Finalmente, Pedro me convenció de ir a la escuela y eso estaba haciendo. Entré con él al aula y nos sentamos juntos, sin saludar a nadie.
El aula aún estaba oscura y él pasó su brazo por mi espalda.
- No sé si quiero estar acá Pepe.
- Al menos, habla con Agos.
- Ahora no.
- ¿Y cuándo?
- No sé, pero quiero tener un ratito.
- ¿Se lo vas a contar?
- Eso creo.
- ¿Y al resto?
- ¿Te soy sincera? Me importan muy poco.
-Me soltó.- Cualquier cosa que necesites. ¿Me avisas? –Asentí y le sonreí.- Así me gusta, con una sonrisa. –Reí.-
Llegó el preceptor y prendió la luz, suspiré y saqué mi cuaderno. No sé qué podría escribir, no podía prestarle atención a un profesor con todo lo que me estaba pasando.
Pasaron lista y llegó la profesora de matemáticas, por suerte nos había dado algunas cosas para hacer, las cuales hizo Pedro y yo copié sin prestarle atención.
Busqué mi celular y le escribí a Agos.
“¿Podemos hablar en el recreo? Por favor… Tengo algo muy importante para contarte y no aguanto más estando así con vos.”
“No sé Paula…”
“Te necesito y te juro que de verdad.”
“No me hagas la psicológica.”
“Sabes que no soy así.”
“Bueno, no sé.”
“Te voy a estar esperando en el recreo, en donde nos encontramos siempre. La próxima hora la tenemos libre, vamos a tener tiempo de hablar.”
Y no me respondió más, suspiré y dejé mi celular.
- Le dije de hablar en el recreo. ¿Nos cubrís si en la hora libre preguntan por nosotras?
- Sí Pau, no te preocupes.
- Espero que podamos hablar.
- Vas a ver que sí. –Suspiré y tocó el timbre.-
Agarré mi celular y lo metí en el bolsillo de mi buzo de egresados, esperé a que salieran todos y luego me dirigí al parque del colegio. Desde que éramos chiquitas que con Agos nos encontrábamos en un árbol específico, el cual estaba demasiado alejado de todos y era lo suficientemente ancho como para que no nos vieran.
Me senté con mi espalda apoyada contra el torco, para esperarla.
A los pocos minutos, la vi venir y sonreí. Se sentó a mi lado sin decir nada.
- Viniste. –Le dije.-
- No puedo seguir haciéndome la dura.
-Sonreí.- ¿Eso quiere decir que me perdonas?
- No sé Paula.
-La miré.- Por favor… Te juro que no puedo sin vos.
- ¿Qué es lo que te pasa?
- Primero necesito que me perdones… Dale Agos.
Quise abrazarla, pero no me dejó.
- No seas así conmigo, sabes que te adoro. –Le dije.-
Esta vez no respondió y fue ella quién me abrazó.
- Te adoro pelotuda. –Me dijo y sonreí.-
- Yo también Agos, yo también. –La abracé con fuerza.-
- ¿Me contas qué es lo que pasa? ¿Problemas con Máximo?
-Me separé de ella.- Creo que es más que eso.
- No me asustes Pau.
- Mmm… No sé si es para asustarse, pero sí es importante.
- No te entiendo.
-Hice una pausa y la miré a los ojos.- Estoy embarazada Agos.
- ¿Qué? –Respondió y sus ojos se abrieron de golpe.-
- Sí. –Suspiré.- No sé, te juro que no entiendo nada.
- ¿Vos estás segura?
- Sí, ya fui al médico. Es seguro.
- ¿Es de él?
- Sí boluda.
- ¿Y qué onda?
- No sé, te juro que no sé.
- ¿Lo sabe?
- No.
- ¿Y vos? ¿Cómo estás?
- Como puedo.
- ¿Pedro lo sabe, no?
- Sí, fue el primero en saberlo.
Ella tomó mis manos y yo hice una pausa.
- Mis papás también lo saben y pretenden que aborte.
- ¿Y…?
- No Agos, ni loca. –Respondí.-
- Está bien, yo pienso igual, pero pregunto por las dudas.
- No sé qué hacer, te juro que no sé.
- ¿Cuándo fue?
- No sé, estoy de tres meses y medio.
- ¿Tanto?
- Sí.
- ¿No habrá sido en el viaje de egresados?
- Mmm… Puede ser.
- Hubo una noche que estaban dados vuelta.
-Suspiré.- Pero si yo tomo las pastillas.
- Anda a saber Pau.
- Te juro que me cayó como un balde agua fría.
- ¿Pero estás feliz?
- Sí, es raro, pero sí.
- Vas a ser mamá. –Dijo apretando mis manos y yo sonreí.- Ay, no lo puedo creer.
Me abrazó con fuerza y yo también la abracé.
- ¿Voy a poder malcriarlo? –Me preguntó riendo.-
- Gracias Agos.
- ¿Por qué nena? –Se separó un poco de mí.-
- Por tomártelo con tanta naturalidad.
- ¿Qué pensabas?
- No, no sé. –Me encogí de hombros.- Pero vos y Pepe son los únicos que se lo tomaron así y me hace bien… -Hice una pausa.- Me hace bien saber que elegí tan bien a mis amigos.
- ¿Me perdonas?
- ¿Por qué?
- Por haber estado enojada con vos… Pobre Pepe.
-Reí.- No pasa nada, ya está.
- ¿Segura?
- Sí amiga. –Sonreímos.- ¿Y por qué pobre Pepe?
- Es pibe, capaz le incomodaba un poco.
-Reí.- Te juro que es un amor, me acompañó al médico.
- ¿De verdad?
- Sí…
- Ese pibe vale oro Pau.
- Lo sé. Deberías engancharte con él.
- ¿Yo? ¡Es mi amigo Paula!
- Sí nena, así mis dos mejores amigos son novios y los padrinos de mi bebé.
- Wow, qué ofrecimiento.
-Sonreí.- Son los únicos dos que sé que van a estar. ¿Te gustaría?
- Me encantaría Pau.
-La abracé.- Sos la mejor del mundo.
- Vos Pauli.
Nos abrazamos durante un rato y sonó el timbre, nos separamos.
- ¿Queres subir? –Le pregunté.-
- No, de última que nos caguen a pedos.
-Reí.- Pepe nos cubre.
- Genial entonces.
Se hizo un silencio y reímos.
- No sé qué hacer con mis viejos, te juro que me iría a la mierda, pero sola no voy a poder.
- ¿No tenes la casa de tu abuela?
- Sí, ya la pensé.
- ¿Y por qué no vas ahí? Está a tu nombre.
- ¿Cómo la mantengo Agos?
- ¿Máximo?
- Máximo me va a mandar al carajo cuando lo sepa.
- ¿Vos queres separarte, no?
- Hace mucho.
- ¿Por qué?
- No importa eso ahora.
- ¿Él te maltrata, no?
- ¿Cómo te diste cuenta?
- Porque me doy cuenta Pau, te conozco. –Corrió el pelo de mi cara.- Cambiaste mucho desde que empezaste a salir con él, por eso te insistí tanto en que te separes.
- Perdón, no lo pude evitar.
- Eso ya está, lo que importa ahora es que hables con él.
- Esta semana voy a hacerlo.
- No vayas sola.
- Pedro me dijo que me acompaña o no sé, algo vamos a hacer.
- Está bien, no quiero que te haga nada malo.
viernes, 8 de julio de 2016
jueves, 7 de julio de 2016
Capítulo 6.
Esa tarde, volví a mi casa y caminaba de un lado para el otro, al borde
del colapso nervioso.
Era momento de hablar, no podía dilatarlo mucho tiempo más. Mis viejos ya habían vuelto de trabajar y estaban en el living. Yo estaba en mi pieza, tratando de tomar el valor para hacerlo.
Posé la mano en el picaporte, pero me arrepentí.
“Te juro que no puedo Pepe.”
“Sí que podes Chinita.”
“No, estoy hace casi una hora tratando de salir de mi cuarto y no puedo.”
“Pau … Mientras más rápido lo hagas, mejor va a
ser.”
“Van a reaccionar horrible.”
“En algún momento lo van a tener que saber.”
“Sí, ya sé.”
“¿Entonces? Hacelo, dale. Vos podes…”
“Después te cuentocomo
me fue.”
“Dale, suerte.”
“Gracias Pepito.”
“De nada Chinita.”
Dejé mi celular y me puse la capucha de mi buzo para, por fin, animarme a salir. Sin decir nada, me acerqué a ellos y me senté en el sillón con mi mirada hacia abajo.
- Tengo que hablar con ustedes, es algo importante. –Hice una pausa.- Muy importante.
- ¿Qué pasa hija? –Preguntó mi mamá.-
- ¿Pueden apagar la tele?
- Nos asustas Pau. –Dijo mi mamá y mi papá apagó la tele.-
- Yo estoy asustada. –Dije temblando y por fin, me animé a mirarlos.-
- ¿Podes hablar Paula? –Dijo mi papá.-
- No es tan fácil. –Respondí.-
- Pero nos pones nerviosos. –Agregó mi mamá.-
- Paren un poco. –Dije molesta.- Me da miedo decirlo. –Hice una pausa.- No quiero que reaccionen mal.
- ¡Habla hija! –Me dijo mi mamá, impaciente.-
- Estoy… -Hice una pausa y bajé mi mirada, mis ojos se llenaron de lágrimas y el pánico me invadió.- Embarazada. –Dije con un hilo de voz.- Perdón. –Agregué.- Yo no quería, siempre me cuidé. Se los juro.
- ¡Te cuidaste barbaro pendeja! –Dijo mi viejo levantándose del sillón.- ¿Cómo podes ser tan boluda?
Y me largué a llorar, sin escalas.
- Yo no fui.
- ¿Y quién fue? –Me preguntó, mirándome desde arriba.-
- No sé, pero yo nunca dejé de tomar las pastillas. –Respondí.-
- ¿Y entonces?
- ¡No se papá! ¡No lo busqué eh!
- Entonces sacatelo. –Me dijo.-
- ¿Qué? –Y me animé a mirarlo.- ¿Vos estás loco?
- No vas a arruinarte la vida, te lo sacas y listo.
- ¡Ni loca! –Le respondí.-
- ¡Te lo vas a sacar Paula!
- ¡No! –Le respondí, contundente.- ¡No voy a hacerlo!
- Estás loca Paula.
- Me importa tres carajos, es mi vida. –Le dije y él se fue.- ¿Vos no vas a decir nada mamá? –Le pregunté, llena de bronca.-
- No sé hija.
- ¿Vos pensas igual que papá? –Ella se encogió de hombros.- No pensé que iban a ser así de mierda.
Y corrí a mi cuarto, en dónde me encerré y pateé con fuerza la puerta.
- ¡Para pendeja! ¡Para! –Me gritó desde el otro lado mi papá.-
- ¡Sos una mierda papá! –Le respondí y cerré con llave.- Dejame en paz.
Agarré un bolso y lo llené de ropa, las cosas de la escuela, mi computadora y algunas cosas más. Lo cerré y le hablé a Pedro.
“Mi papá quiere que aborte. ¡Me quiero ir de acá Pedro!”
“¿De verdad me lo decís? Veni a mi casa…”
“¿Seguro?”
“Sí Pau, dale. No quiero que estés mal, te va a hacer mal.”
“Gracias, pero voy más tarde.”
