jueves, 28 de julio de 2016

Capítulo 31.

En la vida uno sabe que el tiempo pasa rápido, incluso lo siente… Pero cuando sos madre el tiempo se te hace arena entre las manos.

¿Cómo puede ser? ¡Si ayer me enteré de que estaba embarazada!

Cuatro años y medio tenía Bruno… Sí, una locura. Lo miraba y no lo podía creer, tan grande y tan chiquito a la vez. Tan hermoso, tan dulce y tan bueno… Lo miraba y se me inflaba el pecho de orgullo.

Y claro que en todo este tiempo nuestra vida había cambiado demasiado. Pedro se había recibido y estaba trabajando como Ingeniero en una fábrica, yo continuaba con mis tejidos (que cada vez eran más) y me quedaba con Bruno durante el día. Pedro se mudó con nosotros. Ya éramos casi marido y mujer.

Sonó mi alarma y Pedro se estaba bañando… Me levanté y fui a despertar a Bruno.

- Buen día mi amor… -Dije en su oído.- Es hora de levantarse… -Dije acariciando su cuello.- Hay que ir al jardín…
- Tengo sueño mami.
-Reí.- Yo también, pero hay que arrancar el día igual.
- Mmm… -Abrió sus ojos y le sonreí.-
- Dale señorito, arriba. –Y lo llené de besos.- ¿Nos cambiamos?
- Sí.

Lo ayudé a cambiarse y él se quedó mirando la tele mientras yo preparaba el desayuno para los tres.

- Buen día mi amor. –Dijo Pedro abrazándome por la espalda.-
- Buen día amor. –Nos dimos un beso.- ¿Lo llamas a Bruno así desayunamos?
- Dale.

Desayunamos los tres juntos y luego yo me cambié, para llevar juntos a Bruno al jardín. Luego, Pedro se fue a trabajar.

Yo me volví a casa en dónde me bañé y luego me puse a tejer…

Cuando fue la hora de ir a buscar a Bruno, me dirigí hacia el jardín… Pero, él no estaba. Me acerqué a las maestras, algo preocupada por miedo a que le hubiese pasado algo.

- ¿Bruno? ¿Le pasó algo? –Le pregunté a su maestra.-
- Vino a buscarlo su papá.
- ¿Qué? –Pregunté paralizada.-
- Sí, eso dijo.
- ¿Y ustedes no corroboraron?
- Creíamos que era su pareja.
- ¿Pedro?
- Eso creo.

Suspiré y lo llamé a Pedro.

- Hola amor.
- Pepe… ¿Vos retiraste a Bruno del jardín?
- No Pau, estoy en el trabajo.
- ¡La puta madre! –Dije con los ojos llenos de lágrimas.-
- ¿Qué pasa gorda?
- Me dicen que lo vino a buscar su papá. ¿Vos entendes eso?
- Para, tranquilizate.
- No puedo Pedro. ¡No puedo!
- Amor… ¿En dónde estás?
- En el jardín.
- Ya voy para allá, no te muevas.
- Está bien.

Corté y la busqué a la señorita.

- ¿Cómo puede ser que le entreguen a mi hijo a cualquiera? –Le grité.- ¡Es un nene! ¿Cómo puede ser tan irresponsable? ¡Ahora no sé a dónde está mi hijo! –Dije quebrándome.-
- Me dijo que era su papá.
- ¿Ustedes no saben la historia? ¿Para qué carajo me entrevistaron? –Dije con bronca.-
- ¡Pero es su papá!
- ¡Mi hijo no conoce a su papá! –Le grité, llena de bronca.- ¡Porque su padre es un hijo de puta! –Dije apoyándome contra la pared, porque sentía que me caía al suelo de los nervios.-

Y en ese momento, se acercó la directora.

- ¿Qué sucede acá? –Dijo muy calmada.-
- ¡Que le entregó a mi hijo a cualquiera! –Dije tratando de que se me entienda por el llanto.-
- ¿Con quién se fue el nene?
- Con el padre. –Le dije a la directora.- Usted sabe la historia… Ese hombre no puede hacerse cargo de Bruno. –Dije con bronca.-
-Se acercó a mí.- Tranquilizate, porque así no vamos a lograr nada.
- Me voy a tranquilizar cuando esté con mi hijo.

