martes, 5 de julio de 2016
Capítulo 4.
Me desperté en medio de la noche y no pude volver a dormirme… ¡Y eso que lo intenté!
Me puse mi buzo sobre la remera del pijama y fui hasta la cocina para servirme un poco de agua y luego volver al cuarto de Pedro, volví a meterme en la cama y me quedé allí. Sentada contra el respaldo de la cama, con mis piernas estiradas, la capucha de mi buzo puesta y mis manos sobre mi vientre.
Cerré mis ojos y respiré hondo. Estaba en medio de un laberinto y no sabía para qué lado disparar… Solo sabía que quería salir de allí.
Intenté acomodar en mi mente los pasos a seguir, pero era complicado… Sobre todo porque después de hablar venía la parte más complicada: hacerme cargo.
¡No sabía por dónde empezar! ¡No sabía qué hacer con un bebé! Eso no quiere decir que no lo quiera, pero no sabía por dónde arrancar… Sentía que tenía que irme de mi casa y hacerme cargo de algo que sabía que sola no iba a poder. ¿Cómo iba a tener un bebé recién nacido y trabajar sin tener a nadie que lo cuide? ¿Cómo se suponía que iba a mantenerlo? ¿Qué tenía que hacer cuando llorara?
¡Tenía un millón y medio de preguntas en mi mente y ninguna respuesta!
Lo escuché a Pedro levantarse al baño y eso me sacó de mis pensamientos. Pasó por el cuarto y me miró.
- ¿No dormís?
-Reí.- Me desperté y no puedo parar de pensar.
- Por lo menos no estás llorando.
-Volví a reír.- Es un avance.
- ¿Necesitas algo?
- No, seguí durmiendo Pepe.
- ¿Segura? –Entró al cuarto.-
- Segura… No quiero seguir molestando.
- No molestas. –Se sentó a los pies de la cama.- ¿Puedo quedarme?
- Si queres…
- Quiero. –Le sonreí.- ¿En qué pensabas?
- No sé, un poco en todo. –Suspiré.- Lo primero que quiero es ir al médico y ver cómo está todo, que por ahora es lo que más preocupada me tiene.
- Va a estar todo bien.
- Eso espero. –Le sonreí.- Y después, ver qué hago primero.
- ¿Me prometes una cosa?
- ¿Qué?
- Que no te vas a mandar sola… Podes contar conmigo y te lo estoy diciendo muy en serio.
- Está bien, te lo prometo. –Nos sonreímos.- ¿No queres ir a dormir?
- No Pau…
- Tenes una carita.
-Rio.- Vos también, estás re chinita.
- ¿Te acordas cuándo me decías chinita? –Pregunté riendo.-
- Te lo seguiría diciendo, si no te enojaras.
-Reí.- Sos el único que estuvo siempre Pepe.
-Tomó mis manos.- Te quiero de verdad Chinita.
- Y yo te quiero a vos boludo. –Nos abrazamos, con fuerza.- Gracias, de verdad.
- Me decís gracias una vez más y te mato. –Reímos.- ¿No pensas decírselo a las chicas?
- Estoy peleada con ellas.
- ¿Por qué?
-Me separé un poco de él.- Por Máximo.
- ¿Con todas?
-Me encogí de hombros.- Agos es mi única amiga posta, el resto se meten ahí no sé por qué. –Reí.-
- ¿Y ella está enojada?
- Eso creo.
- Habla con ella, no seas boluda.
- ¿Eso quiere decir que no me bancas más? –Pregunté riendo y él también rio.- Era un chiste eh.
- Ya lo sé tarada.
- Quiero pasar la visita al médico y después veo, te juro que ahora no sé nada.
- Está bien, me parece lógico. –Se levantó de la cama.- ¿Por qué no dormís?
- Eso debería.
- Puedo quedarme si queres.
-Sonreí.- No hace falta.
- ¿Segura?
- Segura.
- Bueno… -Se acercó a mí y besó mi frente.- Descansa Chinita, hasta mañana.
-Reí.- Gracias Pepe, vos también.
Y se fue. Me tapé hasta la cabeza y me acomodé en la cama, para dormirme otra vez.
-
Me desperté cerca del mediodía y ella seguía durmiendo, sonreí al verla y me acerqué sigilosamente. Acomodé las mantas, ya que estaba destapada y acaricié su frente.