“¿Por qué?”
“No quiero cruzarme con ellos.”
“Es peligroso que estés sola por la calle a la noche.”
“Sino voy mañana después de la escuela.”
“¿No vas a ir?”
“No creo, la verdad es que no puedo prestar atención a algo que no sea lo que me pasa.”
“Podes venir cuando quieras, solo mandame un wap antes.”
“Está bien, gracias. De verdad.”
“No es nada Chini.”
“Jajajaj, me haces reír y no quiero.”
“¿Te reíste de verdad?”
“Sí, de verdad.”
“Por lo menos te saqué una sonrisa.”
Después de algunas horas, salí del cuarto solo porque no aguantaba más las ganas de ir al baño. Cuando salí, me frenaron los dos, sin dejarme pasar.
- No vas a arruinarte la vida Paula. –Dijo mi mamá.-
- No voy a abortarlo, es una decisión mía y nunca lo dudé.
- No seas terca… -Agregó mi papá.-
- ¡Ustedes no sean tercos! ¡No sean así de mierda! Es un bebé y es mi bebé.
- ¿Es de Máximo? –Preguntó mi papá.-
- Sí. ¿De quién va a ser? ¿Tan puta me creen?
- ¿Qué se yo Paula? –Me respondió.-
- Qué lindos pensamientos que tenes sobre mí. –Dije con bronca.-
- ¿Lo sabe? –Me preguntó mi mamá.-
- No, primero quería que lo sepan ustedes.
- ¿Y si no se hace cargo? –Me preguntó mi papá.-
- Me voy a hacer cargo sola.
- Nosotros no vamos a dejarte. –Me dijo, desafiante.-
- Saquense esa idea de la cabeza, porque lo voy a tener. –Y me zafé de ellos, mi papá se fue a su cuarto, pero mi mamá me siguió.-
Entré a mi cuarto y ella entró detrás de mí.
- ¿Vos de verdad queres que aborte? ¿Vos siendo mujer y siendo mi mamá? ¿Podrías imaginarte haberme abortado? ¿Tan poco me queres mamá?
- No, para un poco Pau.
- Es lo que me haces sentir mamá. –Suspiré.- No quiero hablar, no quiero estar nerviosa.
- ¿Hace cuánto lo sabes?
- Un par de días…
- ¿Estuviste sola?
- No, con Pedro.
- ¿Y ya fuiste al médico?
- Sí, ayer… Estoy de tres meses y medio por si te importa.
- ¿Y está todo bien?
- Sí.
- ¿Estás segura de la decisión que estás tomando?
- Sí, y quiero estar sola. –Hice una pausa.- Es más, me voy a ir de acá.
- ¿A dónde?
- A lo de Pedro.
- Pero…
- No quiero estar acá. –Le dije.- Voy a estar mejor en cualquier otro lado.
- Paula…
- Andate mamá.
Ella no dijo más nada y se fue, yo agarré mi bolso y salí…
“Estoy yendo Pepe. ¿Puedo?”
“Sí, te espero.”
“Gracias.”
“Sh…”
Era momento de hablar, no podía dilatarlo mucho tiempo más. Mis viejos ya habían vuelto de trabajar y estaban en el living. Yo estaba en mi pieza, tratando de tomar el valor para hacerlo.
Posé la mano en el picaporte, pero me arrepentí.
“Te juro que no puedo Pepe.”
“Sí que podes Chinita.”
“No, estoy hace casi una hora tratando de salir de mi cuarto y no puedo.”
“
“Van a reaccionar horrible.”
“En algún momento lo van a tener que saber.”
“Sí, ya sé.”
“¿Entonces? Hacelo, dale. Vos podes…”
“Después te cuento
“Dale, suerte.”
“Gracias Pepito.”
“De nada Chinita.”
Dejé mi celular y me puse la capucha de mi buzo para, por fin, animarme a salir. Sin decir nada, me acerqué a ellos y me senté en el sillón con mi mirada hacia abajo.
- Tengo que hablar con ustedes, es algo importante. –Hice una pausa.- Muy importante.
- ¿Qué pasa hija? –Preguntó mi mamá.-
- ¿Pueden apagar la tele?
- Nos asustas Pau. –Dijo mi mamá y mi papá apagó la tele.-
- Yo estoy asustada. –Dije temblando y por fin, me animé a mirarlos.-
- ¿Podes hablar Paula? –Dijo mi papá.-
- No es tan fácil. –Respondí.-
- Pero nos pones nerviosos. –Agregó mi mamá.-
- Paren un poco. –Dije molesta.- Me da miedo decirlo. –Hice una pausa.- No quiero que reaccionen mal.
- ¡Habla hija! –Me dijo mi mamá, impaciente.-
- Estoy… -Hice una pausa y bajé mi mirada, mis ojos se llenaron de lágrimas y el pánico me invadió.- Embarazada. –Dije con un hilo de voz.- Perdón. –Agregué.- Yo no quería, siempre me cuidé. Se los juro.
- ¡Te cuidaste barbaro pendeja! –Dijo mi viejo levantándose del sillón.- ¿Cómo podes ser tan boluda?
Y me largué a llorar, sin escalas.
- Yo no fui.
- ¿Y quién fue? –Me preguntó, mirándome desde arriba.-
- No sé, pero yo nunca dejé de tomar las pastillas. –Respondí.-
- ¿Y entonces?
- ¡No se papá! ¡No lo busqué eh!
- Entonces sacatelo. –Me dijo.-
- ¿Qué? –Y me animé a mirarlo.- ¿Vos estás loco?
- No vas a arruinarte la vida, te lo sacas y listo.
- ¡Ni loca! –Le respondí.-
- ¡Te lo vas a sacar Paula!
- ¡No! –Le respondí, contundente.- ¡No voy a hacerlo!
- Estás loca Paula.
- Me importa tres carajos, es mi vida. –Le dije y él se fue.- ¿Vos no vas a decir nada mamá? –Le pregunté, llena de bronca.-
- No sé hija.
- ¿Vos pensas igual que papá? –Ella se encogió de hombros.- No pensé que iban a ser así de mierda.
Y corrí a mi cuarto, en dónde me encerré y pateé con fuerza la puerta.
- ¡Para pendeja! ¡Para! –Me gritó desde el otro lado mi papá.-
- ¡Sos una mierda papá! –Le respondí y cerré con llave.- Dejame en paz.
Agarré un bolso y lo llené de ropa, las cosas de la escuela, mi computadora y algunas cosas más. Lo cerré y le hablé a Pedro.
“Mi papá quiere que aborte. ¡Me quiero ir de acá Pedro!”
“¿De verdad me lo decís? Veni a mi casa…”
“¿Seguro?”
“Sí Pau, dale. No quiero que estés mal, te va a hacer mal.”
“Gracias, pero voy más tarde.”
“¿Por qué?”
“No quiero cruzarme con ellos.”
“Es peligroso que estés sola por la calle a la noche.”
“Sino voy mañana después de la escuela.”
“¿No vas a ir?”
“No creo, la verdad es que no puedo prestar atención a algo que no sea lo que me pasa.”
“Podes venir cuando quieras, solo mandame un wap antes.”
“Está bien, gracias. De verdad.”
“No es nada Chini.”
“Jajajaj, me haces reír y no quiero.”
“¿Te reíste de verdad?”
“Sí, de verdad.”
“Por lo menos te saqué una sonrisa.”
Después de algunas horas, salí del cuarto solo porque no aguantaba más las ganas de ir al baño. Cuando salí, me frenaron los dos, sin dejarme pasar.
- No vas a arruinarte la vida Paula. –Dijo mi mamá.-
- No voy a abortarlo, es una decisión mía y nunca lo dudé.
- No seas terca… -Agregó mi papá.-
- ¡Ustedes no sean tercos! ¡No sean así de mierda! Es un bebé y es mi bebé.
- ¿Es de Máximo? –Preguntó mi papá.-
- Sí. ¿De quién va a ser? ¿Tan puta me creen?
- ¿Qué se yo Paula? –Me respondió.-
- Qué lindos pensamientos que tenes sobre mí. –Dije con bronca.-
- ¿Lo sabe? –Me preguntó mi mamá.-
- No, primero quería que lo sepan ustedes.
- ¿Y si no se hace cargo? –Me preguntó mi papá.-
- Me voy a hacer cargo sola.
- Nosotros no vamos a dejarte. –Me dijo, desafiante.-
- Saquense esa idea de la cabeza, porque lo voy a tener. –Y me zafé de ellos, mi papá se fue a su cuarto, pero mi mamá me siguió.-
Entré a mi cuarto y ella entró detrás de mí.
- ¿Vos de verdad queres que aborte? ¿Vos siendo mujer y siendo mi mamá? ¿Podrías imaginarte haberme abortado? ¿Tan poco me queres mamá?
- No, para un poco Pau.
- Es lo que me haces sentir mamá. –Suspiré.- No quiero hablar, no quiero estar nerviosa.
- ¿Hace cuánto lo sabes?
- Un par de días…
- ¿Estuviste sola?
- No, con Pedro.
- ¿Y ya fuiste al médico?
- Sí, ayer… Estoy de tres meses y medio por si te importa.
- ¿Y está todo bien?
- Sí.
- ¿Estás segura de la decisión que estás tomando?
- Sí, y quiero estar sola. –Hice una pausa.- Es más, me voy a ir de acá.
- ¿A dónde?
- A lo de Pedro.
- Pero…
- No quiero estar acá. –Le dije.- Voy a estar mejor en cualquier otro lado.
- Paula…
- Andate mamá.
Ella no dijo más nada y se fue, yo agarré mi bolso y salí…
“Estoy yendo Pepe. ¿Puedo?”
“Sí, te espero.”
“Gracias.”
“Sh…”
miércoles, 6 de julio de 2016
Capítulo 5.
Nos despertamos muy temprano y la realidad era que mi cuerpo estaba
tomado por los nervios, de pies a cabeza.
Desayuné, casi obligada por mí misma y luego me cambié.
- ¿Ya estás? –Me preguntó.-
- Eso creo.
- Tranqui. –Posó su mano en mi hombro.- Va a estar todo bien.
- Es lo único que quiero.
- Vas a ver que sí.
-Sonreí y lo abracé.- Gracias por acompañarme.
-Me abrazó por la cintura.- No me lo tenes que agradecer, te lo dije un millón de veces ya. –Reímos.- Dale. ¿Vamos?
-Me separé de él.- Vamos, dale.
Caminamos hasta la parada de colectivos y hacía demasiado frío.
- Estás helada. –Dijo tocando mi mano.-
- Sí, tengo frío. –Respondí.-
Él me abrazó y frotó mi espalda con sus manos. Sonreí y escondí mi cara en su hombro, no sabía cómo era que me estaba manteniendo en pie.
El colectivo llegó luego de varios minutos y nos sentamos en la parte de atrás, ya que estaba vacío. Recién arrancaba el recorrido y nosotros debíamos bajarnos en la última parada. Era un viaje algo largo, sobre todo para el estado de nervios en el que me encontraba.
Apoyé mi cabeza en el hombro de Pedro y él besó mi cabeza. Sonreí y cerré mis ojos. Necesitaba serenarme.
- ¿Estás bien? –Preguntó.-
- Sí Pepe… Solo quiero que lleguemos rápido.
- Yo te aviso, no te preocupes.
