Me desperté en medio de la noche y me senté de golpe en la cama,
temblando del miedo y sin poder dejar de llorar.
Suspiré, tratando de tranquilizarme, al ver que mi hijo estaba durmiendo a mi
lado.
- ¿Qué pasa Pau? –Me preguntó Pepe.-
-Suspiré.- Una pesadilla.
- ¿Qué soñaste?
- Que se lo llevaba otra vez. –Dije secando mis lágrimas.-
- Tranquila, que fue solo un sueño.
- Sí, ya sé. –Volví a acostarme y lo abracé.- Seguí durmiendo Pepe.
- Vos tranquilízate.
- Eso intento.
Y en ese momento, Bruno abrió sus ojos.
-Acaricié su mejilla.- Seguí durmiendo mi vida. –Le dije.-
- Sos vos mami. –Dijo y me abrazó por la cintura.-
- Sí hijo, soy mamá. –Besé su cabeza.- Tranquilo.
- Quedate conmigo.
- ¿Queres que vayamos a dormir a tu cama? –Le pregunté.-
- No.
- ¿Queres que nos quedemos acá?
- Sí.
- Bueno…
Alcancé la manta y la acomodé sobre Bruno, quien estaba sobre mí. Lo abracé por
la cintura y besé su frente.
- Seguí durmiendo hijo. –Lo abracé más fuerte.-
Y lo mimé, hasta que volvió a quedarse dormido.
- Ahora dormí vos… -Me dijo Pepe.-
- Siento que se me va a salir el corazón por la boca.
- No estés nerviosa, lo tenemos acá con nosotros.
- No puedo sacarme la sensación de miedo. Es horrible.
- ¿Queres algo de tomar?
- No, quiero quedarme acá.
- Cerra los ojos.
-Sonreí.- Te amo más de lo que te imaginas. –Le dije.-
-Se acercó a besarme.- Te amo infinitamente. –Nos besamos.-
Esa mañana…
- ¿Ya te vas? –Le pregunté a Pepe.-
- Sí… Seguí durmiendo y cualquier cosa llamame.
- No te preocupes y gracias. –Besé su mano.-
- Te amo. –Besó mi frente.-
- Te amo Pepe. –Besó mis labios y se fue.-
Yo lo intenté, pero no pude volver a dormirme… Solo podía mirar a mi hijo y
acariciarlo.
Cerca de las diez de la mañana, él abrió sus ojos, pero nunca se movió. Seguía
sobre mi cuerpo y nos abrazábamos.
- Buen día mi amor. –Susurré después de un rato y besé su cabeza.-
Pero él no respondió, suspiré y me senté en la cama, sin sacarlo de encima de
mi cuerpo.
- ¿No queres comer nada hijo? ¿Una chocolatada?
- Ahora no.
- Bueno, está bien…
- Solo quiero quedarme con vos.
- Acá nos quedamos, todo el tiempo que quieras.
Lo abracé con fuerza y apoyé mi mentón en su cabeza.
- Ahora sí quiero una chocolatada.
- ¿Vamos a prepararla y volvemos a la cama? –Él asintió.- Entonces levantate mi
amor.
Fuimos juntos hasta la cocina y preparamos su chocolatada, yo me hice un té y
buscamos un paquete de sus galletitas preferidas.
Volvimos a mi cuarto y nos sentamos frente a frente, para desayunar. Él estaba
muy callado y eso era extraño, entendía que podía ser por todo lo que había
pasado, pero igualmente se lo pregunté cuando terminó con su desayuno.
- ¿Estás bien mi amor? –Pregunté y acaricié su mejilla.- Estás muy callado.
-Pensó unos segundos.- ¿Ese señor era mi papá, no?
-Suspiré… Sabía que esa charla llegaría.- ¿Venís a upa de mamá? –Le pregunté
acomodando mis piernas, él no dijo nada y se sentó sobre mis piernas estiradas
y frente a mí.- Ese señor es tu papá… -Le dije tratando de no llorar.- Fue mi
pareja hace mucho tiempo, antes de que nacieras. –Acaricié su pelo.- Pero, nos
peleamos…
- ¿No me conocía?
- No mi amor, no…
- ¿Y por qué nos trató mal?
-Suspiré.- Porque… No lo sé. –Dije sin saber muy bien qué responder.-
- Yo no lo quiero.
- Nadie te obliga a quererlo Bruno.
- No lo quiero. –Repitió.-
- Yo te prometo que no te va a llevar nunca más.
-Me abrazó por el cuello.- No quiero que nos vuelvan a separar.
- Eso no va a pasar otra vez.
- Vos sos la mejor del mundo mamá. –Sonreí.- Y Pepe también, yo quiero que él
sea mi papá.
-Volví a sonreír.- ¿Vos sabes quién es la persona que yo más amo en todo el mundo?
- Mmm… No.
- A vos Bruno, a vos. –Besé su cabeza.-
- Vos también sos la persona que más amo.
- Te amo hijo, te amo.
- Te amo mami.
Suspiré y él apoyó su mejilla en mi pecho.
- Siempre juntos, te lo prometo.
Cerré mis ojos y dejé caer algunas lágrimas…
Me sorprendía lo inteligente que es (O que son los nenes), solo preguntan lo
que necesitan saber y ya está… Lo cual, me había facilitado bastante el
trabajo.
- Mami…
- ¿Qué hijo?
- ¿Voy a tener que ir al jardín otra vez?
- Sí, pero no a ese…
- ¿Y cuándo voy a volver?
- No sé Bruno… ¿Te aburrís conmigo? –Pregunté intentando sonar divertida y él
rio.-
- No ma.
- Ah bueno… Menos mal. –E hice cosquillas en su cuello.- Igual, hoy a la tarde
tenemos que ir al médico.
- ¿Para qué?
- Para saber que estás bien.
Me daba miedo preguntarle, pero era hora de hacerlo.
- ¿Te hizo algo malo Bruno?
Y él no respondió. Hice que se sentará y nos miráramos.
- Hijo… -Acaricié su nariz y él sonrió, me contagió la sonrisa.- ¿Me contas
cómo fueron las cosas? Lo que te acuerdes.
- Me fue a buscar al jardín… Y fuimos a un lugar. –Hizo una pausa.- Me encerró
en una pieza. –Dijo con los ojos llenos de lágrimas y yo tomé sus manos.- No me
dejaba salir.
- ¿Te daba de comer? –Le pregunté tratando de que las lágrimas no llegarán a
mis ojos.-
- Pan. –Respondió.-
- ¿Y no te pegó o te hizo algo malo?
- No.
- ¿Seguro?
Él asintió y yo lo abracé.
- Igual… Quiero que te vea el médico. –Besé su mejilla.-
- Pero ahora no.
- ¿Queres quedarte acá un rato más? –Asintió.-
“Hola amor. ¿Cómo va todo? ¿Bruno ya se despertó?”
“Acá estamos… Todo bien, creo.”
“¿Por qué crees?”
“Charlas que tuve con Bruno.”
“¿Él está bien?”
“Sí… Aunque sigue asustado.”
“Es lógico amor.”
“Sí, ya sé. Pero quiero que se le pase.”
“Dale un tiempo.”
“Quiero llevarlo al médico…”
“¿Queres que los acompañe?”
“¿Salís temprano hoy?”
“Después de almorzar.”
“Entonces te esperamos. Gracias.”
“Nada que agradecer Pau. ¡Deja de decirme gracias!”
“Jajajaja… Nunca voy a dejar de agradecerte por amarnos tanto.”
“Es un placer enorme.”
“Te amamos con locura.”
“Y yo a ustedes.”
sábado, 30 de julio de 2016
viernes, 29 de julio de 2016
Capítulo 33.
Bruno corrió hacia mí y yo corrí hacia él, no podía contener las
lágrimas y sentía que no podía mantenerme parada de los nervios, pero
necesitaba estrujarlo contra mi cuerpo.
Lo alcé y lo abracé con fuerza por su cintura, él me abrazó por el cuello. Bruno no dejaba de temblar ni de llorar.
- Tranquilo hijo… -Suspiré.- Tranquilo que ya estás con mamá.
- Tengo miedo mami.
- Lo sé mi amor, lo sé. –Lo abracé más fuerte.- Pero ya estás conmigo. Sh…
Me separé un poquito de él y choqué mi nariz con la suya, mirándolo a los ojos.
- Trata de respirar hijo. –Le dije y sequé sus lágrimas.- Respira conmigo. –Dije respirando tranquila, tratando de que él me siga.- Dale que te va a hacer mal mi amor…
Pero él volvió a abrazarme, yo suspiré y lo abracé lo más fuerte que pude. Había deseado demasiado ese abrazo y necesitaba hacerlo eterno.
- Te amo hijo… -Le dije a su oído.- ¿Sabes?
- Yo también te amo mami.
Sonreí en medio de las lágrimas y caminé hasta quedar apoyada contra una pared, no podía mantenerme en pie y había perdido la noción de lo que pasaba a mi alrededor.
- Amor… -Dijo Pedro corriendo hacia mí.- Salgan de acá.
- ¿A dónde queres que vaya?
- Vayan al auto. –Dijo acariciando el pelo de Bruno.-
- Veni con nosotros. –Le rogué.-
- Vengan.
Nos abrazó y caminamos hasta nuestro auto. Yo me subí en la parte trasera con Bruno en mis brazos, sentado sobre mis piernas y escondiendo su carita en mi pecho
- Me quiero ir a casa mamá.
- Lo sé hijo y yo también.
- ¿Y por qué no nos vamos?
- Te prometo que en un ratito nos vamos.
Lo miré a Pedro, que estaba parado fuera del auto.
- ¿Qué pasa?
- Lo quieren agarrar.
-Suspiré.- Me muero de miedo. –Le dije modulando mis labios.- Veni, por favor. –Le dije quebrándome.-
Pedro se sentó a mi lado y nos abrazó.
- Tranquila. –Susurró en mi oído y besó mi cuello. Yo cerré mis ojos y lo abracé más fuerte a Bruno.- Ya vamos a estar en casa los tres.
Me sentía abrumada, a punto de desvanecerme… No entendía nada de lo que estaba pasando, no podía procesarlo. Hasta que escuché un tiro y Bruno se aferró a mí.
- No pasa nada mi amor… -Le dije a Bruno, tratando de dejar de llorar.-
- ¿Pero qué fue eso?
- Nada hijo, nada. –Besé su cabeza.- Trata de dejar de llorar…
- Me quiero ir mamá.
-Suspiré.- Ya nos vamos Bruno.
Apoyé mi cabeza en el hombro de Pedro y le susurré.
- ¿Qué hay que esperar?
- No sé, pero me dijeron que si nos vamos puede ser más bardo… No queremos que se la agarre con ustedes.
-Suspiré.- Necesito desaparecer de acá.
- Trata de no pensar…
Yo no dije más nada y apoyé mi mentón en la cabeza de mi hijo.
- No llores más Bruno… -Suspiré.- Ya estás con mamá, tranquilo.
Y no sé cuánto tiempo más pasó…
-
Finalmente, lograron llevárselo en el patrullero y la realidad es que no había prestado demasiada atención a cómo se habían dado los hechos.
Solo intentaba tranquilizarlos.
- ¿Vamos a casa? –Les pregunté.-
- Sí Pepe. –Respondió Bruno y yo le sonreí.-
- No llores más hermoso. –Dije secándole las lágrimas.-
- Quiero ir a casa, llevanos Pepe.
-Besé su cabeza.- Ahora vamos mi amor.
Bruno volvió a refugiarse en el pecho de su mamá y yo le di un beso a Pau.
- Tranquila, que ya se terminó todo. –Dije secando sus lágrimas.-
- Gracias. –Me dijo.-
- No, shh… -Volví a besarla y bajé del auto, para subirme en la parte delantera, para poder manejar.-
-
- ¿Estás durmiendo mi amor? –Le pregunté y él negó con su cabeza.- Ya estamos por llegar a casa. ¿Sabes?
Por fin llegamos a casa y la realidad era que cuando quise salir del auto, empecé a temblar. Pedro me dio la mano y me ayudó, yo seguía con Bruno en brazos.
Entramos a casa y cuando quise bajar a Bruno, él me abrazó con más fuerza. Suspiré y caminé con él hasta mi cuarto. Me senté en la cama con él en mis brazos y sequé sus lágrimas.
