Y así fue como los meses empezaron a suceder, algo lentos, pero firmes.
Estaba de cinco meses y ya sabía que sería un varoncito, a quien llamaría
Bruno. Pocas veces me había detenido a pensar si prefería que sea nena o nene,
pero que sea un nene me llenaba de felicidad… Eso de saber que al menos, algún
hombre me cuidaría y me amara sin medidas, me hacía sentir menos sola.
Porque claro que mis viejos seguían sin dirigirme la palabra.
Ya había terminado el secundario, por suerte con todo aprobado y había
comenzado a trabajar con la mamá de Pepe. Ella tenía un negocio de manualidades
y como yo sabía tejer muñequitos, tejía para su negocio y la realidad era que
vendía bastante… No era demasiada plata, pero al menos podía mantener aquella
casita y comer.
Lo que me preocupaba era que aún no había podido equipar el cuarto de Bruno, le
había comprado muchas cosas, pero aún no tenía ni cuna, ni moisés, ni
cochecito… Ni ninguna de esas cosas y la realidad, era que el precio era
demasiado elevado.
El cuarto de Brunito, a pesar de eso, ya estaba bastante decorado… Había tejido
varias cosas: las letras de su nombre, varios muñequitos que había acomodado en
una repisa que ya estaba allí y además, Pedro me había ayudado a pintar las
paredes de verde manzana. Había refaccionado unos cuadros que había en la casa de
mi abuela e imprimí en una gráfica motivos infantiles, Pepe los colgó en el
cuarto. Además, había cocido cortinas nuevas para la habitación, también había
armado y cocido un cambiador y varios juegos de sábanas tamaño de cuna
estándar.
Siempre que tejía o cocía me acordaba de mi abuela, en ese momento pensaba que
eso no me serviría de nada y ahora me estaba salvando la vida. Gracias abu.
El placard de la habitación ya estaba bastante lleno de cosas, no solo por
parte mía, sino también de Pepe y Agos, quienes vivían llenándome de regalos.
Ya tenía bastante ropita para los primeros meses, chupetes, mamaderas, algo de
pañales, mantitas, varios juguetes, un juego de platitos, vasitos y cubiertos
para cuando comiera, varios baberos.
También, me había comprado el almohadón para amamantarlo y ya había equipado
una caja con elementos de higiene para él (y varias cremas para mí,
especialmente para cuando le diera la teta) y varias cosas más.
Pero, repito: lo que más me preocupaba era como iba a comprar todas aquellas
cosas “grandes.” Tenía algo de plata que me habían regalado para mi cumpleaños,
porque sí, ya tenía 18, pero aún así me faltaba bastante.
Mi panza ya se notaba demasiado y había días en los que Bruno no se quedaba
quieto, hoy era uno de esos días.
- Tranquilo mi amor… -Dije tocando mi panza.- Que soy yo la que te está
teniendo adentro. –Reí y continué tejiendo.-
Me sorprendió el timbre, no esperaba a nadie. Me levanté del sillón y caminé
hasta la puerta, miré por la mirilla y me sorprendí al verlos.
Abrí la puerta y no sabía muy bien qué decir.
- Hola. –Dije y me quedé mirándolos, ellos no dejaban de mirar mi panza.-
- Hola hija. –Dijo mi mamá.- ¿Podemos pasar?
- Sí, pasen.
Ellos entraron y me seguían mirando.
- ¿Qué hacen acá? –Pregunté, me incomodaba un poco su actitud.-
- Vinimos a hablar con vos. –Dijo mi papá.-
- Bueno, los escucho. –Dije sentándome en el sillón.-
Ellos se sentaron frente a mí e hicieron una pausa demasiado larga que me
estaba poniendo nerviosa.
- Vinimos a pedirte perdón hija. –Dijo mi papá.- Reaccionamos horrible, sabemos
que te hicimos mucho daño… Y venimos a pedirte perdón de verdad.
- No nos justifico y sé que reaccionamos mal, pero estamos arrepentidos en
serio.
-Suspiré.- Me dolió mucho lo que me dijeron.
- Lo sabemos hija. –Dijo mi mamá.- Estamos muy arrepentidos.
- No entiendo cómo pudieron pensar que iba a abortar.
- Te lo dijimos porque no sabíamos cómo reaccionar. –Dijo mi papá.-
- Fue la peor manera de reaccionar. –Dije, seguía enojada.-
- Perdonanos, por favor. –Suplicó mi mamá.-
- Perdón, pero no es tan fácil. –Suspiré.- Me costó demasiado estar sola,
todavía me cuesta. –Y no quería llorar.- La verdad, es que a pesar de todo el
amor que les tengo, me decepcionaron… Y perdón si les duele, pero necesito que
lo sepan.
- Por eso venimos a pedirte perdón. –Dijo mi mamá con lágrimas en los ojos.-
- No se arregla con un perdón. –Hice una pausa.- Ojala fuese así de simple.
- Pau… -Dijo mi mamá, tomando mis manos.- Sabemos que estuvimos mal y eso nos
llena de culpa, también sabemos que tardamos mucho en venir, pero… No
aguantábamos más, necesitábamos saber de vos y de tu bebé.