Y no dijimos más nada durante todo el viaje, hasta que por fin estábamos por llegar.
- Pau, ya casi llegamos.
-Abrí mis ojos y lo miré.- ¿Ya?
- Sí… ¿Se pasó rápido?
- Pensé que iba a ser más eterno.
- No, ya está.
Pedro se paró y me dio la mano.
- Gracias.
- Veni, agarrate. –Me agarré del caño.-
- ¿Tanto se nota que no puedo ni estar parada?
- Estás temblando.
-Suspiré.- Me muero de miedo.
- Tranquila… -Acarició mi frente y yo sonreí.-
- Eso intento, te lo juro.
Pedro tocó el timbre cuando el colectivo dobló y nos bajamos en la próxima esquina.
- ¿No queres un café antes de entrar?
- Quiero llegar cuanto antes.
- Pero estás helada.
- Capaz adentro haya alguna máquina.
- Sino, salgo a comprarte.
-Sonreí.- Bueno, dale.
Caminamos la cuadra que nos separaba de la clínica y por fin llegamos, tenía dos personas adelante nada más. Suspiré, algo aliviada.
Nos acercamos al consultorio en donde estaría el médico que me iba a atender. Me senté y él se sentó a mi lado.
- ¿Queres un café?
- La realidad es que no me pasa nada.
- Pero estás helada.
- Sí, ya sé.
- Dale, al menos tomas un poco…
- Mmm…
- Voy a comprar. –Asentí y él se fue.-
A los minutos, trajo dos vasitos de café y volvió a sentarse a mi lado.
- Gracias. –Dije agarrando un vasito para tomar un poco.-
- De nada…
Tomé un poco y luego, lo sostuve entre mis manos. Suspiré y apoyé mi cabeza en la pared que estaba detrás de la silla.
El médico llamó a la primera mujer y el pánico me invadió, miré a mi alrededor y eran todas mujeres embarazadísimas… Claramente desentonaba en el lugar, me sentía una nena en un mundo de grandes. Me miraban raro, me incomodaban.
Terminé mi café, tratando de no prestarles atención y Pedro tiró los vasitos en un tacho. Volvió a sentarse a mi lado y tomó mi mano.
- ¿Quiénes se creen qué son? –Susurré.-
- No les prestes atención.
- ¿Vos viste cómo me miran? ¡Ni que fuera un bicho raro!
- Pau… No tenes qué preocuparte por estas minas ahora. –Acarició mi mano.- Dale, no seas tonta.
- ¿Vos vas a entrar conmigo?
- Si queres, sí…
- Sí, quiero. –Suspiré.-
- Entonces sí.
- Gracias. –Dije y suspiré, cerrando mis ojos.- Quiero que me llamen.
- Ya falta poquito.
- No sé qué hacer para dejar de temblar.
Él, sin decir nada, me abrazó y acarició mi espalda.
Al rato, escuché mi nombre y me paralicé. Pedro se paró y me ofreció su mano, le sonreí de costado y me paré.
Esa visita al médico fue la más extraña de toda mi vida, no podía dejar de temblar ni de estar al borde del llanto. No sabía qué hacer, ni entendía qué hacía en esa situación.
Por suerte, el médico me dijo que estaba todo bien y eso era lo único que me serenaba.
Lo que me había caído como un baldazo de agua fría era que ya estaba de 14 semanas. ¡Catorce! Demasiadas y eso significaba, mucho tiempo menos para solucionar todo lo que debía.
Me había extrañado mucho que hacia un par de semanas, había menstruado. El médico me explicó que podría haber sido un sangrado, pero que aún así, el bebé y yo estábamos perfectos.
Salí de la clínica y me desarmé, llorando. Lo miré a Pedro, sin saber qué decir, y él volvió a abrazarme.
- ¿Viste qué iba a estar todo bien?
- Ahora viene lo más difícil Pepe.
- Lo sé Pau… Lo sé. –Besé mi mejilla.- Pero no llores, hey.
- Hago lo que puedo.
- Haces mucho.
- ¿Vos decís?
- Sí.
- Me encanta que quieras levantarme el ánimo, pero no me mientas.
- No te miento Pau.
-Me separé un poco de él.- Bueno, no importa eso. Me quiero ir de acá.
- ¿Queres que vayamos a mi casa o a otro lado?
- ¿A dónde puede ser?
- Podemos ir al Shopping a comer algo. ¿No queres?
- Mmm…
- Dale, así te despejas un poco.
- Bueno, está bien. Solo porque estoy con vos.
-Sonrió.- Dale, vamos…
Caminamos hasta el Shopping, ya que estábamos cerca y entramos.
Comimos unos tostados con unas gaseosas y luego, yo me fui al baño. Había una cola interminable, pero sino iba al baño, explotaría.
Cuando salí, me costó encontrarlo a Pedro, pero lo localicé un par de negocios más adelante.
- Perdón, había mucha gente. –Le dije.-
- No pasa nada… Veni. –Me dio la mano y me sacó de allí.-
- ¿Qué pasa?
- Vos seguime.
-Reí.- Bueno.
Caminamos hasta salir del lugar y cruzamos a la plaza de en frente, él quitó una bolsita de su campera y me la dio.
- ¿Qué es? –Pregunté entusiasmada.-
- Vos abrilo…
Sonreí y lo abrí, eran un par de escarpines blancos… Sonreí inmensamente al verlos y mis ojos se llenaron de lágrimas.
- Gracias Pepe, son muy lindos.
-Secó mis lágrimas.- No llores.
- Es que… -Suspiré.- Estoy tan segura de que mis viejos y Máximo van a reaccionar mal, que saber que vos me apoyas en esto me hace muy bien.
- Toda la vida voy a apoyarte Chinita.
-Sonreí.- Gracias pendejo, de verdad. –Lo abracé.-
Desayuné, casi obligada por mí misma y luego me cambié.
- ¿Ya estás? –Me preguntó.-
- Eso creo.
- Tranqui. –Posó su mano en mi hombro.- Va a estar todo bien.
- Es lo único que quiero.
- Vas a ver que sí.
-Sonreí y lo abracé.- Gracias por acompañarme.
-Me abrazó por la cintura.- No me lo tenes que agradecer, te lo dije un millón de veces ya. –Reímos.- Dale. ¿Vamos?
-Me separé de él.- Vamos, dale.
Caminamos hasta la parada de colectivos y hacía demasiado frío.
- Estás helada. –Dijo tocando mi mano.-
- Sí, tengo frío. –Respondí.-
Él me abrazó y frotó mi espalda con sus manos. Sonreí y escondí mi cara en su hombro, no sabía cómo era que me estaba manteniendo en pie.
El colectivo llegó luego de varios minutos y nos sentamos en la parte de atrás, ya que estaba vacío. Recién arrancaba el recorrido y nosotros debíamos bajarnos en la última parada. Era un viaje algo largo, sobre todo para el estado de nervios en el que me encontraba.
Apoyé mi cabeza en el hombro de Pedro y él besó mi cabeza. Sonreí y cerré mis ojos. Necesitaba serenarme.
- ¿Estás bien? –Preguntó.-
- Sí Pepe… Solo quiero que lleguemos rápido.
- Yo te aviso, no te preocupes.
Y no dijimos más nada durante todo el viaje, hasta que por fin estábamos por llegar.
- Pau, ya casi llegamos.
-Abrí mis ojos y lo miré.- ¿Ya?
- Sí… ¿Se pasó rápido?
- Pensé que iba a ser más eterno.
- No, ya está.
Pedro se paró y me dio la mano.
- Gracias.
- Veni, agarrate. –Me agarré del caño.-
- ¿Tanto se nota que no puedo ni estar parada?
- Estás temblando.
-Suspiré.- Me muero de miedo.
- Tranquila… -Acarició mi frente y yo sonreí.-
- Eso intento, te lo juro.
Pedro tocó el timbre cuando el colectivo dobló y nos bajamos en la próxima esquina.
- ¿No queres un café antes de entrar?
- Quiero llegar cuanto antes.
- Pero estás helada.
- Capaz adentro haya alguna máquina.
- Sino, salgo a comprarte.
-Sonreí.- Bueno, dale.
Caminamos la cuadra que nos separaba de la clínica y por fin llegamos, tenía dos personas adelante nada más. Suspiré, algo aliviada.
Nos acercamos al consultorio en donde estaría el médico que me iba a atender. Me senté y él se sentó a mi lado.
- ¿Queres un café?
- La realidad es que no me pasa nada.
- Pero estás helada.
- Sí, ya sé.
- Dale, al menos tomas un poco…
- Mmm…
- Voy a comprar. –Asentí y él se fue.-
A los minutos, trajo dos vasitos de café y volvió a sentarse a mi lado.
- Gracias. –Dije agarrando un vasito para tomar un poco.-
- De nada…
Tomé un poco y luego, lo sostuve entre mis manos. Suspiré y apoyé mi cabeza en la pared que estaba detrás de la silla.
El médico llamó a la primera mujer y el pánico me invadió, miré a mi alrededor y eran todas mujeres embarazadísimas… Claramente desentonaba en el lugar, me sentía una nena en un mundo de grandes. Me miraban raro, me incomodaban.
Terminé mi café, tratando de no prestarles atención y Pedro tiró los vasitos en un tacho. Volvió a sentarse a mi lado y tomó mi mano.
- ¿Quiénes se creen qué son? –Susurré.-
- No les prestes atención.
- ¿Vos viste cómo me miran? ¡Ni que fuera un bicho raro!
- Pau… No tenes qué preocuparte por estas minas ahora. –Acarició mi mano.- Dale, no seas tonta.
- ¿Vos vas a entrar conmigo?
- Si queres, sí…
- Sí, quiero. –Suspiré.-
- Entonces sí.
- Gracias. –Dije y suspiré, cerrando mis ojos.- Quiero que me llamen.
- Ya falta poquito.
- No sé qué hacer para dejar de temblar.
Él, sin decir nada, me abrazó y acarició mi espalda.
Al rato, escuché mi nombre y me paralicé. Pedro se paró y me ofreció su mano, le sonreí de costado y me paré.
Esa visita al médico fue la más extraña de toda mi vida, no podía dejar de temblar ni de estar al borde del llanto. No sabía qué hacer, ni entendía qué hacía en esa situación.
Por suerte, el médico me dijo que estaba todo bien y eso era lo único que me serenaba.
Lo que me había caído como un baldazo de agua fría era que ya estaba de 14 semanas. ¡Catorce! Demasiadas y eso significaba, mucho tiempo menos para solucionar todo lo que debía.
Me había extrañado mucho que hacia un par de semanas, había menstruado. El médico me explicó que podría haber sido un sangrado, pero que aún así, el bebé y yo estábamos perfectos.
Salí de la clínica y me desarmé, llorando. Lo miré a Pedro, sin saber qué decir, y él volvió a abrazarme.
- ¿Viste qué iba a estar todo bien?
- Ahora viene lo más difícil Pepe.
- Lo sé Pau… Lo sé. –Besé mi mejilla.- Pero no llores, hey.
- Hago lo que puedo.
- Haces mucho.
- ¿Vos decís?
- Sí.
- Me encanta que quieras levantarme el ánimo, pero no me mientas.
- No te miento Pau.
-Me separé un poco de él.- Bueno, no importa eso. Me quiero ir de acá.
- ¿Queres que vayamos a mi casa o a otro lado?
- ¿A dónde puede ser?