- ¿No queres bañarte hijo? Y después nos quedamos acá todo el tiempo que quieras…
- Pero veni conmigo ma.
- Yo voy con vos, dale.
Pedro estaba parado en el umbral de la puerta y se acercó a nosotros.
- Vayan que yo ahora les llevo ropa.
- Gracias mi amor. –Dije levantándome y le di un beso.-
Fui con Bruno hasta el baño y quité su ropa mientras la bañera se llenaba, lo senté allí y lo bañé, haciéndole masajes… Él, de a poquito, comenzaba a tranquilizarse. Lo envolví en un toallón y lo llevé a mi cuarto, lo cambié en mi cama y él se quedó allí, acostado mientras yo jugaba con su pelo.
- ¿Más tranquilo? –Le pregunté a su oído.-
- Acostate conmigo mami.
Yo no le respondí y me acosté a su lado, abrazándolo por la espalda y llenándolo de besos.
- No quiero que nos separen nunca más. –Me dijo y yo lo abracé con todas mis fuerzas.-
- Te prometo que eso no va a pasar otra vez hijo, te lo prometo. –Besé sentidamente su mejilla.- ¿Por qué no dormís un ratito? –Pregunté acariciando su pelo.-
- Pero quedate conmigo. –Dijo presionando mi mano.-
- No me voy a ir a ningún lado hijo. –Cerré mis ojos.- Te amo. –Susurré en su oído.- Dale, dormí que te va a hacer bien.
Y no sé cuánto tiempo pasó, solo sé que fue muchísimo... Hasta que por fin se quedó dormido y yo me largué a llorar como una nena. Me senté en la cama, a su lado y sin dejar de jugar con su pelo.
Pedro ingresó a la habitación y sin decir nada, se sentó a mi lado y me abrazó por el costado.
- Ya pasó todo… -Me dijo.- No llores más hermosa.
-Suspiré.- Necesito sacar todo lo que tengo afuera. –Dije sin poder hablar por el llanto.-
- Veni… -Dijo haciendo que me acueste en la cama y apoyé mi cabeza en su brazo.- Trata de tranquilizarte, mientras más tranquila estés vos… Mejor va a estar él.
-Suspiré.- Lo sé, pero me cuesta… Fue horrible.
- Pero ya pasó mi amor, mira… Lo tenes acá con vos.
-Busqué la mano de mi hijo y entrelacé mis dedos con los suyos.- Te juro que nunca sufrí tanto… Sentía que me moría sabiendo que estaba con Máximo.
- Lo sé mi amor… Te juro que lo sé. –Besó mi frente.- Pero ya está… ¿Por qué no intentas dormir vos? No dormís hace tres noches.
- Vos tampoco Pepe. –Le dije.- Gracias por bancarte todo esto conmigo.
- Hey, Pau… Yo sé que no soy su papá, pero somos una familia y siempre vamos a estar juntos. –Besó mi nariz.- En las buenas y en las malas… No es algo que tengas que agradecer.
-Sonreí a medias y él secó mis lágrimas.- Dormí vos también.
- Vos intenta dormir y después veo que hago.
- Vos también estás cansando.
- No te preocupes por mí.
- Pero…
-Me interrumpió.- Pero nada… -Hizo que cierre mis ojos.- Dale, trata de descansar.
- Te amo. –Dije y besé su mano.- Gracias, de verdad.
- Te amo mi amor. –Me dio un beso en mis labios.- Dormí que yo los cuido.
Sentí que su mano comenzó a jugar con mi pelo y con el correr de los minutos, comenzaba a tranquilizarme… Pero de a poco, nunca había tenido tantos nervios juntos.
Intentaba pensar que ya estábamos juntos, pero el miedo que tenía en el cuerpo y en la mente, no podía apartarlo.
Lo alcé y lo abracé con fuerza por su cintura, él me abrazó por el cuello. Bruno no dejaba de temblar ni de llorar.
- Tranquilo hijo… -Suspiré.- Tranquilo que ya estás con mamá.
- Tengo miedo mami.
- Lo sé mi amor, lo sé. –Lo abracé más fuerte.- Pero ya estás conmigo. Sh…
Me separé un poquito de él y choqué mi nariz con la suya, mirándolo a los ojos.
- Trata de respirar hijo. –Le dije y sequé sus lágrimas.- Respira conmigo. –Dije respirando tranquila, tratando de que él me siga.- Dale que te va a hacer mal mi amor…
Pero él volvió a abrazarme, yo suspiré y lo abracé lo más fuerte que pude. Había deseado demasiado ese abrazo y necesitaba hacerlo eterno.
- Te amo hijo… -Le dije a su oído.- ¿Sabes?
- Yo también te amo mami.
Sonreí en medio de las lágrimas y caminé hasta quedar apoyada contra una pared, no podía mantenerme en pie y había perdido la noción de lo que pasaba a mi alrededor.
- Amor… -Dijo Pedro corriendo hacia mí.- Salgan de acá.
- ¿A dónde queres que vaya?
- Vayan al auto. –Dijo acariciando el pelo de Bruno.-
- Veni con nosotros. –Le rogué.-
- Vengan.
Nos abrazó y caminamos hasta nuestro auto. Yo me subí en la parte trasera con Bruno en mis brazos, sentado sobre mis piernas y escondiendo su carita en mi pecho
- Me quiero ir a casa mamá.
- Lo sé hijo y yo también.
- ¿Y por qué no nos vamos?
- Te prometo que en un ratito nos vamos.
Lo miré a Pedro, que estaba parado fuera del auto.
- ¿Qué pasa?
- Lo quieren agarrar.
-Suspiré.- Me muero de miedo. –Le dije modulando mis labios.- Veni, por favor. –Le dije quebrándome.-
Pedro se sentó a mi lado y nos abrazó.
- Tranquila. –Susurró en mi oído y besó mi cuello. Yo cerré mis ojos y lo abracé más fuerte a Bruno.- Ya vamos a estar en casa los tres.
Me sentía abrumada, a punto de desvanecerme… No entendía nada de lo que estaba pasando, no podía procesarlo. Hasta que escuché un tiro y Bruno se aferró a mí.
- No pasa nada mi amor… -Le dije a Bruno, tratando de dejar de llorar.-
- ¿Pero qué fue eso?
- Nada hijo, nada. –Besé su cabeza.- Trata de dejar de llorar…
- Me quiero ir mamá.
-Suspiré.- Ya nos vamos Bruno.
Apoyé mi cabeza en el hombro de Pedro y le susurré.
- ¿Qué hay que esperar?
- No sé, pero me dijeron que si nos vamos puede ser más bardo… No queremos que se la agarre con ustedes.
-Suspiré.- Necesito desaparecer de acá.
- Trata de no pensar…
Yo no dije más nada y apoyé mi mentón en la cabeza de mi hijo.
- No llores más Bruno… -Suspiré.- Ya estás con mamá, tranquilo.
Y no sé cuánto tiempo más pasó…
-
Finalmente, lograron llevárselo en el patrullero y la realidad es que no había prestado demasiada atención a cómo se habían dado los hechos.
Solo intentaba tranquilizarlos.
- ¿Vamos a casa? –Les pregunté.-
- Sí Pepe. –Respondió Bruno y yo le sonreí.-
- No llores más hermoso. –Dije secándole las lágrimas.-
- Quiero ir a casa, llevanos Pepe.
-Besé su cabeza.- Ahora vamos mi amor.
Bruno volvió a refugiarse en el pecho de su mamá y yo le di un beso a Pau.
- Tranquila, que ya se terminó todo. –Dije secando sus lágrimas.-
- Gracias. –Me dijo.-
- No, shh… -Volví a besarla y bajé del auto, para subirme en la parte delantera, para poder manejar.-
-
- ¿Estás durmiendo mi amor? –Le pregunté y él negó con su cabeza.- Ya estamos por llegar a casa. ¿Sabes?
Por fin llegamos a casa y la realidad era que cuando quise salir del auto, empecé a temblar. Pedro me dio la mano y me ayudó, yo seguía con Bruno en brazos.
Entramos a casa y cuando quise bajar a Bruno, él me abrazó con más fuerza. Suspiré y caminé con él hasta mi cuarto. Me senté en la cama con él en mis brazos y sequé sus lágrimas.
- ¿No queres bañarte hijo? Y después nos quedamos acá todo el tiempo que quieras…
- Pero veni conmigo ma.
- Yo voy con vos, dale.
Pedro estaba parado en el umbral de la puerta y se acercó a nosotros.
- Vayan que yo ahora les llevo ropa.
- Gracias mi amor. –Dije levantándome y le di un beso.-
Fui con Bruno hasta el baño y quité su ropa mientras la bañera se llenaba, lo senté allí y lo bañé, haciéndole masajes… Él, de a poquito, comenzaba a tranquilizarse. Lo envolví en un toallón y lo llevé a mi cuarto, lo cambié en mi cama y él se quedó allí, acostado mientras yo jugaba con su pelo.
- ¿Más tranquilo? –Le pregunté a su oído.-
- Acostate conmigo mami.
Yo no le respondí y me acosté a su lado, abrazándolo por la espalda y llenándolo de besos.
- No quiero que nos separen nunca más. –Me dijo y yo lo abracé con todas mis fuerzas.-
- Te prometo que eso no va a pasar otra vez hijo, te lo prometo. –Besé sentidamente su mejilla.- ¿Por qué no dormís un ratito? –Pregunté acariciando su pelo.-
- Pero quedate conmigo. –Dijo presionando mi mano.-
- No me voy a ir a ningún lado hijo. –Cerré mis ojos.- Te amo. –Susurré en su oído.- Dale, dormí que te va a hacer bien.
Y no sé cuánto tiempo pasó, solo sé que fue muchísimo... Hasta que por fin se quedó dormido y yo me largué a llorar como una nena. Me senté en la cama, a su lado y sin dejar de jugar con su pelo.
Pedro ingresó a la habitación y sin decir nada, se sentó a mi lado y me abrazó por el costado.
- Ya pasó todo… -Me dijo.- No llores más hermosa.
-Suspiré.- Necesito sacar todo lo que tengo afuera. –Dije sin poder hablar por el llanto.-
- Veni… -Dijo haciendo que me acueste en la cama y apoyé mi cabeza en su brazo.- Trata de tranquilizarte, mientras más tranquila estés vos… Mejor va a estar él.
-Suspiré.- Lo sé, pero me cuesta… Fue horrible.
- Pero ya pasó mi amor, mira… Lo tenes acá con vos.
-Busqué la mano de mi hijo y entrelacé mis dedos con los suyos.- Te juro que nunca sufrí tanto… Sentía que me moría sabiendo que estaba con Máximo.
- Lo sé mi amor… Te juro que lo sé. –Besó mi frente.- Pero ya está… ¿Por qué no intentas dormir vos? No dormís hace tres noches.
- Vos tampoco Pepe. –Le dije.- Gracias por bancarte todo esto conmigo.
- Hey, Pau… Yo sé que no soy su papá, pero somos una familia y siempre vamos a estar juntos. –Besó mi nariz.- En las buenas y en las malas… No es algo que tengas que agradecer.
-Sonreí a medias y él secó mis lágrimas.- Dormí vos también.
- Vos intenta dormir y después veo que hago.
- Vos también estás cansando.
- No te preocupes por mí.
- Pero…
-Me interrumpió.- Pero nada… -Hizo que cierre mis ojos.- Dale, trata de descansar.
- Te amo. –Dije y besé su mano.- Gracias, de verdad.
- Te amo mi amor. –Me dio un beso en mis labios.- Dormí que yo los cuido.
Sentí que su mano comenzó a jugar con mi pelo y con el correr de los minutos, comenzaba a tranquilizarme… Pero de a poco, nunca había tenido tantos nervios juntos.
Intentaba pensar que ya estábamos juntos, pero el miedo que tenía en el cuerpo y en la mente, no podía apartarlo.
Capítulo 32.
Las horas pasaban y yo seguía sin saber nada… ¡No soportaba un segundo más lejos de mi hijo!
Me sentía demasiado pelotuda estando en mi cama… ¡Sin hacer nada!
Pedro entró al cuarto con una taza de té y me la ofreció.
