Finalmente, Pedro me convenció de ir a la escuela y eso estaba haciendo. Entré con él al aula y nos sentamos juntos, sin saludar a nadie.
El aula aún estaba oscura y él pasó su brazo por mi espalda.
- No sé si quiero estar acá Pepe.
- Al menos, habla con Agos.
- Ahora no.
- ¿Y cuándo?
- No sé, pero quiero tener un ratito.
- ¿Se lo vas a contar?
- Eso creo.
- ¿Y al resto?
- ¿Te soy sincera? Me importan muy poco.
-Me soltó.- Cualquier cosa que necesites. ¿Me avisas? –Asentí y le sonreí.- Así me gusta, con una sonrisa. –Reí.-
Llegó el preceptor y prendió la luz, suspiré y saqué mi cuaderno. No sé qué podría escribir, no podía prestarle atención a un profesor con todo lo que me estaba pasando.
Pasaron lista y llegó la profesora de matemáticas, por suerte nos había dado algunas cosas para hacer, las cuales hizo Pedro y yo copié sin prestarle atención.
Busqué mi celular y le escribí a Agos.
“¿Podemos hablar en el recreo? Por favor… Tengo algo muy importante para contarte y no aguanto más estando así con vos.”
“No sé Paula…”
“Te necesito y te juro que de verdad.”
“No me hagas la psicológica.”
“Sabes que no soy así.”
“Bueno, no sé.”
“Te voy a estar esperando en el recreo, en donde nos encontramos siempre. La próxima hora la tenemos libre, vamos a tener tiempo de hablar.”
Y no me respondió más, suspiré y dejé mi celular.
- Le dije de hablar en el recreo. ¿Nos cubrís si en la hora libre preguntan por nosotras?
- Sí Pau, no te preocupes.
- Espero que podamos hablar.
- Vas a ver que sí. –Suspiré y tocó el timbre.-
Agarré mi celular y lo metí en el bolsillo de mi buzo de egresados, esperé a que salieran todos y luego me dirigí al parque del colegio. Desde que éramos chiquitas que con Agos nos encontrábamos en un árbol específico, el cual estaba demasiado alejado de todos y era lo suficientemente ancho como para que no nos vieran.
Me senté con mi espalda apoyada contra el torco, para esperarla.
A los pocos minutos, la vi venir y sonreí. Se sentó a mi lado sin decir nada.
- Viniste. –Le dije.-
- No puedo seguir haciéndome la dura.
-Sonreí.- ¿Eso quiere decir que me perdonas?
- No sé Paula.
-La miré.- Por favor… Te juro que no puedo sin vos.
- ¿Qué es lo que te pasa?
- Primero necesito que me perdones… Dale Agos.
Quise abrazarla, pero no me dejó.
- No seas así conmigo, sabes que te adoro. –Le dije.-
Esta vez no respondió y fue ella quién me abrazó.
- Te adoro pelotuda. –Me dijo y sonreí.-
- Yo también Agos, yo también. –La abracé con fuerza.-
- ¿Me contas qué es lo que pasa? ¿Problemas con Máximo?
-Me separé de ella.- Creo que es más que eso.
- No me asustes Pau.
- Mmm… No sé si es para asustarse, pero sí es importante.
- No te entiendo.
-Hice una pausa y la miré a los ojos.- Estoy embarazada Agos.
- ¿Qué? –Respondió y sus ojos se abrieron de golpe.-
- Sí. –Suspiré.- No sé, te juro que no entiendo nada.
- ¿Vos estás segura?
- Sí, ya fui al médico. Es seguro.
- ¿Es de él?
- Sí boluda.
- ¿Y qué onda?
- No sé, te juro que no sé.
- ¿Lo sabe?
- No.
- ¿Y vos? ¿Cómo estás?
- Como puedo.
- ¿Pedro lo sabe, no?
- Sí, fue el primero en saberlo.
Ella tomó mis manos y yo hice una pausa.
- Mis papás también lo saben y pretenden que aborte.
- ¿Y…?
- No Agos, ni loca. –Respondí.-
- Está bien, yo pienso igual, pero pregunto por las dudas.
- No sé qué hacer, te juro que no sé.
- ¿Cuándo fue?
- No sé, estoy de tres meses y medio.
- ¿Tanto?
- Sí.
- ¿No habrá sido en el viaje de egresados?
- Mmm… Puede ser.
- Hubo una noche que estaban dados vuelta.
-Suspiré.- Pero si yo tomo las pastillas.
- Anda a saber Pau.
- Te juro que me cayó como un balde agua fría.
- ¿Pero estás feliz?
- Sí, es raro, pero sí.
- Vas a ser mamá. –Dijo apretando mis manos y yo sonreí.- Ay, no lo puedo creer.
Me abrazó con fuerza y yo también la abracé.
- ¿Voy a poder malcriarlo? –Me preguntó riendo.-
- Gracias Agos.
- ¿Por qué nena? –Se separó un poco de mí.-
- Por tomártelo con tanta naturalidad.
- ¿Qué pensabas?
- No, no sé. –Me encogí de hombros.- Pero vos y Pepe son los únicos que se lo tomaron así y me hace bien… -Hice una pausa.- Me hace bien saber que elegí tan bien a mis amigos.
- ¿Me perdonas?
- ¿Por qué?
- Por haber estado enojada con vos… Pobre Pepe.
-Reí.- No pasa nada, ya está.
- ¿Segura?
- Sí amiga. –Sonreímos.- ¿Y por qué pobre Pepe?
- Es pibe, capaz le incomodaba un poco.
-Reí.- Te juro que es un amor, me acompañó al médico.
- ¿De verdad?
- Sí…
- Ese pibe vale oro Pau.
- Lo sé. Deberías engancharte con él.
- ¿Yo? ¡Es mi amigo Paula!
- Sí nena, así mis dos mejores amigos son novios y los padrinos de mi bebé.
- Wow, qué ofrecimiento.
-Sonreí.- Son los únicos dos que sé que van a estar. ¿Te gustaría?
- Me encantaría Pau.
-La abracé.- Sos la mejor del mundo.
- Vos Pauli.
Nos abrazamos durante un rato y sonó el timbre, nos separamos.
- ¿Queres subir? –Le pregunté.-
- No, de última que nos caguen a pedos.
-Reí.- Pepe nos cubre.
- Genial entonces.
Se hizo un silencio y reímos.
- No sé qué hacer con mis viejos, te juro que me iría a la mierda, pero sola no voy a poder.
- ¿No tenes la casa de tu abuela?
- Sí, ya la pensé.
- ¿Y por qué no vas ahí? Está a tu nombre.
- ¿Cómo la mantengo Agos?
- ¿Máximo?
- Máximo me va a mandar al carajo cuando lo sepa.
- ¿Vos queres separarte, no?
- Hace mucho.
- ¿Por qué?
- No importa eso ahora.
- ¿Él te maltrata, no?
- ¿Cómo te diste cuenta?
- Porque me doy cuenta Pau, te conozco. –Corrió el pelo de mi cara.- Cambiaste mucho desde que empezaste a salir con él, por eso te insistí tanto en que te separes.
- Perdón, no lo pude evitar.
- Eso ya está, lo que importa ahora es que hables con él.
- Esta semana voy a hacerlo.
- No vayas sola.
- Pedro me dijo que me acompaña o no sé, algo vamos a hacer.
- Está bien, no quiero que te haga nada malo.
Que lindo capitulo! un tierno Pepe!
ResponderEliminar