- Podemos ir al Shopping a comer algo. ¿No queres?
- Mmm…
- Dale, así te despejas un poco.
- Bueno, está bien. Solo porque estoy con vos.
-Sonrió.- Dale, vamos…
Caminamos hasta el Shopping, ya que estábamos cerca y entramos.
Comimos unos tostados con unas gaseosas y luego, yo me fui al baño. Había una cola interminable, pero sino iba al baño, explotaría.
Cuando salí, me costó encontrarlo a Pedro, pero lo localicé un par de negocios más adelante.
- Perdón, había mucha gente. –Le dije.-
- No pasa nada… Veni. –Me dio la mano y me sacó de allí.-
- ¿Qué pasa?
- Vos seguime.
-Reí.- Bueno.
Caminamos hasta salir del lugar y cruzamos a la plaza de en frente, él quitó una bolsita de su campera y me la dio.
- ¿Qué es? –Pregunté entusiasmada.-
- Vos abrilo…
Sonreí y lo abrí, eran un par de escarpines blancos… Sonreí inmensamente al verlos y mis ojos se llenaron de lágrimas.
- Gracias Pepe, son muy lindos.
-Secó mis lágrimas.- No llores.
- Es que… -Suspiré.- Estoy tan segura de que mis viejos y Máximo van a reaccionar mal, que saber que vos me apoyas en esto me hace muy bien.
- Toda la vida voy a apoyarte Chinita.
-Sonreí.- Gracias pendejo, de verdad. –Lo abracé.-
martes, 5 de julio de 2016
Capítulo 4.
Me desperté en medio de la noche y no pude volver a dormirme… ¡Y eso que lo intenté!
Me puse mi buzo sobre la remera del pijama y fui hasta la cocina para servirme un poco de agua y luego volver al cuarto de Pedro, volví a meterme en la cama y me quedé allí. Sentada contra el respaldo de la cama, con mis piernas estiradas, la capucha de mi buzo puesta y mis manos sobre mi vientre.
Cerré mis ojos y respiré hondo. Estaba en medio de un laberinto y no sabía para qué lado disparar… Solo sabía que quería salir de allí.
Intenté acomodar en mi mente los pasos a seguir, pero era complicado… Sobre todo porque después de hablar venía la parte más complicada: hacerme cargo.
¡No sabía por dónde empezar! ¡No sabía qué hacer con un bebé! Eso no quiere decir que no lo quiera, pero no sabía por dónde arrancar… Sentía que tenía que irme de mi casa y hacerme cargo de algo que sabía que sola no iba a poder. ¿Cómo iba a tener un bebé recién nacido y trabajar sin tener a nadie que lo cuide? ¿Cómo se suponía que iba a mantenerlo? ¿Qué tenía que hacer cuando llorara?
¡Tenía un millón y medio de preguntas en mi mente y ninguna respuesta!
Lo escuché a Pedro levantarse al baño y eso me sacó de mis pensamientos. Pasó por el cuarto y me miró.
- ¿No dormís?
-Reí.- Me desperté y no puedo parar de pensar.
- Por lo menos no estás llorando.
-Volví a reír.- Es un avance.
- ¿Necesitas algo?
- No, seguí durmiendo Pepe.
- ¿Segura? –Entró al cuarto.-
- Segura… No quiero seguir molestando.
- No molestas. –Se sentó a los pies de la cama.- ¿Puedo quedarme?
- Si queres…
- Quiero. –Le sonreí.- ¿En qué pensabas?
- No sé, un poco en todo. –Suspiré.- Lo primero que quiero es ir al médico y ver cómo está todo, que por ahora es lo que más preocupada me tiene.
- Va a estar todo bien.
- Eso espero. –Le sonreí.- Y después, ver qué hago primero.
- ¿Me prometes una cosa?
- ¿Qué?
- Que no te vas a mandar sola… Podes contar conmigo y te lo estoy diciendo muy en serio.
- Está bien, te lo prometo. –Nos sonreímos.- ¿No queres ir a dormir?
- No Pau…
- Tenes una carita.
-Rio.- Vos también, estás re chinita.
- ¿Te acordas cuándo me decías chinita? –Pregunté riendo.-
- Te lo seguiría diciendo, si no te enojaras.
-Reí.- Sos el único que estuvo siempre Pepe.
-Tomó mis manos.- Te quiero de verdad Chinita.
- Y yo te quiero a vos boludo. –Nos abrazamos, con fuerza.- Gracias, de verdad.
- Me decís gracias una vez más y te mato. –Reímos.- ¿No pensas decírselo a las chicas?
- Estoy peleada con ellas.
- ¿Por qué?
-Me separé un poco de él.- Por Máximo.
- ¿Con todas?
-Me encogí de hombros.- Agos es mi única amiga posta, el resto se meten ahí no sé por qué. –Reí.-
- ¿Y ella está enojada?
- Eso creo.
- Habla con ella, no seas boluda.
- ¿Eso quiere decir que no me bancas más? –Pregunté riendo y él también rio.- Era un chiste eh.
- Ya lo sé tarada.
- Quiero pasar la visita al médico y después veo, te juro que ahora no sé nada.
- Está bien, me parece lógico. –Se levantó de la cama.- ¿Por qué no dormís?
- Eso debería.
- Puedo quedarme si queres.
-Sonreí.- No hace falta.
- ¿Segura?
- Segura.
- Bueno… -Se acercó a mí y besó mi frente.- Descansa Chinita, hasta mañana.
-Reí.- Gracias Pepe, vos también.
Y se fue. Me tapé hasta la cabeza y me acomodé en la cama, para dormirme otra vez.
-
Me desperté cerca del mediodía y ella seguía durmiendo, sonreí al verla y me acerqué sigilosamente. Acomodé las mantas, ya que estaba destapada y acaricié su frente.
Me bañé y luego preparé algo para comer y para ir a despertarla.
- Buen día Chinita.
-Rio.- ¿Vas a volver a decirme así?
- ¿No puedo?
-Volvió a reír.- Sí, no sé. Buen día. –Abrió sus ojos y me miró bostezando.-
- Traje algo para comer.
- ¿Estoy en un hotel y no me di cuenta? –Preguntó riendo.-
-Reí.- Es solo mimarte un poco che, dicen que las mujeres embarazadas están muy sensibles y que es bueno mimarlas.
- Sabes más que yo me parece. –Dijo sentándose.-
- Ya vas a saber todo lo que necesites.
- Supongo. –Suspiró.- ¿Qué trajiste? ¡Tengo hambre!
- Hice unas hamburguesas de pollo.
- Uy, qué rico.
Almorzamos y luego ella se fue a bañar, mientras yo ordené las cosas del almuerzo y me cambié.
- Pepe… -Dijo acercándose a la cocina.-
- ¿Qué Pau?
- ¿Queres que te ayude?
- No, no hace falta.
- Dale, bastante que me estás bancando acá… -Dijo agarrando el repasador.- Dejame ayudarte un poco.
- ¿Te sentís mejor?
- Mucho mejor.
- Te hablo físicamente igual, no quiero que te esfuerces.
- Sos muy tierno, pero de verdad que me siento bien. –Le sonreí y ella se puso a secar los vasos.-
- ¿Queres que hagamos algo hoy?
- ¿Algo cómo qué?
- No sé, pregunto.
- La verdad es que no tengo muchas ganas de salir.
- Podemos hacer algo acá.
- Repito: ¿Algo cómo qué?
- Cine en casa…
-Rio.- Como cuando éramos chiquitos.
- Podemos hacer pochoclos si queres…
- Uy, sí. Me encantó la idea.
-Reí.- Hay que ir a comprar para hacer…
- ¿Pueden ser con caramelo?
- Dicen que hay que cumplirle todos los antojos a una embarazada.
-Rio.- Me lo decís y me da vértigo.
- Acostumbrate… ¿Puedo? –Dije acercándome a su panza.-
- Sí…
-Posé mis manos en su panza y ella sonrió.- Hola bebito, yo soy el tío Pepe. –Ella rio, con lágrimas en los ojos.- Y, aunque ella crea que no, tenes la mamá más linda y buena de todas. –La miré y sonreía.- No llores che… -La abracé.-
- Perdón.
- No pidas perdón… -Me separé un poco de ella.- Es solo la verdad. –Pau sonrió.- Sos tan chinita cuando sonreís. –Ella rio y volvió a abrazarme.-
Esa tarde hicimos los pochoclos y vimos un par de películas en la cama de mis viejos.
- ¿Queres ver otra?
- Mmm… No. –Rio y se acomodó en la cama.-
- ¿Queres dormir?
- No, tampoco.
- ¿Y qué queres?
- Nada en especial.
- Yo sí quiero algo…
- ¿Qué?
- Que me cuentes un poco que pasa por esa cabeza.
- Lo sabes Pepe.
- Pero… No quiero que te guardes todo adentro.
- De verdad que ahora estoy bien. –Bostezó.-
- Con sueño.
-Rio.- Creo que sí.
- ¿No queres dormir un ratito antes de comer?
- No quiero que cocines solo.
- Pensaba pedir algo.
- ¿Seguro?
- Sí, dormí un rato. Dale.
-Rio.- Lo bueno es que ahora tengo una excusa.
-Reí.- Dormí acá si queres.
- Mmm… Bueno.
Se acomodó y cerró sus ojos, yo apagué la tele y el velador. Mi mano acarició suavemente su mejilla y ella sonrió. ¡Era tan linda cuando sonreía!
Al rato se quedó dormida y yo no podía dejar de mirarla… Me moría por despertarla a besos…
- Sos tan linda. –Susurré acariciando su pelo.- Nunca los voy a dejar solos, te lo juro Chinita.
lunes, 4 de julio de 2016
Capítulo 3.
Las horas pasaban y era momento de aceptarlo, de hacerse cargo: iba a
ser mamá.
Quería impedirlo, pero no podía dejar de llorar y esas lágrimas significaban demasiadas cosas: eran una mezcla de emoción, amor, pánico e incertidumbre.
Tenía miedo, miedo de quedarme sola. Miedo de no poder, era real que me sentía una nena. Si ni siquiera podía con mi vida… ¿Cómo se suponía que iba a poder con la de alguien más?
Me daba cuenta que mi vida iba a cambiar para siempre y que todos aquellos planes que tenía, iban a tener que archivarse en algún cajón.
Mis manos estaban sobre mi panza, dándole calor… Tratando de serenarme y de conectarme con aquella realidad.
- Perdón. –Susurré.- Te juro que quisiera que las cosas sean distintas. –Suspiré.- Pero te prometo que yo no voy a dejar que nada malo nos pase, te voy a cuidar con mi vida bebito. –Hice una pausa.- Te tocó una mamá con algunos problemas, pero todo se va a solucionar antes de que llegues a este mundo. –Apreté fuerte mis ojos para despedir las lágrimas que se encontraban atrapadas allí.- Te lo prometo, te prometo que te voy a amar toda la vida.
Dejé caer mi cabeza contra la almohada y me tapé, volviendo a poner mis manos allí.
Cerré mis ojos y comencé a imaginar como sería mi futuro.
Una sonrisa resaltó en medio de las lágrimas.
-
Escuché todo lo que había dicho Paula y eso me hacía amarla aún más. Me moría por entrar y abrazarla, para luego besarla y decirle todo lo que sentía por ella… Todo lo enamorado que estaba de su ser y prometerle que nunca la iba a dejar sola. Que ni ella ni su bebé estarían solos.
