Esa noche, estaba un poco más tranquila y me bañé mientras Bruno dormía.
Luego, comí algo y me fui a la cama, estaba bastante cansada y sabía que el
pequeño se despertaría en los siguientes minutos…
Y así fue.
Me acerqué a él y lo tomé en brazos, pero no dejaba de llorar. Comencé a
mecerlo por la habitación, manteniéndolo boca abajo, pero tampoco se
tranquilizaba.
- ¿Qué pasa mi amor? ¿Qué pasa? –Besé su cabecita y lo di vuelta, para ver si
buscaba mi pecho, pero no fue así.-
Me senté en la cama, tratando de no perder la calma lo cual me estaba
costando, y lo acosté en mis piernas.
- Tranquilo hijo… -Susurré acariciando su pancita y él se quejó.- ¿Te duele la
panza Brunito? –Pregunté y tomé sus piecitos, para comenzar a mover sus
piernas.-
Él continuó llorando algunos minutos, pero luego comenzó a tranquilizarse.
Sonreí.
- Ya pasa mi amor… -Besé su frente.- Sh… -Y con mi mano libre lo acariciaba.-
Después de un largo rato, por fin se tranquilizó y estaba acostado sobre mi
pecho, hecho un bollito. Su manito estaba sobre mi pecho y yo la acaricié.
Amaba sentir su calor sobre mi cuerpo.
Busqué mi celular, porque necesitaba preguntarle algo a mi mamá.
“Ma, perdón que te joda y capaz la pregunta sea una idiotez, jajaja. Bruno se
despertó con dolor de panza… ¿Qué hago? ¿Le doy de comer antes de dormir o no?”
“¿Pero ya está mejor?”
“Sí, ya se tranquilizó.”
“Si busca la teta, dale… Sino, no. No te preocupes. Y podes preguntarme lo que
quieras.”
“Está bien, gracias mami.”
“De nada hija, qué descansen.”
“Vos también, te queremos.”
“Y yo a ustedes.”
Apagué la luz del velador y me metí en la cama, Bruno se estaba quedando
dormido mientras mis manos estaban sobre su espalda.
Él se movió de golpe y yo reí.
- ¿Qué pasa bebé? –Susurré.- Tranquilo… -Acaricié sus piernitas.- Dormí mi
amor.
Lo mimé hasta que se quedó dormido y por un largo rato más.
A pesar de estar cansada, tenía claro que esa noche no iba a poder dormir. No
podía dejar de pensar en Pedro, no podía quitar de mi mente lo que había
pasado…
- ¿Qué se supone que tengo que hacer? –Susurré en el oído de mi hijo y suspiré.-
Él se acomodó, acurrucándose aún más en mí y yo sonreí. Besé su frente.
- Ya lo sé, vos sos el amor y el hombre de mi vida.
Lo abracé y dejé caer algunas lágrimas.
No entendía qué era lo que me pasaba con Pedro y eso me desesperaba.
-
No podía dormirme, era misión imposible. Había dado un millón de vueltas en la
cama y no aguantaba más.
“Pau… ¿Dormís?”
“No, no puedo dejar de pensar.”
“¿Podemos hablar o estás con Bruno?”
“Bruno está durmiendo muy pancho encima mío… ¿Qué pasa?”
“No puedo dejar de pensar en lo que pasó.”
“Yo tampoco Pepe…”
“¿No te pasa nada conmigo?”
“No lo sé.”
“¿No lo sabes?”
“Me confundís y no creo que sea algo para hablar por acá. Perdón.”
“¿Podemos vernos mañana?”
“No sé Pedro.”
“Por favor… Necesitamos seguir hablando.”
“Mmm… Bueno, está bien.”
Suspiré y dejé mi celular a un lado. No sabía cómo iba a aguantar.
-
Me quedé dormida y a los pocos minutos Bruno se despertó buscando mi pecho, era
cantado. Me senté en la cama y me acomodé para darle la teta. Bruno comía muy
tranquilo y yo no podía dejar de mirarlo, me llenaba de paz.
Lo acosté en mi cama y me acosté a su lado, su manito buscó la mía y sonreí.
- Te amo tanto lindo. –Besé su mejilla y suspiré.- Dormí, dormí que mamá te
cuida…
No pude evitarlo y volví a acomodarlo sobre mí, en donde se quedó dormido.
Al rato, yo también logré quedarme dormida.
-
No logré dormir en toda la noche y hasta, incluso, dudaba de si ir a cursar o
no. Lo único que quería era hablar con Paula, asique salí para su casa.
“Estoy cerca de tu casa, cuando puedas me avisas y voy. No aguanto más,
necesito hablar.”
Le envíe cerca de las nueve de la mañana.
“Le estoy dando la teta a Bruno, seguro
después vuelva a dormirse. Te aviso.”
“Está bien…”
Después de un rato, no sé cuánto, estaba en su casa. Ella volvía de su cuarto,
ya cambiada y con un rodete en su pelo. Se sentó frente a mí, con sus piernas
cruzadas y suspiró.
- Yo lo único que sé es que no soporto estar lastimándote. –Me dijo.-
- ¿Te importo?
- ¡Pedro! ¿Me hablas en serio? Sabes lo que te quiero y lo importante que sos
para mí, todo lo que hiciste por nosotros en este tiempo no me lo voy a olvidar
nunca y te lo voy a agradecer toda la vida.
- Pero te importo como persona.
- ¿Y a vos cómo te importo yo…? Como persona. ¿O no?
- Sí. –Suspiré.- Pero queremos cosas distintas.
- Y por eso te digo que no quiero lastimarte.
- No me lastimas.
- Pepe… No soy boluda.
- A vos te pasó algo con el beso. ¿No?
- No lo sé. –Respondió confundida.- Y tampoco sé si quiero saberlo.
- ¿Por qué?
- Porque no puedo pensar en otra cosa que no sea mi hijo, perdón. Pero es así.
- ¿Y más adelante?
- ¡Somos amigos Pedro!
- Pero podemos ser más que eso. –Acaricié su mejilla y ella cerró sus ojos.- Lo
sabes.
- Pero no sé si quiero.
- ¿Qué no queres?
- Esto, me hace mal y te hace mal a vos.
- No me hace mal.
- Pepe… No me mientas y no te mientas.
- Quiero estar cerca de ustedes.
- Bueno, pero yo quiero que te alejes.
- No me hagas esto.
- Es lo mejor, para los dos.
- Sabes que no es así.
- Es lo que pienso, siento y quiero en este momento.
- ¿Y Bruno?
- Al menos por un tiempo Pedro.
- ¿Por qué?
- Porque no sé qué me pasa y no sé cuánto tiempo me va a llevar darme cuenta.
–Suspiró.- ¿Entendes que tuve a mi hijo hace una semana? Aunque quiera, no
puedo pensar en otra cosa. Estoy muy sensible, muy movilizada y ahora mi mundo,
es él.
- Está bien, te entiendo.
- ¿Te vas? Por favor.
Ella cerró los ojos, dejando caer una lágrima que sequé.
- Nunca te olvides de que los amo y de que siempre voy a estar.
Besé sentidamente su frente y me fui de su casa.
miércoles, 20 de julio de 2016
martes, 19 de julio de 2016
Capítulo 20.
- No Pedro, para. –Dije alejándolo de mí.- Te estás mandando cualquiera.
Me terminé de separar de él y miraba al suelo, lo escuché llorar y no lo soporté. Lo abracé.
- Perdón. –Me dijo sollozando.-
- No llores, hey.
- Te juro que intenté mil veces dejar de amarte, pero no puedo Pau. No puedo.
-Suspiré y me separé un poco de él, sequé sus lágrimas.- Por eso te digo que te alejes, al menos un poco.
- No puedo estar lejos tuyo.
- Mi casa siempre va a estar abierta para vos, siempre. –Resalté.- Pero, al menos un poco, así podes conocer a otra mujer.
- Es que lo que vos no entendes es que yo no quiero conocer a otra mujer.
- ¿Te conformas con amarme en silencio? No entiendo.
- No sé Pau, pero lo que me pasa es muy fuerte.
Suspiré y me dejé caer en el sillón.
- Me siento horrible, quisiera que no te pase esto Pedro.
Se sentó a mi lado y tomó mi mano.
- Yo también quise evitarlo, pero no pude. Te juro que no pude.
- Quiero que seas feliz.
- Soy feliz estando cerca de ustedes.
-Sequé sus lágrimas.- Esto va a estar estancado toda la vida.
- No me importa.
- ¿No te importa?
- Tengo la ilusión de que algún día te enamores de mí.
- No me digas eso porque me haces mierda Pepe.
- Perdón, pero es lo que me pasa.
- Y lo que me pasa a mí es que te veo solo como mi amigo.
- Está bien, te entiendo.
Se paró y quiso irse, pero se lo impedí.
- Para, no te vayas así.
- ¿No me estás pidiendo que me vaya?
- Tenes razón.
Di media vuelta, para darle la espalda.
- Perdón, quizás me desubiqué con el beso, pero necesitaba hacerlo.
Y sin decir más, se fue.
Ni bien cerró la puerta, me desarmé en un llanto desconsolado y me dejé caer en el sillón, hecha un bollito.
“Te necesito amiga.”
“¿Qué pasó Pauli?”
“Pedro, me besó.”
“¿Qué?”
“Necesito hablar con vos, por favor…”
“¿Puedo ir ahora?”
“Sí podes, te lo agradecería.”
“En un rato estoy por ahí.”
“Gracias amiga.”
-
Salí de la casa de Paula con una ciclotimia de emociones que estaba por matarme.
Me había animado por fin y ese beso me había dado vueltas el mundo, pero era claro que a ella no le había pasado lo mismo y eso me mataba.
Me mataba no poder enamorarla porque lo que sentía por Paula era lo más real que había sentido en toda mi vida y estaba seguro de que no iba a poder arrancarme aquel sentimiento del corazón. Era lo que sentía. ¿Qué se suponía que podía hacer en contra de ello?
Ya había intentado mil cosas, conocer y estar con otras mujeres, con varias, pero ninguna logró hacerme sentir algo tan fuerte como ella… Incluso, algunas ni siquiera me hicieron sentir nada.
Es que sentía que ninguna podía ni arrancar al lado de Paula, porque Paula me enamoraba con tan solo existir. Sin esfuerzos…
Ya me había acostumbrado a amarla en silencio.
-
Cuando llegó mi amiga corrí a abrirle y ni bien la vi, la abracé.
- Hey Pau… No llores así.
-Suspiré.- Estoy demasiado sensible, no puedo evitarlo.
Y en ese momento, Bruno comenzó a llorar.
- Anda a lavarte la cara que yo voy a buscarlo. ¿Queres? –Me dijo Agos.-
- Seguro tenga hambre.
- Bueno, pero mientras te lavas la cara yo lo entretengo. Después hablamos. ¿Te parece?
Yo asentí y fui a lavarme la cara, luego le di la teta en mi cama, con mi amiga haciéndome compañía y yo trataba de tranquilizarme con la mirada de mi hijo.
- Despacito mi amor. –Dije porque se estaba ahogado.-
- Está desesperado. –Dijo Agos riendo y me contagió la risa.-
- Está nervioso…
- Porque vos lo estás.
- Ya lo sé, pero no puedo evitarlo. –Suspiré.-
- ¿Queres que haga té?
- Mmm… Dale.
Agos se fue a preparar té para las dos y yo terminé de darle la teta a mi hijo.
Al rato, Bruno estaba completamente tranquilo acostado en mi cama, yo estaba sentada a su lado, haciéndole mimitos en su espalda y Agos frente a nosotros.
- No quiero lastimarlo Agos. –Dije tomando en brazos a Bruno.- Me mata, me mata verlo así… No sabes como lloraba. –Suspiré y lo acomodé a Bruno en mi pecho, tenía los ojitos entre abiertos.- Me besó, me besó sin escalas.
- ¿Y a vos no te pasó nada, nada Pau?
-Suspiré.- Es mi amigo Agos.
- ¿Pero no se te movió nada?
- No sé. –Respondí dubitativa.-
- ¿No sabes?
- No.
Y no respondí más nada, tan solo mimé a mi hijo hasta que se quedó dormido y lo dejé en su moisés.
Me levanté para irme al living y mi amiga me siguió.
- No sé qué me pasó. –Hice una pausa.- Estoy en una situación especial, no es una excusa. –Dije.- No puedo pensar en otra cosa que no sea mi hijo.
- ¿Eso quiere decir que el beso te gustó?
- Eso quiere decir que no puedo pensar en eso.
- Te gustó entonces.
- No quiero que dejemos de ser amigos.
- Pero lo vas a hacer mierda.
