- Mira lo que sos Brunito. –Dijo Agos tomándolo en brazos.- Ya te
extrañaba. –Besó su mejilla y Bruno movió sus piecitos.- Ay, ay. ¡Te morfo
todo!
-Reí.- ¿Queres que prepare mate?
- Dale…
- Necesito hablar con vos.
- Me doy cuenta con solo mirarte.
-Sonreí.- Me conoces mucho.
-Rio.- ¿Me lo puedo llevar mientras preparas el mate?
- Mira que me cuesta eh. –Reí.- Obvio gorda, llevalo…
Preparé el mate y después de un rato, Bruno se había quedado dormido en el
sillón y el termo ya estaba vacío.
- Esos ojos hablan solos Pau.
- ¿Y qué se supone que dicen mis ojos? –Suspiré.-
- Que no sabes por dónde empezar.
-Reí, mordiendo mi labio.- No sé qué hacer gorda.
- ¿Con qué?
- Con Pepe.
- ¿Él te gusta?
- Me encanta. –Suspiré.- Me hace sentir muy bien.
- ¿Y entonces?
- Tengo miedo…
- ¿De qué?
- De que él me ame mucho más de lo que yo lo quiero…
- Él te ama…
- Lo sé, lo siento.
- ¿Y vos qué sentís?
- Que lo quiero…
- Bueno, pero lo tuyo con él es más reciente.
- Pero tengo miedo de no poder amarlo tanto.
- ¿Por qué?
- No sé. –Me encogí de hombros.-
- No dejes que el miedo te frene.
- Pasa que ahora no estoy sola.
- Pepe ama a Bruno.
- Sí, lo sé… Pero me refiero a que no quiero estar mal, porque mi hijo me
necesita.
- Pero no podes olvidarte de vivir porque sos mamá.
- Sí, ya lo sé.
- ¿Y entonces? Pepe no va a hacerte mal.
- No, no es eso. Tengo miedo de hacerle mal yo…
- Pero vos lo queres… Se empieza así Pau.
- Me estoy enroscando demasiado.
- Pienso igual Pau.
- ¿Y qué hago?
- Deja que suceda.
- Me cuesta.
- Dejate llevar… Él te hace bien.
-Suspiré.- Sí… Muy bien.
- ¿Y entonces? No te frenes… Dale una oportunidad, no te das una idea de todo
lo que te ama.
- Perdón por estar metiéndote en el medio.
- No me pidas perdón tonta, haría cualquier cosa con tal de que estén juntos y
felices.
- Te quiero mucho amiga. –Dije abrazándola.- Gracias.
- Y yo te quiero a vos Pauli.
Agos debió irse a cursar y yo me quedé a solas con mi hijo… Me senté en el
suelo, apoyé mi mano en su espalda y besé su naricita.
- Quiero cuidarte mi amor… -Suspiré.- Pero sé que Pepe te va a hacer bien,
igual que a mí. –Y apoyé mi mentón en el sillón, comencé a acariciar la carita
de Bruno y él esbozó una sonrisa.- Ay. ¿Por qué sos tan lindo? –Sonreí y él
abrió sus ojitos.- Hola mi amor… hola. –Besé su frente.- Al fin te despertaste,
ya te extrañaba. –Reí y él estiró sus bracitos.-
Yo me paré y lo tomé en mis brazos, acostándolo boca abajo sobre uno de mis
brazos.
- Uy, me parece que hay que cambiarnos el pañal. –Dije caminando a mi cuarto.-
Cambié a Bruno y luego comió… Estaba demasiado tranquilo, mirando sus manitos
acostado en la cama y me mataba de amor.
“Hola Chinita. ¿Cómo andan?”
Sonreí, hace mucho no me decía así.
“¿Chinita otra vez? Jajaja”
“¿Te molesta?”
“No, me encanta.”
“Entonces te voy a decir Chinita más seguido.”
“Tampoco te aproveches eh.”
“No sé, no sé… Jajaja”
“Jajajaja… Tonto. Estamos bien, Bruno juega con sus manitos y yo me estoy por
poner a tejer. ¿Vos?”
“Saliendo del cine… Con ganas de verlos.”
“Mmm… Podes venir cuando quieras.”
“Estoy por tomarme el bondi.”
“Te esperamos entonces.”
Me acosté al lado de Bruno y me quedé mirándolo… Podía hacer eso toda mi
vida y no era exagerado.
Escuché el timbre y fui con mi hijo en brazos hasta la puerta.
- Hola Pepe… -Dije abriendo la puerta y nos dimos un beso. Sonreímos.-
- Hola hermosa. –Me dio un beso.- Hola bebé hermoso. –Besó la cabeza de Bruno y
yo sonreí.-
- Veni… Pasa.
Entramos al living y él fue al baño, cuando volvió prácticamente me sacó a
Bruno de los brazos.
- Bueno… Creo que quedé afuera. –Dije riendo.-
- Podes venir eh…
-Reí.- ¿No queres comer algo?
- Mmm… Podría ser.
- Tengo budín. ¿Queres?
- Sí, dale. ¿Te ayudo?
- Me ayudas quedándote con él.
- Bueno, entonces aprovecho.
Reímos y fui a preparar algo para comer.
-
Bruno estaba muy cómodo en mi pecho y yo sonreía… Estaba verdaderamente
enamorado de ese nene.
- Me encanta verlos juntos. –Dijo sentándose frente a nosotros.-
- A mí me encanta tenerlo cerquita.
-Sonrió.- Te llena de paz tenerlo encima.
- Exacto… -Tomé su mano y la besé.- Vos también me das paz.
-Sonrió.- Y vos a mí. –Se acercó a mí y me besó.-
Merendamos juntos y luego Bruno pidió por su mamá, porque tenía hambre.
Bruno no dejaba de bostezar y nosotros reíamos.
- Dormí mi amor… -Dijo acomodándolo sobre su pecho.- Tranquilo…
- ¿No queres que vayamos al cuarto Pau?
- No, que duerma acá.
- ¿Segura?
- Sí… ¿O queres dormir?
- No, no. Solo decía.
- Que se duerma y lo dejamos así estamos un ratito juntos. ¿Queres?
-Sonreí.- Sí, me encanta.
Me acerqué a darle un beso y acaricié su mejilla.
Cuando Bruno se quedó dormido, Pau lo dejó en su moisés y cuando volvió, se
sentó sobre mis piernas y me abrazó por el cuello. Yo la abracé por la cintura.
- Ay, qué lindo que vengas para acá. –Le dije y besé su mejilla.-
-Sonrió.- Quiero estar cerca tuyo. ¿No se puede?
- Obvio que se puede… Y me encanta. –La besé.- ¿Cómo estás?
- Mmm… Bien. ¿Vos?
- ¿Por qué mmm?
- No, no sé. –Reí.- ¿Vos? ¿Estás bien? Tenes una carita…
- Estoy un poquito cansado.
- ¿No queres dormir un ratito?
- Quiero estar con vos.
- Podes dormir mientras yo tejo.
- ¿Tenes que tejer mucho?
- Tengo una entrega de 50 lechuzas el fin de semana.
- ¿Y cuántas tenes?
- Ninguna. –Reí.-
- ¿Y no puedo ayudarte?
- Mmm… Sí.
- Entonces trae, dale.
- ¿Seguro?
- Sí Pau, dale.
- Bueno, gracias. –Me besó.- Ya vengo.
- Dale.
Pasamos todo el día juntos… Ella tejía y yo rellenaba los cuerpitos.
lunes, 25 de julio de 2016
domingo, 24 de julio de 2016
Capítulo 27.
Bruno se despertó al rato y fui hasta el cuarto, Pedro se quedó hablando con su mamá.
- No llores mi amor… -Dije tomándolo en brazos.- Tranquilo. –Susurré caminando con él en mis brazos, pero no dejaba de llorar.-
Revisé su pañal, pero estaba limpio. Lo cambié de posición. Intenté darle el pecho.
Bruno seguía llorando.
- ¿Qué pasa hijo? –Pregunté acostándolo en mi cama, tomé sus pies y comencé a mover sus piernas… Pero no, tampoco le dolía la panza.-
Volví a tomarlo en mis brazos y me senté, contra el respaldo de mi cama y lo acosté en mi pecho. Él se acomodó, pero seguía llorisqueando.
- No pasa nada mi amor. –Susurré en su oído y comencé a acariciar su espalda.- No llores más bebé.
Y estuve casi una hora, tratando de que se tranquilice. Pedro se acercó a mí con un vaso de agua y luego de tomar un poco, lo dejé.
- Estas cosas son las que me angustian. –Le dije. Que llore sin razón… Siento que siente esa falta y me hace mal. –Suspiré, acariciando a mi hijo.-
- Pero con vos se calma.
- Ponele.
- Sí Pau…
-Suspiré.- Me da miedo que le pase algo malo.
- ¿Algo como qué?
- No sé… No me hagas caso.
- ¿Queres que los deje solos?
- No, quedate. –Le rogué.- Quedate con nosotros.
Él se sentó a mi lado y besó mi hombro.
- Mientras más tranquila estés vos… Más tranquilo va a estar él.
- Lo sé.
- Entonces tranquila… -Besó mi mejilla.- Se está quedando dormido.
- Respira muy fuerte todavía. –Le dije.- Le cambia mucho la respiración cuando duerme.
-Sonrió.- Se conocen mucho me parece.
- Lo único que hice estos tres meses fue conocerlo… Y podría hacerlo toda mi vida. –Besé su frente.- Quiero y necesito que esté bien.
- Él está bien Pau.
- Sí, pero esa falta… Siempre va a estar.
- Deja de hacerte la cabeza.
- Me cuesta Pepe.
- No pienses… Trata de descansar.
- Necesito que se duerma él primero.
- Entonces dejamos de hablar.
-Sonreí y lo besé.- Gracias.
Después de un largo rato, Bruno por fin se quedó dormido y yo me acomodé en la cama… Con él sobre mi cuerpo.
- Dormí con nosotros. –Le dije a Pepe.-
- ¿Segura?
- Sí, por favor. –Dije abriendo la cama.-
Pedro sonrió y se metió en la cama con nosotros.
- Descansa Pepe…
- Vos también Pau.
Nos dimos un beso y sonreímos.
Desperté, porque Bruno estaba muy inquieto.
- Tranquilo… -Susurré.- Me estás matando hijo. –Reí y me levanté con él en mis brazos.-
Me paré en una esquina del cuarto y comencé a moverlo de un lado al otro, porque se estaba despertando.
Él buscó mi pecho y sabía que era hambre… No comía hace muchas horas.
Me acomodé en la cama y comencé a amamantarlo.
- Pau… ¿Qué pasa?
-Reí.- Nada, solo tenía hambre. Seguí durmiendo.
- ¿Segura?
- Sí Pepe.
Yo reí y él se acomodó para seguir durmiendo. Cuando Bruno terminó, me acomodé con él en mi cama y nos quedamos dormidos otra vez.
Esa mañana…
- Pau… -Susurró en mi oído.- Tengo que irme.
- Mmm… Bueno. –Lo miré.-
- Tengo que trabajar y cursar.
- Está bien, anda. –Le sonreí.- Que tengas un buen día.
- Ustedes también. –Nos dimos un beso y se fue.-
Suspiré y acosté a Bruno en mi cama, para ir al baño.
Cuando volví, me senté al lado de mi hijo y cerré mis ojos… Tratando de serenarme. Me sentía rara y eso no sabía si era bueno o malo.
“Desde que te fuiste que no puedo dejar de pensar en vos.”
“Yo tampoco puedo dejar de pensarte.”
“¿Qué vamos a hacer?”
“¿Con qué?”
“Con esto Pepe.”
“Yo quiero dejar que pase y disfrutarlo… No sé si tiene mucho sentido pensar en el futuro.”
“Tengo miedo de que me quieras más de lo que yo te quiero.”
“No te enrosques con esas cosas.”
“Perdón, pero no puedo… Jajaja”
“No son cosas para pensar cuando recién empieza una relación. ¿No te parece?”
“Mmm… Puede ser.”
“Esa cabecita loca no para eh.”
“Nunca… No puedo evitarlo.”
“¿Por qué no aprovechas y dormís? ¿O Bruno está despierto?”
“Bruno está súper pancho.”
Y le mandé una foto de él durmiendo.
“¿Y la mamá?”
Yo reí y me saqué una foto, la cual le envíe.
“Hermosa… Como siempre.”
“No me mientas que no hace falta.”
“Para mí sos hermosa.”
“Y para mí sos muy tierno.”
“Linda… ♥ Te dejo porque tengo que entrar a clases.”
“Está bien, anda Pepe. Yo voy a tratar de dormir un rato.”
“Dale, aprovecha vos que podes.”
“Jajajaja, a la tarde me tengo que poner con un pedido igual.”
“¿Queres que nos veamos esta noche?”
“Sí, me encantaría.”
“Entonces después arreglamos.”
“Dale Pepe, un beso grande.”
“Otro para ustedes.”
Suspiré y dejé mi celular a un lado.
Dormir otra vez no pude… Bruno se despertó y yo no lo había notado porque estaba demasiado concentrada en mis pensamientos.
Su manito buscó mi dedo y lo miré sonriendo.
- Buen día mi amor… -Besé su frente.- No te había escuchado. –Reí.- Veni que te necesito cerquita.
Lo tomé en brazos y me quedé allí con él, hasta que me pidió comer…
- No llores mi amor… -Dije tomándolo en brazos.- Tranquilo. –Susurré caminando con él en mis brazos, pero no dejaba de llorar.-
Revisé su pañal, pero estaba limpio. Lo cambié de posición. Intenté darle el pecho.
Bruno seguía llorando.
- ¿Qué pasa hijo? –Pregunté acostándolo en mi cama, tomé sus pies y comencé a mover sus piernas… Pero no, tampoco le dolía la panza.-
Volví a tomarlo en mis brazos y me senté, contra el respaldo de mi cama y lo acosté en mi pecho. Él se acomodó, pero seguía llorisqueando.
- No pasa nada mi amor. –Susurré en su oído y comencé a acariciar su espalda.- No llores más bebé.
Y estuve casi una hora, tratando de que se tranquilice. Pedro se acercó a mí con un vaso de agua y luego de tomar un poco, lo dejé.
- Estas cosas son las que me angustian. –Le dije. Que llore sin razón… Siento que siente esa falta y me hace mal. –Suspiré, acariciando a mi hijo.-
- Pero con vos se calma.
- Ponele.
- Sí Pau…
-Suspiré.- Me da miedo que le pase algo malo.
- ¿Algo como qué?
- No sé… No me hagas caso.
- ¿Queres que los deje solos?
- No, quedate. –Le rogué.- Quedate con nosotros.
Él se sentó a mi lado y besó mi hombro.
- Mientras más tranquila estés vos… Más tranquilo va a estar él.
- Lo sé.
- Entonces tranquila… -Besó mi mejilla.- Se está quedando dormido.
- Respira muy fuerte todavía. –Le dije.- Le cambia mucho la respiración cuando duerme.
-Sonrió.- Se conocen mucho me parece.
- Lo único que hice estos tres meses fue conocerlo… Y podría hacerlo toda mi vida. –Besé su frente.- Quiero y necesito que esté bien.
- Él está bien Pau.
- Sí, pero esa falta… Siempre va a estar.
- Deja de hacerte la cabeza.
- Me cuesta Pepe.
- No pienses… Trata de descansar.
- Necesito que se duerma él primero.
- Entonces dejamos de hablar.
-Sonreí y lo besé.- Gracias.
Después de un largo rato, Bruno por fin se quedó dormido y yo me acomodé en la cama… Con él sobre mi cuerpo.
- Dormí con nosotros. –Le dije a Pepe.-
- ¿Segura?
- Sí, por favor. –Dije abriendo la cama.-
Pedro sonrió y se metió en la cama con nosotros.
- Descansa Pepe…
- Vos también Pau.
Nos dimos un beso y sonreímos.
Desperté, porque Bruno estaba muy inquieto.
- Tranquilo… -Susurré.- Me estás matando hijo. –Reí y me levanté con él en mis brazos.-
Me paré en una esquina del cuarto y comencé a moverlo de un lado al otro, porque se estaba despertando.
Él buscó mi pecho y sabía que era hambre… No comía hace muchas horas.
Me acomodé en la cama y comencé a amamantarlo.
- Pau… ¿Qué pasa?
-Reí.- Nada, solo tenía hambre. Seguí durmiendo.
- ¿Segura?
- Sí Pepe.
Yo reí y él se acomodó para seguir durmiendo. Cuando Bruno terminó, me acomodé con él en mi cama y nos quedamos dormidos otra vez.
Esa mañana…
- Pau… -Susurró en mi oído.- Tengo que irme.
- Mmm… Bueno. –Lo miré.-
- Tengo que trabajar y cursar.
- Está bien, anda. –Le sonreí.- Que tengas un buen día.
- Ustedes también. –Nos dimos un beso y se fue.-
Suspiré y acosté a Bruno en mi cama, para ir al baño.
Cuando volví, me senté al lado de mi hijo y cerré mis ojos… Tratando de serenarme. Me sentía rara y eso no sabía si era bueno o malo.
“Desde que te fuiste que no puedo dejar de pensar en vos.”
“Yo tampoco puedo dejar de pensarte.”
“¿Qué vamos a hacer?”
“¿Con qué?”
“Con esto Pepe.”
“Yo quiero dejar que pase y disfrutarlo… No sé si tiene mucho sentido pensar en el futuro.”
“Tengo miedo de que me quieras más de lo que yo te quiero.”
“No te enrosques con esas cosas.”
“Perdón, pero no puedo… Jajaja”
“No son cosas para pensar cuando recién empieza una relación. ¿No te parece?”
“Mmm… Puede ser.”
“Esa cabecita loca no para eh.”
“Nunca… No puedo evitarlo.”
“¿Por qué no aprovechas y dormís? ¿O Bruno está despierto?”
“Bruno está súper pancho.”
Y le mandé una foto de él durmiendo.
“¿Y la mamá?”
Yo reí y me saqué una foto, la cual le envíe.
“Hermosa… Como siempre.”
“No me mientas que no hace falta.”
“Para mí sos hermosa.”
“Y para mí sos muy tierno.”
“Linda… ♥ Te dejo porque tengo que entrar a clases.”
“Está bien, anda Pepe. Yo voy a tratar de dormir un rato.”
“Dale, aprovecha vos que podes.”
“Jajajaja, a la tarde me tengo que poner con un pedido igual.”
“¿Queres que nos veamos esta noche?”
“Sí, me encantaría.”
“Entonces después arreglamos.”
“Dale Pepe, un beso grande.”
“Otro para ustedes.”
Suspiré y dejé mi celular a un lado.
Dormir otra vez no pude… Bruno se despertó y yo no lo había notado porque estaba demasiado concentrada en mis pensamientos.
Su manito buscó mi dedo y lo miré sonriendo.
- Buen día mi amor… -Besé su frente.- No te había escuchado. –Reí.- Veni que te necesito cerquita.
Lo tomé en brazos y me quedé allí con él, hasta que me pidió comer…
sábado, 23 de julio de 2016
Capítulo 26.
Me desperté y no podía creer lo que estaba viviendo, sonreí ampliamente al verlos allí… Acaricié la frente de Pau y estaba dormidísima, al igual que Bruno que estaba muy acurrucado en su mamá.
Me levanté con cuidado y fui hasta la cocina, eran las ocho de la noche asique me dispuse a preparar una cena para nosotros dos.
Cuando lo tuve todo listo, fui a la habitación con la bandeja en mis manos y la dejé sobre la cómoda. Me senté al lado de Pau y besé su frente, bajando por su cara hasta terminar en su boca. Ella abrió los ojos y sonrió.
- Arriba che… -Dije haciéndole cosquillas en el cuello.-
- Mmm… ¿Qué hora es? –Suspiró.-
- Las ocho.
- ¿Ya? ¿Y este sigue durmiendo? –Preguntó riendo.-
- Me parece que está cómodo.
- A mí me parece lo mismo. –Reímos.-
Pau se sentó, con cuidado de Bruno quien seguía dormido y acarició su nariz.
- No quiero despertarte mi amor, pero sino me vas a tener toda la noche despierta. –Dijo besando la cara de su hijo.- Arriba Bruno… -Susurró en su oído y lo llenó de besos.- Dale hijo, despertate. –Y siguió llenándolo de besos, hasta que se despertó bastante molesto.- Ay, perdón. –Le dijo riendo.- Veni… -Lo acomodó sobre su pecho.-
- Me encanta verte así. –Le dije tomando su mano.-
-Me sonrió.- Gracias.
- De verdad que confiaba mucho en vos… Pero te veo y se me cae la baba, me sorprendes.
-Rio.- Sos muy lindo. –Besó mi mano.- No quiero que se enfríe lo que preparaste, traelo.
- Son milanesas con puré igual, no es mucha ciencia. –Le dije riendo.-
- Seguro esté rico… A ver si puedo comer antes de que el gordito me quiera comer a mí. –Me dijo riendo y yo también reí.-
Cenamos juntos en la cama y luego, Pau se dedicó a darle la teta a Bruno mientras yo lavaba las cosas en la cocina.
Y aunque quisiera procesarlo… No podía, no podía caer.
Fui con una sonrisa al cuarto y ellos estaban jugando en la cama, me colgué mirándolos desde el umbral de la puerta hasta que ella me vio.
- Veni Pepe… -Me dijo y yo sonreí.- No seas tímido. –Reímos.-
Me acerqué a ellos y nos quedamos un rato jugando.
- ¿Vos tenes que irte? –Me preguntó.-
- ¿Me estás echando? –Le pregunté riendo.-
- No tonto, quería que me ayudes a bañarlo.
- Obvio. –Le sonreí y ella me dio un beso.- ¿En que te ayudo?
-Sonrió.- Sos muy lindo. ¿Sabías?
- Vos, sos hermosa. –Y la tomé por la cara para besarla, pero Bruno se quejó. Reímos.- ¿No me compartís un poco a tu mamá? –Le pregunté haciéndole cosquillas en la panza y él rio.- ¿No? –Y volvió a reír, pero le tiraba los brazos a su mamá.-
-Paula rio y lo tomó en brazos.- Me mata que sea así. –Besó su mejilla y sonrió.- Dale. Veni…
Caminamos juntos hasta el baño y mientras yo llenaba la bañera, ella lo desvistió.
-
Más tarde, Bruno había vuelto a tomar la teta y se había quedado dormido conmigo… Pero, como aún estaba Pepe, lo dejé en el moisés.
Lo busqué a Pedro y lo abracé por la espalda.
- ¿Me escuchas una cosa? –Le pregunté.-
- ¿Qué pasa?
- Quiero que me mires. –Le dije.-
Él se dio vuelta, uniendo nuestras manos. Le di un beso y quedé cerca de él.
- Yo de verdad que no puedo terminar de poner en palabras lo que me pasa… -Hice una pausa.- Pero es evidente que pasa. Vos me haces sentir muy bien, muy cuidada y muy querida. –Él sonrió.- Y eso me gusta, me gustas vos. –Sonreímos.- Pero, yo soy mamá.
- Eso lo sé y no es un problema para mí Pau.
- Lo sé Pepe, pero quiero que lo sepas y lo entiendas. –Suspiré.- Quiero estar con vos, pero Bruno siempre va a estar.
- Y yo no pretendo sacarlo eh, adoro a ese nene.
-Sonreí y lo abracé.- Gracias, de verdad.
- ¿Por qué me estarías agradeciendo?
-Reí.- Por estar siempre y por haberte bancado tanto tiempo en silencio.
- Si todo eso valió para estar así ahora, no importa. Ya está.
- ¿Te quedas con nosotros?
- Si me invitas, obvio que me quedo.
- Te estoy invitando nene.
- Entonces sí. –Besó mi mejilla y yo sonreí.-
-Me separé un poco de él.- Igual, me desperté hace un rato… No tengo mucho sueño.
- ¿Y qué queres que hagamos?
- Mmm… No sé. –Me encogí de hombros, riendo.-
- Yo quiero que hablemos.
- ¿De?
- Te conozco Pau.
- ¿De qué queres hablar? –Repetí.-
- Veni…
Caminamos hasta el sillón y nos sentamos, frente a frente.
- ¿Qué es lo que pasa Pau?