Pero, debía conformarme con imaginarlo. Era claro que no era el momento.
Toqué la puerta de la habitación.
- Pasa Pepe.
- Permiso.
- Pasa tonto, es tu cuarto.
- Te lo presto hasta que vuelvas a tu casa.
- ¿Y vos?
- Duermo en la cama de mis viejos.
- ¿Seguro?
- Sí… -Se sentó en la cama, a un costado.- ¿Cómo estás?
-Suspiré.- Estoy… -Reí.-
-Tomé su mano y le di un beso.- ¿Queres comer algo?
- Mmm…
- Tengo pastelitos de membrillo, no podes negarte.
- ¿Posta?
- Posta. ¿Queres o no?
- Sí, por favor.
- Ahora traigo. ¿Mate?
- Mmm… Prefiero un té. ¿Te ayudo?
- No, quedate acá.
- Pero…
-Me interrumpió.- Quedate acá.
- Bueno, está bien.
-
Esa noche, ambos ya estábamos en pijama y habíamos terminado de cenar hacía un rato largo.
-Se sentó con sus piernas cruzadas, sobre el sillón.- No sé qué hacer. –Suspiró.-
- ¿Respecto a qué?
- Te juro que cada vez que lo pienso, me muero de miedo.
- Pero…
- Con todo, te juro que con todo. Con que lo sepan mis viejos, con que lo sepa Máximo y con saberlo. No puedo ni siquiera con mi vida y… -Dijo con lágrimas en sus ojos.-
- Hey, tranquila. –Me acerqué a ella.- Tranquila.
- ¿Qué se supone que voy a hacer cuándo nazca? ¿El parto? Me muero de miedo Pedro. –Hizo una pausa.- Además, no sé cómo voy a hacer para aguantar hasta el lunes. Me da pánico que algo esté mal.
- Tus viejos, capaz se enojen, pero se les va a pasar… Estoy seguro de que va a ser así. –Acomodé un mechón de pelo detrás de su oreja.- Máximo te va a mandar a la mierda, lo sabemos los dos… Pero yo no voy a dejar que les haga nada malo. ¿Te puedo decir lo que pienso sin que te enojes? –Asintió.- Nunca me cayó bien ese pibe Pau, nunca. –Suspiró.- No te lo dije porque creí que estabas enamorada, pero siempre me pareció bastante turbio y con lo que me dijiste hoy, te juro que si me lo encuentro lo cago a piñas.
- No, no hagas nada Pepe. Por favor.
- Desde mi punto de vista, tenes que cortar la relación con él, salvo que quiera tener a ese bebé y hacerse cargo.
- Lo dudo demasiado.
- Entonces cortas la relación con él y listo.
- Lo decís como si fuese simple Pedro. Madre de 17 años y encima soltera…
- No estás sola.
- Pepe…
- Yo voy a estar con vos.
-Sonrió.- Sos demasiado bueno vos. –Le sonreí.- Te lo agradezco de corazón, pero no es lo mismo.
- ¿Por qué?
- Porque vos sos mi amigo…
- ¿Y qué tiene que ver?
- Voy a estar sola con el bebé.
- Nunca vas a estar sola.
- Pedro…
- Nunca, te lo prometo. –La abracé.- No tengas miedo, yo voy a estar con vos siempre. –La abracé con más fuerza.- Te voy a acompañar siempre que me dejes, y respecto al parto, supongo que todas las mujeres le tendrán miedo, pero en ese momento tampoco vas a estar sola.
- Te estás embalando mucho Pepe. –Se separó de mí.-
- ¿Por qué?
- Porque no quiero convertirme en una carga para vos, tenes que hacer tu vida también.
- No, no pienses así. Yo no voy a dejar de hacer mi vida por acompañarte.
- No quiero joderte.
- ¡No me jodes Pau! Sacate esa idea de la cabeza.
- Perdón por caerte con todo esto.
- No me tenes que pedir perdón, me hace bien que recurras a mí… Eso quiere decir que te inspiro confianza.
- Demasiada. –Me sonrió.-
- Sacate esos pensamientos de la cabeza, ahora tenes que pensar en vos y en tu bebé.
- Creo que eso es lo que más me cuesta.
- Deja de llorar un poco. –Sequé sus lágrimas.- Y concentrate en lo que te pasa, que a pesar de todo, es hermoso.
- Pero me da pánico Pepe.
- Lo sé Pau, lo sé…
- ¿Me volves a abrazar?
- Obvio que sí.
La abracé y la sentí desamarse en mis brazos, me acomodé y ella quedó acostada, con su cabeza en mi pecho. La tapé con una manta y corrí el pelo de su cara.
- Tengo miedo de no poder.
- Vas a poder, te lo prometo.
- Pero… Soy muy chica.
- ¿Y qué tiene que ver eso? Ninguna mujer sabe como ser madre.
- Yo menos.
- Vas a ver que sí…
-Suspiró.- Quedate conmigo, por favor.
- Yo me quedo acá, no te preocupes.
Ella sonrió y yo hice que cerrara sus ojos pasando mi mano por ellos. Me quedé abrazándola, hasta que de a poco comenzó a tranquilizarse.
Me moría por poder darle un poco de fortaleza y seguridad, pero también entendía que tenía que pasar este proceso.
Lo único que podía hacer era estar con ella, como siempre iba a estarlo. No me importaba en carácter de qué, solo me importaba estar cerca suyo, ayudarla, estar para ella… Me alcanzaba con que sepa que nunca iba a estar sola.
- ¿Queres ir a dormir Pau?
- Mmm… No sé.
- Te estás quedando dormida.
- Sí, ya sé. Pero no me quiero quedar sola.
- Yo me quedo con vos hasta que te duermas.
- Sos muy tierno.
- Es que no me gusta verte mal.
- Te quiero mucho pendejo.
- Y yo te quiero a vos pendejita. –Reímos y nos abrazamos.- Dale. ¿Te acompaño?
- Voy al baño primero.
- Dale, yo mientras cierro acá.
Nos paramos y antes de que se fuera, volví a abrazarla y besé su mejilla.
- Va a estar todo bien, te lo prometo.
- No sé qué haría si no estuvieras.
- No pienses en eso, porque estoy acá.
- Sos el amigo que cualquier mujer quisiera. –Besó mi mejilla y se fue.-
Yo suspiré y la vi alejarse.
Quisiera ser el novio que cualquier mujer quisiera, más precisamente el tuyo.
-
Hola a todos, he aquí el capítulo de hoy. Espero que les guste y comenten :)
Recuerden que si quieren recibir los links de los capítulos, solo tienen que avisarme acá dejándome su cuenta de twitter, o mencionándome en @FanFictionPyP ☺
Quería impedirlo, pero no podía dejar de llorar y esas lágrimas significaban demasiadas cosas: eran una mezcla de emoción, amor, pánico e incertidumbre.
Tenía miedo, miedo de quedarme sola. Miedo de no poder, era real que me sentía una nena. Si ni siquiera podía con mi vida… ¿Cómo se suponía que iba a poder con la de alguien más?
Me daba cuenta que mi vida iba a cambiar para siempre y que todos aquellos planes que tenía, iban a tener que archivarse en algún cajón.
Mis manos estaban sobre mi panza, dándole calor… Tratando de serenarme y de conectarme con aquella realidad.
- Perdón. –Susurré.- Te juro que quisiera que las cosas sean distintas. –Suspiré.- Pero te prometo que yo no voy a dejar que nada malo nos pase, te voy a cuidar con mi vida bebito. –Hice una pausa.- Te tocó una mamá con algunos problemas, pero todo se va a solucionar antes de que llegues a este mundo. –Apreté fuerte mis ojos para despedir las lágrimas que se encontraban atrapadas allí.- Te lo prometo, te prometo que te voy a amar toda la vida.
Dejé caer mi cabeza contra la almohada y me tapé, volviendo a poner mis manos allí.
Cerré mis ojos y comencé a imaginar como sería mi futuro.
Una sonrisa resaltó en medio de las lágrimas.
-
Escuché todo lo que había dicho Paula y eso me hacía amarla aún más. Me moría por entrar y abrazarla, para luego besarla y decirle todo lo que sentía por ella… Todo lo enamorado que estaba de su ser y prometerle que nunca la iba a dejar sola. Que ni ella ni su bebé estarían solos.
Pero, debía conformarme con imaginarlo. Era claro que no era el momento.
Toqué la puerta de la habitación.
- Pasa Pepe.
- Permiso.
- Pasa tonto, es tu cuarto.
- Te lo presto hasta que vuelvas a tu casa.
- ¿Y vos?
- Duermo en la cama de mis viejos.
- ¿Seguro?
- Sí… -Se sentó en la cama, a un costado.- ¿Cómo estás?
-Suspiré.- Estoy… -Reí.-
-Tomé su mano y le di un beso.- ¿Queres comer algo?
- Mmm…
- Tengo pastelitos de membrillo, no podes negarte.
- ¿Posta?
- Posta. ¿Queres o no?
- Sí, por favor.
- Ahora traigo. ¿Mate?
- Mmm… Prefiero un té. ¿Te ayudo?
- No, quedate acá.
- Pero…
-Me interrumpió.- Quedate acá.
- Bueno, está bien.
-
Esa noche, ambos ya estábamos en pijama y habíamos terminado de cenar hacía un rato largo.
-Se sentó con sus piernas cruzadas, sobre el sillón.- No sé qué hacer. –Suspiró.-
- ¿Respecto a qué?
- Te juro que cada vez que lo pienso, me muero de miedo.
- Pero…
- Con todo, te juro que con todo. Con que lo sepan mis viejos, con que lo sepa Máximo y con saberlo. No puedo ni siquiera con mi vida y… -Dijo con lágrimas en sus ojos.-
- Hey, tranquila. –Me acerqué a ella.- Tranquila.
- ¿Qué se supone que voy a hacer cuándo nazca? ¿El parto? Me muero de miedo Pedro. –Hizo una pausa.- Además, no sé cómo voy a hacer para aguantar hasta el lunes. Me da pánico que algo esté mal.
- Tus viejos, capaz se enojen, pero se les va a pasar… Estoy seguro de que va a ser así. –Acomodé un mechón de pelo detrás de su oreja.- Máximo te va a mandar a la mierda, lo sabemos los dos… Pero yo no voy a dejar que les haga nada malo. ¿Te puedo decir lo que pienso sin que te enojes? –Asintió.- Nunca me cayó bien ese pibe Pau, nunca. –Suspiró.- No te lo dije porque creí que estabas enamorada, pero siempre me pareció bastante turbio y con lo que me dijiste hoy, te juro que si me lo encuentro lo cago a piñas.
- No, no hagas nada Pepe. Por favor.
- Desde mi punto de vista, tenes que cortar la relación con él, salvo que quiera tener a ese bebé y hacerse cargo.
- Lo dudo demasiado.
- Entonces cortas la relación con él y listo.
- Lo decís como si fuese simple Pedro. Madre de 17 años y encima soltera…
- No estás sola.
- Pepe…
- Yo voy a estar con vos.
-Sonrió.- Sos demasiado bueno vos. –Le sonreí.- Te lo agradezco de corazón, pero no es lo mismo.
- ¿Por qué?
- Porque vos sos mi amigo…
- ¿Y qué tiene que ver?
