domingo, 3 de julio de 2016

Capítulo 2.

- ¿Vos me estás hablando en serio Pau?
- Sí. –Respondió con vergüenza.-
- ¿Podes ser un poco más específica?
- Me trata mal Pedro, es eso.

Me acerqué a ella y me senté en el suelo.

- Podes confiar en mí.
- Sí, lo sé. –Secó sus lágrimas y verla así me mataba.-
- Entonces contame.
- Es que… Me da vergüenza.
- ¿Te pega?
-Asintió ahogada en lágrimas.- Es horrible Pedro.
- ¿Hace cuánto?
- Estoy con él hace cinco meses… Los primeros dos meses todo bien, pero después, no sé, todo cambió de repente.
- ¿Lo sabe alguien?
- No. –Suspiró.- Siento que me voy a morir del miedo que tengo.

Yo no le dije más nada y solo me acerqué a ella para poder abrazarla contra mi pecho. Mis ojos se llenaron de lágrimas, aunque ella no lo notó.

- Tranquilizate un poco Pau, dale… Te hace mal estar así.
- No puedo más Pepe, esto es lo que menos esperaba.
- Tenes que contárselo y después, cortar con él.
- Me va a matar Pedro.
- Yo voy a ir con vos.
- No, por favor. No.
- ¿Por qué?
- Te va a pegar.
- Quiero ver si es tan machito de pegarle a alguien que se puede defender.

Y ella lloraba cada vez más, la abracé con más fuerza y acaricié su pelo.

- No quiero que te haga mal Pepe.
- No te preocupes por eso.
- Te estoy hablando en serio.
- Y yo también, haría cualquier cosa por vos Pau.

Y esa era la realidad. Cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa. Era demasiado importante para mí, más de lo que ella creía y mucho más de lo que yo era para ella.

En ese momento, sonó el celular de Paula.

- Es Máximo. –Dijo temblando.- No puedo atenderlo así.
- ¿Queres que atienda yo?
- Mmm… No, mejor le corto. –Y eso hizo.-

Se levantó y caminó hasta la ventana.

- No quiero hablar con él hasta no estar decidida a contárselo.
- Está bien Pau, pero no vayas sola.
- Voy a tener que hacerlo.
- No quiero que vayas sola. –Dije acercándome a ella.-
- Tengo que poder enfrentarlo.
- Te lo pido por favor. –Tomé su mano.- No seas terca.
-Suspiró.- Si voy con vos va a ser peor.
- ¿Y si lo llevas a tu casa y yo me quedo en tu cuarto?
- No sé, te juro que no sé. –Tapó su cara con sus manos y apoyó sus codos en el marco de la ventana.- Quiero que todo esto no sea real.
-Posé mi mano en su espalda.- Pero lo es y vas a tener que enfrentarlo.
- No puedo, ahora no puedo.
- Nadie te apura.
- No sé ni de cuánto estoy… No sé cuándo se va a notar.
- Tenes que ir a un médico.
- Sí, ya sé. Pero es sábado y mañana…
- Podemos faltar a la escuela el lunes y vamos.
- ¿De verdad me lo decís?
- Sí… ¿O preferís ir sola?
- Me haría muy bien que vengas conmigo.
- Entonces ahora vemos a donde podemos ir.
- Gracias, de verdad.
- Nada que agradecer señorita.
-Me sonrió.- ¿Te puedo usar la cama un ratito? Me siento un poco mareada.
- Acostate, no hay problema.

Pau se dirigió hasta allí y se acostó hecha un bollito, yo busqué una manta y la acomodé sobre su cuerpo. Ella me sonrió y le devolví la sonrisa.

- ¿Por qué no dormís un ratito? Te va a hacer bien.
- Es un poco complicado.
- Lo sé, pero cuando te despiertes, al estar más tranquila vas a poder pensar un poco más en frío.
- Puede ser…
- Vas a ver que sí.
-Cerró sus ojos.- Quedate.
-No pienso irme a ningún lado.

