensor, le abrí la puerta. Ya no había marcha atrás.

- Hola. –Le dije.-
- Hola mi amor. –Me besó y entró, claro que sin pedir permiso.- Ya te extrañaba.
-Revoleé mis ojos.- Tengo que hablar con vos de algo importante.
- No me asustes mi amor.

¡Y cada vez que me decía mi amor tenía ganas de trompearlo!

- Sentate Máximo.
- ¿Me explicas qué es lo que pasa?
- ¿Te podes sentar?
- ¡Vos no me das órdenes a mí pendeja! –Me gritó y suspiré, si le respondía mal sabía que iba a ser peor.- Puedo escucharte de parado.
- Prefiero que te sientes.
- ¡Yo no me quiero sentar!
- Está bien. –Hice una pausa.- Necesito que me escuches de verdad.
- Es lo que estoy haciendo nena.
- Tengo miedo de que reacciones mal.
- ¿Cómo voy a reaccionar mal si yo te amo Pau?
-Suspiré, era un cínico.- Estoy embarazada. –Dije sin vueltas.-
- ¿Qué? –Respondió desencajado.-
- Eso Máximo.
- ¿Y me lo decís así? –Me gritó.-
- ¿Cómo queres que te lo diga?
- ¿Cómo podes estar segura de que es mío?
- Nunca estuve con otro hombre.
- ¡Dale Paula! ¡Somos pocos y nos conocemos!
- Por desgracia.
- ¿Por desgracia qué?
- Te conocí.
- Vos a mí no me decís esas cosas pendeja mal educada.
- Te digo lo que se me canta. –Le respondí, enfrentándolo por primera vez.-
- Sacatelo, sacate al pibe.
- No, no lo voy a hacer. –Le respondí segura.- Ni lo sueñes.
- ¿Ves que sos una pelotudita?
- Me importa tres carajos lo que pienses de mí.
- ¡Sos una tarada nena! ¿Cómo vas a tener un hijo? ¿Qué tenes en la cabeza? ¿Por qué no te cuidaste? ¿Por qué queres encajarme a un pibe? ¿Te pensas que soy pelotudo? ¿Qué nací ayer? ¿De verdad pensas que voy a creerte que es mío? ¿Qué voy a hacerme cargo? ¡Sos más pelotuda de lo que creía!
- No, ya sabía que no ibas a hacerte cargo, solo necesitaba que lo sepas.
- ¿Y qué se supone que vas a hacer?
- Tenerlo, es mi hijo.
- Ay, ay. ¡Es mi hijo dice la pelotuda! ¡Es mi hijo!
- Sí, es mi hijo. ¿Algún problema?
- Que no puedo creer que seas tan estúpida.
- Si vas a seguir bardeándome, andate por donde viniste.
- ¡Vos no me hablas así pendeja de mierda! –Dijo agarrándome del brazo.-
- No, estás equivocado. ¡Vos no me maltratas más a mí! –Le grité, con bronca.-
- ¿Quién te crees que sos para enfrentarme pendeja? ¿Quién? –Y me tiró contra el suelo.-
- ¡Sos un forro! –Le grité y me toqué el labio, estaba sangrando.- ¡Pedro! –Le grité.-

Y en ese momento, salió Pedro del cuarto.

- Pau… ¿Estás bien? –Se acercó a mí.-
- Sacalo de acá, por favor. –Me ayudó a levantarme.-

Pedro no me dijo más nada y lo enfrentó.

- ¿Y vos qué haces acá? –Le preguntó Máximo, toreándolo.-
- Soy el que te va a sacar patadas de acá si no dejas de joder a Paula.
- Yo nunca la jodí, es mi novia. La amo. ¿Sos el padre del pibe?
- Sabes muy bien quien soy. –Le respondió.- Y te vas a ir de acá, no tengo ganas de cagarte a piñas.
- ¿Tan cagón sos Pedrito?
- No empeores las cosas.
- Vos las estás empeorando, yo estaba hablando con mi novia.
- Que yo sepa, eso es no es hablar. –Le dijo Pedro.-
- Y yo no soy más tu novia. –Le dije.-
- Andate Máximo, dale.
- No me voy a ir.
- Llamo a la cana, no tengo ningún tipo de problema. –Le dijo Pepe.-
- ¿Llamas a la cana en vez de encajarme una piña? –Rio.- ¡Qué cagón de mierda!

Y claro, lo hizo reaccionar. Pedro le dio una piña en su cara.

- ¡Te vas a la mierda Máximo! Y no volves.
- Qué poca fuerza che.
-Pedro suspiró.- Andate, dale.
- No me voy un carajo. –Y le pegó a Pedro.-

Me acerqué a ellos y me interpuse.

- Andate Máximo, si te vas ahora yo te prometo que no voy a hacer nada. No aparezcas nunca más y no te pido nunca nada, me hago cargo sola del bebé.
- Pau, correte. –Dijo Pedro.-
- Para Pepe. –Le dije y volví a mirarlo a Máximo.- No empeores las cosas, te lo digo de verdad, lo que pasó o no pasó entre nosotros quedará en el olvido, al menos para mí. –Hice una pausa.- Sabía que no ibas a hacerte cargo del bebé, solo quería que lo sepas porque tenes el derecho a saberlo… Ahora que lo sabes podes borrarte y para mí, es lo mejor que podrías hacer.
- Yo te amo Paula.
- No Máximo, vos no me amas. Vos no podes amar a nadie.
- No me digas eso.
- ¿Vos viste cómo me agarraste y cómo me empujaste recién? ¿Eso te parece que es amar?
- Sí.
-Negué con mi cabeza.- Estás muy equivocado, eso no es amar.
- Pero Paula…
- Máximo, te lo ruego. No quiero verte más.
- Dale, andate. –Le dijo Pedro.- No empeores las cosas.
- No quiero irme. –Dijo.- Paula es mía. –Y me agarró del brazo.-
- Máximo, soltame. –Dije tratando de mantener la calma.-
- No Paula. ¡No! –Y me zamarreó.-
- ¡Soltala Máximo! –Le dijo Pedro.-
- No, es mi mujer. –Quiso besarme, pero lo esquivé.- No me esquives mi amor. –Y me golpeó contra la pared, no lo pude evitar y empecé a llorar.-
- ¡La soltas! –Dijo Pedro y lo agarró del cuello, para separarlo de mí.- Por lo menos respeta que está embarazada. ¡Hijo de puta!
- No puedo respirar. –Dijo Máximo.-
- No aparezcas más, te lo digo en serio. ¡No seas tan forro de cagarle la vida a tu hijo! –Pedro lo soltó, pero lo encerró contra la pared.- Andate, no sigas empeorando todo.

Y lo empujó, hasta sacarlo del departamento.

Me dejé caer en el sillón y me largué a llorar con esa angustia que se te incrusta en los huesos. Pedro entró y me abrazó.

- Ya está, ya pasó. –Me dijo.-
- Gracias.
- Sh… Solo pensa en tranquilizarte.
- No quiero verlo nunca más.
- Si vuelve a aparecer, haces la denuncia.
- Pero…
- Confiemos en que no va a volver.
- Eso espero.
- Tranquila, no pienses en eso. –Se separó un poco de mí.- ¿Cómo tenes el labio?
- No sé.
- Voy a buscar algo para curarte.

Y se fue.

sábado, 9 de julio de 2016

Capítulo 8.