- No, no quiero…
- Amor. –Dejó la taza en mi mesita de luz y se sentó frente a mí.- Tomate el té al menos.
- No me pasa nada… -Dije ahogada en lágrimas.-
- Es solo un té. Estás muy pálida.
- No me importa, lo único que me importa es tener a Bruno conmigo otra vez.
-Tomó mis manos.- Te prometo que eso va a pasar pronto.
- No puedo más.
-Secó mis lágrimas.- Esto va a pasar pronto…
- No soporto la incertidumbre.
- Ya va a pasar todo.
- Yo sé que lo haces de bueno y porque queres contenerme… Pero no me tranquiliza que me digas todo el tiempo lo mismo.
- ¿Y qué puedo hacer por vos?
- Abrazarme. –Le dije con un hilo de voz.-
Él me abrazó y lo sentí llorar a la par mía.
- Yo también necesito que esté acá. –Me dijo llorando.-
- Lo sé mi amor, lo sé. –Suspiré.-
- Pero quiero confiar.
- Yo también, pero no puedo.
Nos quedamos algunos segundos en silencio y él se separó un poco de mí.
- ¿Tomas un poquito del té?
- Mmm…
- Dale. –Me alcanzó la taza y yo la agarré.-
Tomé un poco de té y él posó sus manos en mis piernas.
- Siento que me muero. –Dije ahogada y dejé la taza a un lado.-
- No estás sola. –Apretó con fuerza mis manos.-
- Es lo único que hace que no termine de caer.
- Nunca voy a soltarte… -Hizo una pausa.- Nunca voy a soltarlos.
-Volví a abrazarlo.- Se me hacen eternos los minutos.
- A mí también. –Suspiró y nos abrazamos con fuerza.-
- No sé cómo voy a aguantar esto.
- Hacelo por él.
-Suspiré.- Nunca tuve tanto miedo en mi vida.
-Me abrazó aún más fuerte.- Veni…
Hizo que me acostara, apoyando mi cabeza en sus piernas y me tapó. Él apoyó su espalda en el respaldo de la cama y sentí que sus dedos comenzaron a acariciar mi cara, ya que tenía los ojos cerrados.
- Trata de descansar. –Me dijo.-
- Ya sé que no voy a poder Pepe.
- ¿Queres que nos quedemos acá igual?
- Sí, por favor.
-
La noche pasó y seguíamos sin saber nada. Paula volvió del baño y se metió en la cama, tapada hasta la cabeza. Yo no dije nada y me metí debajo de las mantas con ella. Acaricié su mejilla y besé su frente.
- Pau…
- No, no digas nada. Solo quedate conmigo.
Y yo no dije más nada, la abracé y se refugió en mi pecho.
Pasaron infinitas horas y seguíamos en la misma posición.
El celular sonó y Paula se levantó de golpe.
-
- Hola. –Dije temblando.-
- Ahora me atendiste más rápido nena.
- No sigas con esto, por favor.
- Quiero conocer a mi hijo.
- Podes hacerlo de otro modo. –Dije tratando de contener el llanto.-
- No me dejarías…
- Nunca lo intentaste.
- Paula, no me jodas.
- Devolveme a mi hijo.
- No Paula. No. Vos lo tuviste casi cinco años, ahora me toca a mí.
- ¡Bruno no te conoce!
- Encima le pusiste Bruno. ¿No tenías un nombre más horrible?
- ¿Podemos arreglar esto como dos personas grandes? Podemos encontrarnos, sin la policía de por medio… Solo nosotros tres.
- No Paula. ¿Qué parte no entendes?
- Vos no entendes que es mi hijo y estar lejos de él no me deja respirar.
- Acostumbrate.
- No puedo acostumbrarme a estar lejos de él, es la persona que más amo en el mundo. ¡Y eso es algo que vos nunca vas a sentir!
- Dejate de joder con lo sentimental Paulita.
- ¿Puedo hablar con él?
-Rio irónicamente.- ¡Ni se te ocurra!
Y me cortó.
- ¡La puta madre! –Grité y revoleé un almohadón a la mierda.-
- ¿Qué te dijo?
- No sé, no sé nada Pedro.
Y me levanté, porque no soportaba seguir en la cama. Fui a su cuarto y me dejé caer en el suelo, apoyando mis brazos y mi cabeza en su cama… Sintiendo su olor.
Abracé con fuerza su muñeco preferido y cerré mis ojos.
- Pau… ¿Puedo pasar? –Dijo en la puerta.-
Y yo no respondí. Se acercó a mí.
- Veni… Te hace peor estar acá.
- Necesito tenerlo cerca, aunque sea una ilusión.
Se arrodilló detrás de mí y posó su mano en mi espalda.
- Gorda… Dale.
- Dejame Pedro.
-Suspiró.- Voy a llamar a la comisaría a ver si hay novedades.
- Bueno.
Y se fue… Me acosté en la cama de Bruno y apoyé mi cabeza en su almohada, llenándome de su olor.
- Pau… -Dijo en el umbral de la puerta.-
- No saben nada. –Le respondí.- ¿Me dejas sola? Por favor.
- ¿Segura?
- Sí…
- Cualquier cosa estoy en el cuarto.
Yo asentí y Pedro se fue. Me senté sobre la cama y busqué su cuaderno, para comenzar a escribir.
“Nunca creí que podía sentir tanto miedo en el cuerpo… No lo imaginaba posible. Te extraño con cada parte de mi ser. Te necesito cerca, necesito saber que estás bien y poder llenarte de besos… Abrazarte hasta que te quedes sin aire.
No soporto no saber cómo estás hijo. No puedo respirar si no te tengo cerca.
No veo la hora de correr a abrazarte, no puedo más. No tengo fuerzas. Vos sos mi fuerza.”
Para ser sincera, no sabía ni siquiera qué había escrito… Solo sabía que necesitaba sacarlo un poco afuera.
Busqué su pijama y fui con la remera del mismo en mis manos hasta mi cuarto.
Me acosté al lado de Pedro, quien estaba sentado en la cama y abracé la remera de Bruno.
- No sé cómo seguir. Me desarmo. –Le dije.-
- Trata de dormir… Así no pensas y el tiempo se pasa más rápido.
- No puedo Pepe, te juro que no puedo.
- Dale… -Acarició mi pelo.-
- No puedo. –Le dije algo molesta.-
- ¿Y qué queres hacer?
- Abrazar a mi hijo. –Dije ahogada en lágrimas.-
- Confía en que eso va a pasar.
- ¿Cuándo?
- Ojala pudiera decírtelo mi amor.
- No puedo… No puedo…
- Sí que podes… Bruno te está esperando, para que lo abraces con fuerza.
- ¿Y en dónde me está esperando? –Suspiré.-
- Eso ya lo vamos a saber.
- No digas nada mejor.
- ¿Por qué?
- Porque me pone nerviosa tu optimismo.
- Intento tranquilizarte.
- Lo único que me tranquilizaría es estar con él.
-Acarició mi pelo.- Confía mi amor, confía.
Me sentía demasiado pelotuda estando en mi cama… ¡Sin hacer nada!
Pedro entró al cuarto con una taza de té y me la ofreció.
- No, no quiero…
- Amor. –Dejó la taza en mi mesita de luz y se sentó frente a mí.- Tomate el té al menos.
- No me pasa nada… -Dije ahogada en lágrimas.-
- Es solo un té. Estás muy pálida.
- No me importa, lo único que me importa es tener a Bruno conmigo otra vez.
-Tomó mis manos.- Te prometo que eso va a pasar pronto.
- No puedo más.
-Secó mis lágrimas.- Esto va a pasar pronto…
- No soporto la incertidumbre.
- Ya va a pasar todo.
- Yo sé que lo haces de bueno y porque queres contenerme… Pero no me tranquiliza que me digas todo el tiempo lo mismo.
- ¿Y qué puedo hacer por vos?
- Abrazarme. –Le dije con un hilo de voz.-
Él me abrazó y lo sentí llorar a la par mía.
- Yo también necesito que esté acá. –Me dijo llorando.-
- Lo sé mi amor, lo sé. –Suspiré.-
- Pero quiero confiar.
- Yo también, pero no puedo.
Nos quedamos algunos segundos en silencio y él se separó un poco de mí.
- ¿Tomas un poquito del té?
- Mmm…
- Dale. –Me alcanzó la taza y yo la agarré.-
Tomé un poco de té y él posó sus manos en mis piernas.
- Siento que me muero. –Dije ahogada y dejé la taza a un lado.-
- No estás sola. –Apretó con fuerza mis manos.-
- Es lo único que hace que no termine de caer.
- Nunca voy a soltarte… -Hizo una pausa.- Nunca voy a soltarlos.
-Volví a abrazarlo.- Se me hacen eternos los minutos.
- A mí también. –Suspiró y nos abrazamos con fuerza.-
- No sé cómo voy a aguantar esto.
- Hacelo por él.
-Suspiré.- Nunca tuve tanto miedo en mi vida.
-Me abrazó aún más fuerte.- Veni…
Hizo que me acostara, apoyando mi cabeza en sus piernas y me tapó. Él apoyó su espalda en el respaldo de la cama y sentí que sus dedos comenzaron a acariciar mi cara, ya que tenía los ojos cerrados.
- Trata de descansar. –Me dijo.-
- Ya sé que no voy a poder Pepe.
- ¿Queres que nos quedemos acá igual?
- Sí, por favor.
-
La noche pasó y seguíamos sin saber nada. Paula volvió del baño y se metió en la cama, tapada hasta la cabeza. Yo no dije nada y me metí debajo de las mantas con ella. Acaricié su mejilla y besé su frente.
- Pau…
- No, no digas nada. Solo quedate conmigo.
Y yo no dije más nada, la abracé y se refugió en mi pecho.
Pasaron infinitas horas y seguíamos en la misma posición.
El celular sonó y Paula se levantó de golpe.
-
- Hola. –Dije temblando.-
- Ahora me atendiste más rápido nena.
- No sigas con esto, por favor.
- Quiero conocer a mi hijo.
- Podes hacerlo de otro modo. –Dije tratando de contener el llanto.-
- No me dejarías…
- Nunca lo intentaste.
- Paula, no me jodas.
- Devolveme a mi hijo.
- No Paula. No. Vos lo tuviste casi cinco años, ahora me toca a mí.
- ¡Bruno no te conoce!
- Encima le pusiste Bruno. ¿No tenías un nombre más horrible?
- ¿Podemos arreglar esto como dos personas grandes? Podemos encontrarnos, sin la policía de por medio… Solo nosotros tres.
- No Paula. ¿Qué parte no entendes?
- Vos no entendes que es mi hijo y estar lejos de él no me deja respirar.
- Acostumbrate.
- No puedo acostumbrarme a estar lejos de él, es la persona que más amo en el mundo. ¡Y eso es algo que vos nunca vas a sentir!
- Dejate de joder con lo sentimental Paulita.
- ¿Puedo hablar con él?
-Rio irónicamente.- ¡Ni se te ocurra!
Y me cortó.
- ¡La puta madre! –Grité y revoleé un almohadón a la mierda.-
- ¿Qué te dijo?
- No sé, no sé nada Pedro.
Y me levanté, porque no soportaba seguir en la cama. Fui a su cuarto y me dejé caer en el suelo, apoyando mis brazos y mi cabeza en su cama… Sintiendo su olor.
Abracé con fuerza su muñeco preferido y cerré mis ojos.
- Pau… ¿Puedo pasar? –Dijo en la puerta.-
Y yo no respondí. Se acercó a mí.
- Veni… Te hace peor estar acá.
- Necesito tenerlo cerca, aunque sea una ilusión.
Se arrodilló detrás de mí y posó su mano en mi espalda.
- Gorda… Dale.
- Dejame Pedro.
-Suspiró.- Voy a llamar a la comisaría a ver si hay novedades.
- Bueno.
Y se fue… Me acosté en la cama de Bruno y apoyé mi cabeza en su almohada, llenándome de su olor.
- Pau… -Dijo en el umbral de la puerta.-
- No saben nada. –Le respondí.- ¿Me dejas sola? Por favor.
- ¿Segura?
- Sí…
- Cualquier cosa estoy en el cuarto.