Suspiré y mi mano comenzó a acariciar su cabellera rubia… Y es eso lo que hice durante los treinta minutos siguientes. (Y lo que podría seguir haciendo durante toda la vida)

Cuando estuvo completamente dormida, me alejé y me senté en el puff sin poder dejar de mirarla.

Verla mal me destruía y saber que el pelotudo de su novio la maltrataba me partía al medio. Quería hacer algo para ayudarla, quería estar para ella y protegerla de todo el mal. Siempre deseé que se separara de su novio, pero no así. Desde el día que me dijo que estaba con él que lo único que anhelaba era que Paula y Máximo se pelearán y que, acto seguido, ella venga corriendo a mis brazos y yo la abrazara hasta que todas sus partes vuelvan a unirse.

No sabía cómo poner en palabras todo lo que Paula era para mí, mi vida giraba en torno a ella y no era una exageración, mucho menos un decir. Era la verdad.

Estaba enamorado de esa mujer hacía muchísimo tiempo. La amaba en silencio y eso dolía. Demasiado.

Pero no, claro que no quería que pase todo esto. No soportaba verla sufrir.

- Pepe… -Dijo con sus ojos entre abiertos.-
- Buenas tardes dormilona.
- ¿Dormí mucho?
- Tres horas y media.
- ¿Y vos te quedaste ahí?
-Reí.- Sí, me quedé dormido también.
- Uy, perdón por invadirte la cama.
- No pasa nada… ¿Te sentís un poco mejor?
- Eso creo.
- ¿Queres comer o tomar algo?
- No…
- ¿Segura?
- Sí, segura.
- Estuve mirando en Internet y encontré una clínica, a la que podes ir con tu prepaga.
- ¿Mi viejo no se va a enterar que…?
- Creo que no.
-Suspiró.- No soporto no decírselos, pero a la vez sé que me van a odiar.
- Son tus viejos Pau.
- ¿Y?
- Tarde o temprano van a entender.
- Eso espero.
- Vas a ver que sí, te aman.
-Sonrió.- Es un poco loco pensarlo.
- ¿Qué?
- Que mi mamá me ame como yo ya amo a esta pequeñez. –Dijo tocando su  panza.- Quiero ir al médico, necesito saber cómo está todo, cuántas semanas…
- ¿Queres que llame?
- ¿Lo harías?
- Obvio.
- Entonces sí, por favor.

Llamé y nos dijeron que vayamos sin turno, que atendían por orden de llegada.

- Vamos temprano y listo. –Le dije.-
- ¿Puedo quedarme acá hasta el lunes o te jode?
- No jodes vos, nunca.
-Sonrió.- Sos de fierro Pepe.
- Deja de halagarme un poco che.
-Rio.- Es que de verdad, me estoy muriendo de miedo y estar con vos, me tranquiliza un poco.
- Siempre voy a estar para vos, ya te lo dije.
- Y yo te lo agradezco. –Sonreí.-

Al rato, Paula revisó su celular y tenía infinitas llamadas perdidas de Máximo.

- Creo que va a ser complicado. –Dijo.-
- Tranquila, no le respondas y listo.
- Me cuesta un poco.
- ¿Vos queres estar con él?
- ¡No Pedro!
- Entonces no le respondas…
- Cuando lo vea va a estar loco.
- Por eso no quiero dejarte sola.
-Sonrió.- Siento que debería estar feliz y no puedo, me da culpa.
- Haces lo que podes.
- Puedo poco me parece. –Respiró hondo.-
- No te tires para abajo.
- ¿Me dejas un rato sola? O me voy a otro lado. Quiero pensar un poco.
- Me voy a bañar y te dejo sola.
- Está bien, gracias.
- ¡Deja de decir gracias!

Ella rio y yo me dirigí al baño, luego de agarrarme algo de ropa.




-


Me alegro que les haya gustado, acá el segundo capítulo ☺

6 comentarios: