jueves, 14 de julio de 2016

Capítulo 15.

Los días pasaron, las semanas también en incluso los meses… Estaba tan solo a días de que Bruno conociera este mundo.

Y sí, mi cuerpo y mi mente atravesaban un millón y medio de emociones por segundo.

Él no se quedaba quieto un segundo, haciéndome notar las ganas que tenía de salir. Las mismas ganas que tenía yo de que salga, a pesar del miedo, ya no aguantaba más las ganas de tenerlo conmigo, de conocerlo, de sentirlo.

Me levanté de la cama luego de hacer un esfuerzo bastante grande y caminé hasta el baño, vivía yendo al baño. Ya no entraba más ahí el pequeño.

Me duché y me preparé un sándwich, no soportaba estar demasiado parada y por eso comía cosas rápidas.

Me senté en sillón y subí mis piernas al que tenía en frente, mientras comía Bruno estaba completamente inquieto y yo reía. Siempre era igual.

- ¿Tenías hambre? –Pregunté riendo y busqué mi celular para filmar mi panza, era increíble como se notaban sus movimientos.-

Dejé el plato y el vaso a un lado y cerré mis ojos, tocando mi panza.

- Tranquilo bebé, tranquilo. –Acaricié mi panza, buscando los lugares en donde sentía su movimiento.-

Sonó mi celular y atendí, era mi vieja que vendría a visitarme. Le había dado las llaves por cualquier cosa que pasara, asique entró sin que yo tuviese que levantarme de allí.

- Hola hija. –Dijo entrando.- Ah, bueno… ¿Estás cómoda?
-Reí.- ¿La verdad? No.

Mi mamá besó mi frente y se sentó frente a mí.

- No doy más. –Dije riendo.-
- ¿Pero te sentís bien?
- Me duele todo, pero sí.
- Es normal.
- Sí, ya sé. –Intenté sentarme un poco mejor.-
- Tenes los ojitos tristes.
- Me conoces mucho mami.
- ¿Qué es lo que pasa Pau?
- Que estoy sola. –Suspiré, no quería llorar.- Y me muero de miedo.
- No, no estás sola y no tenes que tener miedo.
- No voy a poder mami.
- Sí que vas a poder hija, sí… -Tomó mis manos.- Sí que vas a poder.
- ¿Cómo?
- Ninguna mujer sabe como ser mamá, no importa la edad que tengas.
- Pero todas las mujeres tienen un hombre al lado.
- Todas no.
-Dejé caer una lágrima.- Me muero de miedo, pienso en el parto y me paralizo.
- No mi amor, va a estar todo bien.
- ¿Y si pasa algo malo? ¿Y si no soy una buena madre? No sé ma, no puedo con tantas preguntas y tan sola.
- No estás sola hija.
- ¿Vos ves a alguien conmigo?
- Yo no estoy pintada eh. –Reí.- Papá está también… -Acarició mi mejilla.- Pepe y Agos no te dejan sola tampoco.
- Ya lo sé, pero no es lo mismo.
- Vas a ver que vas a poder.
- ¿Me das un abrazo ma?
- Obvio que sí hija.

Mi mamá me abrazó y yo me desarmé en sus brazos.

- Tranquila mi chiquita, yo estoy con vos. ¿Sabes?
- ¿Te vas a bancar todas mis preguntas de inexperta? –Pregunté riendo.-
- Obvio que sí, te voy a ayudar en todo lo que me dejes.
-Suspiré.- Gracias ma.
- De nada mi amor y no llores, hey… -Me abrazó más fuerte.- Tenes que estar contenta.
- Te juro que lo estoy… Pero no puedo evitar las preguntas y el miedo.
- Es normal, pero trata de disfrutar de esto que te está pasando. –Se separó un poco de mí y secó mis lágrimas.- Porque es algo que no vuelve más.
- Sí, lo sé.

Mi mamá posó sus manos sobre mi panza y yo le sonreí.

- Este bebé te va a sacar toda esa angustia… Te lo prometo. –Yo volví a sonreírle.- Los miedos no, de eso no te vas a liberar nunca. –Reí.- Imaginate que yo a veces me muero de miedo por vos que ya sos toda una mujer. –Volví a reír y la abracé.- ¿Me perdonas por lo que pasó…?
-La interrumpí.- Eso ya pasó y estás re contra perdonada… Me hace muy bien que estés conmigo y que me contengas. ¿Sabes?
- Siempre voy a estar, sos mi hija mi amor. –Besó mi mejilla.- Y para mi nietito también, pero igualmente, va a tener a la mejor mamá de todas. –Reí y la abracé más fuerte.- Los amo hija.
- Y nosotros a vos mami.