Yo asentí y Pedro se fue. Me senté sobre la cama y busqué su cuaderno, para comenzar a escribir.
“Nunca creí que podía sentir tanto miedo en el cuerpo… No lo imaginaba posible. Te extraño con cada parte de mi ser. Te necesito cerca, necesito saber que estás bien y poder llenarte de besos… Abrazarte hasta que te quedes sin aire.
No soporto no saber cómo estás hijo. No puedo respirar si no te tengo cerca.
No veo la hora de correr a abrazarte, no puedo más. No tengo fuerzas. Vos sos mi fuerza.”
Para ser sincera, no sabía ni siquiera qué había escrito… Solo sabía que necesitaba sacarlo un poco afuera.
Busqué su pijama y fui con la remera del mismo en mis manos hasta mi cuarto.
Me acosté al lado de Pedro, quien estaba sentado en la cama y abracé la remera de Bruno.
- No sé cómo seguir. Me desarmo. –Le dije.-
- Trata de dormir… Así no pensas y el tiempo se pasa más rápido.
- No puedo Pepe, te juro que no puedo.
- Dale… -Acarició mi pelo.-
- No puedo. –Le dije algo molesta.-
- ¿Y qué queres hacer?
- Abrazar a mi hijo. –Dije ahogada en lágrimas.-
- Confía en que eso va a pasar.
- ¿Cuándo?
- Ojala pudiera decírtelo mi amor.
- No puedo… No puedo…
- Sí que podes… Bruno te está esperando, para que lo abraces con fuerza.
- ¿Y en dónde me está esperando? –Suspiré.-
- Eso ya lo vamos a saber.
- No digas nada mejor.
- ¿Por qué?
- Porque me pone nerviosa tu optimismo.
- Intento tranquilizarte.
- Lo único que me tranquilizaría es estar con él.
-Acarició mi pelo.- Confía mi amor, confía.
jueves, 28 de julio de 2016
Capítulo 31.
En la vida uno sabe que el tiempo pasa rápido, incluso lo siente… Pero
cuando sos madre el tiempo se te hace arena entre las manos.
¿Cómo puede ser? ¡Si ayer me enteré de que estaba embarazada!
Cuatro años y medio tenía Bruno… Sí, una locura. Lo miraba y no lo podía creer, tan grande y tan chiquito a la vez. Tan hermoso, tan dulce y tan bueno… Lo miraba y se me inflaba el pecho de orgullo.
Y claro que en todo este tiempo nuestra vida había cambiado demasiado. Pedro se había recibido y estaba trabajando como Ingeniero en una fábrica, yo continuaba con mis tejidos (que cada vez eran más) y me quedaba con Bruno durante el día. Pedro se mudó con nosotros. Ya éramos casi marido y mujer.
Sonó mi alarma y Pedro se estaba bañando… Me levanté y fui a despertar a Bruno.
- Buen día mi amor… -Dije en su oído.- Es hora de levantarse… -Dije acariciando su cuello.- Hay que ir al jardín…
- Tengo sueño mami.
-Reí.- Yo también, pero hay que arrancar el día igual.
- Mmm… -Abrió sus ojos y le sonreí.-
- Dale señorito, arriba. –Y lo llené de besos.- ¿Nos cambiamos?
- Sí.
Lo ayudé a cambiarse y él se quedó mirando la tele mientras yo preparaba el desayuno para los tres.
- Buen día mi amor. –Dijo Pedro abrazándome por la espalda.-
- Buen día amor. –Nos dimos un beso.- ¿Lo llamas a Bruno así desayunamos?
- Dale.
Desayunamos los tres juntos y luego yo me cambié, para llevar juntos a Bruno al jardín. Luego, Pedro se fue a trabajar.
Yo me volví a casa en dónde me bañé y luego me puse a tejer…
Cuando fue la hora de ir a buscar a Bruno, me dirigí hacia el jardín… Pero, él no estaba. Me acerqué a las maestras, algo preocupada por miedo a que le hubiese pasado algo.
- ¿Bruno? ¿Le pasó algo? –Le pregunté a su maestra.-
- Vino a buscarlo su papá.
- ¿Qué? –Pregunté paralizada.-
- Sí, eso dijo.
- ¿Y ustedes no corroboraron?
- Creíamos que era su pareja.
- ¿Pedro?
- Eso creo.
Suspiré y lo llamé a Pedro.
- Hola amor.
- Pepe… ¿Vos retiraste a Bruno del jardín?
- No Pau, estoy en el trabajo.
- ¡La puta madre! –Dije con los ojos llenos de lágrimas.-
- ¿Qué pasa gorda?
- Me dicen que lo vino a buscar su papá. ¿Vos entendes eso?
- Para, tranquilizate.
- No puedo Pedro. ¡No puedo!
- Amor… ¿En dónde estás?
- En el jardín.
- Ya voy para allá, no te muevas.
- Está bien.
Corté y la busqué a la señorita.
- ¿Cómo puede ser que le entreguen a mi hijo a cualquiera? –Le grité.- ¡Es un nene! ¿Cómo puede ser tan irresponsable? ¡Ahora no sé a dónde está mi hijo! –Dije quebrándome.-
- Me dijo que era su papá.
- ¿Ustedes no saben la historia? ¿Para qué carajo me entrevistaron? –Dije con bronca.-
- ¡Pero es su papá!
- ¡Mi hijo no conoce a su papá! –Le grité, llena de bronca.- ¡Porque su padre es un hijo de puta! –Dije apoyándome contra la pared, porque sentía que me caía al suelo de los nervios.-
Y en ese momento, se acercó la directora.
- ¿Qué sucede acá? –Dijo muy calmada.-
- ¡Que le entregó a mi hijo a cualquiera! –Dije tratando de que se me entienda por el llanto.-
- ¿Con quién se fue el nene?
- Con el padre. –Le dije a la directora.- Usted sabe la historia… Ese hombre no puede hacerse cargo de Bruno. –Dije con bronca.-
-Se acercó a mí.- Tranquilizate, porque así no vamos a lograr nada.
- Me voy a tranquilizar cuando esté con mi hijo.
Dije y me senté en un banco, no podía más parada.
- ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? –Les pregunté llena de bronca.-
Y en ese momento, lo vi entrar a Pedro… A quien corrí, para abrazarlo.
- Tranquila mi amor, tranquila.
- Me muero si no vuelvo a verlo Pedro.
- No, no pienses así. –Besó mi mejilla.- Trata de tranquilizarte porque así no vamos a lograr nada.
-
Las maestras no nos daban ninguna solución y aunque yo intentaba mantener la calma para que el estado de Pau no empeorara, sentía que se me iba a salir el corazón por la boca.
Llamamos a la policía y estaban revisando el lugar, en busca de algún tipo de indicio. Pau y yo estábamos sentados en un banco. Tomados de la mano y ella apoyaba su cabeza en mi hombro.
Ninguno decía nada… Tampoco sabíamos qué decir.
Sonó el celular de Paula y ambos nos exaltamos.
- Número desconocido. –Dijo temblando.-
- Atienda. –Dijo uno de los oficiales.-
- No puedo hablar. –Me dijo a mí.-
- Tranquila… -La besé.- Atende, dale.
-
Atendí el celular, sin poder dejar de titubear.
- Hola…
- ¡Al fin me atendiste Paulita!
Lo miré a Pedro y le susurré:
- Es él. –Dije al borde del colapso.-
- Alarga la charla a ver si lo podemos rastrear… -Me dijo modulando un policía y volví al teléfono.-
- Paulita… ¿Estás ahí? ¿Tan poco te importa tu hijo?
- ¿Lo tenes vos hijo de puta?
- Obvio… ¿Quién es su papá?
- ¡Vos no!
- Sí, la genética lo dice.
- La vida no. –Y Pedro tomó con fuerza mi mano.- No le hagas nada, por favor…
- ¿Cómo le voy a hacer algo? ¡Es mi sangre che!
- ¿Qué ganas con todo esto?
- Conocer a mi hijo.
- Te acordaste tarde… Siento que me muero si no lo tengo cerca.
- Imaginate yo que nunca lo conocí.
- ¡Nunca quisiste! –Le dije con bronca.- Traemelo, te lo ruego.
- Solo llamaba para que te quedes tranquila.
- ¿Tranquila con qué?
- Con que está conmigo.
Y me cortó, sequé mis lágrimas temblando y Pedro me abrazó por el costado.
- Lo tenemos… -Dijo el oficial.-
- ¿Qué tienen? –Preguntó Pedro.-
- La localización.
- ¡Vamos entonces! –Dije queriéndome parar, pero Pepe me frenó.-
- Vamos nosotros… -Dijo el oficial.-
- Pero soy la mamá.
- Pero es probable que lo esté haciendo para despistar.
-Suspiré.- ¿Qué quiere decir con eso?
- Que vamos a ir a investigar… Ustedes quédense acá.
Y se fueron, solo quedó un oficial en la puerta.
Pedro me abrazó con fuerza y yo terminé de desarmarme en sus brazos.
- Me voy a morir Pedro.
- No, no pienses así… Ahora tenes que estar más fuerte que nunca.
- No puedo ser fuerte lejos de mi hijo.
- Tenes que ser fuerte, para volver a estar con él.
- Quiero arrancarle los pelos a todas estas forras de las maestras.
- Hey, hey… ¡Tranquila! Así no vas a solucionar nada.
- Es mi hijo Pepe…
- Lo sé mi amor, lo sé. A mí también me duele esto. –Suspiró.- Pero hay que confiar.
- ¿Confiar en qué? ¿En Máximo? ¿Me estás jodiendo?
- Confiar en que la vida aprieta, pero no ahorca.
- No sé, no sé nada… Solo sé que no voy a volver a respirar tranquila hasta no tenerlo otra vez conmigo.
- Confía en que eso va a ser pronto mi amor.
¿Cómo puede ser? ¡Si ayer me enteré de que estaba embarazada!
Cuatro años y medio tenía Bruno… Sí, una locura. Lo miraba y no lo podía creer, tan grande y tan chiquito a la vez. Tan hermoso, tan dulce y tan bueno… Lo miraba y se me inflaba el pecho de orgullo.
Y claro que en todo este tiempo nuestra vida había cambiado demasiado. Pedro se había recibido y estaba trabajando como Ingeniero en una fábrica, yo continuaba con mis tejidos (que cada vez eran más) y me quedaba con Bruno durante el día. Pedro se mudó con nosotros. Ya éramos casi marido y mujer.
Sonó mi alarma y Pedro se estaba bañando… Me levanté y fui a despertar a Bruno.
- Buen día mi amor… -Dije en su oído.- Es hora de levantarse… -Dije acariciando su cuello.- Hay que ir al jardín…
- Tengo sueño mami.
-Reí.- Yo también, pero hay que arrancar el día igual.
- Mmm… -Abrió sus ojos y le sonreí.-
- Dale señorito, arriba. –Y lo llené de besos.- ¿Nos cambiamos?
- Sí.
Lo ayudé a cambiarse y él se quedó mirando la tele mientras yo preparaba el desayuno para los tres.
- Buen día mi amor. –Dijo Pedro abrazándome por la espalda.-
- Buen día amor. –Nos dimos un beso.- ¿Lo llamas a Bruno así desayunamos?
- Dale.
Desayunamos los tres juntos y luego yo me cambié, para llevar juntos a Bruno al jardín. Luego, Pedro se fue a trabajar.
Yo me volví a casa en dónde me bañé y luego me puse a tejer…
Cuando fue la hora de ir a buscar a Bruno, me dirigí hacia el jardín… Pero, él no estaba. Me acerqué a las maestras, algo preocupada por miedo a que le hubiese pasado algo.
- ¿Bruno? ¿Le pasó algo? –Le pregunté a su maestra.-
- Vino a buscarlo su papá.
- ¿Qué? –Pregunté paralizada.-
- Sí, eso dijo.
- ¿Y ustedes no corroboraron?
- Creíamos que era su pareja.
- ¿Pedro?
- Eso creo.
Suspiré y lo llamé a Pedro.
- Hola amor.
- Pepe… ¿Vos retiraste a Bruno del jardín?
- No Pau, estoy en el trabajo.
- ¡La puta madre! –Dije con los ojos llenos de lágrimas.-
- ¿Qué pasa gorda?
