Las horas pasaban y yo seguía sin saber nada… ¡No soportaba un segundo más lejos de mi hijo!
Me sentía demasiado pelotuda estando en mi cama… ¡Sin hacer nada!
Pedro entró al cuarto con una taza de té y me la ofreció.
- No, no quiero…
- Amor. –Dejó la taza en mi mesita de luz y se sentó frente a mí.- Tomate el té al menos.
- No me pasa nada… -Dije ahogada en lágrimas.-
- Es solo un té. Estás muy pálida.
- No me importa, lo único que me importa es tener a Bruno conmigo otra vez.
-Tomó mis manos.- Te prometo que eso va a pasar pronto.
- No puedo más.
-Secó mis lágrimas.- Esto va a pasar pronto…
- No soporto la incertidumbre.
- Ya va a pasar todo.
- Yo sé que lo haces de bueno y porque queres contenerme… Pero no me tranquiliza que me digas todo el tiempo lo mismo.
- ¿Y qué puedo hacer por vos?
- Abrazarme. –Le dije con un hilo de voz.-
Él me abrazó y lo sentí llorar a la par mía.
- Yo también necesito que esté acá. –Me dijo llorando.-
- Lo sé mi amor, lo sé. –Suspiré.-
- Pero quiero confiar.
- Yo también, pero no puedo.
Nos quedamos algunos segundos en silencio y él se separó un poco de mí.
- ¿Tomas un poquito del té?
- Mmm…
- Dale. –Me alcanzó la taza y yo la agarré.-
Tomé un poco de té y él posó sus manos en mis piernas.
- Siento que me muero. –Dije ahogada y dejé la taza a un lado.-
- No estás sola. –Apretó con fuerza mis manos.-
- Es lo único que hace que no termine de caer.
- Nunca voy a soltarte… -Hizo una pausa.- Nunca voy a soltarlos.
-Volví a abrazarlo.- Se me hacen eternos los minutos.
- A mí también. –Suspiró y nos abrazamos con fuerza.-
- No sé cómo voy a aguantar esto.
- Hacelo por él.
-Suspiré.- Nunca tuve tanto miedo en mi vida.
-Me abrazó aún más fuerte.- Veni…
Hizo que me acostara, apoyando mi cabeza en sus piernas y me tapó. Él apoyó su espalda en el respaldo de la cama y sentí que sus dedos comenzaron a acariciar mi cara, ya que tenía los ojos cerrados.
- Trata de descansar. –Me dijo.-
- Ya sé que no voy a poder Pepe.
- ¿Queres que nos quedemos acá igual?
- Sí, por favor.
-
La noche pasó y seguíamos sin saber nada. Paula volvió del baño y se metió en la cama, tapada hasta la cabeza. Yo no dije nada y me metí debajo de las mantas con ella. Acaricié su mejilla y besé su frente.
- Pau…
- No, no digas nada. Solo quedate conmigo.
Y yo no dije más nada, la abracé y se refugió en mi pecho.
Pasaron infinitas horas y seguíamos en la misma posición.
El celular sonó y Paula se levantó de golpe.
-
- Hola. –Dije temblando.-
- Ahora me atendiste más rápido nena.
- No sigas con esto, por favor.
- Quiero conocer a mi hijo.
- Podes hacerlo de otro modo. –Dije tratando de contener el llanto.-
- No me dejarías…
- Nunca lo intentaste.
- Paula, no me jodas.
- Devolveme a mi hijo.
- No Paula. No. Vos lo tuviste casi cinco años, ahora me toca a mí.
- ¡Bruno no te conoce!
- Encima le pusiste Bruno. ¿No tenías un nombre más horrible?
- ¿Podemos arreglar esto como dos personas grandes? Podemos encontrarnos, sin la policía de por medio… Solo nosotros tres.
- No Paula. ¿Qué parte no entendes?
- Vos no entendes que es mi hijo y estar lejos de él no me deja respirar.
- Acostumbrate.
- No puedo acostumbrarme a estar lejos de él, es la persona que más amo en el mundo. ¡Y eso es algo que vos nunca vas a sentir!
- Dejate de joder con lo sentimental Paulita.
- ¿Puedo hablar con él?
-Rio irónicamente.- ¡Ni se te ocurra!
Y me cortó.
- ¡La puta madre! –Grité y revoleé un almohadón a la mierda.-
- ¿Qué te dijo?
- No sé, no sé nada Pedro.
Y me levanté, porque no soportaba seguir en la cama. Fui a su cuarto y me dejé caer en el suelo, apoyando mis brazos y mi cabeza en su cama… Sintiendo su olor.
Abracé con fuerza su muñeco preferido y cerré mis ojos.
- Pau… ¿Puedo pasar? –Dijo en la puerta.-
Y yo no respondí. Se acercó a mí.
- Veni… Te hace peor estar acá.
- Necesito tenerlo cerca, aunque sea una ilusión.
Se arrodilló detrás de mí y posó su mano en mi espalda.
- Gorda… Dale.
- Dejame Pedro.
-Suspiró.- Voy a llamar a la comisaría a ver si hay novedades.
- Bueno.
Y se fue… Me acosté en la cama de Bruno y apoyé mi cabeza en su almohada, llenándome de su olor.
- Pau… -Dijo en el umbral de la puerta.-
- No saben nada. –Le respondí.- ¿Me dejas sola? Por favor.
- ¿Segura?
- Sí…
- Cualquier cosa estoy en el cuarto.
Yo asentí y Pedro se fue. Me senté sobre la cama y busqué su cuaderno, para comenzar a escribir.
“Nunca creí que podía sentir tanto miedo en el cuerpo… No lo imaginaba posible. Te extraño con cada parte de mi ser. Te necesito cerca, necesito saber que estás bien y poder llenarte de besos… Abrazarte hasta que te quedes sin aire.
No soporto no saber cómo estás hijo. No puedo respirar si no te tengo cerca.
No veo la hora de correr a abrazarte, no puedo más. No tengo fuerzas. Vos sos mi fuerza.”
Para ser sincera, no sabía ni siquiera qué había escrito… Solo sabía que necesitaba sacarlo un poco afuera.
Busqué su pijama y fui con la remera del mismo en mis manos hasta mi cuarto.
Me acosté al lado de Pedro, quien estaba sentado en la cama y abracé la remera de Bruno.
- No sé cómo seguir. Me desarmo. –Le dije.-
- Trata de dormir… Así no pensas y el tiempo se pasa más rápido.
- No puedo Pepe, te juro que no puedo.
- Dale… -Acarició mi pelo.-
- No puedo. –Le dije algo molesta.-
- ¿Y qué queres hacer?
- Abrazar a mi hijo. –Dije ahogada en lágrimas.-
- Confía en que eso va a pasar.
- ¿Cuándo?
- Ojala pudiera decírtelo mi amor.
- No puedo… No puedo…
- Sí que podes… Bruno te está esperando, para que lo abraces con fuerza.
- ¿Y en dónde me está esperando? –Suspiré.-
- Eso ya lo vamos a saber.
- No digas nada mejor.
- ¿Por qué?
- Porque me pone nerviosa tu optimismo.
- Intento tranquilizarte.
- Lo único que me tranquilizaría es estar con él.
-Acarició mi pelo.- Confía mi amor, confía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario