- Anda a la casa de tu abuela. Vos tenes ahorros. ¿O no?
- No me van a alcanzar para mucho… Tengo que comprar mil cosas para el bebé, ni
siquiera sé cómo voy a hacer.
- Vos anda y después vemos como podemos ayudarte con Pepe.
- No, no quiero que me den plata. ¡Ni se te ocurra!
- ¿Y qué pensas hacer?
- No sé, ya veré.
- Pau… No seas boluda.
- Tengo que hacerme cargo.
- Pero…
- Yo te prometo que si necesito ayuda, vas a ser la primera en saberlo.
- Bueno, está bien. ¿Puedo ayudarte a ordenar el lugar por lo menos?
- Sí, me encantaría.
- ¿Te gustaría mudarte ahí, no?
-Sonreí.- Sí, hace mucho que lo deseo.
- Entonces hacelo… Capaz podes arreglar con tus viejos, que te den plata.
-Me encogí de hombros.- No sé, no los veo muy felices con la idea.
- Ya van a aflojar.
- Eso espero.
- Vas a ver que sí.
-Suspiré.- Ahora lo que más me importa es poder hablar con Máximo.
- Hacelo cuánto antes, así te lo sacas de encima.
- Te juro que lo que más quiero es que cuando lo sepa, desaparezca.
- Pero, a pesar de todo, es el papá.
- Sí, lo sé… Pero para tener un papá así, prefiero estar sola.
- Es muy valiente lo que decís.
- Tengo que hacerme cargo.
- ¿Lo haces solo por obligación?
- No, te juro que no… Es loco, pero desde que supe que está ahí, que lo amo con
locura. –Agos sonrió.- Es raro, pero es así.
- Te brillan los ojitos. –Sonreí otra vez y toqué mi panza.-
- Es hermoso sentir que hay alguien adentro mío.
Mi amiga posó sus manos sobre mi panza y me sonrió.
- Te amo amiga y yo también amo a esta pequeñez que está adentro tuyo.
–Sonreímos.- Siempre voy a estar para ustedes. ¿Sabes?
-La abracé y besé su mejilla.- Te amo Agostina.
- Te amo Paulita linda.
-Reí.- Gracias, de verdad.
- No, no me tenes que agradecer.
Nos separamos y reímos.
- ¿Subimos? –Me preguntó.-
-Dale.
Volvimos al aula sin que ningún preceptor lo notara y Pedro sonrió al vernos
subir abrazadas.
- ¿Qué onda con las chicas? –Le pregunté sentada arriba de un banco, con ella
frente a mí.-
- No, no sé. Están en otra.
- ¿Te peleaste con ellas?
- Algo así.
- ¿Por qué?
- Por vos.
- ¿Por mí?
- Sí, decían cosas horribles de vos y no lo soporté. ¿Por qué pensas que estoy
sentada con Julián?
- Pero no tenes que perder a tus amigas por mí.
- Ellas ni arrancan al lado tuyo.
-Sonreí.- Te lo digo de verdad.
- Y yo también nena.
Sonreímos y nos abrazamos.
- Qué lindo verlas así. –Dijo Pepe, acercándose a nosotras.- ¿Lo sabe, no?
- Sí, se lo conté hace un rato. –Le dije y Pedro se sentó en un banco frente a
nosotras.- Me alegra que estén los dos
conmigo. Me hace bien. –Confesé.- Son muy importantes para mí.
Ellos sin decir nada, me abrazaron y yo también los abracé.
- Hacen que no me sienta tan sola. –Les dije.- Gracias, de verdad se los estoy
diciendo. Nunca me pasó algo tan… -No sabía que palabra decir.- Como esto,
tampoco creía que me iba a pasar y saber que me apoyan me hace dar cuenta de
que elegí a los mejores amigos del mundo.
- Ay, me parece que a alguien le pegó el embarazo. –Susurró Agos.-
- Lo digo en serio boluda.
- Ya lo sé tonta. –Reímos y nos abrazamos más fuerte.-
- Gracias, de verdad.
- Somos los tres mosqueteros. –Dijo Pepe riendo.- Como siempre. –Reímos
todos y nos abrazamos fuerte.-
Los conocía desde que tenía tres años y eran todo para mí.
El timbre del cambio de hora sonó y entró la profesora de Biología. Clase
teórica. ¡Gol! Mi cabeza estallaría.
- ¿Estás bien Pau? –Me susurró Pepe.-
- Sí, solo que no puedo prestarle atención.
- ¿Segura?
- Sí, sí.
La profesora hablaba vaya a saber Dios de qué carajo y yo no podía dejar de
pensar en cómo se lo diría a Máximo, porque ese era el próximo paso: hablar con
él.
Me había quedado pensando en lo que me había dicho Agos y podría ser que haya
sido en el viaje de egresados, había sido hace casi cuatro meses y Máximo iba a
una escuela cercana a la nuestra y habíamos compartido el viaje de egresados.
En fin, eso ya no tenía vuelta atrás.
Pasaron las horas restantes, hasta que por fin era la hora de salir.
- ¿Tienen algo qué hacer? –Les pregunté.-
- Yo no. –Dijo Agos.-
- Yo tampoco. –Agregó Pepe.-
- ¿Me acompañan a la casa de mi abuela? Quiero estar ahí, al menos unos días y
debe ser un desastre.
- Yo ya te dije que sí. –Me dijo Agos.-
- Obvio Pau, pero tus cosas están en mi casa.
- ¿Podemos ir a buscarlas? –Le pregunté.-
- Sí, obvio. -Sonreí.-
Pasamos por la casa de Pedro a buscar mi bolso y luego, fuimos hasta la casa de
mi abuela.
Ingresar allí me transportaba a mi infancia y a mi abuela, ese olor de su casa
sería eterno. Hacía cuatro años que no estaba y yo aún la extrañaba cada día de
mi vida. Me había dejado su casa a mi nombre.
Pasamos la tarde limpiando y ordenando, para que esté un poco más habitable.
- Mañana quiero hablar con Máximo. –Le dije a Pedro, Agos ya se había ido.-
- ¿Queres que te acompañe?
- No sé dónde puede ser, no quiero que sea acá.
- ¿Él no conoce esta casa?
- No, por eso digo. Para que no sepa dónde estoy.
- Está bien, me parece bien.
- ¿Y en dónde le digo? ¿En una plaza?
- Mmm… ¿No queres que vaya a mi casa?
- No Pepe, ya me estoy aprovechando.
- No seas boluda, dale. Ahí lo voy a poder tenerlo vigilado.
- Pero…
- No se discute.
-Sonreí.- Gracias.
- ¡Basta de decir gracias!
- Es que no puedo no hacerlo.
- Lo hago porque te quiero y quiero que estén bien.
- Sos muy dulce, la mujer que te gane va a vivir en el cielo.
- Me parece demasiado lo que me decís.
- A mí me parece poco. –Reímos y nos abrazamos.-
-
Cuando me decía esas cosas no sabía muy bien cómo reaccionar, me moría por
decirle que yo quería ser solo su hombre.
Besé su mejilla y la abracé más fuerte.
- No va a hacerte nada malo Pau.
- Eso espero.
- Vas a ver que no, confía en mí.
- Confío en vos.
- Me parece perfecto.
-Rio.- Sos lo más Pepito.
- Vos sos lo más Chinita. –Reímos y nos separamos.- No quiero que estés mal,
quiero que a pesar de todo, disfrutes de lo que te está pasando.
-Sonrió.- Cuando pase toda esta tormenta, te prometo que lo voy a hacer.
- No me lo tenes que prometer a mí, te lo tenes que prometer a vos misma y a tu
bebé.
-Sonrió.- Tenes razón, lo voy a hacer por nosotros.
-Le devolví la sonrisa.- ¿Te ayudo con algo más?
- Mmm… Quiero correr un poco la cama, porque tan pegada a la pared se me va a
complicar armarla.
- La corro yo entonces…
- Te ayudo, pasa que sola no voy a poder.
- Vos no tenes que hacer fuerza.
-Sonrió.- ¿Ves que sos un dulce?
Que lindo capitulo! Pobre Pepe, por un lado seria lindo que Pau comience a sentir cosas por el pero por el otro es muy pronto! jajaja
ResponderEliminarJajajaj veremos cuándo...
EliminarPedro es un amor ❤
ResponderEliminar☺♥
Eliminar