sábado, 23 de julio de 2016

Capítulo 25.

Bruno se quedó dormido en mis brazos y fui a dejarlo en su moisés, volví al encuentro con Pedro algo inestable… Bueno, en realidad, del todo inestable.

Me senté delante de él, sin decir nada y acomodé mi pelo con un rodete. Estaba nerviosa y él lo notaba.

- ¿Te podes tranquilizar? –Me preguntó y yo reí.- Soy yo, soy Pepe… No te voy a hacer nada malo.
- Eso lo sé.
- ¿Y entonces?
-Suspiré.- Te juro que quisiera entender qué es lo que me pasa, pero no puedo.
- ¿Podes ser un poco más explicativa?
- Vos estuviste, siempre, cuando nadie estuvo… Y eso fue muy importante para mí, sabes que lo valoro demasiado y que te lo voy a agradecer toda la vida.
- Sí… -Dijo y corrió un mechón de pelo que caía en mi cara.-
- Y en ese momento, yo no podía pensar en otra cosa que no sea mi bebé. Capaz que te cueste entenderlo, pero es así…
- No te preocupes, lo entiendo.
-Sonreí.- Pero ahora me doy cuenta de otras cosas.
- ¿De qué cosas?
- Para un poco, que me cuesta.
-Rio.- Bueno, perdón. –Reímos y tomé sus manos, él me dio un beso en cada una.-
- Me doy cuenta que, aunque quise evitarlo… Algo me pasa. –Y por fin pude decirlo, suspiré.- Pero no termino de descifrarlo.
- ¿Pero qué es eso que te pasa?
- Te digo que no sé.
- Ponelo en una palabra.
-Cerré mis ojos y sin pensar, se lo dije.- Amor. –Y tapé mi cara con mis manos, soltándolo a él.- Hace mucho que te miro de otra manera, pero nunca me había dado cuenta. –Le confesé.- Con todo lo que me pasó y con el pelotudo de Máximo, sinceramente ni me había detenido a pensarlo. La primera vez que me lo dijiste fue como si nada, tampoco se me ocurrió pensarlo. –Lo miré.- Pero ahora sí, o bueno, desde esas últimas veces que hablamos. –Acaricié su mejilla.- Me gustas mucho y me matas de amor.
-Sonreía y me miraba fijo a los ojos, con su mirada brillosa.- Es muy lindo lo que me estás diciendo.
- ¿Sí? Yo me siento bastante boluda.
-Acarició mis mejillas.- No, no sos ninguna boluda.
- Nunca quise lastimarte.
- Eso lo sé.
- Perdón, de verdad.
- No me tenes que pedir perdón y tampoco es momento de hacerlo.
- ¿Y de qué es momento? –Le pregunté sonriendo.-
- Mmm… Se me ocurren muchas cosas. –Dijo acercándose a mí.-
- Hace demasiado tiempo que no hago estas cosas. –Dije riendo.-
- Sh…

Y se acercó aún más, chocando su frente con la mía.

- No pienses en esas cosas. –Dijo acariciando mis brazos.-
- ¿Y en qué tengo que pensar? –Le pregunté nerviosa.-
- No tenes que pensar.
- ¿Y qué tengo que hacer?
- Sentir…

Dijo y me tomó de las manos, para que quedáramos ambos de pie. Me tomó por la cintura y ya no tenía escapatoria.

- No te das una idea de la cantidad de veces que imaginé esto. –Dijo abrazándome con fuerza y yo sonreí.-
- Entonces no esperes más. –Le dije sonriendo.-

Él me devolvió la sonrisa y se perdió en mi cuello, llenándome en besos. Lo abracé por la nuca y cerré mis ojos, disfrutando de lo que hacía. Sintiendo algo extraño, pero hermoso, en mi interior.

Lentamente se acercó a mis labios y cuando los unimos sentí que mi corazón iba a terminar dentro de su cuerpo.

Comenzó siendo suave y de repente sentí su lengua junto con la mía, sonreí en medio de aquel beso y lo abracé más fuerte para intensificarlo.

- Quiero estar toda la vida con ustedes. –Me dijo sin dejar de besarme.-
- Y yo me doy cuenta que no hay nadie mejor que vos para que esté con nosotros. –Nos separamos y nos sonreímos.- De verdad… ¡Sos muy lindo! –Lo besé y escondí mi cara en su cuello.- Pero siento que me va a costar un poco terminar con la idea de que sos mi amigo.
- Puedo ayudarte con eso cuando quieras. –Dijo besando mi cuello y yo reí.- No quiero despegarme de vos. –Suspiró.- Te juro que esperé esto por muchos años.
- Perdón por ser tan boluda, de verdad.
-Hizo que lo mire.- No tenes que pedir perdón, las cosas se dieron así y ya está… -Hizo una pausa.- Te puedo hacer una pregunta.
- Sí…
- ¿Esto qué quiere decir?
- Que quiero intentarlo. –Le dije muerta de vergüenza.-

Y él no dijo más nada, tan solo me besó hasta acorralarme contra la pared y yo reí.