- Eso es lo que me preocupa, y no lo entiende.
- ¿Qué le dijiste?
- Que las puertas de mi casa siempre iban a estar abiertas, porque es la verdad, pero que se alejara al menos un poco para conocer a otras mujeres.
- Yo no debería decirte esto. –Me dijo.- Pero ya lo intentó mil veces y no puede dejar de amarte Pau.
-Suspiré.- Me siento una mierda.
- No es tu culpa.
- ¿Y por qué se enamoró de mí?
- Porque pasó…
-
“Pau… Yo sé que olvidarme de vos es imposible, lo sé. Lo siento, es la verdad… Te duele a vos y me duele a mí. Perdón, pero no puedo evitarlo.
Entiendo que busques que nos alejemos, entiendo que quizás sea lo más sano y te prometo intentarlo, pero no me prives la posibilidad de verlo crecer a Bruno… Yo sé que es complicado, pero también sé que no aguantaría demasiado tiempo sin verlos, porque los amo con locura.”
“Yo lo único que te pido es que te cuides y que hagas tu vida como te lo mereces, siempre que vengas a mi casa vas a poder entrar. Siempre Pepe.”
“Gracias, me hace bien saberlo.”
“No lo dudes nunca.”
“¿Estás enojada?”
“No, pero me siento rara…”
“¿Por el beso?”
“Prefiero que lo dejemos ahí.”
“Bueno, está bien. Perdón otra vez, sé que me desubiqué.”
“Ya pasó.”
Me terminé de separar de él y miraba al suelo, lo escuché llorar y no lo soporté. Lo abracé.
- Perdón. –Me dijo sollozando.-
- No llores, hey.
- Te juro que intenté mil veces dejar de amarte, pero no puedo Pau. No puedo.
-Suspiré y me separé un poco de él, sequé sus lágrimas.- Por eso te digo que te alejes, al menos un poco.
- No puedo estar lejos tuyo.
- Mi casa siempre va a estar abierta para vos, siempre. –Resalté.- Pero, al menos un poco, así podes conocer a otra mujer.
- Es que lo que vos no entendes es que yo no quiero conocer a otra mujer.
- ¿Te conformas con amarme en silencio? No entiendo.
- No sé Pau, pero lo que me pasa es muy fuerte.
Suspiré y me dejé caer en el sillón.
- Me siento horrible, quisiera que no te pase esto Pedro.
Se sentó a mi lado y tomó mi mano.
- Yo también quise evitarlo, pero no pude. Te juro que no pude.
- Quiero que seas feliz.
- Soy feliz estando cerca de ustedes.
-Sequé sus lágrimas.- Esto va a estar estancado toda la vida.
- No me importa.
- ¿No te importa?
- Tengo la ilusión de que algún día te enamores de mí.
- No me digas eso porque me haces mierda Pepe.
- Perdón, pero es lo que me pasa.
- Y lo que me pasa a mí es que te veo solo como mi amigo.
- Está bien, te entiendo.
Se paró y quiso irse, pero se lo impedí.
- Para, no te vayas así.
- ¿No me estás pidiendo que me vaya?
- Tenes razón.
Di media vuelta, para darle la espalda.
- Perdón, quizás me desubiqué con el beso, pero necesitaba hacerlo.
Y sin decir más, se fue.
Ni bien cerró la puerta, me desarmé en un llanto desconsolado y me dejé caer en el sillón, hecha un bollito.
“Te necesito amiga.”
“¿Qué pasó Pauli?”
“Pedro, me besó.”
“¿Qué?”
“Necesito hablar con vos, por favor…”
“¿Puedo ir ahora?”
“Sí podes, te lo agradecería.”
“En un rato estoy por ahí.”
“Gracias amiga.”
-
Salí de la casa de Paula con una ciclotimia de emociones que estaba por matarme.
Me había animado por fin y ese beso me había dado vueltas el mundo, pero era claro que a ella no le había pasado lo mismo y eso me mataba.
Me mataba no poder enamorarla porque lo que sentía por Paula era lo más real que había sentido en toda mi vida y estaba seguro de que no iba a poder arrancarme aquel sentimiento del corazón. Era lo que sentía. ¿Qué se suponía que podía hacer en contra de ello?
Ya había intentado mil cosas, conocer y estar con otras mujeres, con varias, pero ninguna logró hacerme sentir algo tan fuerte como ella… Incluso, algunas ni siquiera me hicieron sentir nada.
Es que sentía que ninguna podía ni arrancar al lado de Paula, porque Paula me enamoraba con tan solo existir. Sin esfuerzos…
Ya me había acostumbrado a amarla en silencio.
-
Cuando llegó mi amiga corrí a abrirle y ni bien la vi, la abracé.
- Hey Pau… No llores así.
-Suspiré.- Estoy demasiado sensible, no puedo evitarlo.
Y en ese momento, Bruno comenzó a llorar.
- Anda a lavarte la cara que yo voy a buscarlo. ¿Queres? –Me dijo Agos.-
- Seguro tenga hambre.
- Bueno, pero mientras te lavas la cara yo lo entretengo. Después hablamos. ¿Te parece?
Yo asentí y fui a lavarme la cara, luego le di la teta en mi cama, con mi amiga haciéndome compañía y yo trataba de tranquilizarme con la mirada de mi hijo.
- Despacito mi amor. –Dije porque se estaba ahogado.-
- Está desesperado. –Dijo Agos riendo y me contagió la risa.-
- Está nervioso…
- Porque vos lo estás.
- Ya lo sé, pero no puedo evitarlo. –Suspiré.-
- ¿Queres que haga té?
- Mmm… Dale.
Agos se fue a preparar té para las dos y yo terminé de darle la teta a mi hijo.
Al rato, Bruno estaba completamente tranquilo acostado en mi cama, yo estaba sentada a su lado, haciéndole mimitos en su espalda y Agos frente a nosotros.
- No quiero lastimarlo Agos. –Dije tomando en brazos a Bruno.- Me mata, me mata verlo así… No sabes como lloraba. –Suspiré y lo acomodé a Bruno en mi pecho, tenía los ojitos entre abiertos.- Me besó, me besó sin escalas.
- ¿Y a vos no te pasó nada, nada Pau?
-Suspiré.- Es mi amigo Agos.
- ¿Pero no se te movió nada?
- No sé. –Respondí dubitativa.-
- ¿No sabes?
- No.
Y no respondí más nada, tan solo mimé a mi hijo hasta que se quedó dormido y lo dejé en su moisés.
Me levanté para irme al living y mi amiga me siguió.
- No sé qué me pasó. –Hice una pausa.- Estoy en una situación especial, no es una excusa. –Dije.- No puedo pensar en otra cosa que no sea mi hijo.
- ¿Eso quiere decir que el beso te gustó?
- Eso quiere decir que no puedo pensar en eso.
- Te gustó entonces.
- No quiero que dejemos de ser amigos.
- Pero lo vas a hacer mierda.
- Eso es lo que me preocupa, y no lo entiende.
- ¿Qué le dijiste?
- Que las puertas de mi casa siempre iban a estar abiertas, porque es la verdad, pero que se alejara al menos un poco para conocer a otras mujeres.
- Yo no debería decirte esto. –Me dijo.- Pero ya lo intentó mil veces y no puede dejar de amarte Pau.
-Suspiré.- Me siento una mierda.
- No es tu culpa.
- ¿Y por qué se enamoró de mí?
- Porque pasó…
-
“Pau… Yo sé que olvidarme de vos es imposible, lo sé. Lo siento, es la verdad… Te duele a vos y me duele a mí. Perdón, pero no puedo evitarlo.
Entiendo que busques que nos alejemos, entiendo que quizás sea lo más sano y te prometo intentarlo, pero no me prives la posibilidad de verlo crecer a Bruno… Yo sé que es complicado, pero también sé que no aguantaría demasiado tiempo sin verlos, porque los amo con locura.”
“Yo lo único que te pido es que te cuides y que hagas tu vida como te lo mereces, siempre que vengas a mi casa vas a poder entrar. Siempre Pepe.”
“Gracias, me hace bien saberlo.”
“No lo dudes nunca.”
“¿Estás enojada?”
“No, pero me siento rara…”
“¿Por el beso?”
“Prefiero que lo dejemos ahí.”
“Bueno, está bien. Perdón otra vez, sé que me desubiqué.”
“Ya pasó.”
lunes, 18 de julio de 2016
Capítulo 19.
Bruno había tomado la teta dos veces durante la madrugada y por suerte,
se despertó cerca de las nueve y media de la mañana, cuando volvió a tomar la
teta.
Me preparé un café con leche con algo para comer mientras lo tenía en mis brazos y volví a mi cama, con él.
Desayuné con él a mi lado y luego, me acosté. Tenía mucha fiaca y quería aprovechar que estaba tranquilo.
Aún me sentía rara… O especial. Era muy loco pensar que Bruno había estado dentro mío la semana pasada y ahora lo tenía a mi lado. La emoción me recorría el cuerpo todo el tiempo.
Posé mi mano en la pancita de mi hijo y besé su hombro. Él buscó mi cara con su mano y yo sonreí, tomé su manito y la besé.
- ¿Qué pasa bebé? –Le susurré en su oído y él volvió a hacer lo mismo, yo reí.-
Me senté en la cama, con mis piernas flexionadas y lo acosté allí, para que con sus manitos alcanzara mi cara y me acarició, a su modo, por un largo rato.
- ¿Queres conocerme? –Pregunté sonriendo y él continuó.- Porque yo también quiero seguir conociéndote mi príncipe.
Yo claro que lo dejé, me daba cuenta que podría vivir en momentos así con mi hijo para siempre.
-
Me costó bastante prestarle atención a la clase, pero aún así lo hice.
Es que no podía dejar de pensar en lo que iba a decirle a Paula, porque se lo iba a decir. No había chances de que no ocurriera.
“Pau… ¿Puedo pasar ahora o preferís después?”
“Recién terminamos de comer, asique podes venir, no te preocupes.”
“Estoy saliendo de la facu.”
“Te esperamos.”
Salí de la universidad y por suerte, el bondi vino rápido… Cosa de que no pudiera arrepentirme, aunque lejos estaba de hacerlo.
Viajé hasta la casa de Paula y me bajé para caminar las cuadras que me separaban.
“Estoy en la puerta, te aviso por acá en caso de que el gordito esté durmiendo.”
Y a los pocos segundos, ella abrió la puerta con Bruno en mis brazos.
- Está super despierto. –Dijo cuando me vio.- Hola Pepe.
- Hola… -La saludé y no podía dejar de mirar a Bruno.-
- Anda a lavarte las manos así lo agarras porque se te cae la baba. –Dijo riendo.-
- Ah, porque a vos no. –Reímos.-
- Dale tarado, anda.
- Bueno, bueno.
Reí y fui a lavarme las manos, cuando volví lo agarré en mis brazos y él rápidamente se instaló allí.
- Hola Brunito hermoso. –Dije y besé su cabecita.- ¿Cómo estás? ¿Cómo te trata tu casa y tu mamá?
- ¡Hey! –Dijo atrás de mí.- Yo lo trato bien.
- Es una charla entre hombres.
- Ah, perdón. –Dijo riendo.- ¿Queres algo de comer Pepe?
- No, comí un tostado hace un rato.
- ¿Seguro?
- Sí, no te preocupes. Vení con nosotros.
Pau se sentó frente a nosotros y estiró su espalda.
- Tenes una carita Pau.
-Rio.- Estoy bien, de verdad.
- ¿Segura?
- Sí. –Sonrió.- Me tiene enamorada, no puedo estar mal.
- Es que es muy hermoso.
- Muy. –Dijo mirándolo.-
Pasamos un rato charlando y jugándole a Bruno, hasta que él pidió ir con su mamá.
- ¿Te enojas si voy a darle de comer y a dormirlo?
- No Pau, tranquila.
- Me da cosa dejarte solo.
- Anda, de verdad… Yo me quedo leyendo unos apuntes. ¿O tengo que irme?
-Rio.- No tonto, lo duermo y vuelvo.
- Anda, de verdad.
- Bueno, dale. En un rato vuelvo.
Ella se fue con Bruno en brazos y yo suspiré.
¿Leer apuntes?
¡En lo único que podía pensar era en cómo le iba a decir lo que me pasaba!
Volvió luego de casi media hora, la cual se me hizo eterna.
- Pepe… Necesito hablar con vos. –Dijo muy directa, sentándose frente a mí.-
- Yo también Pau.
- Te lo voy a preguntar, sin vueltas.
- Está bien.
- ¿A vos te siguen pasando cosas conmigo?