- Anda a la casa de tu abuela. Vos tenes ahorros. ¿O no?
- No me van a alcanzar para mucho… Tengo que comprar mil cosas para el bebé, ni siquiera sé cómo voy a hacer.
- Vos anda y después vemos como podemos ayudarte con Pepe.
- No, no quiero que me den plata. ¡Ni se te ocurra!
- ¿Y qué pensas hacer?
- No sé, ya veré.
- Pau… No seas boluda.
- Tengo que hacerme cargo.
- Pero…
- Yo te prometo que si necesito ayuda, vas a ser la primera en saberlo.
- Bueno, está bien. ¿Puedo ayudarte a ordenar el lugar por lo menos?
- Sí, me encantaría.
- ¿Te gustaría mudarte ahí, no?
-Sonreí.- Sí, hace mucho que lo deseo.
- Entonces hacelo… Capaz podes arreglar con tus viejos, que te den plata.
-Me encogí de hombros.- No sé, no los veo muy felices con la idea.
- Ya van a aflojar.
- Eso espero.
- Vas a ver que sí.
-Suspiré.- Ahora lo que más me importa es poder hablar con Máximo.
- Hacelo cuánto antes, así te lo sacas de encima.
- Te juro que lo que más quiero es que cuando lo sepa, desaparezca.
- Pero, a pesar de todo, es el papá.
- Sí, lo sé… Pero para tener un papá así, prefiero estar sola.
- Es muy valiente lo que decís.
- Tengo que hacerme cargo.
- ¿Lo haces solo por obligación?
- No, te juro que no… Es loco, pero desde que supe que está ahí, que lo amo con locura. –Agos sonrió.- Es raro, pero es así.
- Te brillan los ojitos. –Sonreí otra vez y toqué mi panza.-
- Es hermoso sentir que hay alguien adentro mío.

Mi amiga posó sus manos sobre mi panza y me sonrió.

- Te amo amiga y yo también amo a esta pequeñez que está adentro tuyo. –Sonreímos.- Siempre voy a estar para ustedes. ¿Sabes?
-La abracé y besé su mejilla.- Te amo Agostina.
- Te amo Paulita linda.
-Reí.- Gracias, de verdad.
- No, no me tenes que agradecer.

Nos separamos y reímos.

- ¿Subimos? –Me preguntó.-
-Dale.

Volvimos al aula sin que ningún preceptor lo notara y Pedro sonrió al vernos subir abrazadas.

- ¿Qué onda con las chicas? –Le pregunté sentada arriba de un banco, con ella frente a mí.-
- No, no sé. Están en otra.
- ¿Te peleaste con ellas?
- Algo así.
- ¿Por qué?
- Por vos.
- ¿Por mí?
- Sí, decían cosas horribles de vos y no lo soporté. ¿Por qué pensas que estoy sentada con Julián?
- Pero no tenes que perder a tus amigas por mí.
- Ellas ni arrancan al lado tuyo.
-Sonreí.- Te lo digo de verdad.
- Y yo también nena.

Sonreímos y nos abrazamos.

- Qué lindo verlas así. –Dijo Pepe, acercándose a nosotras.- ¿Lo sabe, no?
- Sí, se lo conté hace un rato. –Le dije y Pedro se sentó en un banco frente a nosotras.-  Me alegra que estén los dos conmigo. Me hace bien. –Confesé.- Son muy importantes para mí.

Ellos sin decir nada, me abrazaron y yo también los abracé.

- Hacen que no me sienta tan sola. –Les dije.- Gracias, de verdad se los estoy diciendo. Nunca me pasó algo tan… -No sabía que palabra decir.- Como esto, tampoco creía que me iba a pasar y saber que me apoyan me hace dar cuenta de que elegí a los mejores amigos del mundo.
- Ay, me parece que a alguien le pegó el embarazo. –Susurró Agos.-
- Lo digo en serio boluda.
- Ya lo sé tonta. –Reímos y nos abrazamos más fuerte.-
- Gracias, de verdad.
- Somos los tres mosqueteros. –Dijo Pepe riendo.- Como siempre. –Reímos todos y nos abrazamos fuerte.-

Los conocía desde que tenía tres años y eran todo para mí.

El timbre del cambio de hora sonó y entró la profesora de Biología. Clase teórica. ¡Gol! Mi cabeza estallaría.

- ¿Estás bien Pau? –Me susurró Pepe.-
- Sí, solo que no puedo prestarle atención.
- ¿Segura?
- Sí, sí.

La profesora hablaba vaya a saber Dios de qué carajo y yo no podía dejar de pensar en cómo se lo diría a Máximo, porque ese era el próximo paso: hablar con él.

Me había quedado pensando en lo que me había dicho Agos y podría ser que haya sido en el viaje de egresados, había sido hace casi cuatro meses y Máximo iba a una escuela cercana a la nuestra y habíamos compartido el viaje de egresados.

En fin, eso ya no tenía vuelta atrás.

Pasaron las horas restantes, hasta que por fin era la hora de salir.

- ¿Tienen algo qué hacer? –Les pregunté.-
- Yo no. –Dijo Agos.-
- Yo tampoco. –Agregó Pepe.-
- ¿Me acompañan a la casa de mi abuela? Quiero estar ahí, al menos unos días y debe ser un desastre.
- Yo ya te dije que sí. –Me dijo Agos.-
- Obvio Pau, pero tus cosas están en mi casa.
- ¿Podemos ir a buscarlas? –Le pregunté.-
- Sí, obvio. -Sonreí.-

Pasamos por la casa de Pedro a buscar mi bolso y luego, fuimos hasta la casa de mi abuela.

Ingresar allí me transportaba a mi infancia y a mi abuela, ese olor de su casa sería eterno. Hacía cuatro años que no estaba y yo aún la extrañaba cada día de mi vida. Me había dejado su casa a mi nombre.

Pasamos la tarde limpiando y ordenando, para que esté un poco más habitable.

- Mañana quiero hablar con Máximo. –Le dije a Pedro, Agos ya se había ido.-
- ¿Queres que te acompañe?
- No sé dónde puede ser, no quiero que sea acá.
- ¿Él no conoce esta casa?
- No, por eso digo. Para que no sepa dónde estoy.
- Está bien, me parece bien.
- ¿Y en dónde le digo? ¿En una plaza?
- Mmm… ¿No queres que vaya a mi casa?
- No Pepe, ya me estoy aprovechando.
- No seas boluda, dale. Ahí lo voy a poder tenerlo vigilado.
- Pero…
- No se discute.
-Sonreí.- Gracias.
- ¡Basta de decir gracias!
- Es que no puedo no hacerlo.
- Lo hago porque te quiero y quiero que estén bien.
- Sos muy dulce, la mujer que te gane va a vivir en el cielo.
- Me parece demasiado lo que me decís.
- A mí me parece poco. –Reímos y nos abrazamos.-

-

Cuando me decía esas cosas no sabía muy bien cómo reaccionar, me moría por decirle que yo quería ser solo su hombre.

Besé su mejilla y la abracé más fuerte.

- No va a hacerte nada malo Pau.
- Eso espero.
- Vas a ver que no, confía en mí.
- Confío en vos.
- Me parece perfecto.
-Rio.- Sos lo más Pepito.
- Vos sos lo más Chinita. –Reímos y nos separamos.- No quiero que estés mal, quiero que a pesar de todo, disfrutes de lo que te está pasando.
-Sonrió.- Cuando pase toda esta tormenta, te prometo que lo voy a hacer.
- No me lo tenes que prometer a mí, te lo tenes que prometer a vos misma y a tu bebé.
-Sonrió.- Tenes razón, lo voy a hacer por nosotros.
-Le devolví la sonrisa.- ¿Te ayudo con algo más?
- Mmm… Quiero correr un poco la cama, porque tan pegada a la pared se me va a complicar armarla.
- La corro yo entonces…
- Te ayudo, pasa que sola no voy a poder.
- Vos no tenes que hacer fuerza.
-Sonrió.- ¿Ves que sos un dulce?