- Me dicen que lo vino a buscar su papá. ¿Vos entendes eso?
- Para, tranquilizate.
- No puedo Pedro. ¡No puedo!
- Amor… ¿En dónde estás?
- En el jardín.
- Ya voy para allá, no te muevas.
- Está bien.
Corté y la busqué a la señorita.
- ¿Cómo puede ser que le entreguen a mi hijo a cualquiera? –Le grité.- ¡Es un nene! ¿Cómo puede ser tan irresponsable? ¡Ahora no sé a dónde está mi hijo! –Dije quebrándome.-
- Me dijo que era su papá.
- ¿Ustedes no saben la historia? ¿Para qué carajo me entrevistaron? –Dije con bronca.-
- ¡Pero es su papá!
- ¡Mi hijo no conoce a su papá! –Le grité, llena de bronca.- ¡Porque su padre es un hijo de puta! –Dije apoyándome contra la pared, porque sentía que me caía al suelo de los nervios.-
Y en ese momento, se acercó la directora.
- ¿Qué sucede acá? –Dijo muy calmada.-
- ¡Que le entregó a mi hijo a cualquiera! –Dije tratando de que se me entienda por el llanto.-
- ¿Con quién se fue el nene?
- Con el padre. –Le dije a la directora.- Usted sabe la historia… Ese hombre no puede hacerse cargo de Bruno. –Dije con bronca.-
-Se acercó a mí.- Tranquilizate, porque así no vamos a lograr nada.
- Me voy a tranquilizar cuando esté con mi hijo.
Dije y me senté en un banco, no podía más parada.
- ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? –Les pregunté llena de bronca.-
Y en ese momento, lo vi entrar a Pedro… A quien corrí, para abrazarlo.
- Tranquila mi amor, tranquila.
- Me muero si no vuelvo a verlo Pedro.
- No, no pienses así. –Besó mi mejilla.- Trata de tranquilizarte porque así no vamos a lograr nada.
-
Las maestras no nos daban ninguna solución y aunque yo intentaba mantener la calma para que el estado de Pau no empeorara, sentía que se me iba a salir el corazón por la boca.
Llamamos a la policía y estaban revisando el lugar, en busca de algún tipo de indicio. Pau y yo estábamos sentados en un banco. Tomados de la mano y ella apoyaba su cabeza en mi hombro.
Ninguno decía nada… Tampoco sabíamos qué decir.
Sonó el celular de Paula y ambos nos exaltamos.
- Número desconocido. –Dijo temblando.-
- Atienda. –Dijo uno de los oficiales.-
- No puedo hablar. –Me dijo a mí.-
- Tranquila… -La besé.- Atende, dale.
-
Atendí el celular, sin poder dejar de titubear.
- Hola…
- ¡Al fin me atendiste Paulita!
Lo miré a Pedro y le susurré:
- Es él. –Dije al borde del colapso.-
- Alarga la charla a ver si lo podemos rastrear… -Me dijo modulando un policía y volví al teléfono.-
- Paulita… ¿Estás ahí? ¿Tan poco te importa tu hijo?
- ¿Lo tenes vos hijo de puta?
- Obvio… ¿Quién es su papá?
- ¡Vos no!
- Sí, la genética lo dice.
- La vida no. –Y Pedro tomó con fuerza mi mano.- No le hagas nada, por favor…
- ¿Cómo le voy a hacer algo? ¡Es mi sangre che!
- ¿Qué ganas con todo esto?
- Conocer a mi hijo.
- Te acordaste tarde… Siento que me muero si no lo tengo cerca.
- Imaginate yo que nunca lo conocí.
- ¡Nunca quisiste! –Le dije con bronca.- Traemelo, te lo ruego.
- Solo llamaba para que te quedes tranquila.
- ¿Tranquila con qué?
- Con que está conmigo.
Y me cortó, sequé mis lágrimas temblando y Pedro me abrazó por el costado.
- Lo tenemos… -Dijo el oficial.-
- ¿Qué tienen? –Preguntó Pedro.-
- La localización.
- ¡Vamos entonces! –Dije queriéndome parar, pero Pepe me frenó.-
- Vamos nosotros… -Dijo el oficial.-
- Pero soy la mamá.
- Pero es probable que lo esté haciendo para despistar.
-Suspiré.- ¿Qué quiere decir con eso?
- Que vamos a ir a investigar… Ustedes quédense acá.
Y se fueron, solo quedó un oficial en la puerta.
Pedro me abrazó con fuerza y yo terminé de desarmarme en sus brazos.
- Me voy a morir Pedro.
- No, no pienses así… Ahora tenes que estar más fuerte que nunca.
- No puedo ser fuerte lejos de mi hijo.
- Tenes que ser fuerte, para volver a estar con él.
- Quiero arrancarle los pelos a todas estas forras de las maestras.
- Hey, hey… ¡Tranquila! Así no vas a solucionar nada.
- Es mi hijo Pepe…
- Lo sé mi amor, lo sé. A mí también me duele esto. –Suspiró.- Pero hay que confiar.
- ¿Confiar en qué? ¿En Máximo? ¿Me estás jodiendo?
- Confiar en que la vida aprieta, pero no ahorca.
- No sé, no sé nada… Solo sé que no voy a volver a respirar tranquila hasta no tenerlo otra vez conmigo.
- Confía en que eso va a ser pronto mi amor.
miércoles, 27 de julio de 2016
Capítulo 30.
Pedro estaba sentado en la cama, con su espalda sobre el respaldo y
tapado con las mantas. Yo estaba acostada a su lado, boca abajo y abrazando una
almohada. Las mantas me cubrían hasta la cintura.
Sentí que recorrió mi espalda con su mano y lo miré, sonriendo.
- ¿Se puede saber en qué pensas? –Preguntó y acarició mi mejilla.-
- Mmm… -Suspiré.- No sé si se puede. –Reí.-
- ¿No se puede? –Me preguntó riendo.-
- Pensaba en vos.
- ¿Y qué pensabas sobre mí?
-Me erguí un poco, haciendo que las mantas me taparan porque tenía frío y para poder mirarlo más de cerca. Él corrió el pelo de mi cara y yo sonreí.- Pensaba en que fui muy estúpida en no mirarte antes. –Le dije riendo.- Me haces sentir muy bien. –Dije y besé su hombro.- Gracias.
-Me besó.- Sos tan linda…
- Vos sos lindo. –Nos besamos.-
- ¿La pasaste bien conmigo?
- Increíble. –Susurré rozando sus labios con los míos y nos sonreímos.- ¿Vos?
- ¿Viste que me dijiste eso de las expectativas?
- Sí…
- Bueno, las superaste.
Yo sonreí, muerta de amor y lo besé. Luego, me acurruqué en su pecho y él me abrazó.
- ¿Tenes sueño? –Preguntó jugando con mi pelo.-
- Mmm… Un poco, pero voy a esperar a que se despierte Bruno… Ya debe estar por despertaste.
- Es un crack el niño.
- ¿Por qué?
- Porque tuve una charla con él y le pedí por favor que me dejará estar con su mamá un ratito.
-Reí.- Sos un tarado. –Besé su pecho.-
- ¡Más respeto che!
- Bueno, bueno. –Lo abracé con fuerza.-
-Besó mi frente.- Estás helada.
-Reí.- Tengo un poco de frío.
- Vestite tonta.
- ¿No te enojas?
-Rio.- ¿Cómo me voy a enojar?
- No sé. –Reímos y nos dimos un beso.-
Yo me vestí y fui hacia el cuarto de Bruno, quien seguía durmiendo. Me acerqué a él y acaricié su manito… Él tomó mi dedo y yo sonreí.
- Descansa hijo… -Susurré y besé su frente.-
Quise soltarme de él, para irme, pero me agarró con fuerza y yo reí.
- ¿Qué pasa mi amor?
Y él comenzó a moverse, se despertó llorando.
- Tranquilo, tranquilo… -Dije alzándolo.- Tranquilo que mamá está acá. –Dije a su oído y me senté en el sillón de su cuarto, con él en mis brazos.- No llores Brunito…
Bruno se tranquilizó, luego de un rato y le dí de comer. Fui con él en brazos hasta el cuarto y Pepe se estaba quedando dormido. Me acosté a su lado, con mi hijo sobre mi pecho y tomé su mano.
- Hasta mañana mi amor. –Le dije.-
-Sonrió y besó mi mano.- Qué lindo que me digas así.
-Sonreí.- No me hagas poner colorada.
- No, no. –Besó mi brazo, desde mi mano hasta mi hombro.- Solo que me gusta.
-Volví a sonreír.- Dale, descansa.
- Vos también.
- Cuando el peque esté oficialmente dormido…
- ¿Está despierto?
- Más o menos…
Pedro acomodó su cabeza en mi hombro y entre los dos, llenamos de mimos a Bruno hasta que se durmió.
- Pepe… -Susurré.- ¿Dormís?
- No… ¿Qué pasa Pau?
-Besé su frente.- Nada, solo quería agradecerte por ser así con nosotros… Sobre todo con Bruno. –Hice una pausa.- Es mi hijo y vos podrías no hacerte cargo…
- Siempre te voy a ayudar, en todo lo que pueda. –Me dijo.-
- Gracias, de verdad. Me tranquiliza mucho saber que, capaz me esté yendo muy al futuro y no dé, pero igualmente me tranquiliza saber que mi hijo va a tener un hombre con quien poder hablar todo lo que no puede conmigo. –Pepe sonrió.- Nos hace muy bien que estés cerca nuestro.
-Me besó.- Siempre voy a estar cerca de ustedes…
- Gracias… -Lo besé.- En serio.
- A vos, por dejarme ser parte. –Sonreímos y nos besamos.- Y dale… Descansa que estás super chinita.
-Reí.- Bueno che…
- Descansa que yo los cuido.
-Mordí mi labio, muerta de ternura.- Te quiero chapar todo.
-Se acercó a besarme.- Linda…
-
Pau estaba a mi lado, durmiendo con Bruno en su pecho. Les saqué una foto y la puse de fondo de pantalla… Querían que sean mi familia para siempre.
“Tu amiga me va a volver loco.”
“¿Por qué? ¿Pasó algo?”
“Pasó, pero no es nada malo…”
“¿Y qué pasó nene?”
“Que la amo con locura.”
“Ay, sos un tierno Pepito.”
“Jajajajaja, no flashees Agos.”
“No flasheo, es la verdad. Desde que están juntos, la veo muy feliz a Pau.”
“Pensé que era ilusión mía.”
“Yo veo lo mismo…”
- ¿Qué pasa Pepe? –Me preguntó súper dormida.-
- Nada Pau, seguí durmiendo.
- ¿Con quién hablas?
- Con Agos.
- ¿Está bien?
- Sí Pau, tranquila… Seguí durmiendo, dale. –Corrí el pelo de su cara.-
“Gracias por toda la banca Agos, de verdad.”
“No me tenes que agradecer nada, me hace bien verlos tan felices.”
“Sos la madrina de nuestra relación, jajaja”
“Jajajajajaa, un placer.”
“Te dejo Agos… Me voy a dormir.”
“Dale, nos hablamos Pepe.”
“Un beso amiga.”
Me acosté al lado de Pau y ella me miró.
- ¿De qué hablaban?
- Cosas nuestras señorita.
-Rio.- Okei, okei.
- Perdón, no quería despertarte.
- No fuiste vos, fue Bruno que me pateó. –Rio.- Está muy inquieto.
- ¿No queres que lo lleve?
- No, no. Me encanta dormir con él encima, salvo que a vos te moleste…
- ¿Cómo me va a molestar Pau?
- No sé…
- No me molesta, tranquila. –Besé su frente.- Dale, dormí…
- Vos también.
- Ahora va. –Reí.-
- ¿Estás con insomnio?
- No puedo dejar de pensar.
- ¿En qué?
- En todo lo que te amo.
Ella sonrió y yo me acerqué a besarla.
- ¿Por qué sos tan hermoso? –Me besó.-
- Ya te dije que vos me pones así. –Reímos y nos besamos.-
- Dale… ¿Dormimos?
- Eso voy a intentar.
Nos dimos un beso y nos acomodamos para dormir. Busqué su mano y entrelacé mis dedos con los suyos.
- Descansa hermosa…
- Vos también Pepe.
Y a los pocos minutos, Bruno se despertó buscando comida y reímos.
- Ay Brunito, sos muy obvio. –Le dijo Pau riendo, se sentó en la cama y comenzó a amamantarlo.-
-
¡Últimos diez capítulos!
Sentí que recorrió mi espalda con su mano y lo miré, sonriendo.
- ¿Se puede saber en qué pensas? –Preguntó y acarició mi mejilla.-
- Mmm… -Suspiré.- No sé si se puede. –Reí.-
- ¿No se puede? –Me preguntó riendo.-
- Pensaba en vos.
- ¿Y qué pensabas sobre mí?
-Me erguí un poco, haciendo que las mantas me taparan porque tenía frío y para poder mirarlo más de cerca. Él corrió el pelo de mi cara y yo sonreí.- Pensaba en que fui muy estúpida en no mirarte antes. –Le dije riendo.- Me haces sentir muy bien. –Dije y besé su hombro.- Gracias.
-Me besó.- Sos tan linda…
- Vos sos lindo. –Nos besamos.-
- ¿La pasaste bien conmigo?
- Increíble. –Susurré rozando sus labios con los míos y nos sonreímos.- ¿Vos?
- ¿Viste que me dijiste eso de las expectativas?
- Sí…
- Bueno, las superaste.
Yo sonreí, muerta de amor y lo besé. Luego, me acurruqué en su pecho y él me abrazó.
- ¿Tenes sueño? –Preguntó jugando con mi pelo.-
- Mmm… Un poco, pero voy a esperar a que se despierte Bruno… Ya debe estar por despertaste.
- Es un crack el niño.
- ¿Por qué?
- Porque tuve una charla con él y le pedí por favor que me dejará estar con su mamá un ratito.
-Reí.- Sos un tarado. –Besé su pecho.-
- ¡Más respeto che!
- Bueno, bueno. –Lo abracé con fuerza.-
-Besó mi frente.- Estás helada.
-Reí.- Tengo un poco de frío.
- Vestite tonta.
- ¿No te enojas?
-Rio.- ¿Cómo me voy a enojar?
- No sé. –Reímos y nos dimos un beso.-
Yo me vestí y fui hacia el cuarto de Bruno, quien seguía durmiendo. Me acerqué a él y acaricié su manito… Él tomó mi dedo y yo sonreí.
- Descansa hijo… -Susurré y besé su frente.-
Quise soltarme de él, para irme, pero me agarró con fuerza y yo reí.
- ¿Qué pasa mi amor?
Y él comenzó a moverse, se despertó llorando.
- Tranquilo, tranquilo… -Dije alzándolo.- Tranquilo que mamá está acá. –Dije a su oído y me senté en el sillón de su cuarto, con él en mis brazos.- No llores Brunito…
Bruno se tranquilizó, luego de un rato y le dí de comer. Fui con él en brazos hasta el cuarto y Pepe se estaba quedando dormido. Me acosté a su lado, con mi hijo sobre mi pecho y tomé su mano.
- Hasta mañana mi amor. –Le dije.-
-Sonrió y besó mi mano.- Qué lindo que me digas así.
-Sonreí.- No me hagas poner colorada.
- No, no. –Besó mi brazo, desde mi mano hasta mi hombro.- Solo que me gusta.
-Volví a sonreír.- Dale, descansa.
- Vos también.
- Cuando el peque esté oficialmente dormido…
- ¿Está despierto?
- Más o menos…
Pedro acomodó su cabeza en mi hombro y entre los dos, llenamos de mimos a Bruno hasta que se durmió.
- Pepe… -Susurré.- ¿Dormís?
- No… ¿Qué pasa Pau?
-Besé su frente.- Nada, solo quería agradecerte por ser así con nosotros… Sobre todo con Bruno. –Hice una pausa.- Es mi hijo y vos podrías no hacerte cargo…
- Siempre te voy a ayudar, en todo lo que pueda. –Me dijo.-
- Gracias, de verdad. Me tranquiliza mucho saber que, capaz me esté yendo muy al futuro y no dé, pero igualmente me tranquiliza saber que mi hijo va a tener un hombre con quien poder hablar todo lo que no puede conmigo. –Pepe sonrió.- Nos hace muy bien que estés cerca nuestro.
-Me besó.- Siempre voy a estar cerca de ustedes…
- Gracias… -Lo besé.- En serio.
- A vos, por dejarme ser parte. –Sonreímos y nos besamos.- Y dale… Descansa que estás super chinita.
-Reí.- Bueno che…
- Descansa que yo los cuido.
-Mordí mi labio, muerta de ternura.- Te quiero chapar todo.
-Se acercó a besarme.- Linda…
-
Pau estaba a mi lado, durmiendo con Bruno en su pecho. Les saqué una foto y la puse de fondo de pantalla… Querían que sean mi familia para siempre.
“Tu amiga me va a volver loco.”
“¿Por qué? ¿Pasó algo?”
“Pasó, pero no es nada malo…”
“¿Y qué pasó nene?”
“Que la amo con locura.”
“Ay, sos un tierno Pepito.”
“Jajajajaja, no flashees Agos.”
“No flasheo, es la verdad. Desde que están juntos, la veo muy feliz a Pau.”
“Pensé que era ilusión mía.”
“Yo veo lo mismo…”
- ¿Qué pasa Pepe? –Me preguntó súper dormida.-
- Nada Pau, seguí durmiendo.
- ¿Con quién hablas?
- Con Agos.
- ¿Está bien?
- Sí Pau, tranquila… Seguí durmiendo, dale. –Corrí el pelo de su cara.-
“Gracias por toda la banca Agos, de verdad.”
“No me tenes que agradecer nada, me hace bien verlos tan felices.”
“Sos la madrina de nuestra relación, jajaja”
“Jajajajajaa, un placer.”
“Te dejo Agos… Me voy a dormir.”
“Dale, nos hablamos Pepe.”
“Un beso amiga.”
Me acosté al lado de Pau y ella me miró.
- ¿De qué hablaban?
- Cosas nuestras señorita.
-Rio.- Okei, okei.
- Perdón, no quería despertarte.
- No fuiste vos, fue Bruno que me pateó. –Rio.- Está muy inquieto.
- ¿No queres que lo lleve?
- No, no. Me encanta dormir con él encima, salvo que a vos te moleste…
- ¿Cómo me va a molestar Pau?
- No sé…
- No me molesta, tranquila. –Besé su frente.- Dale, dormí…
- Vos también.
- Ahora va. –Reí.-
- ¿Estás con insomnio?
- No puedo dejar de pensar.
- ¿En qué?
- En todo lo que te amo.
Ella sonrió y yo me acerqué a besarla.
- ¿Por qué sos tan hermoso? –Me besó.-
- Ya te dije que vos me pones así. –Reímos y nos besamos.-
- Dale… ¿Dormimos?
- Eso voy a intentar.
Nos dimos un beso y nos acomodamos para dormir. Busqué su mano y entrelacé mis dedos con los suyos.
- Descansa hermosa…
- Vos también Pepe.
Y a los pocos minutos, Bruno se despertó buscando comida y reímos.
- Ay Brunito, sos muy obvio. –Le dijo Pau riendo, se sentó en la cama y comenzó a amamantarlo.-
-
¡Últimos diez capítulos!
martes, 26 de julio de 2016
Capítulo 29.
Había
pasado un mes, en el que, contrariamente a lo que creía… Paula y yo habíamos
afianzado la relación y éramos una pareja bastante en serio. La verdad es que
yo había intentando no ilusionarme al principio, por miedo a que no funcione,
pero ahora es imposible no hacerlo. Quiero que sea mi mujer toda la vida.
Bruno estaba cada día más grande y hermoso… No me arrepentía de jugar a ser su papá. Obvio que tenía en claro que no lo era, pero hacerme la idea de que iba a poder estar para él cuando me necesitara, me hacía bien y a Pau, también.
Esa noche, me quedaría a dormir en la casa de Paula y me aseguré de que Bruno estuviera durmiendo en su cuna. Sonreí y me acerqué a él.
- Haceme el aguante esta noche… -Dije acariciando su nariz.- Que quiero tener un ratito a mamá para mí. –Reí.- Descansa hermoso. –Me acerqué a besar su frente y luego fui en busca de Paula.-
Entré al cuarto de Pau y ella estaba sentada sobre su cama, dándole la espalda a la puerta y con su celular. No notó que entré. Me senté detrás de ella y la abracé por la espalda, mientras besaba su cuello.
- Hola hermosa. –Susurré en su oído.-
- Hola Pepe. –Sonrió.-
- ¿Estás haciendo algo muy importante con el celular?
- Mmm… No.
- Entonces permiso. –Dije y se lo quité de las manos.-
Besé desde su cintura hasta su cuello y la abracé con fuerza, cruzando mis brazos en su panza. Ella buscó mis manos con las suyas y suspiró, cerrando sus ojos.
Llené de besos su cuello durante algunos minutos y Paula quiso hablar, pero no la dejé…
- Antes de que preguntes, Bruno está durmiendo muy cómodamente en su cuna.
- No, no es eso. –Suspiró.-
- ¿Y qué es? –Quise ponerme delante de ella, pero me frenó.-
- No, quedate ahí. –Me dijo tomando con fuerzas mis manos.-
- Hey… ¿Qué pasa?
- Necesito que me abraces y si queres que te cuente lo que me pasa, no soporto sostenerte la mirada.
- Me asustas un poco.
-Suspiró y cerró sus ojos con fuerza.- No quiero parecer una histérica.
- Si das tantas vueltas… Lo vas a parecer. –Le dije riendo y ella también rio.-
- Ay, perdón.
- No pasa nada. –Le di un beso en su mejilla.- ¿Me explicas qué pasa?
- Para… No me presiones.
- No te presiono, pero quiero que confíes en mí.
- Confío tonto.
- Y está perfecto.
-Sonrió.- Es que… -Suspiré.- Yo sé lo que buscas, no soy una nena y tampoco soy boluda.
- ¿Y está mal?
- No, para… ¿Me dejas terminar?
- Sí, perdón.
-Suspiró.- Me pasa que… Yo nunca estuve con nadie que no sea Máximo. –Dijo un poco confundida.- Y… ay, no sé.
- ¿Qué no sabes? –Besé su cuello suavemente.- ¿No queres?
- No, no es eso.
- ¿Y qué es?
- Me siento una tarada. –Me dijo muy seria y yo la abracé más fuerte.-
- No sos ninguna tarada.
- Es que… -Hizo una pausa.- Me siento rara.
- ¿Con qué? ¿Conmigo?
- No, no es eso.
- ¿Y entonces qué es? Perdón que insista, pero si no me lo decís no puedo entenderte ni ayudarte.
- Sí, ya sé. –Hizo una pausa.- Solo estuve con él, como te decía… Y la verdad es que mis recuerdos con él son horribles. –Cerró sus ojos.- Creo que lo único que hizo bien su vida fue dejarme embarazada. –Suspiró.- Pero… ¿Viste que yo siempre te digo que no estoy acostumbrada a que me traten así?
- Sí…
- Bueno, tiene que ver con eso. No sé. –Se encogió de hombros.- Me da, no es miedo, es mmm… Inquietud todo esto que pasa entre nosotros y eso no quiere decir que no me guste eh. Me encanta lo que está pasando, pero me da miedo y además… No me siento segura con mi cuerpo desde que lo tuve a Bruno.
- Pero vos sos hermosa… Eso no importa.
-Sonrió.- Te juro que me siento una nena.
- Sos hermosa en todas tus facetas.
- Y vos un chamullero.
- De verdad. –Acaricié su cuello con mi nariz y ella cerró sus ojos, sonriendo.-
- Sos muy tierno. ¿Sabías?
- Sí, porque me lo decís seguido.
-Rio.- Es porque es la verdad. –Giró su cabeza para besarme.- Gracias por no mandarme a la mierda.
-Reí.- Nunca lo haría… Deseé muchos años que estemos ahí como para echarlo a perder por cualquier cosa.
- Te juro que no entiendo cómo no te presté atención antes. –Me dijo riendo.-
- Porque querías hacerme sufrir.
- Mmm… Puede ser.
- ¡Ay, qué mala! –Dije y le hice cosquillas.-
- No, no. Cosquillas no.
