“Mmm… Ya sé lo que pasó. ¿Puedo ir a tu casa? Al menos para que no estés sola. Te hace mal estar angustiada.”
“Me haría muy bien que vengas Agos. ¿Mañana tenes facu?”
“A la tarde.”
“¿Queres quedarte hasta mañana?”
“Obvio amiga.”
“Gracias linda.”
“En un ratito estoy por ahí.”
- ¿De verdad nunca te habías dado cuenta Pau?
- No, te juro que no Agos. –Suspiré.- Me cayó como un balde de agua helada. ¿Vos lo sabías, no?
- Me dí cuenta sola. –Hizo una pausa.- Él me avisó que te lo había contado y me pidió que no te deje sola.
- Es muy tierno. –Sonreí.-
- ¿No te gusta ni un poco?
- Agos… Es mi amigo desde que soy una nena y además, no es momento de enamorarme. ¡Mucho menos de mi mejor amigo!
- Ay Pau… -Tomó mi mano.- Yo le dije mil veces que trate de olvidarte, pero nunca me hizo caso.
- ¿Hace mucho tiempo que…?
- Mucho, pero no me preguntes porque no quiero quedar en el medio.
- Está bien, perdón. Tenes razón.
- Pero no quería que estés sola.
- Gracias por estar acá, de verdad.
- ¿Te sentís mal, no?
- Siento la panza dura, es de los nervios… Me da miedo.
- No tenes que estar así Pau, pensa en él. –Dijo tocando mi panza.-
-Suspiré.- No sé qué hacer.
- ¿Por qué no vas a darte una ducha y te metes en la cama? Yo voy a comprar helado y después vemos alguna peli. ¿Qué te parece?
-Sonreí.- Me parece que sos la mejor del mundo.
- Dale, anda.
Asentí y me levanté. Busqué mi pijama y ropa interior, para ir a bañarme. Abrí el agua y dejé que la bañera de llenara, no era demasiado grande, pero necesitaba relajarme. Me senté allí, sintiendo el agua calentita y mis manos se posaron en mi panza. Cerré mis ojos e intenté respirar tranquila, varias veces.
Sentía a Bruno moverse y eso era lo que más me tranquilizaba.
- Perdón bebito. –Suspiré.- Te juro que no quiero estar tan nerviosa… -Respiré hondo y largué el aire.- En los días como hoy lo único que quiero es tenerte en mis brazos, sentir tu calorcito sobre mi cuerpo y que me llenes de paz… Me da un poco de culpa que los bardos nunca se terminen, pero de verdad que hago todo lo que puedo. –Y en ese momento se movió fuerte, yo reí.- Me hace bien sentirte. ¿Sabes?
Me quedé largos minutos allí y luego salí, no me había mojado el pelo, asique acomodé mi rodete y luego me vestí. Me metí en mi cama y mis manos seguían sobre mi panza, Agos aún no había vuelto.
Me senté con mis piernas cruzadas y erguí mi espalda, subí mis brazos y respiré hondo, largando el aire de a poco y volviendo a poner mis manos sobre mi panza. Ya la sentía más blanda y eso me aliviaba.
- Te queda tan linda esa panza. –Me dijo Agos, a quien no había escuchado volver.-
-Abrí mis ojos y sonreí.- Todavía me siento rara. –Reí.-
- Te juro que te admiro. –Dijo sentándose frente a mí.-
- ¿Por qué?
- Por como te hiciste cargo.
- No me arrepiento ni un poco, Bruno es el amor de mi vida y todavía ni lo conozco.
-Sonrió y posó su mano en mi panza.- Me encanta verte así.
-Sonreí.- Fue raro, y todavía lo siento raro, pero es muy hermoso.
- Solo tenes que preocuparte por él ahora.
- Lo sé, lo sé. –Suspiré.- Pero a veces me cuesta.
- Bruno es lo importante.
- No veo la hora de tenerlo en mis brazos… Aunque me muera de miedo.
- ¿Miedo de qué?
- De no saber qué hacer boluda. –Reímos.-
- Vas a saber qué hacer, él va a ayudarte.
- Estuve leyendo mucho este tiempo… Muchas mamás dicen que los bebés se hacen entender, pero igual no deja de ser un bebé.
- Vos vas a poder, yo estoy segura.
-Sonreí.- Eso espero.
- Vas a ver que sí. –Acarició mi mejilla y la abracé.-
- Gracias, de verdad.
- ¿Vas a agradecerme toda la vida?