- Voy a estar sola con el bebé.
- Nunca vas a estar sola.
- Pedro…
- Nunca, te lo prometo. –La abracé.- No tengas miedo, yo voy a estar con vos siempre. –La abracé con más fuerza.- Te voy a acompañar siempre que me dejes, y respecto al parto, supongo que todas las mujeres le tendrán miedo, pero en ese momento tampoco vas a estar sola.
- Te estás embalando mucho Pepe. –Se separó de mí.-
- ¿Por qué?
- Porque no quiero convertirme en una carga para vos, tenes que hacer tu vida también.
- No, no pienses así. Yo no voy a dejar de hacer mi vida por acompañarte.
- No quiero joderte.
- ¡No me jodes Pau! Sacate esa idea de la cabeza.
- Perdón por caerte con todo esto.
- No me tenes que pedir perdón, me hace bien que recurras a mí… Eso quiere decir que te inspiro confianza.
- Demasiada. –Me sonrió.-
- Sacate esos pensamientos de la cabeza, ahora tenes que pensar en vos y en tu bebé.
- Creo que eso es lo que más me cuesta.
- Deja de llorar un poco. –Sequé sus lágrimas.- Y concentrate en lo que te pasa, que a pesar de todo, es hermoso.
- Pero me da pánico Pepe.
- Lo sé Pau, lo sé…
- ¿Me volves a abrazar?
- Obvio que sí.
La abracé y la sentí desamarse en mis brazos, me acomodé y ella quedó acostada, con su cabeza en mi pecho. La tapé con una manta y corrí el pelo de su cara.
- Tengo miedo de no poder.
- Vas a poder, te lo prometo.
- Pero… Soy muy chica.
- ¿Y qué tiene que ver eso? Ninguna mujer sabe como ser madre.
- Yo menos.
- Vas a ver que sí…
-Suspiró.- Quedate conmigo, por favor.
- Yo me quedo acá, no te preocupes.
Ella sonrió y yo hice que cerrara sus ojos pasando mi mano por ellos. Me quedé abrazándola, hasta que de a poco comenzó a tranquilizarse.
Me moría por poder darle un poco de fortaleza y seguridad, pero también entendía que tenía que pasar este proceso.
Lo único que podía hacer era estar con ella, como siempre iba a estarlo. No me importaba en carácter de qué, solo me importaba estar cerca suyo, ayudarla, estar para ella… Me alcanzaba con que sepa que nunca iba a estar sola.
- ¿Queres ir a dormir Pau?
- Mmm… No sé.
- Te estás quedando dormida.
- Sí, ya sé. Pero no me quiero quedar sola.
- Yo me quedo con vos hasta que te duermas.
- Sos muy tierno.
- Es que no me gusta verte mal.
- Te quiero mucho pendejo.
- Y yo te quiero a vos pendejita. –Reímos y nos abrazamos.- Dale. ¿Te acompaño?
- Voy al baño primero.
- Dale, yo mientras cierro acá.
Nos paramos y antes de que se fuera, volví a abrazarla y besé su mejilla.
- Va a estar todo bien, te lo prometo.
- No sé qué haría si no estuvieras.
- No pienses en eso, porque estoy acá.
- Sos el amigo que cualquier mujer quisiera. –Besó mi mejilla y se fue.-
Yo suspiré y la vi alejarse.
Quisiera ser el novio que cualquier mujer quisiera, más precisamente el tuyo.
-
Hola a todos, he aquí el capítulo de hoy. Espero que les guste y comenten :)
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domingo, 3 de julio de 2016
Capítulo 2.
- ¿Vos me estás hablando en serio Pau?
- Sí. –Respondió con vergüenza.-
- ¿Podes ser un poco más específica?
- Me trata mal Pedro, es eso.
Me acerqué a ella y me senté en el suelo.
- Podes confiar en mí.
- Sí, lo sé. –Secó sus lágrimas y verla así me mataba.-
- Entonces contame.
- Es que… Me da vergüenza.
- ¿Te pega?
-Asintió ahogada en lágrimas.- Es horrible Pedro.
- ¿Hace cuánto?
- Estoy con él hace cinco meses… Los primeros dos meses todo bien, pero después, no sé, todo cambió de repente.
- ¿Lo sabe alguien?
- No. –Suspiró.- Siento que me voy a morir del miedo que tengo.
Yo no le dije más nada y solo me acerqué a ella para poder abrazarla contra mi pecho. Mis ojos se llenaron de lágrimas, aunque ella no lo notó.
- Tranquilizate un poco Pau, dale… Te hace mal estar así.
- No puedo más Pepe, esto es lo que menos esperaba.
- Tenes que contárselo y después, cortar con él.
- Me va a matar Pedro.
- Yo voy a ir con vos.
- No, por favor. No.
- ¿Por qué?
- Te va a pegar.
- Quiero ver si es tan machito de pegarle a alguien que se puede defender.
Y ella lloraba cada vez más, la abracé con más fuerza y acaricié su pelo.
- No quiero que te haga mal Pepe.
- No te preocupes por eso.
- Te estoy hablando en serio.
- Y yo también, haría cualquier cosa por vos Pau.
Y esa era la realidad. Cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa. Era demasiado importante para mí, más de lo que ella creía y mucho más de lo que yo era para ella.
En ese momento, sonó el celular de Paula.
- Es Máximo. –Dijo temblando.- No puedo atenderlo así.
- ¿Queres que atienda yo?
- Mmm… No, mejor le corto. –Y eso hizo.-
Se levantó y caminó hasta la ventana.
- No quiero hablar con él hasta no estar decidida a contárselo.
- Está bien Pau, pero no vayas sola.
- Voy a tener que hacerlo.
- No quiero que vayas sola. –Dije acercándome a ella.-
- Tengo que poder enfrentarlo.
- Te lo pido por favor. –Tomé su mano.- No seas terca.
-Suspiró.- Si voy con vos va a ser peor.
- ¿Y si lo llevas a tu casa y yo me quedo en tu cuarto?
- No sé, te juro que no sé. –Tapó su cara con sus manos y apoyó sus codos en el marco de la ventana.- Quiero que todo esto no sea real.
-Posé mi mano en su espalda.- Pero lo es y vas a tener que enfrentarlo.
- No puedo, ahora no puedo.
- Nadie te apura.
- No sé ni de cuánto estoy… No sé cuándo se va a notar.
- Tenes que ir a un médico.
- Sí, ya sé. Pero es sábado y mañana…
- Podemos faltar a la escuela el lunes y vamos.
- ¿De verdad me lo decís?
- Sí… ¿O preferís ir sola?
- Me haría muy bien que vengas conmigo.
- Entonces ahora vemos a donde podemos ir.
- Gracias, de verdad.
- Nada que agradecer señorita.
-Me sonrió.- ¿Te puedo usar la cama un ratito? Me siento un poco mareada.
- Acostate, no hay problema.
Pau se dirigió hasta allí y se acostó hecha un bollito, yo busqué una manta y la acomodé sobre su cuerpo. Ella me sonrió y le devolví la sonrisa.
- ¿Por qué no dormís un ratito? Te va a hacer bien.
- Es un poco complicado.
- Lo sé, pero cuando te despiertes, al estar más tranquila vas a poder pensar un poco más en frío.
- Puede ser…
- Vas a ver que sí.
-Cerró sus ojos.- Quedate.
-No pienso irme a ningún lado.
Suspiré y mi mano comenzó a acariciar su cabellera rubia… Y es eso lo que hice durante los treinta minutos siguientes. (Y lo que podría seguir haciendo durante toda la vida)
Cuando estuvo completamente dormida, me alejé y me senté en el puff sin poder dejar de mirarla.
Verla mal me destruía y saber que el pelotudo de su novio la maltrataba me partía al medio. Quería hacer algo para ayudarla, quería estar para ella y protegerla de todo el mal. Siempre deseé que se separara de su novio, pero no así. Desde el día que me dijo que estaba con él que lo único que anhelaba era que Paula y Máximo se pelearán y que, acto seguido, ella venga corriendo a mis brazos y yo la abrazara hasta que todas sus partes vuelvan a unirse.
No sabía cómo poner en palabras todo lo que Paula era para mí, mi vida giraba en torno a ella y no era una exageración, mucho menos un decir. Era la verdad.
Estaba enamorado de esa mujer hacía muchísimo tiempo. La amaba en silencio y eso dolía. Demasiado.
Pero no, claro que no quería que pase todo esto. No soportaba verla sufrir.
- Pepe… -Dijo con sus ojos entre abiertos.-
- Buenas tardes dormilona.
- ¿Dormí mucho?
- Tres horas y media.
- ¿Y vos te quedaste ahí?
-Reí.- Sí, me quedé dormido también.
- Uy, perdón por invadirte la cama.
- No pasa nada… ¿Te sentís un poco mejor?
- Eso creo.
- ¿Queres comer o tomar algo?
- No…
- ¿Segura?
- Sí, segura.
- Estuve mirando en Internet y encontré una clínica, a la que podes ir con tu prepaga.
- ¿Mi viejo no se va a enterar que…?
- Creo que no.
-Suspiró.- No soporto no decírselos, pero a la vez sé que me van a odiar.
- Son tus viejos Pau.
- ¿Y?
- Tarde o temprano van a entender.
- Eso espero.
- Vas a ver que sí, te aman.
-Sonrió.- Es un poco loco pensarlo.
- ¿Qué?
- Que mi mamá me ame como yo ya amo a esta pequeñez. –Dijo tocando su panza.- Quiero ir al médico, necesito saber cómo está todo, cuántas semanas…
- ¿Queres que llame?
- ¿Lo harías?
- Obvio.
- Entonces sí, por favor.
Llamé y nos dijeron que vayamos sin turno, que atendían por orden de llegada.
- Vamos temprano y listo. –Le dije.-
- ¿Puedo quedarme acá hasta el lunes o te jode?
- No jodes vos, nunca.
-Sonrió.- Sos de fierro Pepe.
- Deja de halagarme un poco che.
-Rio.- Es que de verdad, me estoy muriendo de miedo y estar con vos, me tranquiliza un poco.
- Siempre voy a estar para vos, ya te lo dije.
- Y yo te lo agradezco. –Sonreí.-
Al rato, Paula revisó su celular y tenía infinitas llamadas perdidas de Máximo.
- Creo que va a ser complicado. –Dijo.-
- Tranquila, no le respondas y listo.
- Me cuesta un poco.
- ¿Vos queres estar con él?
- ¡No Pedro!
- Entonces no le respondas…
- Cuando lo vea va a estar loco.
- Por eso no quiero dejarte sola.
-Sonrió.- Siento que debería estar feliz y no puedo, me da culpa.
- Haces lo que podes.
- Puedo poco me parece. –Respiró hondo.-
- No te tires para abajo.
- ¿Me dejas un rato sola? O me voy a otro lado. Quiero pensar un poco.
- Me voy a bañar y te dejo sola.
- Está bien, gracias.
- ¡Deja de decir gracias!
Ella rio y yo me dirigí al baño, luego de agarrarme algo de ropa.
-
Me alegro que les haya gustado, acá el segundo capítulo ☺
- Sí. –Respondió con vergüenza.-
- ¿Podes ser un poco más específica?
- Me trata mal Pedro, es eso.
Me acerqué a ella y me senté en el suelo.
- Podes confiar en mí.
- Sí, lo sé. –Secó sus lágrimas y verla así me mataba.-
- Entonces contame.