- ¿Con qué? –Pregunté abrazando mis piernas.-
- Yo sé que estás feliz con Bruno, pero veo en tus ojos algo de tristeza y no me gusta. –Acarició mi mejilla y yo suspiré.-
- Tengo miedo de que le esté faltando algo. –Dije con los ojos llenos de lágrimas.- No tiene a su papá y yo sé que lo sabe, que lo nota.
- Pero te tiene a vos… ¿Vos viste cómo te busca Pau? Eso es porque te ama con locura. –Sonreí.- No tenes que estar triste por eso, el boludo que se lo pierde es él… No vos.
-Me encogí de hombros.- Me cuesta un poco aceptar que soy madre soltera.
- Sos la mejor mamá que podría tener ese bebé.
-Sonreí.- Gracias, pero la falta que tiene no la voy a poder evitar.
- Mira… -Dijo tomando mis manos.- Yo no sé en dónde va a terminar esto que está empezando… Pero, a mí me gustaría mucho ser esa figura paterna para él. –Sonreí.- Yo sé que no soy su papá y que nunca voy a serlo… Lo sé, lo sabemos. –Ella asintió.- Pero, capaz, como pareja de su mamá… Puedo ser eso que le falta, al menos un poco. –Hizo una pausa y yo no le dije nada.- Ay, perdón. Estoy yendo demasiado rápido, perdón. –Suspiró.- Es que espero esto hace tanto que ya quiero que seas mi mujer. Perdón, te juro que…
-Lo callé de un beso.- No tenes que pedir perdón, es muy hermoso lo que dijiste.
- ¿No voy muy rápido?
-Reí.- Puede ser, pero pase lo que pase, vos siempre vas a ser una persona muy importante para nosotros.
- Y ustedes para mí. –Sonreímos y nos besamos.- No tenes que pensar en esas cosas ahora.
- No puedo evitar pensar en el día que empiece a preguntarme.
- Falta mucho para eso Pau.
- Sí, ya sé. ¿Pero qué se supone que le voy a decir?
- Lo vas a pensar en su momento. ¿Qué sentido tiene hacerte la cabeza ahora?
- Ninguno. –Reí.-
- Exacto. –Me besó.-
- Mmm… Gracias. –Le dije.- De verdad. –Lo besé.- Siempre me hizo muy bien hablar con vos.
- Podes hablar conmigo todo el tiempo que quieras.
-Sonreí.- ¿Te quedas a dormir? Por favor.
- Si me lo pedís con esa sonrisa, es imposible negarme.
-Volví a sonreír.- Me hace bien tenerte cerca.
- Quiero estar cerca tuyo toda la vida. -Lo besé y me acurruqué en él, me abrazó por la cintura y yo hice lo mismo. Sonreí.- Así de cerca es más lindo todavía.
-Reí.- Me estoy dando cuenta de que me faltaba tener un hombre cerca.
- Ah… Muy bien. ¿Dejaste la terquedad de lado?
-Reí.- No seas malo, no era terquedad.
- ¿Y qué era?
- Que necesitaba acomodar mi vida… Tener un hijo te mueve todo. –Le dije muy seria.-
- Te jodo polvorita.
- Bueno, no sé… -Reí.- No me gusta que me jodan.
- Fue un chiste nada más. –Dijo haciéndome cosquillas.-
- No seas malo.
- Vos no te enojes.
- ¿Quién te dijo que me enoje?
- Tu tono de voz.
-Lo miré.- Me da culpa que te hayas bancado tanto tiempo… Por eso no sé si me gusta hacer chistes sobre el tema.
-Acarició mi cara.- Eso es tema pasado.
- Pero igual…
- Igual nada. –Me besó.- ¿Queres ir a dormir?
- Bruno se va a despertar en un ratito, pero si tenes sueño…
- Mejor lo esperamos. –Reímos.- La verdad es que no tengo sueño.
- Yo tampoco.
- Entonces veni.
Hizo que me acostara en el sillón, con mi cabeza en sus piernas… Yo busqué una de sus manos y entrelacé sus dedos con los míos, mientras él con su mano libre jugaba con mi pelo.
- Me encanta verte tan relajada… -Me dijo.-
- Vos me pones así.
- Me encanta generar eso en vos.
-Sonreí.- Sos demasiado tierno.
- Acostumbrate… -Besó mi frente.- Siempre soy igual de tierno y siempre voy a querer cuidarte… -Hizo una pausa.- Y que yo sepa, hay un hombrecito por acá cerca que es una ternura total y que también va a cuidarte siempre.
-Sonreí.- Te quiero… -Besé su mano.-
- Y yo te quiero a vos bonita.
Me levanté con cuidado y fui hasta la cocina, eran las ocho de la noche asique me dispuse a preparar una cena para nosotros dos.
Cuando lo tuve todo listo, fui a la habitación con la bandeja en mis manos y la dejé sobre la cómoda. Me senté al lado de Pau y besé su frente, bajando por su cara hasta terminar en su boca. Ella abrió los ojos y sonrió.
- Arriba che… -Dije haciéndole cosquillas en el cuello.-
- Mmm… ¿Qué hora es? –Suspiró.-
- Las ocho.
- ¿Ya? ¿Y este sigue durmiendo? –Preguntó riendo.-
- Me parece que está cómodo.
- A mí me parece lo mismo. –Reímos.-
Pau se sentó, con cuidado de Bruno quien seguía dormido y acarició su nariz.
- No quiero despertarte mi amor, pero sino me vas a tener toda la noche despierta. –Dijo besando la cara de su hijo.- Arriba Bruno… -Susurró en su oído y lo llenó de besos.- Dale hijo, despertate. –Y siguió llenándolo de besos, hasta que se despertó bastante molesto.- Ay, perdón. –Le dijo riendo.- Veni… -Lo acomodó sobre su pecho.-
- Me encanta verte así. –Le dije tomando su mano.-
-Me sonrió.- Gracias.
- De verdad que confiaba mucho en vos… Pero te veo y se me cae la baba, me sorprendes.
-Rio.- Sos muy lindo. –Besó mi mano.- No quiero que se enfríe lo que preparaste, traelo.
- Son milanesas con puré igual, no es mucha ciencia. –Le dije riendo.-
- Seguro esté rico… A ver si puedo comer antes de que el gordito me quiera comer a mí. –Me dijo riendo y yo también reí.-
Cenamos juntos en la cama y luego, Pau se dedicó a darle la teta a Bruno mientras yo lavaba las cosas en la cocina.
Y aunque quisiera procesarlo… No podía, no podía caer.
Fui con una sonrisa al cuarto y ellos estaban jugando en la cama, me colgué mirándolos desde el umbral de la puerta hasta que ella me vio.
- Veni Pepe… -Me dijo y yo sonreí.- No seas tímido. –Reímos.-
Me acerqué a ellos y nos quedamos un rato jugando.
- ¿Vos tenes que irte? –Me preguntó.-
- ¿Me estás echando? –Le pregunté riendo.-
- No tonto, quería que me ayudes a bañarlo.
- Obvio. –Le sonreí y ella me dio un beso.- ¿En que te ayudo?
-Sonrió.- Sos muy lindo. ¿Sabías?
- Vos, sos hermosa. –Y la tomé por la cara para besarla, pero Bruno se quejó. Reímos.- ¿No me compartís un poco a tu mamá? –Le pregunté haciéndole cosquillas en la panza y él rio.- ¿No? –Y volvió a reír, pero le tiraba los brazos a su mamá.-
-Paula rio y lo tomó en brazos.- Me mata que sea así. –Besó su mejilla y sonrió.- Dale. Veni…
Caminamos juntos hasta el baño y mientras yo llenaba la bañera, ella lo desvistió.
-
Más tarde, Bruno había vuelto a tomar la teta y se había quedado dormido conmigo… Pero, como aún estaba Pepe, lo dejé en el moisés.
Lo busqué a Pedro y lo abracé por la espalda.
- ¿Me escuchas una cosa? –Le pregunté.-
- ¿Qué pasa?
- Quiero que me mires. –Le dije.-
Él se dio vuelta, uniendo nuestras manos. Le di un beso y quedé cerca de él.
- Yo de verdad que no puedo terminar de poner en palabras lo que me pasa… -Hice una pausa.- Pero es evidente que pasa. Vos me haces sentir muy bien, muy cuidada y muy querida. –Él sonrió.- Y eso me gusta, me gustas vos. –Sonreímos.- Pero, yo soy mamá.
- Eso lo sé y no es un problema para mí Pau.
- Lo sé Pepe, pero quiero que lo sepas y lo entiendas. –Suspiré.- Quiero estar con vos, pero Bruno siempre va a estar.
- Y yo no pretendo sacarlo eh, adoro a ese nene.
-Sonreí y lo abracé.- Gracias, de verdad.
- ¿Por qué me estarías agradeciendo?
-Reí.- Por estar siempre y por haberte bancado tanto tiempo en silencio.
- Si todo eso valió para estar así ahora, no importa. Ya está.
- ¿Te quedas con nosotros?
- Si me invitas, obvio que me quedo.
- Te estoy invitando nene.
- Entonces sí. –Besó mi mejilla y yo sonreí.-
-Me separé un poco de él.- Igual, me desperté hace un rato… No tengo mucho sueño.
- ¿Y qué queres que hagamos?
- Mmm… No sé. –Me encogí de hombros, riendo.-
- Yo quiero que hablemos.
- ¿De?
- Te conozco Pau.
- ¿De qué queres hablar? –Repetí.-
- Veni…
Caminamos hasta el sillón y nos sentamos, frente a frente.
- ¿Qué es lo que pasa Pau?
- ¿Con qué? –Pregunté abrazando mis piernas.-
- Yo sé que estás feliz con Bruno, pero veo en tus ojos algo de tristeza y no me gusta. –Acarició mi mejilla y yo suspiré.-
- Tengo miedo de que le esté faltando algo. –Dije con los ojos llenos de lágrimas.- No tiene a su papá y yo sé que lo sabe, que lo nota.
- Pero te tiene a vos… ¿Vos viste cómo te busca Pau? Eso es porque te ama con locura. –Sonreí.- No tenes que estar triste por eso, el boludo que se lo pierde es él… No vos.
-Me encogí de hombros.- Me cuesta un poco aceptar que soy madre soltera.
- Sos la mejor mamá que podría tener ese bebé.
-Sonreí.- Gracias, pero la falta que tiene no la voy a poder evitar.
- Mira… -Dijo tomando mis manos.- Yo no sé en dónde va a terminar esto que está empezando… Pero, a mí me gustaría mucho ser esa figura paterna para él. –Sonreí.- Yo sé que no soy su papá y que nunca voy a serlo… Lo sé, lo sabemos. –Ella asintió.- Pero, capaz, como pareja de su mamá… Puedo ser eso que le falta, al menos un poco. –Hizo una pausa y yo no le dije nada.- Ay, perdón. Estoy yendo demasiado rápido, perdón. –Suspiró.- Es que espero esto hace tanto que ya quiero que seas mi mujer. Perdón, te juro que…
-Lo callé de un beso.- No tenes que pedir perdón, es muy hermoso lo que dijiste.
- ¿No voy muy rápido?
-Reí.- Puede ser, pero pase lo que pase, vos siempre vas a ser una persona muy importante para nosotros.
- Y ustedes para mí. –Sonreímos y nos besamos.- No tenes que pensar en esas cosas ahora.
- No puedo evitar pensar en el día que empiece a preguntarme.
- Falta mucho para eso Pau.
- Sí, ya sé. ¿Pero qué se supone que le voy a decir?
- Lo vas a pensar en su momento. ¿Qué sentido tiene hacerte la cabeza ahora?
- Ninguno. –Reí.-
- Exacto. –Me besó.-
- Mmm… Gracias. –Le dije.- De verdad. –Lo besé.- Siempre me hizo muy bien hablar con vos.
- Podes hablar conmigo todo el tiempo que quieras.
-Sonreí.- ¿Te quedas a dormir? Por favor.
- Si me lo pedís con esa sonrisa, es imposible negarme.
-Volví a sonreír.- Me hace bien tenerte cerca.
- Quiero estar cerca tuyo toda la vida. -Lo besé y me acurruqué en él, me abrazó por la cintura y yo hice lo mismo. Sonreí.- Así de cerca es más lindo todavía.
-Reí.- Me estoy dando cuenta de que me faltaba tener un hombre cerca.
- Ah… Muy bien. ¿Dejaste la terquedad de lado?
-Reí.- No seas malo, no era terquedad.
- ¿Y qué era?
- Que necesitaba acomodar mi vida… Tener un hijo te mueve todo. –Le dije muy seria.-
- Te jodo polvorita.
- Bueno, no sé… -Reí.- No me gusta que me jodan.
- Fue un chiste nada más. –Dijo haciéndome cosquillas.-
- No seas malo.
- Vos no te enojes.
- ¿Quién te dijo que me enoje?
- Tu tono de voz.
-Lo miré.- Me da culpa que te hayas bancado tanto tiempo… Por eso no sé si me gusta hacer chistes sobre el tema.
-Acarició mi cara.- Eso es tema pasado.
- Pero igual…
- Igual nada. –Me besó.- ¿Queres ir a dormir?
- Bruno se va a despertar en un ratito, pero si tenes sueño…
- Mejor lo esperamos. –Reímos.- La verdad es que no tengo sueño.
- Yo tampoco.
- Entonces veni.
Hizo que me acostara en el sillón, con mi cabeza en sus piernas… Yo busqué una de sus manos y entrelacé sus dedos con los míos, mientras él con su mano libre jugaba con mi pelo.
- Me encanta verte tan relajada… -Me dijo.-
- Vos me pones así.
- Me encanta generar eso en vos.
-Sonreí.- Sos demasiado tierno.
- Acostumbrate… -Besó mi frente.- Siempre soy igual de tierno y siempre voy a querer cuidarte… -Hizo una pausa.- Y que yo sepa, hay un hombrecito por acá cerca que es una ternura total y que también va a cuidarte siempre.
-Sonreí.- Te quiero… -Besé su mano.-
- Y yo te quiero a vos bonita.
Capítulo 25.
Bruno se quedó dormido en mis brazos y fui a dejarlo en su moisés, volví
al encuentro con Pedro algo inestable… Bueno, en realidad, del todo inestable.
Me senté delante de él, sin decir nada y acomodé mi pelo con un rodete. Estaba nerviosa y él lo notaba.
- ¿Te podes tranquilizar? –Me preguntó y yo reí.- Soy yo, soy Pepe… No te voy a hacer nada malo.
- Eso lo sé.
- ¿Y entonces?
-Suspiré.- Te juro que quisiera entender qué es lo que me pasa, pero no puedo.
- ¿Podes ser un poco más explicativa?
- Vos estuviste, siempre, cuando nadie estuvo… Y eso fue muy importante para mí, sabes que lo valoro demasiado y que te lo voy a agradecer toda la vida.
- Sí… -Dijo y corrió un mechón de pelo que caía en mi cara.-
- Y en ese momento, yo no podía pensar en otra cosa que no sea mi bebé. Capaz que te cueste entenderlo, pero es así…
- No te preocupes, lo entiendo.
-Sonreí.- Pero ahora me doy cuenta de otras cosas.
- ¿De qué cosas?
- Para un poco, que me cuesta.
-Rio.- Bueno, perdón. –Reímos y tomé sus manos, él me dio un beso en cada una.-
- Me doy cuenta que, aunque quise evitarlo… Algo me pasa. –Y por fin pude decirlo, suspiré.- Pero no termino de descifrarlo.
- ¿Pero qué es eso que te pasa?
- Te digo que no sé.
- Ponelo en una palabra.
-Cerré mis ojos y sin pensar, se lo dije.- Amor. –Y tapé mi cara con mis manos, soltándolo a él.- Hace mucho que te miro de otra manera, pero nunca me había dado cuenta. –Le confesé.- Con todo lo que me pasó y con el pelotudo de Máximo, sinceramente ni me había detenido a pensarlo. La primera vez que me lo dijiste fue como si nada, tampoco se me ocurrió pensarlo. –Lo miré.- Pero ahora sí, o bueno, desde esas últimas veces que hablamos. –Acaricié su mejilla.- Me gustas mucho y me matas de amor.
-Sonreía y me miraba fijo a los ojos, con su mirada brillosa.- Es muy lindo lo que me estás diciendo.
- ¿Sí? Yo me siento bastante boluda.
-Acarició mis mejillas.- No, no sos ninguna boluda.
- Nunca quise lastimarte.
- Eso lo sé.
- Perdón, de verdad.
- No me tenes que pedir perdón y tampoco es momento de hacerlo.
- ¿Y de qué es momento? –Le pregunté sonriendo.-
- Mmm… Se me ocurren muchas cosas. –Dijo acercándose a mí.-
- Hace demasiado tiempo que no hago estas cosas. –Dije riendo.-
- Sh…
Y se acercó aún más, chocando su frente con la mía.
- No pienses en esas cosas. –Dijo acariciando mis brazos.-
- ¿Y en qué tengo que pensar? –Le pregunté nerviosa.-
- No tenes que pensar.
- ¿Y qué tengo que hacer?
- Sentir…
Dijo y me tomó de las manos, para que quedáramos ambos de pie. Me tomó por la cintura y ya no tenía escapatoria.
- No te das una idea de la cantidad de veces que imaginé esto. –Dijo abrazándome con fuerza y yo sonreí.-
- Entonces no esperes más. –Le dije sonriendo.-
Él me devolvió la sonrisa y se perdió en mi cuello, llenándome en besos. Lo abracé por la nuca y cerré mis ojos, disfrutando de lo que hacía. Sintiendo algo extraño, pero hermoso, en mi interior.
Lentamente se acercó a mis labios y cuando los unimos sentí que mi corazón iba a terminar dentro de su cuerpo.
Comenzó siendo suave y de repente sentí su lengua junto con la mía, sonreí en medio de aquel beso y lo abracé más fuerte para intensificarlo.
- Quiero estar toda la vida con ustedes. –Me dijo sin dejar de besarme.-
- Y yo me doy cuenta que no hay nadie mejor que vos para que esté con nosotros. –Nos separamos y nos sonreímos.- De verdad… ¡Sos muy lindo! –Lo besé y escondí mi cara en su cuello.- Pero siento que me va a costar un poco terminar con la idea de que sos mi amigo.
- Puedo ayudarte con eso cuando quieras. –Dijo besando mi cuello y yo reí.- No quiero despegarme de vos. –Suspiró.- Te juro que esperé esto por muchos años.
- Perdón por ser tan boluda, de verdad.
-Hizo que lo mire.- No tenes que pedir perdón, las cosas se dieron así y ya está… -Hizo una pausa.- Te puedo hacer una pregunta.
- Sí…
- ¿Esto qué quiere decir?
- Que quiero intentarlo. –Le dije muerta de vergüenza.-
Y él no dijo más nada, tan solo me besó hasta acorralarme contra la pared y yo reí.
- No sé qué es que un hombre me trate bien. –Dije jugando con el pelo de su nuca.- Y vos me haces sentir bien desde que tengo uso de razón.
- Te quiero cuidar toda la vida Paula.
-Sonreí.- Sos muy tierno.
- Y no solo a vos, a tu hijo también.
- Eso terminó de convencerme.
- ¿Qué cosa?
- Que ames tanto a Bruno.
- Me animo a decirte que lo amo casi tanto como vos. –Reímos y nos besamos.-
- No pretendo que seas su papá, porque es una carga que no quiero tirarte… Pero si me gusta la idea de que estés cerca de él, porque es obvio que va a necesitar alguna figura masculina.
- A mí me encantaría ser su papá.
-Sonreí.- Me parece que estamos yendo muy rápido igual.
- Mmm… Puede ser. –Reímos y nos besamos.-
- Prefiero que me beses…
- Me encanta tu plan.
- ¿Sí?
- Sí.
Y me besó…
-
No podía caer en la realidad, creía que mi corazón iba a estallar de la emoción.
Yo estaba sentado en su sillón y ella acostada en el mismo, con su cabeza en mis piernas y mis manos se enredaban en su pelo. Sus ojos se mantenían cerrados y respiraba en paz.
- Me da miedo esto. –Me dijo.- Y necesito que lo sepas.
- ¿Miedo de qué? –Pregunté sin dejar de acariciar su pelo.-
- No sé… ¿De qué no funcione?
- Yo te prometo que va a funcionar, al menos de mi parte.
-Suspiré.- Quiero confiar.
- Entonces hacelo. ¿Algo te lo impide?
- Mmm… Creo que no. –Rio.-
- Entonces no te hagas la cabeza mujer.
- Soy mujer. ¡No puedo evitarlo! –Reímos y nos besamos.-
- La mujer más linda del mundo sos.
- Si yo te pregunto… ¿Me respondes algo sinceramente?
- Sí.
- ¿Hace cuánto te diste cuenta qué te gustaba?
- Teníamos 15.
- ¿Hace tanto tiempo?
- Sí. –Reí.- Pero en ese momento creía que capaz era una calentura adolescente, entonces traté de evadirlo… Pero cuando vi que con el tiempo no pasaba me di cuenta de que era amor de verdad. –Ella sonrió.- Yo te amo de verdad Pau. –La besé.- Y no hace falta que respondas. –Sonrió y me besó.- Sos muy linda. ¿Sabes?
- Vos sos lindo. –Dijo acurrucándose en mí.- Hacia demasiado tiempo que no sentía como alguien me mimaba.
- Acostumbrate, porque me encanta hacerlo.
-Sonrió.- Siempre lo lleno de mimos a Bruno, soy re cargosa. –Rio.- Pero sentirlos también me gusta.
- Relajate entonces.
- Seguro esté por despertarse el gordo.
- ¿Y si vamos con él?
- ¿Seguro?
- Sí, dale.
Ella sonrió y se levantó, nos dimos un beso y fuimos hasta el cuarto de Paula.
Bruno seguía durmiendo y Pau se acercó para tomarlo en brazos. Se acostó en su cama con él sobre su pecho y mis manos volvieron a su pelo. Cerró sus ojos y suspiró.
- No creía que podía sentir tanta paz junta.
-Sonreí y besé su frente.- Disfruta un poquito…
- Lo hago desde que tengo a esta belleza conmigo. –Dije mimando a mi bebé.-
- Pero, aunque te hagas la fuerte, yo sé que te cuesta estar sola. –Ella suspiró.- Eso es un sí. ¿O no?
- Sí.
- Por eso, vos también necesitas que te mimen un poco. ¿Me dejas?
-Sonrió.- Sí, por favor.
Después de un ratito, Bruno se despertó pero se quedó súper tranquilo sobre el cuerpo de su mamá y sintiendo sus caricias…
Mientras, yo acariciaba el pelo y la cara de Pau… Quien se estaba quedando dormida y tenía una leve sonrisa en su rostro. Besé sentidamente su frente y me acosté al lado de ellos.
- Dormí hermosa. –Susurré en su oído.-
- Bruno está despierto.
- Poncha en dos segundos. –Le dije riendo.- No te preocupes.
Y al rato, nos quedamos dormidos los tres.
Me senté delante de él, sin decir nada y acomodé mi pelo con un rodete. Estaba nerviosa y él lo notaba.
- ¿Te podes tranquilizar? –Me preguntó y yo reí.- Soy yo, soy Pepe… No te voy a hacer nada malo.
- Eso lo sé.
- ¿Y entonces?
-Suspiré.- Te juro que quisiera entender qué es lo que me pasa, pero no puedo.
- ¿Podes ser un poco más explicativa?
- Vos estuviste, siempre, cuando nadie estuvo… Y eso fue muy importante para mí, sabes que lo valoro demasiado y que te lo voy a agradecer toda la vida.
- Sí… -Dijo y corrió un mechón de pelo que caía en mi cara.-
- Y en ese momento, yo no podía pensar en otra cosa que no sea mi bebé. Capaz que te cueste entenderlo, pero es así…
- No te preocupes, lo entiendo.
-Sonreí.- Pero ahora me doy cuenta de otras cosas.
- ¿De qué cosas?
- Para un poco, que me cuesta.
-Rio.- Bueno, perdón. –Reímos y tomé sus manos, él me dio un beso en cada una.-
- Me doy cuenta que, aunque quise evitarlo… Algo me pasa. –Y por fin pude decirlo, suspiré.- Pero no termino de descifrarlo.