-Reí y me separé de ella.- Capaz… ¿Trajiste el helado?
- Obvio. ¿Qué peli miramos?
- Mmm…
Vimos una película y nos bajamos un kilo de helado, iba a explotar.
Le tomé las manos a mi amiga y las puse sobre mi panza.
- Me parece que le gustó el helado. –Le dije riendo.-
- Se mueve una banda.
-Sonreí.- Es tremendo.
- Te brillan los ojitos.
-Volví a sonreír.- Me hace feliz saber que siempre lo voy a tener conmigo.
- Sos tan linda amiga. –Me abrazó.-
Sí, siempre nos abrazábamos con ella.
Así pasaron algunos días… Lo que me había dicho Pedro me había descolocado por completo, aún no podía procesarlo.
Desde que había cortado con Máximo (quien por suerte nunca volvió a aparecer) que la idea de estar en pareja no era una opción, mucho menos en este momento de mi vida y si bien, me costaba estar sola, lo tenía que aceptar y sobrellevar como podía.
Nunca, jamás se me había cruzado por la cabeza la idea de que Pedro estuviera enamorado de mí y, aunque él insistiera, yo me sentía culpable por la situación. No quería hacerle mal y por eso desde aquella situación, no había vuelto a hablarle.
Si bien no quería alejarlo de Bruno, y tampoco de mí, creía que lo mejor era cortar la relación por un tiempo. Quería que se olvidara de mí, sinceramente no soportaba la idea de que me amara y no poder devolverle lo mismo. Lo quería demasiado como para lastimarlo.
En fin, ahora estoy en la sala de espera del obstetra… ¡Y no soportaba la mirada de todas sobre mí!
Me miraban como si fuese un bicho raro y tan solo era una mujer esperando un hijo como ellas. Intenté serenarme, tocando mi panza y lo sentí moverse. Sonreí.
- No te duermas que te quiero ver bien eh. –Susurré y cerré mis ojos.-
Mantuve mis ojos cerrados, sin prestarle atención a mi alrededor hasta que me llamaron.
El médico me revisó y me hizo una ecografía que me emocionó hasta las lágrimas.
Por suerte, estaba todo perfecto y mientras limpiaba el gel de mi panza, él me dio algunas indicaciones.
Salí de la clínica, sin mirar a nadie y caminé hasta la parada de colectivos. Cuando me subí, estaba bastante lleno y nadie se ofreció a cederme el asiento. Caminé como pude hasta el fondo y me sostuve de uno de los caños, miré a un señor para ver si reaccionaba y reaccionó, pero horrible.
- ¿Qué me miras pendeja? ¿Se supone que porque cojiste sin forro te tengo que dar mi asiento? ¿Cuántos años tenes? ¿16? Hacete cargo de tu irresponsabilidad.
- Vos podrías aprender a respetar a las mujeres. ¿No te parece? –Le dije con bronca.-
- Respetate vos nena.
- ¿Quién te dijo que no me respeto?
- Tenes a un pibe en tu panza.
- ¿Y?
- Sos una nena.
-Suspiré.- No te incumbe eso a vos y si no me queres dar el asiento, no te preocupes. Puedo viajar parada. –Y me di vuelta, pero él me tomó por la espalda.-
- Ubicate pendeja.
-Lo miré.- No me toques, desubicado.
- Decile al pibito que te garchaste que se ubique y que use forro.
- ¿Quién te crees que sos?
- Ni debes saber quién es el pibe. ¿No?
Y en ese momento, una señora saltó a defenderme.
- ¿Podes dejarla en paz flaco? –Le dijo.-
- Estoy bien, no se preocupe. –Le dije a la señora.-
Y otro señor se sumó, quien obligó a este hombre a bajarse en la próxima parada. Yo me senté y la señora se paró a mi lado.
- ¿Estás bien nena?
- Sí, no se preocupe. Y gracias.
-Me tomó de la mano.- No les hagas caso, te tendría que dar orgullo saber que vas a ser mamá y haberte animado a pesar de que seas chica. Es lo más lindo que va a pasarte en la vida.
- Gracias, de verdad.
- No es nada. –Tocó mi panza y yo le sonreí.- Este bebé seguro esté orgulloso de su mamá. –Mis ojos se llenaron de lágrimas y ella me sonrió.- Te deseo lo mejor.
- Gracias, de corazón.
- No, no me lo agradezcas.
probé Pau espero que con Pepe estén juntos pronto
ResponderEliminarPobre Pau y pobre Pepe. Ojalá se vuelvan a ver...
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