-Suspiré.- Sí… Perdón, pero no puedo evitarlo.
- Yo lo sabía. –Suspiró.- Alejate Pepe, por favor… Te voy a hacer mal y no quiero.
- No puedo estar lejos de ustedes.
- Tenes que conocer a otras mujeres y enamorarte de alguien que te corresponda.
- Pero yo estoy enamorado de vos. –Acaricié su mejilla y ella cerró sus ojos.-
- No Pedro, por favor.
- Me pasa con vos. ¡No puedo evitarlo!
-Me miró.- No quiero lastimarte, no te lo mereces.
- Ya te dije que estar cerca de ustedes no me lastima.
- Pero te impide que dejes de pensar en mí.
- Aunque esté en Alaska, voy a seguir pensando en vos y en Bruno. ¡Te amo Paula!
Y en ese momento ella bajó su mirada, comenzando a llorar.
- Te amo a vos, con locura. –Repetí con lágrimas en los ojos.- Y lo amo a Bruno, me muero porque sea mi hijo. –Le dije.- Y ya sé, ya sé que eso no es así… Pero me gustaría ser algo parecido para él.
- No Pedro, no. –Me miró secando sus lágrimas.- Esto te va a hacer mierda.
- No puedo no estar cerca de ustedes. –Dije acercándome aún más a ella.-
- Pepe… Por favor. –Posó sus manos en mis hombros, tratando de separarme.-
- Dejame demostrarte que te podes enamorar de mí.
- Sos mi amigo Pedro.
- Vos también lo eras para mí y lo seguís siendo… -Suspiré.- Pero no pude evitarlo.
- Andate Pepe, por favor.
- No Pau, no me voy a ir. –Acaricié su cuello y ella cerró sus ojos, dejando que varias lágrimas caigan de ellos.- Y no llores. –Sequé sus lágrimas.-
- Nos hacemos mal así.
- No puedo dejar de amarte, te lo juro que lo intenté.
- Por eso tenes que alejarte. –Dijo mirándome.-
- No me voy a alejar, no es una opción.
- Bueno, para mí no es una opción lastimarte.
- No me lastimas.
- Estás enamorado de mí y yo te quiero como mi amigo.
- Y yo quiero demostrarte que me podes querer de otra manera.
- No Pepe, no… -Se levantó, dándome la espalda.- Vos sos mi amigo y nunca vas a ser más que eso, perdón si te lastima, pero es la verdad. Y además, yo no estoy en momento de intentar nada, con nadie.
La abracé por la espalda y besé su cuello, no pude evitarlo.
- Yo puedo esperarte todo lo que quieras.
- ¡Sos mi amigo Pedro!
La abracé aún más fuerte y cerró sus ojos.
- Te amo. –Susurré en su oído.- Y sé que siempre va a ser así.
- Esto no puede ser, es imposible.
Hice que diera media vuelta y quedamos frente a frente, la tomé por las mejillas y necesitaba hacerlo. No aguantaba más.
- No lo hagas Pepe. –Suplicó y quiso separarse de mí, pero no la dejé.-
- Necesito jugármela.
- Por favor.
- Por favor vos… -Acaricié mi nariz con la suya y sentí un torbellino dentro mío.- Dejate querer, sos hermosa… Yo sé que te hicieron creer lo contrario, sé que te trataron horrible, pero acá hay un hombre que te ama de verdad, que te ama con locura. A vos y a tu hijo. –Ella suspiró.- Y que si lo dejas, te va a amar y cuidar toda la vida.
- ¿Pero vos no entendes que a mí no me pasa lo mismo?
- Sí, lo entiendo… Pero quiero demostrarte que sí podes hacerlo en algún momento.
- Pepe… No me hagas esto y sobre todo, no te hagas esto.
- Hacerme esto es lo que deseo hace años.
Y no la dejé decir más nada, porque la besé muy suavemente. Dejando que sus labios y los míos se encuentren lentos…
Disfrutando de aquel beso que tanto había deseado y que no podía creer que estaba sucediendo.
Me preparé un café con leche con algo para comer mientras lo tenía en mis brazos y volví a mi cama, con él.
Desayuné con él a mi lado y luego, me acosté. Tenía mucha fiaca y quería aprovechar que estaba tranquilo.
Aún me sentía rara… O especial. Era muy loco pensar que Bruno había estado dentro mío la semana pasada y ahora lo tenía a mi lado. La emoción me recorría el cuerpo todo el tiempo.
Posé mi mano en la pancita de mi hijo y besé su hombro. Él buscó mi cara con su mano y yo sonreí, tomé su manito y la besé.
- ¿Qué pasa bebé? –Le susurré en su oído y él volvió a hacer lo mismo, yo reí.-
Me senté en la cama, con mis piernas flexionadas y lo acosté allí, para que con sus manitos alcanzara mi cara y me acarició, a su modo, por un largo rato.
- ¿Queres conocerme? –Pregunté sonriendo y él continuó.- Porque yo también quiero seguir conociéndote mi príncipe.
Yo claro que lo dejé, me daba cuenta que podría vivir en momentos así con mi hijo para siempre.
-
Me costó bastante prestarle atención a la clase, pero aún así lo hice.
Es que no podía dejar de pensar en lo que iba a decirle a Paula, porque se lo iba a decir. No había chances de que no ocurriera.
“Pau… ¿Puedo pasar ahora o preferís después?”
“Recién terminamos de comer, asique podes venir, no te preocupes.”
“Estoy saliendo de la facu.”
“Te esperamos.”
Salí de la universidad y por suerte, el bondi vino rápido… Cosa de que no pudiera arrepentirme, aunque lejos estaba de hacerlo.
Viajé hasta la casa de Paula y me bajé para caminar las cuadras que me separaban.
“Estoy en la puerta, te aviso por acá en caso de que el gordito esté durmiendo.”
Y a los pocos segundos, ella abrió la puerta con Bruno en mis brazos.
- Está super despierto. –Dijo cuando me vio.- Hola Pepe.
- Hola… -La saludé y no podía dejar de mirar a Bruno.-
- Anda a lavarte las manos así lo agarras porque se te cae la baba. –Dijo riendo.-
- Ah, porque a vos no. –Reímos.-
- Dale tarado, anda.
- Bueno, bueno.
Reí y fui a lavarme las manos, cuando volví lo agarré en mis brazos y él rápidamente se instaló allí.
- Hola Brunito hermoso. –Dije y besé su cabecita.- ¿Cómo estás? ¿Cómo te trata tu casa y tu mamá?
- ¡Hey! –Dijo atrás de mí.- Yo lo trato bien.
- Es una charla entre hombres.
- Ah, perdón. –Dijo riendo.- ¿Queres algo de comer Pepe?
- No, comí un tostado hace un rato.
- ¿Seguro?
- Sí, no te preocupes. Vení con nosotros.
Pau se sentó frente a nosotros y estiró su espalda.
- Tenes una carita Pau.
-Rio.- Estoy bien, de verdad.
- ¿Segura?
- Sí. –Sonrió.- Me tiene enamorada, no puedo estar mal.
- Es que es muy hermoso.
- Muy. –Dijo mirándolo.-
Pasamos un rato charlando y jugándole a Bruno, hasta que él pidió ir con su mamá.
- ¿Te enojas si voy a darle de comer y a dormirlo?
- No Pau, tranquila.
- Me da cosa dejarte solo.
- Anda, de verdad… Yo me quedo leyendo unos apuntes. ¿O tengo que irme?
-Rio.- No tonto, lo duermo y vuelvo.
- Anda, de verdad.
- Bueno, dale. En un rato vuelvo.
Ella se fue con Bruno en brazos y yo suspiré.
¿Leer apuntes?
¡En lo único que podía pensar era en cómo le iba a decir lo que me pasaba!
Volvió luego de casi media hora, la cual se me hizo eterna.
- Pepe… Necesito hablar con vos. –Dijo muy directa, sentándose frente a mí.-
- Yo también Pau.
- Te lo voy a preguntar, sin vueltas.
- Está bien.
- ¿A vos te siguen pasando cosas conmigo?
-Suspiré.- Sí… Perdón, pero no puedo evitarlo.
- Yo lo sabía. –Suspiró.- Alejate Pepe, por favor… Te voy a hacer mal y no quiero.
- No puedo estar lejos de ustedes.
- Tenes que conocer a otras mujeres y enamorarte de alguien que te corresponda.
- Pero yo estoy enamorado de vos. –Acaricié su mejilla y ella cerró sus ojos.-
- No Pedro, por favor.
- Me pasa con vos. ¡No puedo evitarlo!
-Me miró.- No quiero lastimarte, no te lo mereces.
- Ya te dije que estar cerca de ustedes no me lastima.
- Pero te impide que dejes de pensar en mí.
- Aunque esté en Alaska, voy a seguir pensando en vos y en Bruno. ¡Te amo Paula!
Y en ese momento ella bajó su mirada, comenzando a llorar.
- Te amo a vos, con locura. –Repetí con lágrimas en los ojos.- Y lo amo a Bruno, me muero porque sea mi hijo. –Le dije.- Y ya sé, ya sé que eso no es así… Pero me gustaría ser algo parecido para él.
- No Pedro, no. –Me miró secando sus lágrimas.- Esto te va a hacer mierda.
- No puedo no estar cerca de ustedes. –Dije acercándome aún más a ella.-
- Pepe… Por favor. –Posó sus manos en mis hombros, tratando de separarme.-
- Dejame demostrarte que te podes enamorar de mí.
- Sos mi amigo Pedro.
- Vos también lo eras para mí y lo seguís siendo… -Suspiré.- Pero no pude evitarlo.
- Andate Pepe, por favor.
- No Pau, no me voy a ir. –Acaricié su cuello y ella cerró sus ojos, dejando que varias lágrimas caigan de ellos.- Y no llores. –Sequé sus lágrimas.-
- Nos hacemos mal así.
- No puedo dejar de amarte, te lo juro que lo intenté.
- Por eso tenes que alejarte. –Dijo mirándome.-
- No me voy a alejar, no es una opción.
- Bueno, para mí no es una opción lastimarte.
- No me lastimas.
- Estás enamorado de mí y yo te quiero como mi amigo.
- Y yo quiero demostrarte que me podes querer de otra manera.
- No Pepe, no… -Se levantó, dándome la espalda.- Vos sos mi amigo y nunca vas a ser más que eso, perdón si te lastima, pero es la verdad. Y además, yo no estoy en momento de intentar nada, con nadie.
La abracé por la espalda y besé su cuello, no pude evitarlo.
- Yo puedo esperarte todo lo que quieras.
- ¡Sos mi amigo Pedro!
La abracé aún más fuerte y cerró sus ojos.
- Te amo. –Susurré en su oído.- Y sé que siempre va a ser así.
- Esto no puede ser, es imposible.
Hice que diera media vuelta y quedamos frente a frente, la tomé por las mejillas y necesitaba hacerlo. No aguantaba más.
- No lo hagas Pepe. –Suplicó y quiso separarse de mí, pero no la dejé.-
- Necesito jugármela.
- Por favor.
- Por favor vos… -Acaricié mi nariz con la suya y sentí un torbellino dentro mío.- Dejate querer, sos hermosa… Yo sé que te hicieron creer lo contrario, sé que te trataron horrible, pero acá hay un hombre que te ama de verdad, que te ama con locura. A vos y a tu hijo. –Ella suspiró.- Y que si lo dejas, te va a amar y cuidar toda la vida.
- ¿Pero vos no entendes que a mí no me pasa lo mismo?
- Sí, lo entiendo… Pero quiero demostrarte que sí podes hacerlo en algún momento.
- Pepe… No me hagas esto y sobre todo, no te hagas esto.
- Hacerme esto es lo que deseo hace años.
Y no la dejé decir más nada, porque la besé muy suavemente. Dejando que sus labios y los míos se encuentren lentos…
Disfrutando de aquel beso que tanto había deseado y que no podía creer que estaba sucediendo.
domingo, 17 de julio de 2016
Capítulo 18.
Ese mediodía, Bruno estaba en mis brazos, casi dormido y entró mi papá
al cuarto. Sonreí, un poco emocionada al verlo y él, sin decir nada, se acercó
a nosotros. Besó sentidamente mi frente y se sentó en una silla, frente a
nosotros, mirando a Bruno.
- Hola Brunito. –Dijo tomando la manito de mi hijo y yo sequé mis lágrimas.- Hola bebé. –Y mi papá también lloraba.-
- No llores papi.
-Me sonrió.- Vos tampoco entonces. –Reímos y él secó mis lágrimas.- Te felicito, es hermoso.
-Sonreí.- Es muy hermoso. –Hice una pausa.- ¿Sabes que recién estaba pensando en algo?
- ¿En qué?
- En que siempre me había sentido un poco vacía, sentía que algo le faltaba a mi vida… -Suspiré.- Y si bien, Bruno llegó en medio de una tormenta, tenerlo en mis brazos hoy me hace dar cuenta que ahora estoy completa y que tengo un motivo para vivir cada día de mi vida. –Hice una pausa.- Y te lo cuento, para que no pienses que estoy mal… Porque sé que lo pensas, sé que te cuesta verme así, verme mamá. ¿O no? –Él asintió.- Yo sé que sigo siendo tu nena y quiero serlo para siempre. –Reímos.- Pero decidir tenerlo es la mejor decisión que tomé en mi vida pa y no me arrepiento de nada. –Suspiré.- Quiero ser feliz con y por él. –Hice otra pausa.- Y te juro que valoro muchísimo todo el esfuerzo que haces por aceptar mi decisión y por ayudarnos, pero relajate, porque estoy bien.
-Secó sus lágrimas y suspiró.- Perdón por mi reacción, te juro que todavía estoy lleno de culpa.
- Eso ya pasó pa, solo quería que sepas lo que me pasa.
- ¿Vos estás feliz?
- Más que nunca en mi vida. –Lo miré a Bruno.- Mira lo que es…
-Mi papá besó mi mejilla.- Es hermoso y te va a llenar de amor toda la vida.
Mi papá me abrazó por el costado y tocó la cabecita de su nieto.
Luego de un rato, él volvió a su trabajo y yo no podía dejar de llorar. Bruno dormía a mi lado y mi mano estaba sobre su pancita.
Cerré mis ojos y suspiré, necesitaba que mi papá me entienda y decirle todo eso me había aliviado muchísimo.
Me acerqué aún más a mi bebé y besé su mejilla. Él giró y quedó frente a mí, torpemente. Reí y acaricié su bracito.
- ¿Queres venir a upa de mamá? –Dije posándolo sobre mi cuerpo.-
Y sí, era obvio que cualquier excusa para tenerlo encima, la iba a usar.
…
Los días pasaron y nos habían dado el alta, papá nos llevó en su auto a mi casa y les pedí, a él y a mi vieja, que me dejarán sola para llegar a mi casa. Quería acomodarme con él, necesitaba terminar de conocerlo.
Abrí la puerta de mi casa con él en brazos, quién estaba despierto y mientras entraba dije:
- Bienvenido a casa Bruno. –Besé su cabeza y cerré la puerta.-
Dejé el bolso sobre el sillón y con él en mis brazos, abrí las ventanas para que entrara un poco de aire, hacia varios días que no estaba allí.
Fui con él hasta su cuarto y miraba para todos lados, reí porque nunca lo había visto mover tanto sus ojitos. Apenas tenía 5 días.
Me senté en el sillón que tenía en su habitación y lo acosté en mis piernas, acaricié su naricita y él me hizo una mueca. Sonreí.
- Esta es tu habitación mi amor… -Dije.- Acá vas a poder jugar todo lo que quieras, acá vas a crecer. –Dije y me emocioné.- Ay, no puedo creer que estemos acá. –Y dejé caer algunas lágrimas.- Lo soñé tanto… Y me costó tanto. –Suspiré.- Que ahora es realidad y no puedo creerlo.
Lo posé sobre mi pecho, porque necesitaba abrazarlo y él posó sus manitos sobre mi piel, así se quedó dormido.
Lo dejé en el moisés, el cual estaba en mi habitación y ordené las cosas del bolso, la mayoría de las cosas eran para lavar y luego, me preparé algo para comer.
Comí en mi habitación, me daba cosa estar mucho tiempo lejos de él a pesar de que estuviera durmiendo.
“¿Ya están en tu casa?”
“Sí Pepe, llegamos hace un ratito.”
“¿Todo bien? ¿Necesitas algo?”
“Todo perfecto… Gracias.”
“Cualquier cosa me avisas.”
“Gracias, de verdad.”
“Nada que agradecer señorita.”
Sonreí y dejé caer mi torso en la cama… Aún sospechaba que él siguiera enamorado de mí y eso me dolía demasiado.
Estaba demasiado pendiente de nosotros y si bien, eso me mataba de ternura, quería dejarle en claro que no me pasaba nada amoroso con él y que necesitaba que conozca a otras mujeres.
Suspiré y cerré mis ojos, intentando relajar mi cuerpo, no entendía por qué estaba pensando eso en ese momento… Quizás porque todo lo sentía el triple. Estaba a flor de piel.
Me quedé dormida.
-
Me moría por ir a la casa de Paula, pero entendía que era un momento solo de ellos.
El problema radicada en que me moría por ser parte de esa familia y era imposible.
Busqué mi celular, ya que había puesto de fondo de pantalla una foto de los tres en la clínica y sonreí. Me daba cuenta que quería vivir con ellos para siempre y no sabía cómo hacerlo.
Sentía que enamorar a Paula era imposible, si después de tanto tiempo y de tanto haber hecho por ella no lo había logrado. ¿Qué más podía hacer?
Intenté escribirle una carta, pero me sentía un pelotudo. Tenía que decirle las cosas en la cara y aunque sabía que no era el momento indicado… Necesitaba hacerlo.
Estaba decidido.
-
Me desperté porque Bruno lloraba, lo tomé en brazos y noté que debía cambiarle el pañal asique eso es lo que hice.
Después, me senté en la cama con él en mis brazos y la almohadita para darle la teta, ya que estaba muerto de hambre y lo notaba porque apretaba con fuerza sus labios… Lo había descubierto el día anterior y siempre se cumplía.
Levanté mi remera y desabroché una de las tiras de mi corpiño para comenzar a amamantarlo, ayudándolo con mis dedos. Él, como siempre, apoyaba su manito en mi pecho y yo no podía dejar de mirarlo… Él también me miraba.
Me tenía enamorada, embobada.
Cuando terminó de comer, acomodé mi ropa y luego de hacerle el famoso provechito, lo acosté en mi cama boca arriba solo con su pañal, ya que hacía mucho calor.
Besé toda su pancita, sus bracitos y su cuello y mientras lo hacía, él enredó sus manitos en mi pelo, yo reí y las quité de allí, porque me estaba tirando.
Tomé sus manitos con las mías y llené de besos su cara, él no se quejaba y se lo agradecía porque podría hacerlo durante toda la vida.
Se estaba quedando dormido y sonreí, continué besándolo hasta que su respiración cambió. Estaba completamente dormido.
Me levanté con cuidado y lo dejé en el cochecito, para llevarlo al baño y poder bañarme.
Le saqué una foto mientras dormía y se la envíe a Pedro.
“Para que veas que estamos bien, ajajaja”
Y sinceramente, no entendía por qué lo buscaba.
“¿Y la mamá? ¿Cómo está?”
“Acomodándome, recién me bañé, jajaja”
“Ah bueno, perfecto entonces. Está hermoso el gordito.”
“Podes venir a visitarlo cuando quieras.”
“Mañana después de la facu paso un rato. ¿Puede ser?”
“Dale, te vamos a estar esperando. Hasta mañana.”
“Hasta mañana, que descansen.”
“Vos también Pepe.”
Suspiré y dejé mi celular a un lado, debía hablar con él.
- Hola Brunito. –Dijo tomando la manito de mi hijo y yo sequé mis lágrimas.- Hola bebé. –Y mi papá también lloraba.-
- No llores papi.
-Me sonrió.- Vos tampoco entonces. –Reímos y él secó mis lágrimas.- Te felicito, es hermoso.
-Sonreí.- Es muy hermoso. –Hice una pausa.- ¿Sabes que recién estaba pensando en algo?
- ¿En qué?
- En que siempre me había sentido un poco vacía, sentía que algo le faltaba a mi vida… -Suspiré.- Y si bien, Bruno llegó en medio de una tormenta, tenerlo en mis brazos hoy me hace dar cuenta que ahora estoy completa y que tengo un motivo para vivir cada día de mi vida. –Hice una pausa.- Y te lo cuento, para que no pienses que estoy mal… Porque sé que lo pensas, sé que te cuesta verme así, verme mamá. ¿O no? –Él asintió.- Yo sé que sigo siendo tu nena y quiero serlo para siempre. –Reímos.- Pero decidir tenerlo es la mejor decisión que tomé en mi vida pa y no me arrepiento de nada. –Suspiré.- Quiero ser feliz con y por él. –Hice otra pausa.- Y te juro que valoro muchísimo todo el esfuerzo que haces por aceptar mi decisión y por ayudarnos, pero relajate, porque estoy bien.
-Secó sus lágrimas y suspiró.- Perdón por mi reacción, te juro que todavía estoy lleno de culpa.
- Eso ya pasó pa, solo quería que sepas lo que me pasa.
- ¿Vos estás feliz?
- Más que nunca en mi vida. –Lo miré a Bruno.- Mira lo que es…
-Mi papá besó mi mejilla.- Es hermoso y te va a llenar de amor toda la vida.
Mi papá me abrazó por el costado y tocó la cabecita de su nieto.
Luego de un rato, él volvió a su trabajo y yo no podía dejar de llorar. Bruno dormía a mi lado y mi mano estaba sobre su pancita.
Cerré mis ojos y suspiré, necesitaba que mi papá me entienda y decirle todo eso me había aliviado muchísimo.
Me acerqué aún más a mi bebé y besé su mejilla. Él giró y quedó frente a mí, torpemente. Reí y acaricié su bracito.
- ¿Queres venir a upa de mamá? –Dije posándolo sobre mi cuerpo.-
Y sí, era obvio que cualquier excusa para tenerlo encima, la iba a usar.
…
Los días pasaron y nos habían dado el alta, papá nos llevó en su auto a mi casa y les pedí, a él y a mi vieja, que me dejarán sola para llegar a mi casa. Quería acomodarme con él, necesitaba terminar de conocerlo.
Abrí la puerta de mi casa con él en brazos, quién estaba despierto y mientras entraba dije:
- Bienvenido a casa Bruno. –Besé su cabeza y cerré la puerta.-
Dejé el bolso sobre el sillón y con él en mis brazos, abrí las ventanas para que entrara un poco de aire, hacia varios días que no estaba allí.
Fui con él hasta su cuarto y miraba para todos lados, reí porque nunca lo había visto mover tanto sus ojitos. Apenas tenía 5 días.
Me senté en el sillón que tenía en su habitación y lo acosté en mis piernas, acaricié su naricita y él me hizo una mueca. Sonreí.
- Esta es tu habitación mi amor… -Dije.- Acá vas a poder jugar todo lo que quieras, acá vas a crecer. –Dije y me emocioné.- Ay, no puedo creer que estemos acá. –Y dejé caer algunas lágrimas.- Lo soñé tanto… Y me costó tanto. –Suspiré.- Que ahora es realidad y no puedo creerlo.
Lo posé sobre mi pecho, porque necesitaba abrazarlo y él posó sus manitos sobre mi piel, así se quedó dormido.
Lo dejé en el moisés, el cual estaba en mi habitación y ordené las cosas del bolso, la mayoría de las cosas eran para lavar y luego, me preparé algo para comer.
Comí en mi habitación, me daba cosa estar mucho tiempo lejos de él a pesar de que estuviera durmiendo.
“¿Ya están en tu casa?”
“Sí Pepe, llegamos hace un ratito.”
“¿Todo bien? ¿Necesitas algo?”
“Todo perfecto… Gracias.”
“Cualquier cosa me avisas.”
“Gracias, de verdad.”
“Nada que agradecer señorita.”
Sonreí y dejé caer mi torso en la cama… Aún sospechaba que él siguiera enamorado de mí y eso me dolía demasiado.
Estaba demasiado pendiente de nosotros y si bien, eso me mataba de ternura, quería dejarle en claro que no me pasaba nada amoroso con él y que necesitaba que conozca a otras mujeres.
Suspiré y cerré mis ojos, intentando relajar mi cuerpo, no entendía por qué estaba pensando eso en ese momento… Quizás porque todo lo sentía el triple. Estaba a flor de piel.
Me quedé dormida.
-
Me moría por ir a la casa de Paula, pero entendía que era un momento solo de ellos.
El problema radicada en que me moría por ser parte de esa familia y era imposible.
Busqué mi celular, ya que había puesto de fondo de pantalla una foto de los tres en la clínica y sonreí. Me daba cuenta que quería vivir con ellos para siempre y no sabía cómo hacerlo.
Sentía que enamorar a Paula era imposible, si después de tanto tiempo y de tanto haber hecho por ella no lo había logrado. ¿Qué más podía hacer?