Dije y me senté en un banco, no podía más parada.

- ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? –Les pregunté llena de bronca.-

Y en ese momento, lo vi entrar a Pedro… A quien corrí, para abrazarlo.

- Tranquila mi amor, tranquila.
- Me muero si no vuelvo a verlo Pedro.
- No, no pienses así. –Besó mi mejilla.- Trata de tranquilizarte porque así no vamos a lograr nada.

-

Las maestras no nos daban ninguna solución y aunque yo intentaba mantener la calma para que el estado de Pau no empeorara, sentía que se me iba a salir el corazón por la boca.

Llamamos a la policía y estaban revisando el lugar, en busca de algún tipo de indicio. Pau y yo estábamos sentados en un banco. Tomados de la mano y ella apoyaba su cabeza en mi hombro.

Ninguno decía nada… Tampoco sabíamos qué decir.

Sonó el celular de Paula y ambos nos exaltamos.

- Número desconocido. –Dijo temblando.-
- Atienda. –Dijo uno de los oficiales.-
- No puedo hablar. –Me dijo a mí.-
- Tranquila… -La besé.- Atende, dale.

-

Atendí el celular, sin poder dejar de titubear.

- Hola…
- ¡Al fin me atendiste Paulita!

Lo miré a Pedro y le susurré:

- Es él. –Dije al borde del colapso.-
- Alarga la charla a ver si lo podemos rastrear… -Me dijo modulando un policía y volví al teléfono.-

- Paulita… ¿Estás ahí? ¿Tan poco te importa tu hijo?
- ¿Lo tenes vos hijo de puta?
- Obvio… ¿Quién es su papá?
- ¡Vos no!
- Sí, la genética lo dice.
- La vida no. –Y Pedro tomó con fuerza mi mano.- No le hagas nada, por favor…
- ¿Cómo le voy a hacer algo? ¡Es mi sangre che!
- ¿Qué ganas con todo esto?
- Conocer a mi hijo.
- Te acordaste tarde… Siento que me muero si no lo tengo cerca.
- Imaginate yo que nunca lo conocí.
- ¡Nunca quisiste! –Le dije con bronca.- Traemelo, te lo ruego.
- Solo llamaba para que te quedes tranquila.
- ¿Tranquila con qué?
- Con que está conmigo.

Y me cortó, sequé mis lágrimas temblando y Pedro me abrazó por el costado.

- Lo tenemos… -Dijo el oficial.-
- ¿Qué tienen? –Preguntó Pedro.-
- La localización.
- ¡Vamos entonces! –Dije queriéndome parar, pero Pepe me frenó.-
- Vamos nosotros… -Dijo el oficial.-
- Pero soy la mamá.
- Pero es probable que lo esté haciendo para despistar.
-Suspiré.- ¿Qué quiere decir con eso?
- Que vamos a ir a investigar… Ustedes quédense acá.

Y se fueron, solo quedó un oficial en la puerta.

Pedro me abrazó con fuerza y yo terminé de desarmarme en sus brazos.

- Me voy a morir Pedro.
- No, no pienses así… Ahora tenes que estar más fuerte que nunca.
- No puedo ser fuerte lejos de mi hijo.
- Tenes que ser fuerte, para volver a estar con él.
- Quiero arrancarle los pelos a todas estas forras de las maestras.
- Hey, hey… ¡Tranquila! Así no vas a solucionar nada.
- Es mi hijo Pepe…
- Lo sé mi amor, lo sé. A mí también me duele esto. –Suspiró.- Pero hay que confiar.
- ¿Confiar en qué? ¿En Máximo? ¿Me estás jodiendo?
- Confiar en que la vida aprieta, pero no ahorca.
- No sé, no sé nada… Solo sé que no voy a volver a respirar tranquila hasta no tenerlo otra vez conmigo.
- Confía en que eso va a ser pronto mi amor.

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