Las horas pasaban y era momento de aceptarlo, de hacerse cargo: iba a
ser mamá.
Quería impedirlo, pero no podía dejar de llorar y esas lágrimas significaban
demasiadas cosas: eran una mezcla de emoción, amor, pánico e incertidumbre.
Tenía miedo, miedo de quedarme sola. Miedo de no poder, era real que me sentía
una nena. Si ni siquiera podía con mi vida… ¿Cómo se suponía que iba a poder
con la de alguien más?
Me daba cuenta que mi vida iba a cambiar para siempre y que todos aquellos
planes que tenía, iban a tener que archivarse en algún cajón.
Mis manos estaban sobre mi panza, dándole calor… Tratando de serenarme y de
conectarme con aquella realidad.
- Perdón. –Susurré.- Te juro que quisiera que las cosas sean distintas.
–Suspiré.- Pero te prometo que yo no voy a dejar que nada malo nos pase, te voy
a cuidar con mi vida bebito. –Hice una pausa.- Te tocó una mamá con algunos
problemas, pero todo se va a solucionar antes de que llegues a este mundo.
–Apreté fuerte mis ojos para despedir las lágrimas que se encontraban atrapadas
allí.- Te lo prometo, te prometo que te voy a amar toda la vida.
Dejé caer mi cabeza contra la almohada y me tapé, volviendo a poner mis manos
allí.
Cerré mis ojos y comencé a imaginar como sería mi futuro.
Una sonrisa resaltó en medio de las lágrimas.
-
Escuché todo lo que había dicho Paula y eso me hacía amarla aún más. Me moría
por entrar y abrazarla, para luego besarla y decirle todo lo que sentía por
ella… Todo lo enamorado que estaba de su ser y prometerle que nunca la iba a
dejar sola. Que ni ella ni su bebé estarían solos.
Pero, debía conformarme con imaginarlo. Era claro que no era el momento.
Toqué la puerta de la habitación.
- Pasa Pepe.
- Permiso.
- Pasa tonto, es tu cuarto.
- Te lo presto hasta que vuelvas a tu casa.
- ¿Y vos?
- Duermo en la cama de mis viejos.
- ¿Seguro?
- Sí… -Se sentó en la cama, a un costado.- ¿Cómo estás?
-Suspiré.- Estoy… -Reí.-
-Tomé su mano y le di un beso.- ¿Queres comer algo?
- Mmm…
- Tengo pastelitos de membrillo, no podes negarte.
- ¿Posta?
- Posta. ¿Queres o no?
- Sí, por favor.
- Ahora traigo. ¿Mate?
- Mmm… Prefiero un té. ¿Te ayudo?
- No, quedate acá.
- Pero…
-Me interrumpió.- Quedate acá.
- Bueno, está bien.
-
Esa noche, ambos ya estábamos en pijama y habíamos terminado de cenar hacía un
rato largo.
-Se sentó con sus piernas cruzadas, sobre el sillón.- No sé qué hacer.
–Suspiró.-
- ¿Respecto a qué?
- Te juro que cada vez que lo pienso, me muero de miedo.
- Pero…
- Con todo, te juro que con todo. Con que lo sepan mis viejos, con que lo sepa
Máximo y con saberlo. No puedo ni siquiera con mi vida y… -Dijo con lágrimas en
sus ojos.-
- Hey, tranquila. –Me acerqué a ella.- Tranquila.
- ¿Qué se supone que voy a hacer cuándo nazca? ¿El parto? Me muero de miedo
Pedro. –Hizo una pausa.- Además, no sé cómo voy a hacer para aguantar hasta el
lunes. Me da pánico que algo esté mal.
- Tus viejos, capaz se enojen, pero se les va a pasar… Estoy seguro de que va a
ser así. –Acomodé un mechón de pelo detrás de su oreja.- Máximo te va a mandar
a la mierda, lo sabemos los dos… Pero yo no voy a dejar que les haga nada malo.
¿Te puedo decir lo que pienso sin que te enojes? –Asintió.- Nunca me cayó bien
ese pibe Pau, nunca. –Suspiró.- No te lo dije porque creí que estabas
enamorada, pero siempre me pareció bastante turbio y con lo que me dijiste hoy,
te juro que si me lo encuentro lo cago a piñas.
- No, no hagas nada Pepe. Por favor.
- Desde mi punto de vista, tenes que cortar la relación con él, salvo que
quiera tener a ese bebé y hacerse cargo.
- Lo dudo demasiado.
- Entonces cortas la relación con él y listo.
- Lo decís como si fuese simple Pedro. Madre de 17 años y encima soltera…
- No estás sola.
- Pepe…
- Yo voy a estar con vos.
-Sonrió.- Sos demasiado bueno vos. –Le sonreí.- Te lo agradezco de corazón,
pero no es lo mismo.
- ¿Por qué?
- Porque vos sos mi amigo…
- ¿Y qué tiene que ver?
- Voy a estar sola con el bebé.
- Nunca vas a estar sola.
- Pedro…
- Nunca, te lo prometo. –La abracé.- No tengas miedo, yo voy a estar con vos
siempre. –La abracé con más fuerza.- Te voy a acompañar siempre que me dejes, y
respecto al parto, supongo que todas las mujeres le tendrán miedo, pero en ese
momento tampoco vas a estar sola.
- Te estás embalando mucho Pepe. –Se separó de mí.-
- ¿Por qué?
- Porque no quiero convertirme en una carga para vos, tenes que hacer tu vida
también.
- No, no pienses así. Yo no voy a dejar de hacer mi vida por acompañarte.
- No quiero joderte.
- ¡No me jodes Pau! Sacate esa idea de la cabeza.
- Perdón por caerte con todo esto.
- No me tenes que pedir perdón, me hace bien que recurras a mí… Eso quiere
decir que te inspiro confianza.
- Demasiada. –Me sonrió.-
- Sacate esos pensamientos de la cabeza, ahora tenes que pensar en vos y en tu
bebé.
- Creo que eso es lo que más me cuesta.
- Deja de llorar un poco. –Sequé sus lágrimas.- Y concentrate en lo que te
pasa, que a pesar de todo, es hermoso.
- Pero me da pánico Pepe.
- Lo sé Pau, lo sé…
- ¿Me volves a abrazar?
- Obvio que sí.
La abracé y la sentí desamarse en mis brazos, me acomodé y ella quedó acostada,
con su cabeza en mi pecho. La tapé con una manta y corrí el pelo de su cara.
- Tengo miedo de no poder.
- Vas a poder, te lo prometo.
- Pero… Soy muy chica.
- ¿Y qué tiene que ver eso? Ninguna mujer sabe como ser madre.
- Yo menos.
- Vas a ver que sí…
-Suspiró.- Quedate conmigo, por favor.
- Yo me quedo acá, no te preocupes.
Ella sonrió y yo hice que cerrara sus ojos pasando mi mano por ellos. Me quedé
abrazándola, hasta que de a poco comenzó a tranquilizarse.
Me moría por poder darle un poco de fortaleza y seguridad, pero también
entendía que tenía que pasar este proceso.
Lo único que podía hacer era estar con ella, como siempre iba a estarlo. No me
importaba en carácter de qué, solo me importaba estar cerca suyo, ayudarla,
estar para ella… Me alcanzaba con que sepa que nunca iba a estar sola.
- ¿Queres ir a dormir Pau?
- Mmm… No sé.
- Te estás quedando dormida.
- Sí, ya sé. Pero no me quiero quedar sola.
- Yo me quedo con vos hasta que te duermas.
- Sos muy tierno.
- Es que no me gusta verte mal.
- Te quiero mucho pendejo.
- Y yo te quiero a vos pendejita. –Reímos y nos abrazamos.- Dale. ¿Te acompaño?
- Voy al baño primero.
- Dale, yo mientras cierro acá.
Nos paramos y antes de que se fuera, volví a abrazarla y besé su mejilla.
- Va a estar todo bien, te lo prometo.
- No sé qué haría si no estuvieras.
- No pienses en eso, porque estoy acá.
- Sos el amigo que cualquier mujer quisiera. –Besó mi mejilla y se fue.-
Yo suspiré y la vi alejarse.
Quisiera ser el novio que cualquier mujer quisiera, más precisamente el tuyo.
-
Hola a todos, he aquí el capítulo de hoy. Espero que les guste y comenten :)
Recuerden que si quieren recibir los links de los capítulos, solo tienen que avisarme acá dejándome su cuenta de twitter, o mencionándome en @FanFictionPyP ☺
Ay me da cosa Pedro!! Siento va a estar al pie del cañon hasta que explote y le diga todo! Espero ese día (ansiedad ante todo ja!)
ResponderEliminarJajajaja, pacienciaaaaaaa
EliminarEs un bombón! !! Amor puro este pp! mimiroxb
ResponderEliminar♥♥♥
Eliminar