Intenté escribirle una carta, pero me sentía un pelotudo. Tenía que decirle las cosas en la cara y aunque sabía que no era el momento indicado… Necesitaba hacerlo.
Estaba decidido.
-
Me desperté porque Bruno lloraba, lo tomé en brazos y noté que debía cambiarle el pañal asique eso es lo que hice.
Después, me senté en la cama con él en mis brazos y la almohadita para darle la teta, ya que estaba muerto de hambre y lo notaba porque apretaba con fuerza sus labios… Lo había descubierto el día anterior y siempre se cumplía.
Levanté mi remera y desabroché una de las tiras de mi corpiño para comenzar a amamantarlo, ayudándolo con mis dedos. Él, como siempre, apoyaba su manito en mi pecho y yo no podía dejar de mirarlo… Él también me miraba.
Me tenía enamorada, embobada.
Cuando terminó de comer, acomodé mi ropa y luego de hacerle el famoso provechito, lo acosté en mi cama boca arriba solo con su pañal, ya que hacía mucho calor.
Besé toda su pancita, sus bracitos y su cuello y mientras lo hacía, él enredó sus manitos en mi pelo, yo reí y las quité de allí, porque me estaba tirando.
Tomé sus manitos con las mías y llené de besos su cara, él no se quejaba y se lo agradecía porque podría hacerlo durante toda la vida.
Se estaba quedando dormido y sonreí, continué besándolo hasta que su respiración cambió. Estaba completamente dormido.
Me levanté con cuidado y lo dejé en el cochecito, para llevarlo al baño y poder bañarme.
Le saqué una foto mientras dormía y se la envíe a Pedro.
“Para que veas que estamos bien, ajajaja”
Y sinceramente, no entendía por qué lo buscaba.
“¿Y la mamá? ¿Cómo está?”
“Acomodándome, recién me bañé, jajaja”
“Ah bueno, perfecto entonces. Está hermoso el gordito.”
“Podes venir a visitarlo cuando quieras.”
“Mañana después de la facu paso un rato. ¿Puede ser?”
“Dale, te vamos a estar esperando. Hasta mañana.”
“Hasta mañana, que descansen.”
“Vos también Pepe.”
Suspiré y dejé mi celular a un lado, debía hablar con él.
sábado, 16 de julio de 2016
Capítulo 17.
Después de un ratito, la enfermera me ayudó a darle la teta y se quedó
despierto. Acostado en mis piernas. Yo sostenía sus manitos y él no dejaba de
mirarme.
- Sos tan hermoso Bruno… -Besé su pancita.- Tan… -Acaricié su cara con mi nariz y frené cuando mi nariz encontró la suya.- Te amo mi amor… -Besé su pera y él hizo una mueca, reí. Volví a sentarme bien y solté una de sus manitos para acariciar su pancita y su cuellito.-
Era tan chiquitito y tan hermoso que me llenaba de amor… ¡Y de miedo!
Tan chiquitito y dependiendo solo de mí, solo esperaba no fallarle. Me daba cuenta que nada me importaba nada más que él. Él era mi prioridad y siempre iba a serlo.
Era mi príncipe.
Escuché que tocaron la puerta y miré para allí, entró mi mamá y le sonreí.
- ¿Puedo?
Asentí y ella entró al cuarto, se acercó a nosotros y se sentó a mi lado, abrazándome por el costado y mirando a Bruno.
- Hola Brunito. –Tomó su manito.- Soy la abuela. –Mamá sonrió y yo también.- Sos hermoso bebé. –Mamá besó mi mejilla y yo apoyé mi cabeza en su hombro.- ¿Cómo estás hija?
- Bien, emocionada, feliz.
-Besó mi frente.- ¿Viste que ahora que lo tenes todo el resto no importa?
-Reí y asentí.- ¿Queres tenerlo?
- ¿Puedo?
- Obvio ma, además quiero ir al baño. –Reí.-
- A ver, damelo.
Puse a mi hijo sobre los brazos de mi mamá y él rápidamente se acomodó allí, mi mamá sonrió y besó su frente.
- Ya vengo mami.
- Dale, anda tranquila.
Fui al baño y luego, me lavé la cara. Me miré al espejo y sonreí, lo escuché llorar y salí rápidamente.
- Me parece que no le caí bien. –Dijo riendo mi mamá y yo también reí.-
Me acerqué a ellos y lo tomé en mis brazos, lo acomodé sobre mi pecho y caminé algunos pasos con él.
- Sentate hija.
- Quiero estar un poco parada. –Le dije.-
- ¿Segura?
- Sí mami.
Bruno rápidamente se tranquilizó y posó su manito en mi pecho.
- Acá estoy hijo. –Susurré en su oído y él cerró sus ojitos.-
Después de algunos minutos, me senté en la cama y él comenzó a quedarse dormido.
- ¿Papá está afuera?
- No, se fue a trabajar. Están Agos y Pepe.
-Sonreí.- ¿Te enojas si quiero que Agos lo conozca?
- Obvio que no hija. ¿Le digo que pase?
- Sí, por favor.
Agos estuvo un ratito con nosotros y se fue con mi mamá. Aún estaba Pedro.
- ¿Puedo pasar o molesto?
- Nunca molestas Pepe, pasa.
Pedro entró y antes de que se sentara, le dije.
- ¿Queres tenerlo?
- Sí… Obvio.
- Vení, agarralo.
Pedro tomó a Bruno en brazos, quién dormía y se sentó en el sillón, con él acomodado en sus brazos.
- Te queda muy bien eh. –Le dije riendo y Pepe también rio.-
- A vos te queda hermoso.
Sonreí y me acerqué a ellos, me senté al lado de Pedro y lo despeiné.
- Gracias, de verdad. –Le dije con lágrimas en mis ojos.- Estuviste con nosotros desde el principio y nos hace muy bien tenerte cerca.
-Besó mi frente.- Siempre voy a estar cerca de ustedes.
- Gracias…
- Ya te dije mil veces que no me lo agradezcas.
- Pero quiero hacerlo.
- Y yo te dije que lo hago porque lo siento.
- Te queremos muchísimo Pepe.
- Y yo a ustedes, no te das una idea de cuánto.
Lo abracé por el costado y apoyé mi cabeza en su hombro, mirando a mi hijo.
- Sos parte de esta pequeña familia, siempre lo vas a ser. –Le dije.-
- Qué lindo lo que me decís.
- Es la verdad Pepe, sos muy importante para mí, para nosotros.
-También me abrazó él por el costado.- Me vas a hacer llorar.
-Reí.- No me robes el papel, que la que está sensible soy yo. –Reímos y nos quedamos mirando a Bruno durante un largo rato.-
Esa noche, me había quedado sola con Bruno y me estaba quedando dormida, cuando él comenzó a llorar sobre mi pecho. Suspiré y lo acomodé en mis brazos, boca arriba.
- ¿Qué pasa mi amor? –Susurré.-
Revisé su pañal y estaba limpio, asique probé con la teta y era eso. Tenía hambre.
Me costó un poco dársela sola, pero lo logré y comenzó a succionar solito. Sonreí y posó su manito en mi pecho.
¿Yo? No podía dejar de mirarlo. ¡Era tan hermoso!
Sus ojitos me miraban y yo le sonreía.
Cuando terminó, acomodé mi ropa y le hice hacer provechito. Cambié su ropita, porque lo sentía transpirado y ya estaba tranquilo otra vez.
- ¿Qué te parece si seguimos durmiendo? –Le dije riendo.-
La verdad era que no había podido dormir nada y habían sido demasiadas emociones para un día. Me metí en la cama y volví a acomodarlo sobre mi pecho.
Apagué la luz y lo mimé hasta que se quedó dormido y al poco tiempo, también me quedé dormida yo.
Me desperté, alrededor de las seis de la mañana, porque Bruno no dejaba de moverse y estaba despierto.
- Buen día mi príncipe. –Sonreí.- Buen día. –Besé su frente y lo acomodé en mis brazos.- Te despertaste inquieto. –Reí y acaricié su nariz.-
Me levanté para cambiar su pañal y luego, fui al baño yo, mientras él se quedó tranquilito en su cunita.
Volví a la cama y le dí el pecho. Estaba muerto de hambre.
- Buen día. –Dijo la enfermera entrando.-
- Buen día. –Le respondí.-
- Veo que no tuviste problema.
-Reí.- No, anoche me costó un poquito más, tomó a la madrugada… Pero ahora se prendió al toque.
- Bueno, mejor entonces.
- Sí. –Sonreí.-
- ¿Vos cómo estás?
- Bien, mejor ahora que dormí.
- ¿Te dejó dormir?
-Reí.- Sí, algunas horas.
- Pero qué bebé más bueno. –Tocó la manito de Bruno.- Vengo a hacerte las curaciones. Espero a que termines…
- Dale.
Terminé de darle la teta a Bruno y luego la enfermera curó la herida de la cesárea.
Bruno se quedó dormido y yo desayuné, luego me colgué mirándolo, ya que él estaba en la cuna. Acaricié su nariz y tomé su manito.
- Vamos a estar bien mi amor, te lo prometo. –Besé sus deditos.- Mamá siempre va a cuidarte. –Sonreí y no aguanté, lo tomé en mis brazos.- Siempre vamos a estar juntos hijo, te lo juro. –Besé su mejilla.- Te amo Bruno.
Suspiré y me acosté en la cama, con él sobre mi pecho y sin poder evitar las lágrimas.
Quería ser la mejor mamá posible, necesitaba ser una buena madre para él porque sentía que, después de mucho tiempo, por fin le había encontrado un propósito a mi vida y mi propósito era ese: ser su mamá.
- Sos tan hermoso Bruno… -Besé su pancita.- Tan… -Acaricié su cara con mi nariz y frené cuando mi nariz encontró la suya.- Te amo mi amor… -Besé su pera y él hizo una mueca, reí. Volví a sentarme bien y solté una de sus manitos para acariciar su pancita y su cuellito.-
Era tan chiquitito y tan hermoso que me llenaba de amor… ¡Y de miedo!
Tan chiquitito y dependiendo solo de mí, solo esperaba no fallarle. Me daba cuenta que nada me importaba nada más que él. Él era mi prioridad y siempre iba a serlo.
Era mi príncipe.
Escuché que tocaron la puerta y miré para allí, entró mi mamá y le sonreí.
- ¿Puedo?
Asentí y ella entró al cuarto, se acercó a nosotros y se sentó a mi lado, abrazándome por el costado y mirando a Bruno.
- Hola Brunito. –Tomó su manito.- Soy la abuela. –Mamá sonrió y yo también.- Sos hermoso bebé. –Mamá besó mi mejilla y yo apoyé mi cabeza en su hombro.- ¿Cómo estás hija?
- Bien, emocionada, feliz.
-Besó mi frente.- ¿Viste que ahora que lo tenes todo el resto no importa?
-Reí y asentí.- ¿Queres tenerlo?
- ¿Puedo?
- Obvio ma, además quiero ir al baño. –Reí.-
- A ver, damelo.
Puse a mi hijo sobre los brazos de mi mamá y él rápidamente se acomodó allí, mi mamá sonrió y besó su frente.
- Ya vengo mami.
- Dale, anda tranquila.
Fui al baño y luego, me lavé la cara. Me miré al espejo y sonreí, lo escuché llorar y salí rápidamente.
- Me parece que no le caí bien. –Dijo riendo mi mamá y yo también reí.-
Me acerqué a ellos y lo tomé en mis brazos, lo acomodé sobre mi pecho y caminé algunos pasos con él.
- Sentate hija.
- Quiero estar un poco parada. –Le dije.-
- ¿Segura?
- Sí mami.
Bruno rápidamente se tranquilizó y posó su manito en mi pecho.
- Acá estoy hijo. –Susurré en su oído y él cerró sus ojitos.-
Después de algunos minutos, me senté en la cama y él comenzó a quedarse dormido.
- ¿Papá está afuera?
- No, se fue a trabajar. Están Agos y Pepe.
-Sonreí.- ¿Te enojas si quiero que Agos lo conozca?
- Obvio que no hija. ¿Le digo que pase?
- Sí, por favor.
Agos estuvo un ratito con nosotros y se fue con mi mamá. Aún estaba Pedro.
- ¿Puedo pasar o molesto?
- Nunca molestas Pepe, pasa.
Pedro entró y antes de que se sentara, le dije.
- ¿Queres tenerlo?
- Sí… Obvio.
- Vení, agarralo.
Pedro tomó a Bruno en brazos, quién dormía y se sentó en el sillón, con él acomodado en sus brazos.
- Te queda muy bien eh. –Le dije riendo y Pepe también rio.-
- A vos te queda hermoso.