- No sé qué es que un hombre me trate bien. –Dije jugando con el pelo de su nuca.- Y vos me haces sentir bien desde que tengo uso de razón.
- Te quiero cuidar toda la vida Paula.
-Sonreí.- Sos muy tierno.
- Y no solo a vos, a tu hijo también.
- Eso terminó de convencerme.
- ¿Qué cosa?
- Que ames tanto a Bruno.
- Me animo a decirte que lo amo casi tanto como vos. –Reímos y nos besamos.-
- No pretendo que seas su papá, porque es una carga que no quiero tirarte… Pero si me gusta la idea de que estés cerca de él, porque es obvio que va a necesitar alguna figura masculina.
- A mí me encantaría ser su papá.
-Sonreí.- Me parece que estamos yendo muy rápido igual.
- Mmm… Puede ser. –Reímos y nos besamos.-
- Prefiero que me beses…
- Me encanta tu plan.
- ¿Sí?
- Sí.

Y me besó…

-

No podía caer en la realidad, creía que mi corazón iba a estallar de la emoción.

Yo estaba sentado en su sillón y ella acostada en el mismo, con su cabeza en mis piernas y mis manos se enredaban en su pelo. Sus ojos se mantenían cerrados y respiraba en paz.

- Me da miedo esto. –Me dijo.- Y necesito que lo sepas.
- ¿Miedo de qué? –Pregunté sin dejar de acariciar su pelo.-
- No sé… ¿De qué no funcione?
- Yo te prometo que va a funcionar, al menos de mi parte.
-Suspiré.- Quiero confiar.
- Entonces hacelo. ¿Algo te lo impide?
- Mmm… Creo que no. –Rio.-
- Entonces no te hagas la cabeza mujer.
- Soy mujer. ¡No puedo evitarlo! –Reímos y nos besamos.-
- La mujer más linda del mundo sos.
- Si yo te pregunto… ¿Me respondes algo sinceramente?
- Sí.
- ¿Hace cuánto te diste cuenta qué te gustaba?
- Teníamos 15.
- ¿Hace tanto tiempo?
- Sí. –Reí.- Pero en ese momento creía que capaz era una calentura adolescente, entonces traté de evadirlo… Pero cuando vi que con el tiempo no pasaba me di cuenta de que era amor de verdad. –Ella sonrió.- Yo te amo de verdad Pau. –La besé.- Y no hace falta que respondas. –Sonrió y me besó.- Sos muy linda. ¿Sabes?
- Vos sos lindo. –Dijo acurrucándose en mí.- Hacia demasiado tiempo que no sentía como alguien me mimaba.
- Acostumbrate, porque me encanta hacerlo.
-Sonrió.- Siempre lo lleno de mimos a Bruno, soy re cargosa. –Rio.- Pero sentirlos también me gusta.
- Relajate entonces.
- Seguro esté por despertarse el gordo.
- ¿Y si vamos con él?
- ¿Seguro?
- Sí, dale.

Ella sonrió y se levantó, nos dimos un beso y fuimos hasta el cuarto de Paula.

Bruno seguía durmiendo y Pau se acercó para tomarlo en brazos. Se acostó en su cama con él sobre su pecho y mis manos volvieron a su pelo. Cerró sus ojos y suspiró.

- No creía que podía sentir tanta paz junta.
-Sonreí y besé su frente.- Disfruta un poquito…
- Lo hago desde que tengo a esta belleza conmigo. –Dije mimando a mi bebé.-
- Pero, aunque te hagas la fuerte, yo sé que te cuesta estar sola. –Ella suspiró.- Eso es un sí. ¿O no?
- Sí.
- Por eso, vos también necesitas que te mimen un poco. ¿Me dejas?
-Sonrió.- Sí, por favor.

Después de un ratito, Bruno se despertó pero se quedó súper tranquilo sobre el cuerpo de su mamá y sintiendo sus caricias…

Mientras, yo acariciaba el pelo y la cara de Pau… Quien se estaba quedando dormida y tenía una leve sonrisa en su rostro. Besé sentidamente su frente y me acosté al lado de ellos.

- Dormí hermosa. –Susurré en su oído.-
- Bruno está despierto.
- Poncha en dos segundos. –Le dije riendo.- No te preocupes.

Y al rato, nos quedamos dormidos los tres.

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