-

Había vuelto de la facultad, luego de rendir un parcial que me había obligado a estar dos eternos días encerrado en mi habitación. ¿Quién me había mandado a meterme en Ingeniería?

“Agos… ¿Vamos a ver a Pau?”

“Mmm… ¿Ahora?”

“Cuando puedas.”

“Sí, sí… Hoy no curso.”

“Genial, paso a buscarte en un rato. ¿Te va?”

“Dale.”


Pasé a buscar a Agos por su casa y luego le compramos a Pau algunos chocolates y una mantita nueva, no podíamos resistirnos.

Tocamos timbre en la casa de Paula y luego de un rato, vino a abrirnos.

- Perdón que tardé tanto. –Rio.- Pero me estaría costando un poco moverme.
- No pasa nada. –Dijo Agos y la saludó.- ¿Molestamos?
- Nunca, pasen.

Yo la saludé y entramos.

No habíamos vuelto a hablar del tema, incluso creo que ella piensa que ya la olvidé y en cierto punto, es lo mejor.

Agos le dio las bolsas y ella suspiró.

- ¡Pueden dejar de gastar!
- Paula, no te quejes. –Le dijo Agostina.-
- Los regalos se aceptan Chinita. –Le dije y ella rio.-
- Son tremendos. –Se sentó en el sillón y abrió los regalos.- Gracias, de verdad.
- No es nada Pauli. –Le dijo Agos.-

Después de un rato.

- ¿Quieren comer algo? –Preguntó Pau.-
- Preparo mate. –Dijo Agos.-
- Yo preparo che. –Le dijo Pau.-
- Quedate acá nena. –Le dijo Agos frenándola y se fue.-
- Relajate un poco. –Le dije.- Que te queda poquito de paz. –Pau rio.- ¿Cómo estás?
- Mmm… Acá, como me ves. –Rio otra vez.- Me cuesta moverme y me duele todo.
- ¿Y de acá? –Pregunté tocando su pecho del lado izquierdo.-
- Tengo un poco de miedo, pero estuve con mi mamá y me tranquilizó bastante.
- Se nota que estuviste llorando.
- Uy, me conoces una banda. –Reímos.-
- ¿Segura estás bien?
- Sí, me hace bien que me vengan a visitar… Me hace bien sentir que no estoy sola.
- Sabes que no lo estás. –Pau sonrió y en ese momento vino Agos con el mate.-

-

Volví del baño y me senté en el sillón, tratando de que las patadas de Bruno no me mataran.

- Calmate che. –Dije tocando mi panza.- Que todavía estás adentro mío.
- Es tremendo como se mueve. –Dijo Agos riendo.-
- Me está matando, te juro.
-Pedro posó la mano en mi panza.- Tranquilo Bruno. –Le sonreí y Pepe me devolvió la sonrisa.-
- Es porque no dejo de comer. –Dije.- Siempre que como se pone loco.
- ¿Cuánto falta? –Preguntó Agos.-
- Como mucho, dos semanas. –Suspiré.- Poco, muy poco.
- Ay, qué lindo amiga. –Me respondió.-
- Sí. –Sonreí.- No veo la hora de conocerlo.
- Cuando llegue no lo vas a poder creer. –Me dijo Pedro.-
- Puede ser. –Reí.- Pero quiero que llegue. –Suspiré.- Me parece que el alojamiento no tira mucho tiempo más.
- ¿Pero ya puede nacer? –Me preguntó Agos.-
- Sí gorda, ya pasé las 38 semanas…
-Agos mordió su labio, muerta de amor y tocó mi panza.- Entonces dale ahijadito. –Besó mi panza.- Que queremos conocerte todos por acá.

Las manos de mis amigos y las mías se posaron sobre mi panza y sonreí.

- Son los mejores amigos del universo y los mejores padrinos que podría tener mi hijo. –Dije.- Los adoro.

Ellos no respondieron nada, tan solo nos fundimos en un abrazo infinito.

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