Sonreí y me acerqué a ellos, me senté al lado de Pedro y lo despeiné.
- Gracias, de verdad. –Le dije con lágrimas en mis ojos.- Estuviste con nosotros desde el principio y nos hace muy bien tenerte cerca.
-Besó mi frente.- Siempre voy a estar cerca de ustedes.
- Gracias…
- Ya te dije mil veces que no me lo agradezcas.
- Pero quiero hacerlo.
- Y yo te dije que lo hago porque lo siento.
- Te queremos muchísimo Pepe.
- Y yo a ustedes, no te das una idea de cuánto.
Lo abracé por el costado y apoyé mi cabeza en su hombro, mirando a mi hijo.
- Sos parte de esta pequeña familia, siempre lo vas a ser. –Le dije.-
- Qué lindo lo que me decís.
- Es la verdad Pepe, sos muy importante para mí, para nosotros.
-También me abrazó él por el costado.- Me vas a hacer llorar.
-Reí.- No me robes el papel, que la que está sensible soy yo. –Reímos y nos quedamos mirando a Bruno durante un largo rato.-
Esa noche, me había quedado sola con Bruno y me estaba quedando dormida, cuando él comenzó a llorar sobre mi pecho. Suspiré y lo acomodé en mis brazos, boca arriba.
- ¿Qué pasa mi amor? –Susurré.-
Revisé su pañal y estaba limpio, asique probé con la teta y era eso. Tenía hambre.
Me costó un poco dársela sola, pero lo logré y comenzó a succionar solito. Sonreí y posó su manito en mi pecho.
¿Yo? No podía dejar de mirarlo. ¡Era tan hermoso!
Sus ojitos me miraban y yo le sonreía.
Cuando terminó, acomodé mi ropa y le hice hacer provechito. Cambié su ropita, porque lo sentía transpirado y ya estaba tranquilo otra vez.
- ¿Qué te parece si seguimos durmiendo? –Le dije riendo.-
La verdad era que no había podido dormir nada y habían sido demasiadas emociones para un día. Me metí en la cama y volví a acomodarlo sobre mi pecho.
Apagué la luz y lo mimé hasta que se quedó dormido y al poco tiempo, también me quedé dormida yo.
Me desperté, alrededor de las seis de la mañana, porque Bruno no dejaba de moverse y estaba despierto.
- Buen día mi príncipe. –Sonreí.- Buen día. –Besé su frente y lo acomodé en mis brazos.- Te despertaste inquieto. –Reí y acaricié su nariz.-
Me levanté para cambiar su pañal y luego, fui al baño yo, mientras él se quedó tranquilito en su cunita.
Volví a la cama y le dí el pecho. Estaba muerto de hambre.
- Buen día. –Dijo la enfermera entrando.-
- Buen día. –Le respondí.-
- Veo que no tuviste problema.
-Reí.- No, anoche me costó un poquito más, tomó a la madrugada… Pero ahora se prendió al toque.
- Bueno, mejor entonces.
- Sí. –Sonreí.-
- ¿Vos cómo estás?
- Bien, mejor ahora que dormí.
- ¿Te dejó dormir?
-Reí.- Sí, algunas horas.
- Pero qué bebé más bueno. –Tocó la manito de Bruno.- Vengo a hacerte las curaciones. Espero a que termines…
- Dale.
Terminé de darle la teta a Bruno y luego la enfermera curó la herida de la cesárea.
Bruno se quedó dormido y yo desayuné, luego me colgué mirándolo, ya que él estaba en la cuna. Acaricié su nariz y tomé su manito.
- Vamos a estar bien mi amor, te lo prometo. –Besé sus deditos.- Mamá siempre va a cuidarte. –Sonreí y no aguanté, lo tomé en mis brazos.- Siempre vamos a estar juntos hijo, te lo juro. –Besé su mejilla.- Te amo Bruno.
Suspiré y me acosté en la cama, con él sobre mi pecho y sin poder evitar las lágrimas.
Quería ser la mejor mamá posible, necesitaba ser una buena madre para él porque sentía que, después de mucho tiempo, por fin le había encontrado un propósito a mi vida y mi propósito era ese: ser su mamá.
viernes, 15 de julio de 2016
Capítulo 16.
Estaba en la clínica, con un dolor que no soportaba… Pero lo que menos
soportaba era estar sola. Necesitaba que alguien me diera la mano.
Los médicos me habían dejado sola y mi panza estaba demasiado dura. Escuché que alguien tocó la puerta y entró Pedro. Sonreí al verlo.
Él se acercó a mí y me abrazó.
- No llores Pau, no llores.
-Suspiré.- Perdón.
- No, no pidas perdón. –Secó mis lágrimas.- ¿Cómo estás?
- No, no sé… Pero necesitaba a alguien conmigo.
- Acá estoy, no me voy a ir. –Sonreí y ella besó mi mano.- ¿Cómo están? –Tocó mi panza.-
- Me subió la presión y por eso me trajeron acá, si no me baja… Me van a inducir el parto.
- ¿Cuánto tenes que esperar?
- No sé. –Sequé mis lágrimas.-
- Bueno, trata de tranquilizarte. –Acarició mi frente.- Mientras más tranquila estés, mejor.
- Gracias por estar acá.
- No me lo tenes que agradecer tonta. –Hizo que cerrara mis ojos.- No llores más.
-Reí.- Siento que estoy bipolar.
-Rio también.- Bueno, pero tranquilizate así te baja la presión.
- Eso trato.
- Dale, yo me quedo con vos.
Apreté con fuerza su mano y él besó mi frente. Sonreí.
- ¿Qué hora es Pepe?
- Las nueve y veinte.
-Suspiré.- En diez minutos viene el médico.
- Tenes diez minutos para tranquilizarte. –Dijo comenzando a jugar con mi pelo con una mano y la otra, la llevo junto con la mía a su panza.-
- Pepe…
- ¿Qué Pau?
- Gracias, de verdad. Fuiste quién más estuvo conmigo durante todo este tiempo.
- No me lo tenes que agradecer, porque lo hago de corazón. –Sonreí y volvió a besar mi frente.- Dale, intenta relajarte.
Pasaron esos diez minutos y volvió al médico, quién me tomó la presión y al rato, tomaron la decisión de inducirme el parto y el pánico me invadió. Pedro sostenía con fuerza mi mano y se lo agradecía.
- ¿Usted es el padre? –Preguntó.-
- No… -Le dijo Pepe.- Solo un amigo.
- ¿Va a entrar con alguien a la sala de partos? –Me preguntó el médico.-
- No doctor.
- ¿Me deja un minuto a solas? –Le preguntó Pedro al médico.-
- Sí, voy a ir a buscar a la enfermera.
El médico se fue y él me miró.
- ¿Qué pasa Pepe?
- Solo es una propuesta eh, si no queres no me enojo.
- ¿Qué cosa?
- ¿Puedo entrar con vos?
- ¿Me hablas en serio?
- Obvio que te hablo enserio. –Besó mi frente.- Así no estás sola.
-Dejé caer una lágrima, de emoción.- Sí, por favor.
- Entonces voy a estar ahí.
- Gracias Pedro, de verdad.
- No me lo tenes que agradecer Pau, lo hago porque los quiero…
- Nosotros te queremos a vos.
Nos abrazamos y me largué a llorar como una nena.
- Me muero de miedo.
- No, tranquila… Tranquila.
- ¿Y si algo sale mal?
- Va a estar todo bien Pau, te lo prometo.
En ese momento, entró el médico con una enfermera y me revisaron.
Decidieron hacerme una cesárea y yo ya estaba en el quirófano, Pedro estaba a mi lado, tomando mi mano y eso me llenaba de paz.
Cuando lo escuché llorar fue como si el alma me volviera al cuerpo, la enfermera lo acercó a mí y no podía explicar lo que sentía. Toqué su manito y sentí que mi vida estaba cambiando para siempre.
Se lo debieron llevar para revisarlo y el médico coció mi herida, Pedro seguía a mi lado y mamá se había ido con Bruno. Yo lo único que quería era tenerlo conmigo.
Me llevaron a una habitación y casi no podía hablar por la anestesia, pero cuando escuché la puerta sonreí. La enfermera traía a mi hijo en brazos y lo posó sobre los míos.
- Hola mi amor, hola. –Susurré y besé su frente.- Sos hermoso bebé. –Y odiaba que no me saliera la voz.-
- Cualquier cosa que necesites, me avisas. –Me dijo la enfermera.- Te dejo con él. –Sonreí y ella se fue.-
Bruno estaba completamente tranquilo y yo no podía dejar de mirarlo, me largué a llorar como una nena y lo abracé contra mi pecho. Besé su mejilla y sentí su respiración calentita en mi hombro, sonreí sin dejar de llorar y me acomodé contra el respaldo de la cama… Acomodé a Bruno sobre mi pecho y él se acurrucó en mí, posé mi mano sobre su espalda y besé su cabecita.
- No puedo creer que estés acá mi amor. –Hice una pausa.- Te amo más de lo que te puedo explicar hijo. –Acomodé la mantita sobre su espalda y él movió su piernita, reí.- Perdón, perdón. Mamá deja de molestarte. –Reí.- Dormí mi amor, dormí que no te voy a soltar nunca.
Cerré mis ojos y sentía el calor de su cuerpecito sobre el mío…
- Te amo bebé, te amo. –Suspiré.-
Me dolía todo el cuerpo y no podía hablar, pero estaba con la emoción a flor de piel. No había pasado ni siquiera una hora con él y ya estaba segura de que nada iba a separarnos.
Después de un largo rato, él se movió y se apoyó sobre mí, con su otra mejilla… Buscando mi corazón. Sonreí y lo ayudé, posó su manito en mi pecho y besé su cabeza.
Busqué mi celular y le saqué algunas fotos a él y otras a los dos juntos, quería tener un recuerdo de este momento para siempre.
Quería que se despierte, quería que nos miremos a los ojos… Pero no me animaba a despertarlo.
- Quiero ver esos ojitos Bruno. –Susurré, porque no podía hablar de otro modo.- Despertate bebé… -Acaricié su espalda y él se acurrucó aún más en mí, yo reí.- Está bien, queres dormir.
En ese momento, entró el médico y se acercó a mí.
- ¿Cómo están? ¿Cómo te sentís?
- Bien. –Le sonreí.- Está durmiendo desde que llegó.
- Seguro se va a despertar con hambre… Podes llamar a la enfermera para que te ayude a amamantarlo por primera vez. –Asentí.- ¿Vos estás bien?
- Emocionada. –Reí.-
- Sí, obvio. Es normal. –Hizo una pausa.- ¿El papá no está, no? –Negué con mi cabeza.- ¿Queres que le diga a alguien de los que están con vos que pase?
- A Pedro.
- ¿El chico que entró al parto?
- Sí.
- Ahora le digo entonces.
- Gracias.
- No es nada.
El médico se fue y al ratito, entró Pedro.
- Hola, permiso… -Dijo entrando al cuarto.-
- Hola. -Respondí.-
- ¿Puedo pasar?
- Obvio.
Pedro entró al cuarto y se sentó a nuestro lado.
- Es hermoso. –Dijo mirándolo y acarició la mejilla de mi hijo.- Muy hermoso.
-Sonreí.- Me tiene embobada.
- ¿Vos cómo estás?
- Bien, en paz. –Dije.- Pero no puedo hablar mucho.
- Me doy cuenta. –Reímos y en ese momento, Bruno se movió.-
- Deja de moverte y despertate. –Dije riendo.-
- Tenes una cara de ansiedad.
-Reí.- Quiero mirarlo a los ojos…
- Ya se va a despertar, disfruta de que lo tenes acá.
-Sonreí y tomé su mano.- Gracias por estar, de verdad. –Besé su mano.- Tenías que ser el primero en conocerlo.
-Pedro sonrió y besó mi mano.- A vos por dejarme estar cerca. –Sonreímos y nos quedamos mirando a Bruno.- Tenes que disfrutarlo.
- Te lo prometo.
-Pedro besó mi frente.- Así me gusta.
-Reí.- Vos también vas a poder disfrutarlo eh.
- ¿Por qué me lo decís?
- Porque se te nota en los ojos que lo amas Pepe… -Le sonreí y él también sonrió.- Y porque me gustaría que tenga una figura masculina cerca, y que seas vos es lo mejor que puede pasarle a mi hijo.
- Lo mejor que puede pasarle a él, es tenerte a vos como su mamá. –Sonreí.-
- Gracias Pepe.