- ¿Pero qué es eso que te pasa?
- Te digo que no sé.
- Ponelo en una palabra.
-Cerré mis ojos y sin pensar, se lo dije.- Amor. –Y tapé mi cara con mis manos, soltándolo a él.- Hace mucho que te miro de otra manera, pero nunca me había dado cuenta. –Le confesé.- Con todo lo que me pasó y con el pelotudo de Máximo, sinceramente ni me había detenido a pensarlo. La primera vez que me lo dijiste fue como si nada, tampoco se me ocurrió pensarlo. –Lo miré.- Pero ahora sí, o bueno, desde esas últimas veces que hablamos. –Acaricié su mejilla.- Me gustas mucho y me matas de amor.
-Sonreía y me miraba fijo a los ojos, con su mirada brillosa.- Es muy lindo lo que me estás diciendo.
- ¿Sí? Yo me siento bastante boluda.
-Acarició mis mejillas.- No, no sos ninguna boluda.
- Nunca quise lastimarte.
- Eso lo sé.
- Perdón, de verdad.
- No me tenes que pedir perdón y tampoco es momento de hacerlo.
- ¿Y de qué es momento? –Le pregunté sonriendo.-
- Mmm… Se me ocurren muchas cosas. –Dijo acercándose a mí.-
- Hace demasiado tiempo que no hago estas cosas. –Dije riendo.-
- Sh…
Y se acercó aún más, chocando su frente con la mía.
- No pienses en esas cosas. –Dijo acariciando mis brazos.-
- ¿Y en qué tengo que pensar? –Le pregunté nerviosa.-
- No tenes que pensar.
- ¿Y qué tengo que hacer?
- Sentir…
Dijo y me tomó de las manos, para que quedáramos ambos de pie. Me tomó por la cintura y ya no tenía escapatoria.
- No te das una idea de la cantidad de veces que imaginé esto. –Dijo abrazándome con fuerza y yo sonreí.-
- Entonces no esperes más. –Le dije sonriendo.-
Él me devolvió la sonrisa y se perdió en mi cuello, llenándome en besos. Lo abracé por la nuca y cerré mis ojos, disfrutando de lo que hacía. Sintiendo algo extraño, pero hermoso, en mi interior.
Lentamente se acercó a mis labios y cuando los unimos sentí que mi corazón iba a terminar dentro de su cuerpo.
Comenzó siendo suave y de repente sentí su lengua junto con la mía, sonreí en medio de aquel beso y lo abracé más fuerte para intensificarlo.
- Quiero estar toda la vida con ustedes. –Me dijo sin dejar de besarme.-
- Y yo me doy cuenta que no hay nadie mejor que vos para que esté con nosotros. –Nos separamos y nos sonreímos.- De verdad… ¡Sos muy lindo! –Lo besé y escondí mi cara en su cuello.- Pero siento que me va a costar un poco terminar con la idea de que sos mi amigo.
- Puedo ayudarte con eso cuando quieras. –Dijo besando mi cuello y yo reí.- No quiero despegarme de vos. –Suspiró.- Te juro que esperé esto por muchos años.
- Perdón por ser tan boluda, de verdad.
-Hizo que lo mire.- No tenes que pedir perdón, las cosas se dieron así y ya está… -Hizo una pausa.- Te puedo hacer una pregunta.
- Sí…
- ¿Esto qué quiere decir?
- Que quiero intentarlo. –Le dije muerta de vergüenza.-
Y él no dijo más nada, tan solo me besó hasta acorralarme contra la pared y yo reí.
- No sé qué es que un hombre me trate bien. –Dije jugando con el pelo de su nuca.- Y vos me haces sentir bien desde que tengo uso de razón.
- Te quiero cuidar toda la vida Paula.
-Sonreí.- Sos muy tierno.
- Y no solo a vos, a tu hijo también.
- Eso terminó de convencerme.
- ¿Qué cosa?
- Que ames tanto a Bruno.
- Me animo a decirte que lo amo casi tanto como vos. –Reímos y nos besamos.-
- No pretendo que seas su papá, porque es una carga que no quiero tirarte… Pero si me gusta la idea de que estés cerca de él, porque es obvio que va a necesitar alguna figura masculina.
- A mí me encantaría ser su papá.
-Sonreí.- Me parece que estamos yendo muy rápido igual.
- Mmm… Puede ser. –Reímos y nos besamos.-
- Prefiero que me beses…
- Me encanta tu plan.
- ¿Sí?
- Sí.
Y me besó…
-
No podía caer en la realidad, creía que mi corazón iba a estallar de la emoción.
Yo estaba sentado en su sillón y ella acostada en el mismo, con su cabeza en mis piernas y mis manos se enredaban en su pelo. Sus ojos se mantenían cerrados y respiraba en paz.
- Me da miedo esto. –Me dijo.- Y necesito que lo sepas.
- ¿Miedo de qué? –Pregunté sin dejar de acariciar su pelo.-
- No sé… ¿De qué no funcione?
- Yo te prometo que va a funcionar, al menos de mi parte.
-Suspiré.- Quiero confiar.
- Entonces hacelo. ¿Algo te lo impide?
- Mmm… Creo que no. –Rio.-
- Entonces no te hagas la cabeza mujer.
- Soy mujer. ¡No puedo evitarlo! –Reímos y nos besamos.-
- La mujer más linda del mundo sos.
- Si yo te pregunto… ¿Me respondes algo sinceramente?
- Sí.
- ¿Hace cuánto te diste cuenta qué te gustaba?
- Teníamos 15.
- ¿Hace tanto tiempo?
- Sí. –Reí.- Pero en ese momento creía que capaz era una calentura adolescente, entonces traté de evadirlo… Pero cuando vi que con el tiempo no pasaba me di cuenta de que era amor de verdad. –Ella sonrió.- Yo te amo de verdad Pau. –La besé.- Y no hace falta que respondas. –Sonrió y me besó.- Sos muy linda. ¿Sabes?
- Vos sos lindo. –Dijo acurrucándose en mí.- Hacia demasiado tiempo que no sentía como alguien me mimaba.
- Acostumbrate, porque me encanta hacerlo.
-Sonrió.- Siempre lo lleno de mimos a Bruno, soy re cargosa. –Rio.- Pero sentirlos también me gusta.
- Relajate entonces.
- Seguro esté por despertarse el gordo.
- ¿Y si vamos con él?
- ¿Seguro?
- Sí, dale.
Ella sonrió y se levantó, nos dimos un beso y fuimos hasta el cuarto de Paula.
Bruno seguía durmiendo y Pau se acercó para tomarlo en brazos. Se acostó en su cama con él sobre su pecho y mis manos volvieron a su pelo. Cerró sus ojos y suspiró.
- No creía que podía sentir tanta paz junta.
-Sonreí y besé su frente.- Disfruta un poquito…
- Lo hago desde que tengo a esta belleza conmigo. –Dije mimando a mi bebé.-
- Pero, aunque te hagas la fuerte, yo sé que te cuesta estar sola. –Ella suspiró.- Eso es un sí. ¿O no?
- Sí.
- Por eso, vos también necesitas que te mimen un poco. ¿Me dejas?
-Sonrió.- Sí, por favor.
Después de un ratito, Bruno se despertó pero se quedó súper tranquilo sobre el cuerpo de su mamá y sintiendo sus caricias…
Mientras, yo acariciaba el pelo y la cara de Pau… Quien se estaba quedando dormida y tenía una leve sonrisa en su rostro. Besé sentidamente su frente y me acosté al lado de ellos.
- Dormí hermosa. –Susurré en su oído.-
- Bruno está despierto.
- Poncha en dos segundos. –Le dije riendo.- No te preocupes.
Y al rato, nos quedamos dormidos los tres.
viernes, 22 de julio de 2016
Capítulo 24.
Bruno seguía creciendo y de a poco comenzaba a recordar que era algo más
que su mamá… Hoy cumplía tres meses y era increíble lo independiente que era en
comparación a cuando era súper bebé, aunque claramente seguía dependiendo de
mí.
Lo escuché despertarse y me acerqué a buscarlo.
- Buen día mi amor. –Dije acariciando su nariz, como hacía siempre y él me sonrió.- Ay, pero qué linda sonrisa. ¿Te despertaste de buen humor? –Dije y besé su panza, él enredó sus manos en mi pelo y reí.- Ahora te agarro che, un poco de paciencia.
Lo tomé en mis brazos y él se acurrucó en mi pecho. Me acosté en mi cama con él aún más acurrucado en mí y eso ya se había convertido en una costumbre.
Él se dormía en mi cama y cuando yo me despertaba lo dejaba en su moisés para poder ordenar la casa durante la mañana, luego nos quedábamos un rato juntos en la cama y cuando terminaba de despertarse, comía y lo cambiaba.
Durante el día, las cosas a veces cambiaban un poco, pero mi vida se basaba en él y en tejer todo lo que podía, porque claro que esa seguía siendo mi entrada laboral.
Bruno se movió, buscando mi pecho y sonreí.
- ¿Tenes hambre mi amor? ¿Eh?
Y desacomodé mi ropa, para que él comience a comer. Cuando terminó, acomodé mi ropa y lo cambié… Lo llevé al living y lo dejé en el cochecito con algunos juguetes, mientras yo tejía…
Pero, comenzó a quejarse, asique lo acerqué a mí y me asomé en el cochecito.
- Estoy acá hijo. –Susurré.- ¿Qué pasa? –Tomé su manito.- Tranquilo.
-
Hacia dos meses que no los veía y eso me tenía muerto en vida. Esa última tarde nos habíamos visto, pero las cosas seguían igual que siempre… O en realidad, peor.
Habíamos perdido todo de contacto y los extrañaba demasiado.
Intenté rehacer mi vida sin tenerlos en cuenta, pero no podía evitarlo. No podía evitar el hecho de amarlos como lo hacía.
-
Bruno se quedó dormido y yo intenté concentrarme en los tejidos, pero sinceramente no podía. Hacia algunos días que no podía quitar a Pedro de mi mente.
Y no, aunque quería… No podía aclarar lo que me pasaba.
Guardé las cosas que estaban a medio tejer y alcé a mi hijo para ir a mi cuarto. Lo acosté con cuidado en mi cama y yo me acosté a su lado, posé mi mano en su pancita y suspiré, mirándolo.
De a poco, me estaba dando cuenta de que algo me pasaba… El tema es si ese algo terminaría en algo serio.
Todo lo que había hecho por Bruno y por mí nos había acercado mucho más de lo que creía o de lo que en ese momento había notado… Porque claro que en ese momento no podía pensar demasiado en mí. Durante todos esos meses Bruno había sido mi prioridad, y si bien seguía siéndolo, de a poco me permitía volver a pensar en mí.
Casi por un impulso, le hablé:
“Necesito verte.”
Así, sin anestesia. Siendo directa. De una.
“Cuando quieras y donde quieras… No te das una idea de lo que te extraño.”
“Decime vos a donde.”
“¿Queres que vaya a tu casa?”
“Si preferís.”
“Así no lo molestamos al peque.”
“Entonces te espero.”
Suspiré y dejé caer mi cabeza hacia atrás…
- No hay vuelta atrás. –Me dije para sí.-
No pude evitar agarrar a mi hijo y posarlo sobre mí, él me llenaba de paz. Besé su cabeza y él buscó mi pecho con sus manitos, sonreí.
- Quiero poder darte una familia. –Suspiré.- Pero no sé qué es lo que me pasa… -Acaricié su espalda.- Perdón mi amor. –Hice una pausa.- Te prometo que vamos a estar bien.
“Estoy acá Pau.”
“No sé si me animo a verte Pedro.”
“No voy a hacerte nada malo, lo sabes.”
“Es que no me entiendo.”
“Capaz que si hablamos, puedo ayudar a que te entiendas.”
“Me siento una histérica y una boluda.”
“No te preocupes, yo sé cómo sos… Dale, estoy acá y quiero verte. Al menos dejame que te dé un abrazo. Te extraño.”
“¿Estás en la puerta?”
“Sí.”
Lo dejé a Bruno en su moisés y me acerqué a la puerta, la cual abrí y nos quedamos unos segundos mirándonos.