- ¿Ahora les importa mi bebé? –Pregunté tratando de no ser tan hiriente.-
- Siempre nos importó Pau. –Dijo mi papá.-
- Vos me pediste que lo mate.
- Fue un momento en el que me cegué.
- Pero fue horrible papá.
- Lo sé hija, no sé cómo pedirte perdón.
Y no pude evitar llorar.
- Los necesité demasiado todo este tiempo… Máximo se borró, era obvio que lo
iba a hacer, no me sorprendió. –Sequé mis lágrimas.- Me las rebusco como puedo,
pero siento que si sigo así a mi hijo le van a faltar demasiadas cosas y no
quiero, no lo soporto.
Ellos me abrazaron y yo me largué a llorar como una nena en los brazos de mis
papás.
- Perdonanos hija, por favor. –Dijo mi mamá.-
- Si se quedan conmigo, los perdono. –Dije.- Los necesito mucho.
- Nosotros estamos acá mi amor. –Dijo mi papá y besó mi mejilla.-
Pasamos incontables minutos abrazados, hasta que nos separamos y mamá secó mis
lágrimas.
- Es un nene y se va a llamar Bruno. –Dije sonriente y mi mamá volvió a
abrazarme.-
- No puedo creer que mi nena vaya a ser mamá.
-Reí.- Yo tampoco lo puedo creer, pero es.
Volvimos a separarnos y mi viejo sacó un sobre de su bolsillo.
- Sabemos que necesitas muchas cosas. –Y me dio el sobre.-
- No pa, no quiero plata.
- No es plata, abrilo.
Agarré el sobre y lo abrí… Eran los papeles para ir a retirar una cuna y un
cochecito, sonreí en medio de las lágrimas y lo abracé.
- Ay, gracias papi. De verdad, gracias. –Lo abracé con fuerza y mamá se unió al
abrazo.-
Me separé de ellos, después de un ratito.
- Gracias. –Repetí.- Pero igual, no es esto lo que más necesito de ustedes… Los
necesito porque me siento muy sola.
- Bueno, pero tu bebé necesita muchas cosas. –Dijo mi papá.- Y nosotros vamos a
ayudarte… -Secó mis lágrimas.- Me hace sentir muy orgulloso de vos que, a pesar
de todo, hayas podido salir adelante y que tengas tu casa.
- Es la casa de la abuela en realidad.
- Sabes que te la dejó a vos y la estás manteniendo sola.
-Suspiré.- Me cuesta un poco, necesito tener otra entrada de plata y no sé qué
hacer. –Hice una pausa.-
- Mira Pau… -Me dijo mi mamá.- Yo hablé con Graciela…
- ¿La qué tiene el negocio?
- Sí, y me dijo que si queres, podes vender ahí también.
-Sonreí.- ¿De verdad?
- Sí Pau.
- Sí, me encantaría… La verdad es que necesito plata.
- Y papá quiere proponerte algo también.
- ¿Qué cosa? –Le pregunté a mi papá.-
- No quiero que te enojes eh. –Me dijo y yo reí.- La realidad es que, si vos lo
necesitas, yo puedo ayudarte, al menos un poco… Si me dejas, puedo hacerme
cargo de los gastos de la casa…
- Pero papi…
- No seas terca Pau, al menos hasta que Bruno pueda ir al jardín y vos puedas
trabajar de verdad.
- No sé pa…
- A mí no me cuesta nada, quiero ayudarte… Dale, es solo un poco de plata que
para mí no es nada y a vos te ayudaría mucho.
- ¿Estás seguro?
- Sí hija.
-Sonreí.- La verdad es que me da un poco de calor aceptarlo, pero me ayudaría
muchísimo.
- Entonces olvidate de todos esos gastos, corren por mi cuenta.
-Sonreí y lo abracé.- Gracias pa, de verdad.
- No me lo tenes que agradecer hija.
- Es mucho para mí.
- Lo sé, por eso quiero hacerlo.
-Besé su mejilla y me separé de él.- Pasa que es mi hijo y quiero hacerme cargo
yo.
- Y te estás haciendo cargo de una manera increíble Pau. –Dijo mi mamá y tocó
mi panza, yo sonreí.- De verdad.
- Hago lo que puedo.
- Podes muchísimo. –Me dijo mi mamá.- Queremos ayudarte porque te amamos y
amamos a ese bebé.
- Hablamos con Pepe, por eso sabíamos que te faltaban la cuna y el cochecito…
Pero también me dijo que hay que arreglar algunas cosas. –Dijo mi papá.-
- Mmm… Sí. –Reí.- Él no se animó porque no sabía.
- ¿Qué hay que arreglar?
- Gotean las canillas del baño, hay una puerta del placard de Bruno que está
rota, la persiana de mi pieza está trabada y el horno no prende…
- ¿Por qué empiezo? –Preguntó mi papá y yo sonreí.-
Una buena para Pau!! Al fin!!
ResponderEliminarQuiero mas mas mas y mas... 😉
Que sorpresa lo de los papas de Paula, no me lo esperaba... Yo creo que no hubiese perdonado tan fácil jajaj, pero es bueno que tenga una alegría y que la ayuden mas... Muy muy lindo capitulo, escribís increíble. Espero el próximo :)
ResponderEliminar