jueves, 14 de julio de 2016

Capítulo 14.

“Hola Pau. ¿Cómo están? Perdón que te joda, entiendo que capaz no quieras hablar conmigo, pero hace mucho tiempo que no sé de ustedes y los extraño.”

“Sos muy tierno Pepe, estamos bien… Hace unos días fui al médico y está todo perfecto.”

“Me alegra mucho, de verdad. ¿Lo pudiste ver?”

“Sí, me hizo una ecografía y no se quedó quieto ni un segundo…”

“Ay, qué lindo.”

“¿Queres venir a verla? Tengo una copia.”

“¿En serio?”

“Sí, si queres… Sino, no pasa nada.”

“Sí, obvio que quiero.”

“Entonces te espero.”

Suspiré y dejé mi celular a un lado, la verdad era que lo extrañaba. Estaba acostumbrada a verlo casi todos los días.

Tocó timbre y algo nerviosa, fui a abrirle.

- Hola. –Dije cuando le abrí y nos saludamos.- Pasa…

Él entró y yo cerré la puerta.

- ¿Algo para tomar? ¿Comer?
- Mmm… No Pau, almorcé hace un ratito.
- ¿Seguro?
- Sí, no te preocupes.
- Mmm… Bueno. –Me senté frente a él.- ¿Cómo estás?
- Bien, mejor ahora que vine. Los extrañaba. –Dijo tocando mi panza y sonreí.- ¿Cómo se está portando?
- Está cada vez más inquieto y eso que todavía falta mucho. –Reí.-
- Va a ser igual a vos.
- ¿Por qué?
- Porque vos no te quedas quieta ni un segundo. –Reí otra vez.- ¿O no?
- Sí, tenes razón.
- Sería lindo que se parezca a vos igual.
- Sí, supongo…
- ¿Por qué decís así?
- No sé, cuando pienso en esas cosas me duele un poco.
- ¿Qué cosa?
- Estar sola…
- No tiene que dolerte, tiene que darte orgullo.
-Me encogí de hombros.- Es feo saber que no voy a poder darle una familia.
- Pero le vas a dar a la mejor mamá de todas. –Sonreí.- No estés mal, ese boludo tiene que dejar de ponerte triste.
- Es difícil, va a ser toda la vida el papá de mi hijo.
- Es solo su papá biológico.
- Pero es su papá.
- Tenes que olvidarte de él Pau.
- No puedo.
- ¿Vos lo seguís queriendo?
- No, nunca lo quise demasiado en realidad.
- ¿Y entonces? ¿Por qué?
- Porque es el papá Pepe, no lo puedo evitar.
- Pero no te vas a perdonar nunca no disfrutar de esto por no poder dejar de pensar en él.
-Suspiré.- Puede ser.
- No tiene sentido que sigas pendiente de él, te trató horrible y encima se borró.
- Puede que tengas razón.
- No, no puede… ¡Tengo! –Ella rio y yo corrí el pelo de su cara.- Me gusta que te rías. –Ella sonrió.- ¿Puedo ver a mi ahijadito?
- Sí, obvio.

-

Paula se fue a buscar la ecografía y yo suspiré, acomodándome en el sillón y tratando de dejar las tensiones afuera.

Ella puso la ecografía en la tele y se sentó a mi lado, sonreía al ver a su bebé y me contagiaba esa felicidad. La realidad era que amaba a ese bebé.

- No veo la hora de tenerlo acá. –Dijo riendo.-
- Ya lo vas a tener y lo vas a llenar de besos todo el día.
- Me conoces mucho.
- Es obvio, yo lo haría también.
- También vas a poder llenarlo de besos si queres.
- ¿Me vas a dejar?
- Obvio tonto. -Sonreí y besé su mejilla, ella se incomodó.- Perdón.
- No, no pasa nada.

Y se paró, para sacar el DVD y guardarlo.

- Pau… Veni. –Dije aún sentado en el sillón.-
- ¿Qué pasa?
- Veni.

Ella se sentó frente a mí y yo la miré a los ojos.

- No quiero que cambie nuestra relación, olvidate de lo que te dije.
- No puedo olvidarme Pepe.
-Suspiré.- No soportaría perderlos.
- No nos vas a perder, perdón si reaccioné mal.
- ¿Me perdonas?
- Sí, no pasa nada.
- Gracias. –Sonreí.-
- No me lo tenes que agradecer. –Y me abrazó.- Bruno y yo te adoramos Pepe.
- Y yo a ustedes, muchísimo.

Suspiré y cerré mis ojos, para disfrutar de aquel abrazo, la sentí sonreír y también sonreí.

-Se separó de mí.- ¿Me ayudas con algo?
- Obvio. ¿Con qué?
- En el cuarto de Bruno.
- Obvio.

Fuimos juntos hasta el cuarto de Bruno y me pidió que le cambiara unas lamparitas.

- Perdón, ya sé que es una boludes, pero me da miedo subirme a un banquito.
- No pasa tonta, te las cambio.
- Gracias. –Sonrió y yo cambié las lamparitas.-

Ella se sentó en un silloncito que había allí y yo me senté en la practi-cuna, que aún no tenía puesta la baranda.

- ¿Ya estás por entrar al sexto mes, no?
-Asintió.- Sí… La semana que viene.
- Qué loco.
-Rio.- Para mí es mucho más loco, te lo aseguro.
- ¿Pero te sentís bien?
- Sí, no sé… Es difícil estar sola, pero la llevo… Me acostumbré.
- No estás sola.
-Sonrió.- Lo sé, pero me refiero a estar sola acá en casa.
- Cuando nazca Bruno no te vas a sentir nunca más sola.
- Vuelvo a lo de hace un rato, me duele no poder darle un papá.
- No tendrá un papá, pero tiene al mejor padrino del mundo. ¿No te parece?
-Sonrió.- Al mejor de todos.
-Sonreí y me acerqué a ella, me arrodillé en el suelo y besé su panza.- No estés mal. –Acaricié su cuello.- Dale che.
- No, no estoy mal… Creo.
- Mmm…
- Con el tiempo lo voy superando, pero de a poquito.
- Ya va a pasar.
- Quiero creer que cuando lo tenga en mis brazos, todo va a pasar.
- Todo. Cuando lo tengas sobre tu pecho, todo lo malo va a desaparecer.
-Sonrió.- Sos muy tierno Pepe.
- Solo quiero que estén bien.
- Si estamos así hoy, en una gran parte, es gracias a vos.
- No, es gracias a vos que sos mucho más fuerte de lo que crees.
- Pero vos nos ayudaste mucho.
- Toda la vida voy a estar para ustedes.
- Gracias, en serio.
- No me agradezcas más. –Reímos y me levanté.- Tengo algo para vos.
- ¿Qué cosa? –Preguntó entusiasmada.-
- Esperame acá.
- Bueno…

Fui a buscar un paquete dentro de mi mochila y se lo di.

- ¡Basta de regalos Pedro!
- Vos me diste el título de padrino.

Paula rio y abrió el regalo.

- ¿Te gusta?
- Me encanta Pepe. –Dijo abriendo la cajita, eran varios sonajeros para bebés.- En serio.
- Los vi y no me resistí.
- Empeza a resistirte un poco.
- No y ahora que trabajo, menos.
- ¿Trabajas?
-Reí.- Sí, en el cine del Shopping.
- Esa, bien ahí. Te felicito.
- Gracias.
- De nada…

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