- ¿Cosquillas no? ¿Y qué cosa entonces?
- Mmm… Los besos me gustan más.
- ¿Sí?
- Sí…
-Sonreí y besé desde su hombro hasta su mejilla.- Pau… -Susurré en su oído.-
- ¿Qué Pepe?
- Yo voy a cuidarte siempre. ¿Sabes?
-Sonrió.- Lo sé y eso me hace sentir muy segura. –Dijo buscando mis labios con los suyos.-
- Perdón si te incomodé.
Ella se dio vuelta y quedó sobre mí. Reímos.
- No me incomodaste.
- ¿No? –Pregunté abrazándola por la cintura.-
- No, ni un poquito. –Me besó.-
- Mejor así. –Dije quitando el pelo de su cara.-
- Gracias por entenderme… -Me dijo.-
- No me lo tenes que agradecer.
- Te juro que no quiero hacerte sentir mal…
- No me haces sentir mal.
- ¿Seguro?
- Muy
seguro.Bruno estaba cada día más grande y hermoso… No me arrepentía de jugar a ser su papá. Obvio que tenía en claro que no lo era, pero hacerme la idea de que iba a poder estar para él cuando me necesitara, me hacía bien y a Pau, también.
Esa noche, me quedaría a dormir en la casa de Paula y me aseguré de que Bruno estuviera durmiendo en su cuna. Sonreí y me acerqué a él.
- Haceme el aguante esta noche… -Dije acariciando su nariz.- Que quiero tener un ratito a mamá para mí. –Reí.- Descansa hermoso. –Me acerqué a besar su frente y luego fui en busca de Paula.-
Entré al cuarto de Pau y ella estaba sentada sobre su cama, dándole la espalda a la puerta y con su celular. No notó que entré. Me senté detrás de ella y la abracé por la espalda, mientras besaba su cuello.
- Hola hermosa. –Susurré en su oído.-
- Hola Pepe. –Sonrió.-
- ¿Estás haciendo algo muy importante con el celular?
- Mmm… No.
- Entonces permiso. –Dije y se lo quité de las manos.-
Besé desde su cintura hasta su cuello y la abracé con fuerza, cruzando mis brazos en su panza. Ella buscó mis manos con las suyas y suspiró, cerrando sus ojos.
Llené de besos su cuello durante algunos minutos y Paula quiso hablar, pero no la dejé…
- Antes de que preguntes, Bruno está durmiendo muy cómodamente en su cuna.
- No, no es eso. –Suspiró.-
- ¿Y qué es? –Quise ponerme delante de ella, pero me frenó.-
- No, quedate ahí. –Me dijo tomando con fuerzas mis manos.-
- Hey… ¿Qué pasa?
- Necesito que me abraces y si queres que te cuente lo que me pasa, no soporto sostenerte la mirada.
- Me asustas un poco.
-Suspiró y cerró sus ojos con fuerza.- No quiero parecer una histérica.
- Si das tantas vueltas… Lo vas a parecer. –Le dije riendo y ella también rio.-
- Ay, perdón.
- No pasa nada. –Le di un beso en su mejilla.- ¿Me explicas qué pasa?
- Para… No me presiones.
- No te presiono, pero quiero que confíes en mí.
- Confío tonto.
- Y está perfecto.
-Sonrió.- Es que… -Suspiré.- Yo sé lo que buscas, no soy una nena y tampoco soy boluda.
- ¿Y está mal?
- No, para… ¿Me dejas terminar?
- Sí, perdón.
-Suspiró.- Me pasa que… Yo nunca estuve con nadie que no sea Máximo. –Dijo un poco confundida.- Y… ay, no sé.
- ¿Qué no sabes? –Besé su cuello suavemente.- ¿No queres?
- No, no es eso.
- ¿Y qué es?
- Me siento una tarada. –Me dijo muy seria y yo la abracé más fuerte.-
- No sos ninguna tarada.
- Es que… -Hizo una pausa.- Me siento rara.
- ¿Con qué? ¿Conmigo?
- No, no es eso.
- ¿Y entonces qué es? Perdón que insista, pero si no me lo decís no puedo entenderte ni ayudarte.
- Sí, ya sé. –Hizo una pausa.- Solo estuve con él, como te decía… Y la verdad es que mis recuerdos con él son horribles. –Cerró sus ojos.- Creo que lo único que hizo bien su vida fue dejarme embarazada. –Suspiró.- Pero… ¿Viste que yo siempre te digo que no estoy acostumbrada a que me traten así?
- Sí…
- Bueno, tiene que ver con eso. No sé. –Se encogió de hombros.- Me da, no es miedo, es mmm… Inquietud todo esto que pasa entre nosotros y eso no quiere decir que no me guste eh. Me encanta lo que está pasando, pero me da miedo y además… No me siento segura con mi cuerpo desde que lo tuve a Bruno.
- Pero vos sos hermosa… Eso no importa.
-Sonrió.- Te juro que me siento una nena.
- Sos hermosa en todas tus facetas.
- Y vos un chamullero.
- De verdad. –Acaricié su cuello con mi nariz y ella cerró sus ojos, sonriendo.-
- Sos muy tierno. ¿Sabías?
- Sí, porque me lo decís seguido.
-Rio.- Es porque es la verdad. –Giró su cabeza para besarme.- Gracias por no mandarme a la mierda.
-Reí.- Nunca lo haría… Deseé muchos años que estemos ahí como para echarlo a perder por cualquier cosa.
- Te juro que no entiendo cómo no te presté atención antes. –Me dijo riendo.-
- Porque querías hacerme sufrir.
- Mmm… Puede ser.
- ¡Ay, qué mala! –Dije y le hice cosquillas.-
- No, no. Cosquillas no.
- ¿Cosquillas no? ¿Y qué cosa entonces?
- Mmm… Los besos me gustan más.
- ¿Sí?
- Sí…
-Sonreí y besé desde su hombro hasta su mejilla.- Pau… -Susurré en su oído.-
- ¿Qué Pepe?
- Yo voy a cuidarte siempre. ¿Sabes?
-Sonrió.- Lo sé y eso me hace sentir muy segura. –Dijo buscando mis labios con los suyos.-
- Perdón si te incomodé.
Ella se dio vuelta y quedó sobre mí. Reímos.
- No me incomodaste.
- ¿No? –Pregunté abrazándola por la cintura.-
- No, ni un poquito. –Me besó.-
- Mejor así. –Dije quitando el pelo de su cara.-
- Gracias por entenderme… -Me dijo.-
- No me lo tenes que agradecer.
- Te juro que no quiero hacerte sentir mal…
- No me haces sentir mal.
- ¿Seguro?
-Sonrió.- Mejor así entonces.
Y se hundió en mi cuello, llenándome de besos. Yo la abracé con fuerza y cerré mis ojos.
- Te prometo que no va a ser mucho tiempo.
-Reí.- Sos una tarada…
-Me miró, seria.- Me da miedo no gustarte.
- ¿Vos estás loquita? –Pregunté abrazándola con fuerza.- Sos la mujer más hermosa del mundo para mí. –La besé.-
- Pero… Tuve un hijo.
- ¿Y?
- Y eso Pepe.
- Vos sos hermosa para mí, eso es lo único que tiene que importarte.
- Me cuesta un poco amigarme con mi nuevo cuerpo.
- Yo puedo ayudarte cuando quieras. –Dije acariciando su espalda.-
-Sonrió y me besó.- No puedo creer que seas así de tierno.
- Vos me haces ser así.
- ¿Solo yo?
- Mmm… Sí. –La besé y sonreímos.-
Mis manos subieron desde su cintura hasta su nuca y las enredé en su pelo.
- Tengo miedo de que Bruno se despierte… -Me dijo.-
- ¿Por qué?
- Porque capaz que quiero hacer cosas que no requieren a él en medio. –Dijo besando mi cuello y yo sonreí.-
- Me parece que ahora si estás un poquitito histérica.
-Rio.- Perdón, si queres te dejo solo.
-La abracé con fuerza.- ¡No! ¡Ni se te ocurra! –Reímos y nos besamos.-
- Es que me haces sentir tan bien que no veo por qué en la cama no vaya a ser igual. -Dijo con sus mejillas coloradas y me morí de ternura.-
- ¿Qué son esos cachetitos rojos?
-Rio.- Me da un poco de vergüenza.
- Yo te la saco en dos segundos. –Dije hundiéndome en su cuello otra vez.-
- ¿Solo la vergüenza?
- ¡Ah bueno! –Dije riendo.- ¿No tenías vergüenza? –La miré.-
- Soy así de cambiante. –Dijo riendo.-
- Espero que eso nunca me juegue en contra.
- Creo que nunca podrías hacer algo que te juegue en contra.
- ¿Nunca?
- Mmm… No. Nunca. –Dijo y me besó.-
- Hace mucho tiempo que deseo esto. –Dije acariciando su mejilla con mi mano. Ella besó la palma de mi mano y yo continué el recorrido hasta volver a enredarla en su pelo.-
- Espero que no tengas muchas expectativas, no quiero desilusionarte.
- Nunca lo harías… -Dije y la besé.-
-Sonrió.- Vos a mí tampoco.
Di media vuelta, quedando sobre ella… Llené de besos su cara y bajé por su cuello, mientras ella jugaba con el pelo de mi nuca.
- ¿Estás bien? –Le pregunté en su oído.-
- Sí Pepe. –Respondió.-
- Te noto un poco tensa.
-Rio.- Perdón.
-La besé.- No es necesario que sea hoy.
- Pero quiero que sea. –Me dijo.- Dale, no des más vueltas. –Me dijo riendo.-
- Mmm… Suena tentador. –Y la besé.-
- Vos sos tentador.
- ¿Yo?
- Sí, vos. –Y me besó.- Y mucho más de lo que crees…
Era imposible que esa mujer me desilusionará…
Había sido la mejor noche de mi vida.
lunes, 25 de julio de 2016
Capítulo 28.
- Mira lo que sos Brunito. –Dijo Agos tomándolo en brazos.- Ya te
extrañaba. –Besó su mejilla y Bruno movió sus piecitos.- Ay, ay. ¡Te morfo
todo!
-Reí.- ¿Queres que prepare mate?
- Dale…
- Necesito hablar con vos.
- Me doy cuenta con solo mirarte.
-Sonreí.- Me conoces mucho.
-Rio.- ¿Me lo puedo llevar mientras preparas el mate?
- Mira que me cuesta eh. –Reí.- Obvio gorda, llevalo…
Preparé el mate y después de un rato, Bruno se había quedado dormido en el sillón y el termo ya estaba vacío.
- Esos ojos hablan solos Pau.
- ¿Y qué se supone que dicen mis ojos? –Suspiré.-
- Que no sabes por dónde empezar.
-Reí, mordiendo mi labio.- No sé qué hacer gorda.
- ¿Con qué?
- Con Pepe.
- ¿Él te gusta?
- Me encanta. –Suspiré.- Me hace sentir muy bien.
- ¿Y entonces?
- Tengo miedo…
- ¿De qué?
- De que él me ame mucho más de lo que yo lo quiero…
- Él te ama…
- Lo sé, lo siento.
- ¿Y vos qué sentís?
- Que lo quiero…
- Bueno, pero lo tuyo con él es más reciente.
- Pero tengo miedo de no poder amarlo tanto.
- ¿Por qué?
- No sé. –Me encogí de hombros.-
- No dejes que el miedo te frene.
- Pasa que ahora no estoy sola.
- Pepe ama a Bruno.
- Sí, lo sé… Pero me refiero a que no quiero estar mal, porque mi hijo me necesita.
- Pero no podes olvidarte de vivir porque sos mamá.
- Sí, ya lo sé.
- ¿Y entonces? Pepe no va a hacerte mal.
- No, no es eso. Tengo miedo de hacerle mal yo…
- Pero vos lo queres… Se empieza así Pau.
- Me estoy enroscando demasiado.
- Pienso igual Pau.
- ¿Y qué hago?
- Deja que suceda.
- Me cuesta.
- Dejate llevar… Él te hace bien.
-Suspiré.- Sí… Muy bien.
- ¿Y entonces? No te frenes… Dale una oportunidad, no te das una idea de todo lo que te ama.