Me bañé y luego preparé algo para comer y para ir a despertarla.
- Buen día Chinita.
-Rio.- ¿Vas a volver a decirme así?
- ¿No puedo?
-Volvió a reír.- Sí, no sé. Buen día. –Abrió sus ojos y me miró bostezando.-
- Traje algo para comer.
- ¿Estoy en un hotel y no me di cuenta? –Preguntó riendo.-
-Reí.- Es solo mimarte un poco che, dicen que las mujeres embarazadas están muy sensibles y que es bueno mimarlas.
- Sabes más que yo me parece. –Dijo sentándose.-
- Ya vas a saber todo lo que necesites.
- Supongo. –Suspiró.- ¿Qué trajiste? ¡Tengo hambre!
- Hice unas hamburguesas de pollo.
- Uy, qué rico.
Almorzamos y luego ella se fue a bañar, mientras yo ordené las cosas del almuerzo y me cambié.
- Pepe… -Dijo acercándose a la cocina.-
- ¿Qué Pau?
- ¿Queres que te ayude?
- No, no hace falta.
- Dale, bastante que me estás bancando acá… -Dijo agarrando el repasador.- Dejame ayudarte un poco.
- ¿Te sentís mejor?
- Mucho mejor.
- Te hablo físicamente igual, no quiero que te esfuerces.
- Sos muy tierno, pero de verdad que me siento bien. –Le sonreí y ella se puso a secar los vasos.-
- ¿Queres que hagamos algo hoy?
- ¿Algo cómo qué?
- No sé, pregunto.
- La verdad es que no tengo muchas ganas de salir.
- Podemos hacer algo acá.
- Repito: ¿Algo cómo qué?
- Cine en casa…
-Rio.- Como cuando éramos chiquitos.
- Podemos hacer pochoclos si queres…
- Uy, sí. Me encantó la idea.
-Reí.- Hay que ir a comprar para hacer…
- ¿Pueden ser con caramelo?
- Dicen que hay que cumplirle todos los antojos a una embarazada.
-Rio.- Me lo decís y me da vértigo.
- Acostumbrate… ¿Puedo? –Dije acercándome a su panza.-
- Sí…
-Posé mis manos en su panza y ella sonrió.- Hola bebito, yo soy el tío Pepe. –Ella rio, con lágrimas en los ojos.- Y, aunque ella crea que no, tenes la mamá más linda y buena de todas. –La miré y sonreía.- No llores che… -La abracé.-
- Perdón.
- No pidas perdón… -Me separé un poco de ella.- Es solo la verdad. –Pau sonrió.- Sos tan chinita cuando sonreís. –Ella rio y volvió a abrazarme.-
Esa tarde hicimos los pochoclos y vimos un par de películas en la cama de mis viejos.
- ¿Queres ver otra?
- Mmm… No. –Rio y se acomodó en la cama.-
- ¿Queres dormir?
- No, tampoco.
- ¿Y qué queres?
- Nada en especial.
- Yo sí quiero algo…
- ¿Qué?
- Que me cuentes un poco que pasa por esa cabeza.
- Lo sabes Pepe.
- Pero… No quiero que te guardes todo adentro.
- De verdad que ahora estoy bien. –Bostezó.-
- Con sueño.
-Rio.- Creo que sí.
- ¿No queres dormir un ratito antes de comer?
- No quiero que cocines solo.
- Pensaba pedir algo.
- ¿Seguro?
- Sí, dormí un rato. Dale.
-Rio.- Lo bueno es que ahora tengo una excusa.
-Reí.- Dormí acá si queres.
- Mmm… Bueno.
Se acomodó y cerró sus ojos, yo apagué la tele y el velador. Mi mano acarició suavemente su mejilla y ella sonrió. ¡Era tan linda cuando sonreía!
Al rato se quedó dormida y yo no podía dejar de mirarla… Me moría por despertarla a besos…
- Sos tan linda. –Susurré acariciando su pelo.- Nunca los voy a dejar solos, te lo juro Chinita.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Me encanta lo cercanos que son, (y que subas todos los dias porque entre y me encontré con dos caps) me re intriga como seguira esta historia. Escribís muy bien, tus novelas siempre me enganchan, genia :)
ResponderEliminarMuchas gracias!♥♥
EliminarY si tenes twitter y queres, dejame tu cuenta y te paso el link siempre que subo, así te enteras ☺
Eliminar