No soporté y me tiré en sus brazos, lo abracé con fuerza por la nuca y no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Sentí que me abrazó por la cintura, también fuerte y suspiró con fuerza en mi cuello.
- Te extrañaba demasiado. –Le confesé.-
- Yo también Pau, no te das una idea de cuanto.
Nos quedamos largos minutos abrazados y nos separamos.
- Veni, pasa…
Entramos a mi casa y yo cerré la puerta, sentí que me abrazó por la espalda y sonreí, pero a la vez quería separarme de él.
- Pepe… Para un poco.
- No, te extrañé demasiado.
-Sonreí.- Yo también, pero necesito que hablemos.
Y en ese momento, Bruno comenzó a llorar.
- Te salvó la campana. –Dije riendo y me separé de él.-
- Traelo, me muero por verlo.
-Sonreí.- Voy a buscarlo.
Caminé hasta mi cuarto y me asomé por el moisés…
- No llores hijo. –Lo tomé en brazos y besé su frente.- Dale, tranquilo que vino el padrino a verte.
Me quedé un rato con él, hasta que se tranquilizó y fui a buscar a Pepe.
-
Cuando la vi venir con Bruno en brazos me sentía un pelotudo por cómo sonreía y de la emoción que me recorría el cuerpo.
- Estás enorme hermoso… -Dije tomando la manito de Bruno.-
- Agarralo nene.
- ¿Segura?
-Rio.- Pepe, dale.
Pau me lo pasó y lo sostuve en mis brazos otra vez, sonreí y me senté en el sillón con él. Lo acosté en mis piernas y tomé sus manitos.
- Hola Brunito, hola. –Dije y besé su frente.- Estás hermoso. ¿Sabes? –Sonreí y me quedé mirándolo por un rato.-
- Aunque no hable, yo me entiendo con mi hijo y recién me dijo que te extrañaba mucho. –Dijo Pau sentándose a nuestro lado.-
-Reí.- Ah… ¿Sí?
- Sí, y no te rías porque es verdad.
- Bueno, bueno… Te creo. –Volvimos a reír.-
Me quedé un rato con él, hasta que comenzó a buscar a su mamá.
- Me parece que tiene hambre. –Dijo Pau tomándolo en brazos.- ¿Te jode que le dé la teta acá?
- No Pau, tranqui.
-Sonrió.- Te prometo que después hablamos.
- Dale… -Besé su mejilla y ella sonrió.-
Lo escuché despertarse y me acerqué a buscarlo.
- Buen día mi amor. –Dije acariciando su nariz, como hacía siempre y él me sonrió.- Ay, pero qué linda sonrisa. ¿Te despertaste de buen humor? –Dije y besé su panza, él enredó sus manos en mi pelo y reí.- Ahora te agarro che, un poco de paciencia.
Lo tomé en mis brazos y él se acurrucó en mi pecho. Me acosté en mi cama con él aún más acurrucado en mí y eso ya se había convertido en una costumbre.
Él se dormía en mi cama y cuando yo me despertaba lo dejaba en su moisés para poder ordenar la casa durante la mañana, luego nos quedábamos un rato juntos en la cama y cuando terminaba de despertarse, comía y lo cambiaba.
Durante el día, las cosas a veces cambiaban un poco, pero mi vida se basaba en él y en tejer todo lo que podía, porque claro que esa seguía siendo mi entrada laboral.
Bruno se movió, buscando mi pecho y sonreí.
- ¿Tenes hambre mi amor? ¿Eh?
Y desacomodé mi ropa, para que él comience a comer. Cuando terminó, acomodé mi ropa y lo cambié… Lo llevé al living y lo dejé en el cochecito con algunos juguetes, mientras yo tejía…
Pero, comenzó a quejarse, asique lo acerqué a mí y me asomé en el cochecito.
- Estoy acá hijo. –Susurré.- ¿Qué pasa? –Tomé su manito.- Tranquilo.
-
Hacia dos meses que no los veía y eso me tenía muerto en vida. Esa última tarde nos habíamos visto, pero las cosas seguían igual que siempre… O en realidad, peor.
Habíamos perdido todo de contacto y los extrañaba demasiado.
Intenté rehacer mi vida sin tenerlos en cuenta, pero no podía evitarlo. No podía evitar el hecho de amarlos como lo hacía.
-
Bruno se quedó dormido y yo intenté concentrarme en los tejidos, pero sinceramente no podía. Hacia algunos días que no podía quitar a Pedro de mi mente.
Y no, aunque quería… No podía aclarar lo que me pasaba.
Guardé las cosas que estaban a medio tejer y alcé a mi hijo para ir a mi cuarto. Lo acosté con cuidado en mi cama y yo me acosté a su lado, posé mi mano en su pancita y suspiré, mirándolo.
De a poco, me estaba dando cuenta de que algo me pasaba… El tema es si ese algo terminaría en algo serio.
Todo lo que había hecho por Bruno y por mí nos había acercado mucho más de lo que creía o de lo que en ese momento había notado… Porque claro que en ese momento no podía pensar demasiado en mí. Durante todos esos meses Bruno había sido mi prioridad, y si bien seguía siéndolo, de a poco me permitía volver a pensar en mí.
Casi por un impulso, le hablé:
“Necesito verte.”
Así, sin anestesia. Siendo directa. De una.
“Cuando quieras y donde quieras… No te das una idea de lo que te extraño.”
“Decime vos a donde.”
“¿Queres que vaya a tu casa?”
“Si preferís.”
“Así no lo molestamos al peque.”
“Entonces te espero.”
Suspiré y dejé caer mi cabeza hacia atrás…
- No hay vuelta atrás. –Me dije para sí.-
No pude evitar agarrar a mi hijo y posarlo sobre mí, él me llenaba de paz. Besé su cabeza y él buscó mi pecho con sus manitos, sonreí.
- Quiero poder darte una familia. –Suspiré.- Pero no sé qué es lo que me pasa… -Acaricié su espalda.- Perdón mi amor. –Hice una pausa.- Te prometo que vamos a estar bien.
“Estoy acá Pau.”
“No sé si me animo a verte Pedro.”
“No voy a hacerte nada malo, lo sabes.”
“Es que no me entiendo.”
“Capaz que si hablamos, puedo ayudar a que te entiendas.”
“Me siento una histérica y una boluda.”
“No te preocupes, yo sé cómo sos… Dale, estoy acá y quiero verte. Al menos dejame que te dé un abrazo. Te extraño.”
“¿Estás en la puerta?”
“Sí.”
Lo dejé a Bruno en su moisés y me acerqué a la puerta, la cual abrí y nos quedamos unos segundos mirándonos.
No soporté y me tiré en sus brazos, lo abracé con fuerza por la nuca y no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Sentí que me abrazó por la cintura, también fuerte y suspiró con fuerza en mi cuello.
- Te extrañaba demasiado. –Le confesé.-
- Yo también Pau, no te das una idea de cuanto.
Nos quedamos largos minutos abrazados y nos separamos.
- Veni, pasa…
Entramos a mi casa y yo cerré la puerta, sentí que me abrazó por la espalda y sonreí, pero a la vez quería separarme de él.
- Pepe… Para un poco.
- No, te extrañé demasiado.
-Sonreí.- Yo también, pero necesito que hablemos.
Y en ese momento, Bruno comenzó a llorar.
- Te salvó la campana. –Dije riendo y me separé de él.-
- Traelo, me muero por verlo.
-Sonreí.- Voy a buscarlo.
Caminé hasta mi cuarto y me asomé por el moisés…
- No llores hijo. –Lo tomé en brazos y besé su frente.- Dale, tranquilo que vino el padrino a verte.
Me quedé un rato con él, hasta que se tranquilizó y fui a buscar a Pepe.
-
Cuando la vi venir con Bruno en brazos me sentía un pelotudo por cómo sonreía y de la emoción que me recorría el cuerpo.
- Estás enorme hermoso… -Dije tomando la manito de Bruno.-
- Agarralo nene.
- ¿Segura?
-Rio.- Pepe, dale.
Pau me lo pasó y lo sostuve en mis brazos otra vez, sonreí y me senté en el sillón con él. Lo acosté en mis piernas y tomé sus manitos.
- Hola Brunito, hola. –Dije y besé su frente.- Estás hermoso. ¿Sabes? –Sonreí y me quedé mirándolo por un rato.-
- Aunque no hable, yo me entiendo con mi hijo y recién me dijo que te extrañaba mucho. –Dijo Pau sentándose a nuestro lado.-
-Reí.- Ah… ¿Sí?
- Sí, y no te rías porque es verdad.
- Bueno, bueno… Te creo. –Volvimos a reír.-
Me quedé un rato con él, hasta que comenzó a buscar a su mamá.
- Me parece que tiene hambre. –Dijo Pau tomándolo en brazos.- ¿Te jode que le dé la teta acá?
- No Pau, tranqui.
-Sonrió.- Te prometo que después hablamos.
- Dale… -Besé su mejilla y ella sonrió.-
jueves, 21 de julio de 2016
Capítulo 23.
Bruno crecía y yo sentía que lo hacía a pasos agigantados. Ya tenía un
mes y cada día me enamoraba más de mi bebé.
De a poquito, comenzaba a agarrar algunas cosas, sobre todos mis dedos y movía con más fuerza sus extremidades. Dormía un poco más de corrido, solo un poco y bostezaba.
- Buen día mi amor. –Dije acercándome a su moisés, en donde lo había dejado cuando me levanté.- Buen día. –Repetí acariciando su nariz y él estiró sus bracitos.- A ver… Veni.
Lo tomé en brazos y besé su cabecita.
- Me parece que hay que cambiarnos el pañal. –Dije revisándolo, pero él buscaba mi pecho.- Para un poquito mi amor. –Le dije.-
Busqué el cambiador y cambié su pañal y su ropita. Estaba acostado en la cama, con uno de sus muñequitos. Mis manos acariciaban sus piecitos y él miraba para todos lados.
Quité el muñeco de sus manitos y acaricié toda su cara… Amaba que sea tan mimoso y pegado a mí. Lo tomé en mis brazos, luego de desacomodar mi ropa y le dí de comer.
- Tenías hambre. –Le dije riendo.- Tranquilo que te vas a ahogar che.
-
Habían pasado varios días y la verdad es que me costaba horrores estar lejos de ellos. Agos era mi punto de contacto, pero solo para saber que estaban bien, porque no quería meterla en el medio.
Ese día debía cursar a la mañana y trabajar a la tarde... Y desde que habíamos dejado de vernos esos eran mis días preferidos, para no pensar en cuánto los extrañaba.
Estaba revisando mi celular en el recreo y Paula había subido a Facebook una foto de Bruno. No pude evitarlo y le hablé:
“No puede estar tan hermoso ese gordito Pau, me enamoré de la foto que subiste.”
“Jajajaja, te juro que se me cae la baba.”
“Está hermoso, de verdad. Te felicito.”
“Gracias Pepe. ¿Cómo estás?”
“Mmm… En la facu. ¿Vos?”
“Tejiendo un poco mientras el peque duerme.”
“Tengo muchas ganas de verlos.”
“No sé si es el momento.”
“¿Y cuándo va a serlo?”
“No, no sé.”
“Quiero verlo a Bruno al menos.”
“Inevitablemente me vas a tener que ver a mí.”
“¿Y no puedo ir con Agos? Por si te pongo incómoda.”
“No sé Pepe, dejame pensarlo.”
“Bueno, está bien… Perdón si me mandé y no tenía que hablarte.”
“No, no pasa nada.”
Guardé mi celular en el bolsillo y suspiré. La extrañaba de verdad y hablar con ella me hizo notar que la extrañaba más de lo que creía.
Y no solo la extrañaba a ella, sino también a Bruno.
-
Dejé el tejido a un lado y lo miré a mi hijo.
- No sé qué hacer… -Suspiré acariciando su bracito y él abrió sus ojitos.- Perdón, no quería despertarte mi amor.
Su manito buscó mi dedo y lo presionó. Sonreí.
- Te amo tanto Bruno. –Acaricié su frente.-
Sentía que él podía sentir lo que me pasaba y que yo podía sentir lo que le pasaba a él. No sabía cómo, pero podía sentirlo.
Después de algunos minutos, lo apoyé sobre mi pecho y lo abracé con mi mano libre, porque no soltaba mi dedo.