- Perdón por estar metiéndote en el medio.
- No me pidas perdón tonta, haría cualquier cosa con tal de que estén juntos y felices.
- Te quiero mucho amiga. –Dije abrazándola.- Gracias.
- Y yo te quiero a vos Pauli.
Agos debió irse a cursar y yo me quedé a solas con mi hijo… Me senté en el suelo, apoyé mi mano en su espalda y besé su naricita.
- Quiero cuidarte mi amor… -Suspiré.- Pero sé que Pepe te va a hacer bien, igual que a mí. –Y apoyé mi mentón en el sillón, comencé a acariciar la carita de Bruno y él esbozó una sonrisa.- Ay. ¿Por qué sos tan lindo? –Sonreí y él abrió sus ojitos.- Hola mi amor… hola. –Besé su frente.- Al fin te despertaste, ya te extrañaba. –Reí y él estiró sus bracitos.-
Yo me paré y lo tomé en mis brazos, acostándolo boca abajo sobre uno de mis brazos.
- Uy, me parece que hay que cambiarnos el pañal. –Dije caminando a mi cuarto.-
Cambié a Bruno y luego comió… Estaba demasiado tranquilo, mirando sus manitos acostado en la cama y me mataba de amor.
“Hola Chinita. ¿Cómo andan?”
Sonreí, hace mucho no me decía así.
“¿Chinita otra vez? Jajaja”
“¿Te molesta?”
“No, me encanta.”
“Entonces te voy a decir Chinita más seguido.”
“Tampoco te aproveches eh.”
“No sé, no sé… Jajaja”
“Jajajaja… Tonto. Estamos bien, Bruno juega con sus manitos y yo me estoy por poner a tejer. ¿Vos?”
“Saliendo del cine… Con ganas de verlos.”
“Mmm… Podes venir cuando quieras.”
“Estoy por tomarme el bondi.”
“Te esperamos entonces.”
Me acosté al lado de Bruno y me quedé mirándolo… Podía hacer eso toda mi vida y no era exagerado.
Escuché el timbre y fui con mi hijo en brazos hasta la puerta.
- Hola Pepe… -Dije abriendo la puerta y nos dimos un beso. Sonreímos.-
- Hola hermosa. –Me dio un beso.- Hola bebé hermoso. –Besó la cabeza de Bruno y yo sonreí.-
- Veni… Pasa.
Entramos al living y él fue al baño, cuando volvió prácticamente me sacó a Bruno de los brazos.
- Bueno… Creo que quedé afuera. –Dije riendo.-
- Podes venir eh…
-Reí.- ¿No queres comer algo?
- Mmm… Podría ser.
- Tengo budín. ¿Queres?
- Sí, dale. ¿Te ayudo?
- Me ayudas quedándote con él.
- Bueno, entonces aprovecho.
Reímos y fui a preparar algo para comer.
-
Bruno estaba muy cómodo en mi pecho y yo sonreía… Estaba verdaderamente enamorado de ese nene.
- Me encanta verlos juntos. –Dijo sentándose frente a nosotros.-
- A mí me encanta tenerlo cerquita.
-Sonrió.- Te llena de paz tenerlo encima.
- Exacto… -Tomé su mano y la besé.- Vos también me das paz.
-Sonrió.- Y vos a mí. –Se acercó a mí y me besó.-
Merendamos juntos y luego Bruno pidió por su mamá, porque tenía hambre.
Bruno no dejaba de bostezar y nosotros reíamos.
- Dormí mi amor… -Dijo acomodándolo sobre su pecho.- Tranquilo…
- ¿No queres que vayamos al cuarto Pau?
- No, que duerma acá.
- ¿Segura?
- Sí… ¿O queres dormir?
- No, no. Solo decía.
- Que se duerma y lo dejamos así estamos un ratito juntos. ¿Queres?
-Sonreí.- Sí, me encanta.
Me acerqué a darle un beso y acaricié su mejilla.
Cuando Bruno se quedó dormido, Pau lo dejó en su moisés y cuando volvió, se sentó sobre mis piernas y me abrazó por el cuello. Yo la abracé por la cintura.
- Ay, qué lindo que vengas para acá. –Le dije y besé su mejilla.-
-Sonrió.- Quiero estar cerca tuyo. ¿No se puede?
- Obvio que se puede… Y me encanta. –La besé.- ¿Cómo estás?
- Mmm… Bien. ¿Vos?
- ¿Por qué mmm?
- No, no sé. –Reí.- ¿Vos? ¿Estás bien? Tenes una carita…
- Estoy un poquito cansado.
- ¿No queres dormir un ratito?
- Quiero estar con vos.
- Podes dormir mientras yo tejo.
- ¿Tenes que tejer mucho?
- Tengo una entrega de 50 lechuzas el fin de semana.
- ¿Y cuántas tenes?
- Ninguna. –Reí.-
- ¿Y no puedo ayudarte?
- Mmm… Sí.
- Entonces trae, dale.
- ¿Seguro?
- Sí Pau, dale.
- Bueno, gracias. –Me besó.- Ya vengo.
- Dale.
Pasamos todo el día juntos… Ella tejía y yo rellenaba los cuerpitos.
-Reí.- ¿Queres que prepare mate?
- Dale…
- Necesito hablar con vos.
- Me doy cuenta con solo mirarte.
-Sonreí.- Me conoces mucho.
-Rio.- ¿Me lo puedo llevar mientras preparas el mate?
- Mira que me cuesta eh. –Reí.- Obvio gorda, llevalo…
Preparé el mate y después de un rato, Bruno se había quedado dormido en el sillón y el termo ya estaba vacío.
- Esos ojos hablan solos Pau.
- ¿Y qué se supone que dicen mis ojos? –Suspiré.-
- Que no sabes por dónde empezar.
-Reí, mordiendo mi labio.- No sé qué hacer gorda.
- ¿Con qué?
- Con Pepe.
- ¿Él te gusta?
- Me encanta. –Suspiré.- Me hace sentir muy bien.
- ¿Y entonces?
- Tengo miedo…
- ¿De qué?
- De que él me ame mucho más de lo que yo lo quiero…
- Él te ama…
- Lo sé, lo siento.
- ¿Y vos qué sentís?
- Que lo quiero…
- Bueno, pero lo tuyo con él es más reciente.
- Pero tengo miedo de no poder amarlo tanto.
- ¿Por qué?
- No sé. –Me encogí de hombros.-
- No dejes que el miedo te frene.
- Pasa que ahora no estoy sola.
- Pepe ama a Bruno.
- Sí, lo sé… Pero me refiero a que no quiero estar mal, porque mi hijo me necesita.
- Pero no podes olvidarte de vivir porque sos mamá.
- Sí, ya lo sé.
- ¿Y entonces? Pepe no va a hacerte mal.
- No, no es eso. Tengo miedo de hacerle mal yo…
- Pero vos lo queres… Se empieza así Pau.
- Me estoy enroscando demasiado.
- Pienso igual Pau.
- ¿Y qué hago?
- Deja que suceda.
- Me cuesta.
- Dejate llevar… Él te hace bien.
-Suspiré.- Sí… Muy bien.
- ¿Y entonces? No te frenes… Dale una oportunidad, no te das una idea de todo lo que te ama.
- Perdón por estar metiéndote en el medio.
- No me pidas perdón tonta, haría cualquier cosa con tal de que estén juntos y felices.
- Te quiero mucho amiga. –Dije abrazándola.- Gracias.
- Y yo te quiero a vos Pauli.
Agos debió irse a cursar y yo me quedé a solas con mi hijo… Me senté en el suelo, apoyé mi mano en su espalda y besé su naricita.
- Quiero cuidarte mi amor… -Suspiré.- Pero sé que Pepe te va a hacer bien, igual que a mí. –Y apoyé mi mentón en el sillón, comencé a acariciar la carita de Bruno y él esbozó una sonrisa.- Ay. ¿Por qué sos tan lindo? –Sonreí y él abrió sus ojitos.- Hola mi amor… hola. –Besé su frente.- Al fin te despertaste, ya te extrañaba. –Reí y él estiró sus bracitos.-
Yo me paré y lo tomé en mis brazos, acostándolo boca abajo sobre uno de mis brazos.
- Uy, me parece que hay que cambiarnos el pañal. –Dije caminando a mi cuarto.-
Cambié a Bruno y luego comió… Estaba demasiado tranquilo, mirando sus manitos acostado en la cama y me mataba de amor.
“Hola Chinita. ¿Cómo andan?”
Sonreí, hace mucho no me decía así.
“¿Chinita otra vez? Jajaja”
“¿Te molesta?”
“No, me encanta.”
“Entonces te voy a decir Chinita más seguido.”
“Tampoco te aproveches eh.”
“No sé, no sé… Jajaja”
“Jajajaja… Tonto. Estamos bien, Bruno juega con sus manitos y yo me estoy por poner a tejer. ¿Vos?”
“Saliendo del cine… Con ganas de verlos.”
“Mmm… Podes venir cuando quieras.”
“Estoy por tomarme el bondi.”
“Te esperamos entonces.”
Me acosté al lado de Bruno y me quedé mirándolo… Podía hacer eso toda mi vida y no era exagerado.
Escuché el timbre y fui con mi hijo en brazos hasta la puerta.
- Hola Pepe… -Dije abriendo la puerta y nos dimos un beso. Sonreímos.-
- Hola hermosa. –Me dio un beso.- Hola bebé hermoso. –Besó la cabeza de Bruno y yo sonreí.-
- Veni… Pasa.
Entramos al living y él fue al baño, cuando volvió prácticamente me sacó a Bruno de los brazos.
- Bueno… Creo que quedé afuera. –Dije riendo.-
- Podes venir eh…
-Reí.- ¿No queres comer algo?
- Mmm… Podría ser.
- Tengo budín. ¿Queres?
- Sí, dale. ¿Te ayudo?
- Me ayudas quedándote con él.
- Bueno, entonces aprovecho.
Reímos y fui a preparar algo para comer.
-
Bruno estaba muy cómodo en mi pecho y yo sonreía… Estaba verdaderamente enamorado de ese nene.
- Me encanta verlos juntos. –Dijo sentándose frente a nosotros.-
- A mí me encanta tenerlo cerquita.
-Sonrió.- Te llena de paz tenerlo encima.
- Exacto… -Tomé su mano y la besé.- Vos también me das paz.
-Sonrió.- Y vos a mí. –Se acercó a mí y me besó.-
Merendamos juntos y luego Bruno pidió por su mamá, porque tenía hambre.
Bruno no dejaba de bostezar y nosotros reíamos.
- Dormí mi amor… -Dijo acomodándolo sobre su pecho.- Tranquilo…
- ¿No queres que vayamos al cuarto Pau?
- No, que duerma acá.
- ¿Segura?
- Sí… ¿O queres dormir?
- No, no. Solo decía.
- Que se duerma y lo dejamos así estamos un ratito juntos. ¿Queres?
-Sonreí.- Sí, me encanta.
Me acerqué a darle un beso y acaricié su mejilla.
Cuando Bruno se quedó dormido, Pau lo dejó en su moisés y cuando volvió, se sentó sobre mis piernas y me abrazó por el cuello. Yo la abracé por la cintura.
- Ay, qué lindo que vengas para acá. –Le dije y besé su mejilla.-
-Sonrió.- Quiero estar cerca tuyo. ¿No se puede?
- Obvio que se puede… Y me encanta. –La besé.- ¿Cómo estás?
- Mmm… Bien. ¿Vos?
- ¿Por qué mmm?
- No, no sé. –Reí.- ¿Vos? ¿Estás bien? Tenes una carita…
- Estoy un poquito cansado.
- ¿No queres dormir un ratito?
- Quiero estar con vos.
- Podes dormir mientras yo tejo.
- ¿Tenes que tejer mucho?
- Tengo una entrega de 50 lechuzas el fin de semana.
- ¿Y cuántas tenes?
- Ninguna. –Reí.-
- ¿Y no puedo ayudarte?
- Mmm… Sí.
- Entonces trae, dale.
- ¿Seguro?
- Sí Pau, dale.
- Bueno, gracias. –Me besó.- Ya vengo.
- Dale.
Pasamos todo el día juntos… Ella tejía y yo rellenaba los cuerpitos.
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