- Es que… Me da vergüenza.
- ¿Te pega?
-Asintió ahogada en lágrimas.- Es horrible Pedro.
- ¿Hace cuánto?
- Estoy con él hace cinco meses… Los primeros dos meses todo bien, pero después, no sé, todo cambió de repente.
- ¿Lo sabe alguien?
- No. –Suspiró.- Siento que me voy a morir del miedo que tengo.
Yo no le dije más nada y solo me acerqué a ella para poder abrazarla contra mi pecho. Mis ojos se llenaron de lágrimas, aunque ella no lo notó.
- Tranquilizate un poco Pau, dale… Te hace mal estar así.
- No puedo más Pepe, esto es lo que menos esperaba.
- Tenes que contárselo y después, cortar con él.
- Me va a matar Pedro.
- Yo voy a ir con vos.
- No, por favor. No.
- ¿Por qué?
- Te va a pegar.
- Quiero ver si es tan machito de pegarle a alguien que se puede defender.
Y ella lloraba cada vez más, la abracé con más fuerza y acaricié su pelo.
- No quiero que te haga mal Pepe.
- No te preocupes por eso.
- Te estoy hablando en serio.
- Y yo también, haría cualquier cosa por vos Pau.
Y esa era la realidad. Cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa. Era demasiado importante para mí, más de lo que ella creía y mucho más de lo que yo era para ella.
En ese momento, sonó el celular de Paula.
- Es Máximo. –Dijo temblando.- No puedo atenderlo así.
- ¿Queres que atienda yo?
- Mmm… No, mejor le corto. –Y eso hizo.-
Se levantó y caminó hasta la ventana.
- No quiero hablar con él hasta no estar decidida a contárselo.
- Está bien Pau, pero no vayas sola.
- Voy a tener que hacerlo.
- No quiero que vayas sola. –Dije acercándome a ella.-
- Tengo que poder enfrentarlo.
- Te lo pido por favor. –Tomé su mano.- No seas terca.
-Suspiró.- Si voy con vos va a ser peor.
- ¿Y si lo llevas a tu casa y yo me quedo en tu cuarto?
- No sé, te juro que no sé. –Tapó su cara con sus manos y apoyó sus codos en el marco de la ventana.- Quiero que todo esto no sea real.
-Posé mi mano en su espalda.- Pero lo es y vas a tener que enfrentarlo.
- No puedo, ahora no puedo.
- Nadie te apura.
- No sé ni de cuánto estoy… No sé cuándo se va a notar.
- Tenes que ir a un médico.
- Sí, ya sé. Pero es sábado y mañana…
- Podemos faltar a la escuela el lunes y vamos.
- ¿De verdad me lo decís?
- Sí… ¿O preferís ir sola?
- Me haría muy bien que vengas conmigo.
- Entonces ahora vemos a donde podemos ir.
- Gracias, de verdad.
- Nada que agradecer señorita.
-Me sonrió.- ¿Te puedo usar la cama un ratito? Me siento un poco mareada.
- Acostate, no hay problema.
Pau se dirigió hasta allí y se acostó hecha un bollito, yo busqué una manta y la acomodé sobre su cuerpo. Ella me sonrió y le devolví la sonrisa.
- ¿Por qué no dormís un ratito? Te va a hacer bien.
- Es un poco complicado.
- Lo sé, pero cuando te despiertes, al estar más tranquila vas a poder pensar un poco más en frío.
- Puede ser…
- Vas a ver que sí.
-Cerró sus ojos.- Quedate.
-No pienso irme a ningún lado.
Suspiré y mi mano comenzó a acariciar su cabellera rubia… Y es eso lo que hice durante los treinta minutos siguientes. (Y lo que podría seguir haciendo durante toda la vida)
Cuando estuvo completamente dormida, me alejé y me senté en el puff sin poder dejar de mirarla.
Verla mal me destruía y saber que el pelotudo de su novio la maltrataba me partía al medio. Quería hacer algo para ayudarla, quería estar para ella y protegerla de todo el mal. Siempre deseé que se separara de su novio, pero no así. Desde el día que me dijo que estaba con él que lo único que anhelaba era que Paula y Máximo se pelearán y que, acto seguido, ella venga corriendo a mis brazos y yo la abrazara hasta que todas sus partes vuelvan a unirse.
No sabía cómo poner en palabras todo lo que Paula era para mí, mi vida giraba en torno a ella y no era una exageración, mucho menos un decir. Era la verdad.
Estaba enamorado de esa mujer hacía muchísimo tiempo. La amaba en silencio y eso dolía. Demasiado.
Pero no, claro que no quería que pase todo esto. No soportaba verla sufrir.
- Pepe… -Dijo con sus ojos entre abiertos.-
- Buenas tardes dormilona.
- ¿Dormí mucho?
- Tres horas y media.
- ¿Y vos te quedaste ahí?
-Reí.- Sí, me quedé dormido también.
- Uy, perdón por invadirte la cama.
- No pasa nada… ¿Te sentís un poco mejor?
- Eso creo.
- ¿Queres comer o tomar algo?
- No…
- ¿Segura?
- Sí, segura.
- Estuve mirando en Internet y encontré una clínica, a la que podes ir con tu prepaga.
- ¿Mi viejo no se va a enterar que…?
- Creo que no.
-Suspiró.- No soporto no decírselos, pero a la vez sé que me van a odiar.
- Son tus viejos Pau.
- ¿Y?
- Tarde o temprano van a entender.
- Eso espero.
- Vas a ver que sí, te aman.
-Sonrió.- Es un poco loco pensarlo.
- ¿Qué?
- Que mi mamá me ame como yo ya amo a esta pequeñez. –Dijo tocando su panza.- Quiero ir al médico, necesito saber cómo está todo, cuántas semanas…
- ¿Queres que llame?
- ¿Lo harías?
- Obvio.
- Entonces sí, por favor.
Llamé y nos dijeron que vayamos sin turno, que atendían por orden de llegada.
- Vamos temprano y listo. –Le dije.-
- ¿Puedo quedarme acá hasta el lunes o te jode?
- No jodes vos, nunca.
-Sonrió.- Sos de fierro Pepe.
- Deja de halagarme un poco che.
-Rio.- Es que de verdad, me estoy muriendo de miedo y estar con vos, me tranquiliza un poco.
- Siempre voy a estar para vos, ya te lo dije.
- Y yo te lo agradezco. –Sonreí.-
Al rato, Paula revisó su celular y tenía infinitas llamadas perdidas de Máximo.
- Creo que va a ser complicado. –Dijo.-
- Tranquila, no le respondas y listo.
- Me cuesta un poco.
- ¿Vos queres estar con él?
- ¡No Pedro!
- Entonces no le respondas…
- Cuando lo vea va a estar loco.
- Por eso no quiero dejarte sola.
-Sonrió.- Siento que debería estar feliz y no puedo, me da culpa.
- Haces lo que podes.
- Puedo poco me parece. –Respiró hondo.-
- No te tires para abajo.
- ¿Me dejas un rato sola? O me voy a otro lado. Quiero pensar un poco.
- Me voy a bañar y te dejo sola.
- Está bien, gracias.
- ¡Deja de decir gracias!
Ella rio y yo me dirigí al baño, luego de agarrarme algo de ropa.
-
Me alegro que les haya gustado, acá el segundo capítulo ☺
sábado, 2 de julio de 2016
Capítulo 1.
Caminaba de un lado al otro y cruzada de brazos. Nunca en la vida creí
que podía tener tantos nervios juntos, ni tanto miedo. Intentaba respirar
serena, pero no podía. Tampoco podía evitar las lágrimas en mis ojos.
- Para un poco Pau. –Se paró delante de mí, tomándome de los brazos.- Para.
- No puedo Pedro. –Respondí.-
- Te va a hacer mal.
- Esta situación me hace mal. –Suspiré.-
- ¿Te puedo abrazar?
- Por favor.
Pedro me abrazó y yo tan solo dejé que lo haga.
- Tranquilizate un poco.
- Me muero de miedo Pepe.
- Lo sé Pau, lo sé. –Acarició mi espalda.- Pero estar así te va a hacer peor.
- No puedo estar peor.
- Hey… -Se separó un poco de mí.-
- ¿Qué?
- ¿Dónde quedó la Paula que yo conocí?
- ¿Cuál se supone que conociste?
- Esa que siempre va para adelante.
-Negué con mi cabeza.- Hoy quiero volver al pasado.
- Bueno, pero no podes.
- Ya lo sé Pedro.
- Falta poquito.
- ¿Cuánto?
- No importa, yo te aviso. –Y volvió a abrazarme.-
- Gracias.
- ¿Por qué?
- Por estar conmigo tarado.
- Siempre voy a estar para vos Pau, siempre.
- Gracias, de verdad.
- No me lo tenes que agradecer.
Suspiré y dejé que me abrazara, hasta que por fin esos malditos e interminables minutos habían transcurrido, él se separó de mí.
- ¿Te acompaño?
- No sé, no sé nada. –Sequé mis lágrimas.-
- No tiembles.
- Veni conmigo.
- Está bien.
Caminamos juntos hasta la puerta del baño y cuando lo vi me quise morir.
- ¡La puta madre! –Golpee con fuerza la pared.- No puede ser.
Y corrí hasta mi habitación, para dejarme caer en la cama y largarme a llorar como una nena. Sentía como el mundo se desvanecía sobre mí.
Pedro entró a mi cuarto y se arrodilló delante de mi cama, corrió el pelo de mi cara y tomó mi mano.
- Para un poco, no es algo tan malo.
- No intentes convencerme, es una mierda.
- No pienses así.
- No puedo evitarlo.
- Dale Pau.
- ¿Dale qué? ¡Tengo 17 años!
- Lo sé…
- No puedo pensar de otro modo.
- Pero estar así no va a solucionar nada.
- Dudo que esto pueda solucionarse.
-Suspiró y secó mis lágrimas.- No estás sola.
- ¿Vos de verdad pensas que Máximo va a hacerse cargo? ¿Qué mis viejos lo van a aceptar? Me van a dar una patada en el culo, todos. –Dije temblando.-
- Yo no te voy a dejar sola.
-Sonreí.- Gracias, pero… -Suspiré.- Vos sos el único que no tiene nada que ver en esta historia.
- ¿Cómo que no? –Me encogí de hombros.- ¿Yo no soy nada en tu vida?
-Reí.- Sos el hermano que nunca tuve.
- ¿Entonces?
- No sé.
- ¿Te puedo dar un abrazo?
Asentí y él se acostó a mi lado, para abrazarme.
- Tranqui Pau.
-Suspiré.- Te quiero nene.
- Y yo te quiero a vos. Lo sabes.
17 años, ni siquiera había terminado el secundario y estaba embarazada. ¿QUÉ?
- ¿Ustedes se cuidaron?
- Siempre, te juro que siempre. –Suspiré.- No sé cómo pasó.
- ¿Él también se cuidaba?
- Usaba forro, no sé. Hace tiempo que no confio en él igual.
- ¿Y por qué seguías con él?
- Por miedo.
- ¿De verdad me lo decís?
- ¿No te habías dado cuenta?
- No…
- Tenía miedo de que reaccionara mal, él es bastante violento. –Hice una pausa.- No me quiero imaginar como se va a poner cuando se entere. Me va a matar Pedro. –Dije sin poder parar de llorar.-
- Yo puedo acompañarte si eso te deja más tranquila.