- Me llenas de paz hermoso.
Cerré mis ojos y me quedé allí, con mi hijo. El amor de mi vida.
Había sido un mes complicado, pero feliz… Muy feliz.
-
Esa noche, salí del trabajo y volví a mi casa. Cené, casi por obligación y me encerré en mi cuarto.
Otra vez estaba llorando y por ella. Me sentía el pelotudo más grande del mundo, la amaba cada día más y eso me pasaba hacia muchísimos años.
¿Cuánto tiempo más iba a tener que soportar esta situación?
Necesitaba poder amarla de verdad…
U olvidarla.
Pero así, no podía seguir. No podía más.
-
Luego de cenar, con Bruno tranquilo en su cochecito, lavé las cosas y ordené la cocina. Cerré toda la casa y fui en busca de mi hijo.
- Es hora de bañarnos. –Dije alzándolo.- ¿Qué te parece? –Pregunté acariciando su nariz con la mía.-
Llené su bañera, dentro de la bañera de mi casa y luego quité su ropita y su pañal. Lo acosté allí, sosteniéndolo con mi mano y él hizo una mueca de satisfacción.
- ¿Está linda el agüita? –Pregunté riendo.-
Lo bañé y luego de secarlo, le puse su pañal y lo envolví en una manta de polar… Quería cambiarlo, pero él no me dejaba. Estaba pegado a mí.
- ¿Qué pasa mi amor? ¿Qué pasa? –Susurré y apagué la luz del baño, fui con él hasta mi cuarto y me acosté con él sobre mi pecho.- ¿No tenes hambre? –Pregunté extrañada.-
Quise despegarlo de mí, pero comenzó a llorar.
- No, no mi amor… No. Sh… -Dije volviendo a acomodarlo sobre mí y acaricié su espalda.- Tranquilo que mamá se queda con vos.
Bruno de a poco se tranquilizó, pero seguía despierto. Pude vestirlo y luego volvió a acomodarse sobre mí. Era claro que esa noche íbamos a dormir juntos.
- Dormí bebé, dormí… -Susurré en su oído y besé su cabeza varias veces.-
Me quedé mimándolo, hasta que por fin se quedó dormido.
-
No me podía dormir y no soportaba que me pasara eso. Revisé el WhatsApp y vi que estaba en línea, quise hablarle pero no me animé.
“Sos el causante de mi insomnio.”
Reí al leerlo.
“¿Y eso es bueno o malo?”
“Malo, porque Bruno se va a despertar dentro de un rato a comer y yo sigo mirando el techo.”
“Uy, perdón entonces. Jajajaja”
“No sé qué hacer con vos Pedro… Y tampoco sé qué hago hablando con vos.”
“Porque nos tenemos confianza.”
“Sí, eso es verdad. Vos también sos la causante de mi insomnio igual eh.”
“Jajajajaja, perdón.”
“Intenta dormir Pau.”
“Vos también Pepe.”
“¿Hablamos mañana?”
“Puede ser. Que descanses.”
“Vos también.”
De a poquito, comenzaba a agarrar algunas cosas, sobre todos mis dedos y movía con más fuerza sus extremidades. Dormía un poco más de corrido, solo un poco y bostezaba.
- Buen día mi amor. –Dije acercándome a su moisés, en donde lo había dejado cuando me levanté.- Buen día. –Repetí acariciando su nariz y él estiró sus bracitos.- A ver… Veni.
Lo tomé en brazos y besé su cabecita.
- Me parece que hay que cambiarnos el pañal. –Dije revisándolo, pero él buscaba mi pecho.- Para un poquito mi amor. –Le dije.-
Busqué el cambiador y cambié su pañal y su ropita. Estaba acostado en la cama, con uno de sus muñequitos. Mis manos acariciaban sus piecitos y él miraba para todos lados.
Quité el muñeco de sus manitos y acaricié toda su cara… Amaba que sea tan mimoso y pegado a mí. Lo tomé en mis brazos, luego de desacomodar mi ropa y le dí de comer.
- Tenías hambre. –Le dije riendo.- Tranquilo que te vas a ahogar che.
-
Habían pasado varios días y la verdad es que me costaba horrores estar lejos de ellos. Agos era mi punto de contacto, pero solo para saber que estaban bien, porque no quería meterla en el medio.
Ese día debía cursar a la mañana y trabajar a la tarde... Y desde que habíamos dejado de vernos esos eran mis días preferidos, para no pensar en cuánto los extrañaba.
Estaba revisando mi celular en el recreo y Paula había subido a Facebook una foto de Bruno. No pude evitarlo y le hablé:
“No puede estar tan hermoso ese gordito Pau, me enamoré de la foto que subiste.”
“Jajajaja, te juro que se me cae la baba.”
“Está hermoso, de verdad. Te felicito.”
“Gracias Pepe. ¿Cómo estás?”
“Mmm… En la facu. ¿Vos?”
“Tejiendo un poco mientras el peque duerme.”
“Tengo muchas ganas de verlos.”
“No sé si es el momento.”
“¿Y cuándo va a serlo?”
“No, no sé.”
“Quiero verlo a Bruno al menos.”
“Inevitablemente me vas a tener que ver a mí.”
“¿Y no puedo ir con Agos? Por si te pongo incómoda.”
“No sé Pepe, dejame pensarlo.”
“Bueno, está bien… Perdón si me mandé y no tenía que hablarte.”
“No, no pasa nada.”
Guardé mi celular en el bolsillo y suspiré. La extrañaba de verdad y hablar con ella me hizo notar que la extrañaba más de lo que creía.
Y no solo la extrañaba a ella, sino también a Bruno.
-
Dejé el tejido a un lado y lo miré a mi hijo.
- No sé qué hacer… -Suspiré acariciando su bracito y él abrió sus ojitos.- Perdón, no quería despertarte mi amor.
Su manito buscó mi dedo y lo presionó. Sonreí.
- Te amo tanto Bruno. –Acaricié su frente.-
Sentía que él podía sentir lo que me pasaba y que yo podía sentir lo que le pasaba a él. No sabía cómo, pero podía sentirlo.
Después de algunos minutos, lo apoyé sobre mi pecho y lo abracé con mi mano libre, porque no soltaba mi dedo.
- Me llenas de paz hermoso.
Cerré mis ojos y me quedé allí, con mi hijo. El amor de mi vida.
Había sido un mes complicado, pero feliz… Muy feliz.
-
Esa noche, salí del trabajo y volví a mi casa. Cené, casi por obligación y me encerré en mi cuarto.
Otra vez estaba llorando y por ella. Me sentía el pelotudo más grande del mundo, la amaba cada día más y eso me pasaba hacia muchísimos años.
¿Cuánto tiempo más iba a tener que soportar esta situación?
Necesitaba poder amarla de verdad…
U olvidarla.
Pero así, no podía seguir. No podía más.
-
Luego de cenar, con Bruno tranquilo en su cochecito, lavé las cosas y ordené la cocina. Cerré toda la casa y fui en busca de mi hijo.
- Es hora de bañarnos. –Dije alzándolo.- ¿Qué te parece? –Pregunté acariciando su nariz con la mía.-
Llené su bañera, dentro de la bañera de mi casa y luego quité su ropita y su pañal. Lo acosté allí, sosteniéndolo con mi mano y él hizo una mueca de satisfacción.
- ¿Está linda el agüita? –Pregunté riendo.-
Lo bañé y luego de secarlo, le puse su pañal y lo envolví en una manta de polar… Quería cambiarlo, pero él no me dejaba. Estaba pegado a mí.
- ¿Qué pasa mi amor? ¿Qué pasa? –Susurré y apagué la luz del baño, fui con él hasta mi cuarto y me acosté con él sobre mi pecho.- ¿No tenes hambre? –Pregunté extrañada.-
Quise despegarlo de mí, pero comenzó a llorar.
- No, no mi amor… No. Sh… -Dije volviendo a acomodarlo sobre mí y acaricié su espalda.- Tranquilo que mamá se queda con vos.
Bruno de a poco se tranquilizó, pero seguía despierto. Pude vestirlo y luego volvió a acomodarse sobre mí. Era claro que esa noche íbamos a dormir juntos.
- Dormí bebé, dormí… -Susurré en su oído y besé su cabeza varias veces.-
Me quedé mimándolo, hasta que por fin se quedó dormido.
-
No me podía dormir y no soportaba que me pasara eso. Revisé el WhatsApp y vi que estaba en línea, quise hablarle pero no me animé.
“Sos el causante de mi insomnio.”
Reí al leerlo.
“¿Y eso es bueno o malo?”
“Malo, porque Bruno se va a despertar dentro de un rato a comer y yo sigo mirando el techo.”
“Uy, perdón entonces. Jajajaja”
“No sé qué hacer con vos Pedro… Y tampoco sé qué hago hablando con vos.”
“Porque nos tenemos confianza.”
“Sí, eso es verdad. Vos también sos la causante de mi insomnio igual eh.”
“Jajajajaja, perdón.”
“Intenta dormir Pau.”
“Vos también Pepe.”
“¿Hablamos mañana?”
“Puede ser. Que descanses.”
“Vos también.”
miércoles, 20 de julio de 2016
Capítulo 22.
Pedro se fue y yo estallé en llanto. Me sentía una pelotuda por no saber
lo qué me pasaba y por estar lastimándolo.
Lavé mi cara reiteradas veces y no podía dejar de llorar. ¡Odiaba estar tan sensible!
Aproveché que Bruno seguía durmiendo para ordenar un poco la casa y limpiar, tratando de desquitar mi bronca en aquellas acciones.
-
Estaba en mi habitación, con Agos quien había venido a hacer de psicóloga. Yo estaba acostado en mi cama, boca abajo y sin poder dejar de llorar. Era un nene.
- Me siento un boludo Agos.
-Acarició mi pelo.- No es de boludo amar.
- Pero le caí con todo esto ahora y…
- Hiciste lo que pudiste.
- Pude poco Agos.
- La amas hace años… En algún momento ibas a explotar.
- Pero fue el peor momento.
- Bueno, puede que no sea el momento indicado, pero pasó y ya no hay vuelta atrás.
- ¿Y qué tengo que hacer ahora?
- Alejarte un poco, darle tiempo y darte tiempo.
- ¿Darme tiempo? Ya sé que la amo y eso no tiene vuelta atrás.
- Entonces dale tiempo a ella… Entende por lo que está pasando.
- Sí, ya sé.
- Vas a tener que armarte de paciencia, porque es lógico que priorice a su hijo.
- Sí, no reniego de eso.
- Es mamá hace una semana, su vida está cambiando demasiado y su cuerpo la debe estar volviendo loca.
-Suspiré.- Por eso, me siento un tarado por no haber podido controlarme.
- Pero no tiene sentido que te castigues por eso.
-Sequé mis lágrimas.- Me duele amarla tanto.
- Ay Pepe… No llores, hey.
- No puedo evitarlo.
Agos me abrazó y aunque quisiera, no podía dejar de llorar.
- Tranquilo Pepe.
- No quiero que la dejes sola.
- Yo la adoro, pero deja de ponerla todo el tiempo sobre vos… Porque te estás olvidando de cuidarte a vos mismo.
- Estoy seguro de que algo le pasa conmigo.
- Yo no puedo responderte eso Pepe.
- No pretendo que lo hagas, solo que estés con ella.
- Yo ahora estoy con vos…
- Pero…
- Deja de llorar primero. ¿Qué te parece? –Reí.-
-
Bruno se había despertado excesivamente mamero, asique luego de prepararme algo para comer y terminar de ordenar (todo con él en mis brazos), me senté en el sillón. Estaba por llegar mi mamá.
- Hola… -Dijo entrando.-
- Hola mami. Pasa. –Le dije desde el sillón, Bruno estaba despierto en mis brazos.-
- ¿Cómo están? –Me saludó a mí y luego a Bruno, quien se quejó.-
- Un poco caprichosos me parece. –Dije mirando a Bruno.- No se despega de mí.
- Aprovechalo. –Dijo mi mamá mientra se sacaba su abrigo y luego se sentó frente a mí.- Porque después crecen.
-Reí.- Tiene siete días mami.
- Por eso… ¡Ya creció una semana! –Reímos.-
- ¿Queres comer algo?
- Comí recién, no te preocupes.
- ¿Segura?
- Sí hija, tranquila. Contame cómo están, cómo se porta.
- Bien, creo… -Reí.- Pensé que iba a ser más terrible.
- ¿Él o vos?
- La situación, pensé que no iba a saber qué hacer.
- ¿Viste que te dije que no tenías que preocuparte?
Sonreí y Bruno comenzó a buscar mi pecho, lo dejé, pero comenzó a inquietarse y a llorisquear… Quise pararme para buscar la almohadita y mamá me lo impidió.
- ¿Qué necesitas?
- La almohada para darle la teta.
- ¿En dónde está?
- En mi cuarto.
- Yo la voy a buscar.
- Gracias ma.
Mi mamá me alcanzó la almohada y comencé a darle la teta.
- Te juro que no puedo creer verte así. –Me dijo sonriendo y yo le devolví la sonrisa.- Te queda tan lindo tu bebé.
- Gracias mami.
- De verdad, me llenas de orgullo. –Acarició mi mejilla.-
- No me hagas llorar ma.
- Te digo la verdad.
- Bueno, gracias. Estoy muy feliz.
- Se te nota, igual te veo los ojitos tristes. ¿Pasa algo? ¿Es por Máximo?
-Negué con mi cabeza.- Después te cuento. ¿Puede ser?
- Sí, obvio. Termina con el gordito.
Después de un rato, Bruno estaba dormido sobre mí y no había manera de pasarlo a su moisés.
- ¿Qué pasa hija?
- Pedro.
- ¿Qué pasa con él?
- Dice que está enamorado de mí. –Suspiré.- No sé, no entiendo.
- ¿De verdad?
- Sí ma, el otro día me besó.
- Ese chico es hermoso.
- ¡Pero es mi amigo ma!
- ¿No te gusta ni un poco?
- No sé y eso es lo que más me duele, no quiero lastimarlo.
- ¿No sabes si te gusta?
- Lo que hace por nosotros me puede, me mata de amor. Estuvo presente hasta en el parto. –Suspiré.- Pero… Nunca lo vi como algo más que mi amigo.
- Hasta ahora.
- Puede ser.
- ¿Puede ser?
- Me cuesta pensar en algo que no sea Bruno en este momento.
- ¿Pero eso quiere decir que no le cerras la puerta?
- Eso quiere decir que no sé ma. No sé.
-Tomó mi mano.- Yo entiendo por lo que estás pasando, pero no te duermas porque los hombres no nos esperan eternamente…
- Sí, lo sé. ¿Pero vos me entendes que no puedo pensar en estar con alguien ahora? ¡Y menos con mi mejor amigo!
- Sí, obvio que te entiendo hija. Solo es un consejo.
- Gracias mami.
- De nada hija, y si de verdad te pasa algo, olvidate que es tu amigo.
- Me cuesta un poco.
- No creo que exista mejor hombre para que esté a tu lado… Tenes un hijo y eso siempre va a condicionar las cosas, él lo ama.
- Lo sé, pero en este momento no sé que quiero… Y no quiero hablar más del tema.
- Está bien. ¿Queres que haga mate?
- Dale.
- No estés triste, disfruta de esta hermosura. –Dijo posando su mano en la espalda Bruno, yo le sonreí y me fui.-
-
“Pau, perdón que te joda otra vez. Estuve pensando mucho en lo que hablamos y puede que tengas razón. Voy a alejarme, al menos por un tiempo… Pero no me alejo por mí, porque lo que yo siento no va a cambiar. Me alejo por vos, para que puedas pensar y aclarar lo que te pasa o lo que no te pasa.
De más está decir que siempre voy a estar para ustedes, eso no lo dudes nunca Pau. Los amo, con locura…”
“Me hace mal lo que me decís.”
“¿Por qué?”
“Porque todo el tiempo estás pensando en mí antes que en vos y no quiero lastimarte.”
“Por eso decido alejarme, para que pienses en lo que te pasa y después me lo digas… Te prometo que si no queres saber nada conmigo, yo me alejo para siempre. Aunque me duela.”
“No sé si es eso lo que quiero.”
“¿Y qué es lo que queres?”
“No puedo saberlo en este momento. Perdón otra vez.”
“Perdón te tengo que pedir yo, te caí con todo esto en el momento menos indicado.”
“No, ya está… Eso ya pasó. Fue cuando tenía que ser.”
“Pero quiero pedirte perdón.”
“No te preocupes por eso.”
“Bueno, está bien… Pero, prometeme que si necesitas algo con Bruno no vas a dudar en llamarme.”
“Te lo prometo.”
“Gracias, por esto y por entenderme.”
“Te queremos mucho Pepe…”
“Y yo a ustedes, siempre.”
Lavé mi cara reiteradas veces y no podía dejar de llorar. ¡Odiaba estar tan sensible!
Aproveché que Bruno seguía durmiendo para ordenar un poco la casa y limpiar, tratando de desquitar mi bronca en aquellas acciones.
-
Estaba en mi habitación, con Agos quien había venido a hacer de psicóloga. Yo estaba acostado en mi cama, boca abajo y sin poder dejar de llorar. Era un nene.
- Me siento un boludo Agos.
-Acarició mi pelo.- No es de boludo amar.
- Pero le caí con todo esto ahora y…
- Hiciste lo que pudiste.
- Pude poco Agos.
- La amas hace años… En algún momento ibas a explotar.
- Pero fue el peor momento.
- Bueno, puede que no sea el momento indicado, pero pasó y ya no hay vuelta atrás.
- ¿Y qué tengo que hacer ahora?
- Alejarte un poco, darle tiempo y darte tiempo.
- ¿Darme tiempo? Ya sé que la amo y eso no tiene vuelta atrás.
- Entonces dale tiempo a ella… Entende por lo que está pasando.
- Sí, ya sé.
- Vas a tener que armarte de paciencia, porque es lógico que priorice a su hijo.
- Sí, no reniego de eso.
- Es mamá hace una semana, su vida está cambiando demasiado y su cuerpo la debe estar volviendo loca.
-Suspiré.- Por eso, me siento un tarado por no haber podido controlarme.
- Pero no tiene sentido que te castigues por eso.
-Sequé mis lágrimas.- Me duele amarla tanto.
- Ay Pepe… No llores, hey.
- No puedo evitarlo.
Agos me abrazó y aunque quisiera, no podía dejar de llorar.
- Tranquilo Pepe.
- No quiero que la dejes sola.
- Yo la adoro, pero deja de ponerla todo el tiempo sobre vos… Porque te estás olvidando de cuidarte a vos mismo.
- Estoy seguro de que algo le pasa conmigo.
- Yo no puedo responderte eso Pepe.
- No pretendo que lo hagas, solo que estés con ella.
- Yo ahora estoy con vos…
- Pero…
- Deja de llorar primero. ¿Qué te parece? –Reí.-
-
Bruno se había despertado excesivamente mamero, asique luego de prepararme algo para comer y terminar de ordenar (todo con él en mis brazos), me senté en el sillón. Estaba por llegar mi mamá.
- Hola… -Dijo entrando.-
- Hola mami. Pasa. –Le dije desde el sillón, Bruno estaba despierto en mis brazos.-
- ¿Cómo están? –Me saludó a mí y luego a Bruno, quien se quejó.-
- Un poco caprichosos me parece. –Dije mirando a Bruno.- No se despega de mí.
- Aprovechalo. –Dijo mi mamá mientra se sacaba su abrigo y luego se sentó frente a mí.- Porque después crecen.
-Reí.- Tiene siete días mami.
- Por eso… ¡Ya creció una semana! –Reímos.-
- ¿Queres comer algo?
- Comí recién, no te preocupes.
- ¿Segura?
- Sí hija, tranquila. Contame cómo están, cómo se porta.
- Bien, creo… -Reí.- Pensé que iba a ser más terrible.
- ¿Él o vos?
- La situación, pensé que no iba a saber qué hacer.
- ¿Viste que te dije que no tenías que preocuparte?
Sonreí y Bruno comenzó a buscar mi pecho, lo dejé, pero comenzó a inquietarse y a llorisquear… Quise pararme para buscar la almohadita y mamá me lo impidió.
- ¿Qué necesitas?
- La almohada para darle la teta.
- ¿En dónde está?
- En mi cuarto.
- Yo la voy a buscar.
- Gracias ma.
Mi mamá me alcanzó la almohada y comencé a darle la teta.
- Te juro que no puedo creer verte así. –Me dijo sonriendo y yo le devolví la sonrisa.- Te queda tan lindo tu bebé.
- Gracias mami.
- De verdad, me llenas de orgullo. –Acarició mi mejilla.-
- No me hagas llorar ma.
- Te digo la verdad.
- Bueno, gracias. Estoy muy feliz.
- Se te nota, igual te veo los ojitos tristes. ¿Pasa algo? ¿Es por Máximo?
-Negué con mi cabeza.- Después te cuento. ¿Puede ser?
- Sí, obvio. Termina con el gordito.
Después de un rato, Bruno estaba dormido sobre mí y no había manera de pasarlo a su moisés.
- ¿Qué pasa hija?
- Pedro.
- ¿Qué pasa con él?
- Dice que está enamorado de mí. –Suspiré.- No sé, no entiendo.
- ¿De verdad?
- Sí ma, el otro día me besó.
- Ese chico es hermoso.
- ¡Pero es mi amigo ma!
- ¿No te gusta ni un poco?
- No sé y eso es lo que más me duele, no quiero lastimarlo.
- ¿No sabes si te gusta?
- Lo que hace por nosotros me puede, me mata de amor. Estuvo presente hasta en el parto. –Suspiré.- Pero… Nunca lo vi como algo más que mi amigo.
- Hasta ahora.
- Puede ser.
- ¿Puede ser?
- Me cuesta pensar en algo que no sea Bruno en este momento.
- ¿Pero eso quiere decir que no le cerras la puerta?
- Eso quiere decir que no sé ma. No sé.
-Tomó mi mano.- Yo entiendo por lo que estás pasando, pero no te duermas porque los hombres no nos esperan eternamente…
- Sí, lo sé. ¿Pero vos me entendes que no puedo pensar en estar con alguien ahora? ¡Y menos con mi mejor amigo!
- Sí, obvio que te entiendo hija. Solo es un consejo.
- Gracias mami.
- De nada hija, y si de verdad te pasa algo, olvidate que es tu amigo.
- Me cuesta un poco.
- No creo que exista mejor hombre para que esté a tu lado… Tenes un hijo y eso siempre va a condicionar las cosas, él lo ama.
- Lo sé, pero en este momento no sé que quiero… Y no quiero hablar más del tema.
- Está bien. ¿Queres que haga mate?
- Dale.
- No estés triste, disfruta de esta hermosura. –Dijo posando su mano en la espalda Bruno, yo le sonreí y me fui.-
-
“Pau, perdón que te joda otra vez. Estuve pensando mucho en lo que hablamos y puede que tengas razón. Voy a alejarme, al menos por un tiempo… Pero no me alejo por mí, porque lo que yo siento no va a cambiar. Me alejo por vos, para que puedas pensar y aclarar lo que te pasa o lo que no te pasa.
De más está decir que siempre voy a estar para ustedes, eso no lo dudes nunca Pau. Los amo, con locura…”
“Me hace mal lo que me decís.”
“¿Por qué?”
“Porque todo el tiempo estás pensando en mí antes que en vos y no quiero lastimarte.”
“Por eso decido alejarme, para que pienses en lo que te pasa y después me lo digas… Te prometo que si no queres saber nada conmigo, yo me alejo para siempre. Aunque me duela.”
“No sé si es eso lo que quiero.”
“¿Y qué es lo que queres?”
“No puedo saberlo en este momento. Perdón otra vez.”
“Perdón te tengo que pedir yo, te caí con todo esto en el momento menos indicado.”
“No, ya está… Eso ya pasó. Fue cuando tenía que ser.”
“Pero quiero pedirte perdón.”
“No te preocupes por eso.”
“Bueno, está bien… Pero, prometeme que si necesitas algo con Bruno no vas a dudar en llamarme.”
“Te lo prometo.”
“Gracias, por esto y por entenderme.”
“Te queremos mucho Pepe…”
“Y yo a ustedes, siempre.”
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