- A vos Chinita. –Reímos y en ese momento, Bruno comenzó a llorar.-
- Hola mi amor, hola. –Lo acomodé en mis brazos, mirándome.- Hola Bruno, soy mamá. –Besé su frente y me quedé mirándolo a los ojos, mientras él se tranquilizaba.-
Los médicos me habían dejado sola y mi panza estaba demasiado dura. Escuché que alguien tocó la puerta y entró Pedro. Sonreí al verlo.
Él se acercó a mí y me abrazó.
- No llores Pau, no llores.
-Suspiré.- Perdón.
- No, no pidas perdón. –Secó mis lágrimas.- ¿Cómo estás?
- No, no sé… Pero necesitaba a alguien conmigo.
- Acá estoy, no me voy a ir. –Sonreí y ella besó mi mano.- ¿Cómo están? –Tocó mi panza.-
- Me subió la presión y por eso me trajeron acá, si no me baja… Me van a inducir el parto.
- ¿Cuánto tenes que esperar?
- No sé. –Sequé mis lágrimas.-
- Bueno, trata de tranquilizarte. –Acarició mi frente.- Mientras más tranquila estés, mejor.
- Gracias por estar acá.
- No me lo tenes que agradecer tonta. –Hizo que cerrara mis ojos.- No llores más.
-Reí.- Siento que estoy bipolar.
-Rio también.- Bueno, pero tranquilizate así te baja la presión.
- Eso trato.
- Dale, yo me quedo con vos.
Apreté con fuerza su mano y él besó mi frente. Sonreí.
- ¿Qué hora es Pepe?
- Las nueve y veinte.
-Suspiré.- En diez minutos viene el médico.
- Tenes diez minutos para tranquilizarte. –Dijo comenzando a jugar con mi pelo con una mano y la otra, la llevo junto con la mía a su panza.-
- Pepe…
- ¿Qué Pau?
- Gracias, de verdad. Fuiste quién más estuvo conmigo durante todo este tiempo.
- No me lo tenes que agradecer, porque lo hago de corazón. –Sonreí y volvió a besar mi frente.- Dale, intenta relajarte.
Pasaron esos diez minutos y volvió al médico, quién me tomó la presión y al rato, tomaron la decisión de inducirme el parto y el pánico me invadió. Pedro sostenía con fuerza mi mano y se lo agradecía.
- ¿Usted es el padre? –Preguntó.-
- No… -Le dijo Pepe.- Solo un amigo.
- ¿Va a entrar con alguien a la sala de partos? –Me preguntó el médico.-
- No doctor.
- ¿Me deja un minuto a solas? –Le preguntó Pedro al médico.-
- Sí, voy a ir a buscar a la enfermera.
El médico se fue y él me miró.
- ¿Qué pasa Pepe?
- Solo es una propuesta eh, si no queres no me enojo.
- ¿Qué cosa?
- ¿Puedo entrar con vos?
- ¿Me hablas en serio?
- Obvio que te hablo enserio. –Besó mi frente.- Así no estás sola.
-Dejé caer una lágrima, de emoción.- Sí, por favor.
- Entonces voy a estar ahí.
- Gracias Pedro, de verdad.
- No me lo tenes que agradecer Pau, lo hago porque los quiero…
- Nosotros te queremos a vos.
Nos abrazamos y me largué a llorar como una nena.
- Me muero de miedo.
- No, tranquila… Tranquila.
- ¿Y si algo sale mal?
- Va a estar todo bien Pau, te lo prometo.
En ese momento, entró el médico con una enfermera y me revisaron.
Decidieron hacerme una cesárea y yo ya estaba en el quirófano, Pedro estaba a mi lado, tomando mi mano y eso me llenaba de paz.
Cuando lo escuché llorar fue como si el alma me volviera al cuerpo, la enfermera lo acercó a mí y no podía explicar lo que sentía. Toqué su manito y sentí que mi vida estaba cambiando para siempre.
Se lo debieron llevar para revisarlo y el médico coció mi herida, Pedro seguía a mi lado y mamá se había ido con Bruno. Yo lo único que quería era tenerlo conmigo.
Me llevaron a una habitación y casi no podía hablar por la anestesia, pero cuando escuché la puerta sonreí. La enfermera traía a mi hijo en brazos y lo posó sobre los míos.
- Hola mi amor, hola. –Susurré y besé su frente.- Sos hermoso bebé. –Y odiaba que no me saliera la voz.-
- Cualquier cosa que necesites, me avisas. –Me dijo la enfermera.- Te dejo con él. –Sonreí y ella se fue.-
Bruno estaba completamente tranquilo y yo no podía dejar de mirarlo, me largué a llorar como una nena y lo abracé contra mi pecho. Besé su mejilla y sentí su respiración calentita en mi hombro, sonreí sin dejar de llorar y me acomodé contra el respaldo de la cama… Acomodé a Bruno sobre mi pecho y él se acurrucó en mí, posé mi mano sobre su espalda y besé su cabecita.
- No puedo creer que estés acá mi amor. –Hice una pausa.- Te amo más de lo que te puedo explicar hijo. –Acomodé la mantita sobre su espalda y él movió su piernita, reí.- Perdón, perdón. Mamá deja de molestarte. –Reí.- Dormí mi amor, dormí que no te voy a soltar nunca.
Cerré mis ojos y sentía el calor de su cuerpecito sobre el mío…
- Te amo bebé, te amo. –Suspiré.-
Me dolía todo el cuerpo y no podía hablar, pero estaba con la emoción a flor de piel. No había pasado ni siquiera una hora con él y ya estaba segura de que nada iba a separarnos.
Después de un largo rato, él se movió y se apoyó sobre mí, con su otra mejilla… Buscando mi corazón. Sonreí y lo ayudé, posó su manito en mi pecho y besé su cabeza.
Busqué mi celular y le saqué algunas fotos a él y otras a los dos juntos, quería tener un recuerdo de este momento para siempre.
Quería que se despierte, quería que nos miremos a los ojos… Pero no me animaba a despertarlo.
- Quiero ver esos ojitos Bruno. –Susurré, porque no podía hablar de otro modo.- Despertate bebé… -Acaricié su espalda y él se acurrucó aún más en mí, yo reí.- Está bien, queres dormir.
En ese momento, entró el médico y se acercó a mí.
- ¿Cómo están? ¿Cómo te sentís?
- Bien. –Le sonreí.- Está durmiendo desde que llegó.
- Seguro se va a despertar con hambre… Podes llamar a la enfermera para que te ayude a amamantarlo por primera vez. –Asentí.- ¿Vos estás bien?
- Emocionada. –Reí.-
- Sí, obvio. Es normal. –Hizo una pausa.- ¿El papá no está, no? –Negué con mi cabeza.- ¿Queres que le diga a alguien de los que están con vos que pase?
- A Pedro.
- ¿El chico que entró al parto?
- Sí.
- Ahora le digo entonces.
- Gracias.
- No es nada.
El médico se fue y al ratito, entró Pedro.
- Hola, permiso… -Dijo entrando al cuarto.-
- Hola. -Respondí.-
- ¿Puedo pasar?
- Obvio.
Pedro entró al cuarto y se sentó a nuestro lado.
- Es hermoso. –Dijo mirándolo y acarició la mejilla de mi hijo.- Muy hermoso.
-Sonreí.- Me tiene embobada.
- ¿Vos cómo estás?
- Bien, en paz. –Dije.- Pero no puedo hablar mucho.
- Me doy cuenta. –Reímos y en ese momento, Bruno se movió.-
- Deja de moverte y despertate. –Dije riendo.-
- Tenes una cara de ansiedad.
-Reí.- Quiero mirarlo a los ojos…
- Ya se va a despertar, disfruta de que lo tenes acá.
-Sonreí y tomé su mano.- Gracias por estar, de verdad. –Besé su mano.- Tenías que ser el primero en conocerlo.
-Pedro sonrió y besó mi mano.- A vos por dejarme estar cerca. –Sonreímos y nos quedamos mirando a Bruno.- Tenes que disfrutarlo.
- Te lo prometo.
-Pedro besó mi frente.- Así me gusta.
-Reí.- Vos también vas a poder disfrutarlo eh.
- ¿Por qué me lo decís?
- Porque se te nota en los ojos que lo amas Pepe… -Le sonreí y él también sonrió.- Y porque me gustaría que tenga una figura masculina cerca, y que seas vos es lo mejor que puede pasarle a mi hijo.
- Lo mejor que puede pasarle a él, es tenerte a vos como su mamá. –Sonreí.-
- Gracias Pepe.
- A vos Chinita. –Reímos y en ese momento, Bruno comenzó a llorar.-
- Hola mi amor, hola. –Lo acomodé en mis brazos, mirándome.- Hola Bruno, soy mamá. –Besé su frente y me quedé mirándolo a los ojos, mientras él se tranquilizaba.-
jueves, 14 de julio de 2016
Capítulo 15.
Los días pasaron, las semanas también en incluso los meses… Estaba tan
solo a días de que Bruno conociera este mundo.
Y sí, mi cuerpo y mi mente atravesaban un millón y medio de emociones por segundo.
Él no se quedaba quieto un segundo, haciéndome notar las ganas que tenía de salir. Las mismas ganas que tenía yo de que salga, a pesar del miedo, ya no aguantaba más las ganas de tenerlo conmigo, de conocerlo, de sentirlo.
Me levanté de la cama luego de hacer un esfuerzo bastante grande y caminé hasta el baño, vivía yendo al baño. Ya no entraba más ahí el pequeño.
Me duché y me preparé un sándwich, no soportaba estar demasiado parada y por eso comía cosas rápidas.
Me senté en sillón y subí mis piernas al que tenía en frente, mientras comía Bruno estaba completamente inquieto y yo reía. Siempre era igual.
- ¿Tenías hambre? –Pregunté riendo y busqué mi celular para filmar mi panza, era increíble como se notaban sus movimientos.-
Dejé el plato y el vaso a un lado y cerré mis ojos, tocando mi panza.
- Tranquilo bebé, tranquilo. –Acaricié mi panza, buscando los lugares en donde sentía su movimiento.-
Sonó mi celular y atendí, era mi vieja que vendría a visitarme. Le había dado las llaves por cualquier cosa que pasara, asique entró sin que yo tuviese que levantarme de allí.
- Hola hija. –Dijo entrando.- Ah, bueno… ¿Estás cómoda?
-Reí.- ¿La verdad? No.
Mi mamá besó mi frente y se sentó frente a mí.
- No doy más. –Dije riendo.-
- ¿Pero te sentís bien?
- Me duele todo, pero sí.
- Es normal.
- Sí, ya sé. –Intenté sentarme un poco mejor.-
- Tenes los ojitos tristes.
- Me conoces mucho mami.
- ¿Qué es lo que pasa Pau?
- Que estoy sola. –Suspiré, no quería llorar.- Y me muero de miedo.
- No, no estás sola y no tenes que tener miedo.
- No voy a poder mami.
- Sí que vas a poder hija, sí… -Tomó mis manos.- Sí que vas a poder.
- ¿Cómo?
- Ninguna mujer sabe como ser mamá, no importa la edad que tengas.
- Pero todas las mujeres tienen un hombre al lado.
- Todas no.
-Dejé caer una lágrima.- Me muero de miedo, pienso en el parto y me paralizo.
- No mi amor, va a estar todo bien.
- ¿Y si pasa algo malo? ¿Y si no soy una buena madre? No sé ma, no puedo con tantas preguntas y tan sola.
- No estás sola hija.
- ¿Vos ves a alguien conmigo?
- Yo no estoy pintada eh. –Reí.- Papá está también… -Acarició mi mejilla.- Pepe y Agos no te dejan sola tampoco.
- Ya lo sé, pero no es lo mismo.
- Vas a ver que vas a poder.
- ¿Me das un abrazo ma?
- Obvio que sí hija.
Mi mamá me abrazó y yo me desarmé en sus brazos.
- Tranquila mi chiquita, yo estoy con vos. ¿Sabes?
- ¿Te vas a bancar todas mis preguntas de inexperta? –Pregunté riendo.-
- Obvio que sí, te voy a ayudar en todo lo que me dejes.
-Suspiré.- Gracias ma.
- De nada mi amor y no llores, hey… -Me abrazó más fuerte.- Tenes que estar contenta.
- Te juro que lo estoy… Pero no puedo evitar las preguntas y el miedo.
- Es normal, pero trata de disfrutar de esto que te está pasando. –Se separó un poco de mí y secó mis lágrimas.- Porque es algo que no vuelve más.
- Sí, lo sé.
Mi mamá posó sus manos sobre mi panza y yo le sonreí.
- Este bebé te va a sacar toda esa angustia… Te lo prometo. –Yo volví a sonreírle.- Los miedos no, de eso no te vas a liberar nunca. –Reí.- Imaginate que yo a veces me muero de miedo por vos que ya sos toda una mujer. –Volví a reír y la abracé.- ¿Me perdonas por lo que pasó…?
-La interrumpí.- Eso ya pasó y estás re contra perdonada… Me hace muy bien que estés conmigo y que me contengas. ¿Sabes?
- Siempre voy a estar, sos mi hija mi amor. –Besó mi mejilla.- Y para mi nietito también, pero igualmente, va a tener a la mejor mamá de todas. –Reí y la abracé más fuerte.- Los amo hija.
- Y nosotros a vos mami.
-
Había vuelto de la facultad, luego de rendir un parcial que me había obligado a estar dos eternos días encerrado en mi habitación. ¿Quién me había mandado a meterme en Ingeniería?
“Agos… ¿Vamos a ver a Pau?”
“Mmm… ¿Ahora?”
“Cuando puedas.”
“Sí, sí… Hoy no curso.”
“Genial, paso a buscarte en un rato. ¿Te va?”
“Dale.”
Pasé a buscar a Agos por su casa y luego le compramos a Pau algunos chocolates y una mantita nueva, no podíamos resistirnos.
Tocamos timbre en la casa de Paula y luego de un rato, vino a abrirnos.
- Perdón que tardé tanto. –Rio.- Pero me estaría costando un poco moverme.
- No pasa nada. –Dijo Agos y la saludó.- ¿Molestamos?
- Nunca, pasen.
Yo la saludé y entramos.
No habíamos vuelto a hablar del tema, incluso creo que ella piensa que ya la olvidé y en cierto punto, es lo mejor.
Agos le dio las bolsas y ella suspiró.
- ¡Pueden dejar de gastar!
- Paula, no te quejes. –Le dijo Agostina.-
- Los regalos se aceptan Chinita. –Le dije y ella rio.-
- Son tremendos. –Se sentó en el sillón y abrió los regalos.- Gracias, de verdad.
- No es nada Pauli. –Le dijo Agos.-
Después de un rato.
- ¿Quieren comer algo? –Preguntó Pau.-
- Preparo mate. –Dijo Agos.-
- Yo preparo che. –Le dijo Pau.-
- Quedate acá nena. –Le dijo Agos frenándola y se fue.-
- Relajate un poco. –Le dije.- Que te queda poquito de paz. –Pau rio.- ¿Cómo estás?
- Mmm… Acá, como me ves. –Rio otra vez.- Me cuesta moverme y me duele todo.
- ¿Y de acá? –Pregunté tocando su pecho del lado izquierdo.-
- Tengo un poco de miedo, pero estuve con mi mamá y me tranquilizó bastante.
- Se nota que estuviste llorando.
- Uy, me conoces una banda. –Reímos.-
- ¿Segura estás bien?
- Sí, me hace bien que me vengan a visitar… Me hace bien sentir que no estoy sola.
- Sabes que no lo estás. –Pau sonrió y en ese momento vino Agos con el mate.-
-
Volví del baño y me senté en el sillón, tratando de que las patadas de Bruno no me mataran.
- Calmate che. –Dije tocando mi panza.- Que todavía estás adentro mío.
- Es tremendo como se mueve. –Dijo Agos riendo.-
- Me está matando, te juro.
-Pedro posó la mano en mi panza.- Tranquilo Bruno. –Le sonreí y Pepe me devolvió la sonrisa.-
- Es porque no dejo de comer. –Dije.- Siempre que como se pone loco.
- ¿Cuánto falta? –Preguntó Agos.-
- Como mucho, dos semanas. –Suspiré.- Poco, muy poco.
- Ay, qué lindo amiga. –Me respondió.-
- Sí. –Sonreí.- No veo la hora de conocerlo.
- Cuando llegue no lo vas a poder creer. –Me dijo Pedro.-
- Puede ser. –Reí.- Pero quiero que llegue. –Suspiré.- Me parece que el alojamiento no tira mucho tiempo más.
- ¿Pero ya puede nacer? –Me preguntó Agos.-
- Sí gorda, ya pasé las 38 semanas…
-Agos mordió su labio, muerta de amor y tocó mi panza.- Entonces dale ahijadito. –Besó mi panza.- Que queremos conocerte todos por acá.
Las manos de mis amigos y las mías se posaron sobre mi panza y sonreí.
- Son los mejores amigos del universo y los mejores padrinos que podría tener mi hijo. –Dije.- Los adoro.
Ellos no respondieron nada, tan solo nos fundimos en un abrazo infinito.
Y sí, mi cuerpo y mi mente atravesaban un millón y medio de emociones por segundo.
Él no se quedaba quieto un segundo, haciéndome notar las ganas que tenía de salir. Las mismas ganas que tenía yo de que salga, a pesar del miedo, ya no aguantaba más las ganas de tenerlo conmigo, de conocerlo, de sentirlo.
Me levanté de la cama luego de hacer un esfuerzo bastante grande y caminé hasta el baño, vivía yendo al baño. Ya no entraba más ahí el pequeño.
Me duché y me preparé un sándwich, no soportaba estar demasiado parada y por eso comía cosas rápidas.
Me senté en sillón y subí mis piernas al que tenía en frente, mientras comía Bruno estaba completamente inquieto y yo reía. Siempre era igual.
- ¿Tenías hambre? –Pregunté riendo y busqué mi celular para filmar mi panza, era increíble como se notaban sus movimientos.-
Dejé el plato y el vaso a un lado y cerré mis ojos, tocando mi panza.
- Tranquilo bebé, tranquilo. –Acaricié mi panza, buscando los lugares en donde sentía su movimiento.-
Sonó mi celular y atendí, era mi vieja que vendría a visitarme. Le había dado las llaves por cualquier cosa que pasara, asique entró sin que yo tuviese que levantarme de allí.
- Hola hija. –Dijo entrando.- Ah, bueno… ¿Estás cómoda?
-Reí.- ¿La verdad? No.
Mi mamá besó mi frente y se sentó frente a mí.
- No doy más. –Dije riendo.-
- ¿Pero te sentís bien?
- Me duele todo, pero sí.
- Es normal.
- Sí, ya sé. –Intenté sentarme un poco mejor.-
- Tenes los ojitos tristes.
- Me conoces mucho mami.
- ¿Qué es lo que pasa Pau?
- Que estoy sola. –Suspiré, no quería llorar.- Y me muero de miedo.
- No, no estás sola y no tenes que tener miedo.
- No voy a poder mami.
- Sí que vas a poder hija, sí… -Tomó mis manos.- Sí que vas a poder.
- ¿Cómo?
- Ninguna mujer sabe como ser mamá, no importa la edad que tengas.
- Pero todas las mujeres tienen un hombre al lado.
- Todas no.
-Dejé caer una lágrima.- Me muero de miedo, pienso en el parto y me paralizo.
- No mi amor, va a estar todo bien.
- ¿Y si pasa algo malo? ¿Y si no soy una buena madre? No sé ma, no puedo con tantas preguntas y tan sola.
- No estás sola hija.
- ¿Vos ves a alguien conmigo?
- Yo no estoy pintada eh. –Reí.- Papá está también… -Acarició mi mejilla.- Pepe y Agos no te dejan sola tampoco.
- Ya lo sé, pero no es lo mismo.
- Vas a ver que vas a poder.
- ¿Me das un abrazo ma?
- Obvio que sí hija.
Mi mamá me abrazó y yo me desarmé en sus brazos.
- Tranquila mi chiquita, yo estoy con vos. ¿Sabes?
- ¿Te vas a bancar todas mis preguntas de inexperta? –Pregunté riendo.-
- Obvio que sí, te voy a ayudar en todo lo que me dejes.
-Suspiré.- Gracias ma.
- De nada mi amor y no llores, hey… -Me abrazó más fuerte.- Tenes que estar contenta.
- Te juro que lo estoy… Pero no puedo evitar las preguntas y el miedo.
- Es normal, pero trata de disfrutar de esto que te está pasando. –Se separó un poco de mí y secó mis lágrimas.- Porque es algo que no vuelve más.
- Sí, lo sé.
Mi mamá posó sus manos sobre mi panza y yo le sonreí.
- Este bebé te va a sacar toda esa angustia… Te lo prometo. –Yo volví a sonreírle.- Los miedos no, de eso no te vas a liberar nunca. –Reí.- Imaginate que yo a veces me muero de miedo por vos que ya sos toda una mujer. –Volví a reír y la abracé.- ¿Me perdonas por lo que pasó…?
-La interrumpí.- Eso ya pasó y estás re contra perdonada… Me hace muy bien que estés conmigo y que me contengas. ¿Sabes?
- Siempre voy a estar, sos mi hija mi amor. –Besó mi mejilla.- Y para mi nietito también, pero igualmente, va a tener a la mejor mamá de todas. –Reí y la abracé más fuerte.- Los amo hija.
- Y nosotros a vos mami.
-
Había vuelto de la facultad, luego de rendir un parcial que me había obligado a estar dos eternos días encerrado en mi habitación. ¿Quién me había mandado a meterme en Ingeniería?
“Agos… ¿Vamos a ver a Pau?”
“Mmm… ¿Ahora?”
“Cuando puedas.”
“Sí, sí… Hoy no curso.”
“Genial, paso a buscarte en un rato. ¿Te va?”
“Dale.”
Pasé a buscar a Agos por su casa y luego le compramos a Pau algunos chocolates y una mantita nueva, no podíamos resistirnos.
Tocamos timbre en la casa de Paula y luego de un rato, vino a abrirnos.
- Perdón que tardé tanto. –Rio.- Pero me estaría costando un poco moverme.
- No pasa nada. –Dijo Agos y la saludó.- ¿Molestamos?
- Nunca, pasen.
Yo la saludé y entramos.
No habíamos vuelto a hablar del tema, incluso creo que ella piensa que ya la olvidé y en cierto punto, es lo mejor.
Agos le dio las bolsas y ella suspiró.
- ¡Pueden dejar de gastar!
- Paula, no te quejes. –Le dijo Agostina.-
- Los regalos se aceptan Chinita. –Le dije y ella rio.-
- Son tremendos. –Se sentó en el sillón y abrió los regalos.- Gracias, de verdad.
- No es nada Pauli. –Le dijo Agos.-
Después de un rato.
- ¿Quieren comer algo? –Preguntó Pau.-
- Preparo mate. –Dijo Agos.-
- Yo preparo che. –Le dijo Pau.-
- Quedate acá nena. –Le dijo Agos frenándola y se fue.-
- Relajate un poco. –Le dije.- Que te queda poquito de paz. –Pau rio.- ¿Cómo estás?
- Mmm… Acá, como me ves. –Rio otra vez.- Me cuesta moverme y me duele todo.
- ¿Y de acá? –Pregunté tocando su pecho del lado izquierdo.-
- Tengo un poco de miedo, pero estuve con mi mamá y me tranquilizó bastante.
- Se nota que estuviste llorando.
- Uy, me conoces una banda. –Reímos.-
- ¿Segura estás bien?
- Sí, me hace bien que me vengan a visitar… Me hace bien sentir que no estoy sola.
- Sabes que no lo estás. –Pau sonrió y en ese momento vino Agos con el mate.-
-
Volví del baño y me senté en el sillón, tratando de que las patadas de Bruno no me mataran.
- Calmate che. –Dije tocando mi panza.- Que todavía estás adentro mío.
- Es tremendo como se mueve. –Dijo Agos riendo.-
- Me está matando, te juro.
-Pedro posó la mano en mi panza.- Tranquilo Bruno. –Le sonreí y Pepe me devolvió la sonrisa.-
- Es porque no dejo de comer. –Dije.- Siempre que como se pone loco.
- ¿Cuánto falta? –Preguntó Agos.-
- Como mucho, dos semanas. –Suspiré.- Poco, muy poco.
- Ay, qué lindo amiga. –Me respondió.-
- Sí. –Sonreí.- No veo la hora de conocerlo.
- Cuando llegue no lo vas a poder creer. –Me dijo Pedro.-
- Puede ser. –Reí.- Pero quiero que llegue. –Suspiré.- Me parece que el alojamiento no tira mucho tiempo más.
- ¿Pero ya puede nacer? –Me preguntó Agos.-
- Sí gorda, ya pasé las 38 semanas…
-Agos mordió su labio, muerta de amor y tocó mi panza.- Entonces dale ahijadito. –Besó mi panza.- Que queremos conocerte todos por acá.
Las manos de mis amigos y las mías se posaron sobre mi panza y sonreí.
- Son los mejores amigos del universo y los mejores padrinos que podría tener mi hijo. –Dije.- Los adoro.
Ellos no respondieron nada, tan solo nos fundimos en un abrazo infinito.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)