- No sé, primero se lo voy a tener que contar a mis papás.
- No quiero que te enojes con lo que te voy a preguntar. –Negué.- ¿Queres tenerlo?
-Suspiré.- Sí, no voy a interrumpir el embarazo.
- ¿Y no preferís ir al médico primero?
- No sé Pedro, te juro que no puedo pensar. –Me separé de él y me senté en la cama.-
-Se sentó, frente a mí.- Está bien, no es momento de pensar capaz.
-Hice un rodete con mi pelo y respiré profundo.- ¿Podemos irnos de acá?
- ¿A dónde queres ir?
- A cualquier lado, pero no acá. Van a venir mis viejos y no voy a poder enfrentarlos.
- ¿Queres venir a mi casa?
- ¿Puedo?
- ¡Obvio nena! Siempre vas a ser bien recibida en mi casa.
- Gracias amigo.
- De nada Pau.
- ¿Me puedo quedar hasta mañana?
- Sí, obvio que sí.
- Me voy a cambiar y a buscarme las cosas.
- Dale.
Me levanté de la cama y luego de guardar el test, me cambié y me armé una mochila.
- ¿Vamos? –Preguntó aun sentado en mi cama.-
- Sí, por favor.
Salimos de mi casa y caminamos hasta la parada de colectivos, en donde me senté. No soportaba estar parada, temblaba demasiado.
Pedro se sentó a mi lado y apoyé mi cabeza en su hombro.
- Mis viejos están en la quinta. –Dijo.- Asique, vamos a estar solos… Vas a poder relajarte.
-Suspiré.- Eso espero.
- Vas a ver que sí.
Por suerte, el colectivo llegó rápido y al ratito, estábamos en la casa de Pedro. Hacía frío, mucho.
- ¿Queres un té?
- Sí, dale.
- ¿Me esperas acá?
- ¿Puedo ir a tu cuarto?
- Sí Pau, pasa.
- Bueno, gracias.
Caminé hasta el cuarto de él y me dejé caer en el puff, cerré mis ojos y sin darme cuenta, mis manos estaban sobre mi vientre. Respiré hondo e intenté relajarme, al menos un poco.
Era una locura pensar que iba a ser mamá, porque aún me sentía una nena.
Pero, en ese momento, no era lo que más miedo me daba. Lo que me generaba un pánico real eran mis viejos y Máximo.
Lo escuché venir a Pedro y me erguí. Me dio la taza de té.
- Gracias Pepe.
- De nada… -Se sentó en su cama, con otra taza, pero de café.-
- ¿Estás un poco más tranquila?
-Me encogí de hombros y tomé un poco de té.- No sé.
- ¿Qué queres hacer?
- Nada, solo pensar…
- ¿Queres estar sola?
- No, no. Mejor quedate.
- No me enojo eh.
-Reí.- No, quedate. Me hace bien saber que no estoy sola.
- Nunca vas a estar sola.
- Gracias por estar Pepe.
-Sonrió.- No lo digo solo por mí. –Miró mi vientre y yo sonreí.- ¿Te das cuenta?
-Reí.- No… -Suspiré.- Pero supongo que, a pesar de todo, es lindo.
- Obvio que sí, es hermoso.
- Pero ahora… -Hice una pausa.- No era precisamente lo que quería.
- Pero pasó.
- Sí… ¿Pero sabes qué es lo peor?
- ¿Qué?
- Él.
- ¿Tan mal te trata Pau?
- Sí. –Dije con lágrimas en los ojos.-
-
¡Hola a todos! Dejo por aquí el primer capítulo de esta historia, son 40 en total.
Espero que les guste y que comenten diciéndome que les parece ☺
Si quieren recibir los links de los capítulos cada vez que publico, solo tienen que avisarme por acá o en mi twitter @fanfictionpyp ☺
- Para un poco Pau. –Se paró delante de mí, tomándome de los brazos.- Para.
- No puedo Pedro. –Respondí.-
- Te va a hacer mal.
- Esta situación me hace mal. –Suspiré.-
- ¿Te puedo abrazar?
- Por favor.
Pedro me abrazó y yo tan solo dejé que lo haga.
- Tranquilizate un poco.
- Me muero de miedo Pepe.
- Lo sé Pau, lo sé. –Acarició mi espalda.- Pero estar así te va a hacer peor.
- No puedo estar peor.
- Hey… -Se separó un poco de mí.-
- ¿Qué?
- ¿Dónde quedó la Paula que yo conocí?
- ¿Cuál se supone que conociste?
- Esa que siempre va para adelante.
-Negué con mi cabeza.- Hoy quiero volver al pasado.
- Bueno, pero no podes.
- Ya lo sé Pedro.
- Falta poquito.
- ¿Cuánto?
- No importa, yo te aviso. –Y volvió a abrazarme.-
- Gracias.
- ¿Por qué?
- Por estar conmigo tarado.
- Siempre voy a estar para vos Pau, siempre.
- Gracias, de verdad.
- No me lo tenes que agradecer.
Suspiré y dejé que me abrazara, hasta que por fin esos malditos e interminables minutos habían transcurrido, él se separó de mí.
- ¿Te acompaño?
- No sé, no sé nada. –Sequé mis lágrimas.-
- No tiembles.
- Veni conmigo.
- Está bien.
Caminamos juntos hasta la puerta del baño y cuando lo vi me quise morir.
- ¡La puta madre! –Golpee con fuerza la pared.- No puede ser.
Y corrí hasta mi habitación, para dejarme caer en la cama y largarme a llorar como una nena. Sentía como el mundo se desvanecía sobre mí.
Pedro entró a mi cuarto y se arrodilló delante de mi cama, corrió el pelo de mi cara y tomó mi mano.
- Para un poco, no es algo tan malo.
- No intentes convencerme, es una mierda.
- No pienses así.
- No puedo evitarlo.
- Dale Pau.
- ¿Dale qué? ¡Tengo 17 años!
- Lo sé…
- No puedo pensar de otro modo.
- Pero estar así no va a solucionar nada.
- Dudo que esto pueda solucionarse.
-Suspiró y secó mis lágrimas.- No estás sola.
- ¿Vos de verdad pensas que Máximo va a hacerse cargo? ¿Qué mis viejos lo van a aceptar? Me van a dar una patada en el culo, todos. –Dije temblando.-
- Yo no te voy a dejar sola.
-Sonreí.- Gracias, pero… -Suspiré.- Vos sos el único que no tiene nada que ver en esta historia.
- ¿Cómo que no? –Me encogí de hombros.- ¿Yo no soy nada en tu vida?
-Reí.- Sos el hermano que nunca tuve.
- ¿Entonces?
- No sé.
- ¿Te puedo dar un abrazo?
Asentí y él se acostó a mi lado, para abrazarme.
- Tranqui Pau.
-Suspiré.- Te quiero nene.
- Y yo te quiero a vos. Lo sabes.
17 años, ni siquiera había terminado el secundario y estaba embarazada. ¿QUÉ?
- ¿Ustedes se cuidaron?
- Siempre, te juro que siempre. –Suspiré.- No sé cómo pasó.
- ¿Él también se cuidaba?
- Usaba forro, no sé. Hace tiempo que no confio en él igual.
- ¿Y por qué seguías con él?
- Por miedo.
- ¿De verdad me lo decís?
- ¿No te habías dado cuenta?
- No…
- Tenía miedo de que reaccionara mal, él es bastante violento. –Hice una pausa.- No me quiero imaginar como se va a poner cuando se entere. Me va a matar Pedro. –Dije sin poder parar de llorar.-
- Yo puedo acompañarte si eso te deja más tranquila.
- No sé, primero se lo voy a tener que contar a mis papás.
- No quiero que te enojes con lo que te voy a preguntar. –Negué.- ¿Queres tenerlo?
-Suspiré.- Sí, no voy a interrumpir el embarazo.
- ¿Y no preferís ir al médico primero?
- No sé Pedro, te juro que no puedo pensar. –Me separé de él y me senté en la cama.-
-Se sentó, frente a mí.- Está bien, no es momento de pensar capaz.
-Hice un rodete con mi pelo y respiré profundo.- ¿Podemos irnos de acá?
- ¿A dónde queres ir?
- A cualquier lado, pero no acá. Van a venir mis viejos y no voy a poder enfrentarlos.
- ¿Queres venir a mi casa?
- ¿Puedo?
- ¡Obvio nena! Siempre vas a ser bien recibida en mi casa.
- Gracias amigo.
- De nada Pau.
- ¿Me puedo quedar hasta mañana?
- Sí, obvio que sí.
- Me voy a cambiar y a buscarme las cosas.
- Dale.
Me levanté de la cama y luego de guardar el test, me cambié y me armé una mochila.
- ¿Vamos? –Preguntó aun sentado en mi cama.-
- Sí, por favor.
Salimos de mi casa y caminamos hasta la parada de colectivos, en donde me senté. No soportaba estar parada, temblaba demasiado.
Pedro se sentó a mi lado y apoyé mi cabeza en su hombro.
- Mis viejos están en la quinta. –Dijo.- Asique, vamos a estar solos… Vas a poder relajarte.
-Suspiré.- Eso espero.
- Vas a ver que sí.
Por suerte, el colectivo llegó rápido y al ratito, estábamos en la casa de Pedro. Hacía frío, mucho.
- ¿Queres un té?
- Sí, dale.
- ¿Me esperas acá?
- ¿Puedo ir a tu cuarto?
- Sí Pau, pasa.
- Bueno, gracias.
Caminé hasta el cuarto de él y me dejé caer en el puff, cerré mis ojos y sin darme cuenta, mis manos estaban sobre mi vientre. Respiré hondo e intenté relajarme, al menos un poco.
Era una locura pensar que iba a ser mamá, porque aún me sentía una nena.
Pero, en ese momento, no era lo que más miedo me daba. Lo que me generaba un pánico real eran mis viejos y Máximo.
Lo escuché venir a Pedro y me erguí. Me dio la taza de té.
- Gracias Pepe.
- De nada… -Se sentó en su cama, con otra taza, pero de café.-
- ¿Estás un poco más tranquila?
-Me encogí de hombros y tomé un poco de té.- No sé.
- ¿Qué queres hacer?
- Nada, solo pensar…
- ¿Queres estar sola?
- No, no. Mejor quedate.
- No me enojo eh.
-Reí.- No, quedate. Me hace bien saber que no estoy sola.
- Nunca vas a estar sola.
- Gracias por estar Pepe.
-Sonrió.- No lo digo solo por mí. –Miró mi vientre y yo sonreí.- ¿Te das cuenta?
-Reí.- No… -Suspiré.- Pero supongo que, a pesar de todo, es lindo.
- Obvio que sí, es hermoso.
- Pero ahora… -Hice una pausa.- No era precisamente lo que quería.
- Pero pasó.
- Sí… ¿Pero sabes qué es lo peor?
- ¿Qué?
- Él.
- ¿Tan mal te trata Pau?
- Sí. –Dije con lágrimas en los ojos.-
-
¡Hola a todos! Dejo por aquí el primer capítulo de esta historia, son 40 en total.
Espero que les guste y que comenten diciéndome que les parece ☺
Si quieren recibir los links de los capítulos cada vez que publico, solo tienen que avisarme por acá o en mi twitter @fanfictionpyp ☺
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