domingo, 10 de julio de 2016

Capítulo 9.

“Necesito hablar con vos, es urgente e importante.”

“¿Qué queres Paula?”

“¿Podemos vernos Máximo?”

“¿En dónde?”

“Ahora te mando la dirección, te espero ahí en una hora.”

“Okei.”

Le envié la dirección y lo miré a Pedro.

- Viene en una hora.
- Tranquila, yo voy a estar acá.
-Sonreí.- Gracias, de verdad. Sola, esto no podría.
- Te voy a prohibir que me digas gracias.
-Reí.- ¡Bancatela! Te mereces que te agradezca.
- Pero no lo hago a cambio de un gracias.
- No importa por qué lo haces, lo que importa es que lo haces y eso me hace sentir bien.
-Sonrió.- Listo, basta. –Reímos.-

Pedro se encargó de distraerme la hora restante y estaba a punto de llegar.

- No tiembles, mientras más segura te muestres, más inhibido va a estar él.
- No lo conoces Pepe.
- Yo no voy a dejar que te haga nada malo.
- Me muero de miedo igual.

Y en ese momento sonó el timbre.

- La puta madre. –Dije.-
- Pau. ¿Me escuchas? –Asentí.- Trata de estar lo más tranquila posible, así le podes abrir y le contas todo. Yo voy a estar acá al lado, te prometo que no te va a pasar nada malo. –Acarició mi mejilla.- En serio, tranquila.
-Suspiré.- Anda, dale. Si lo hago esperar va a ser peor.
- Si ves que no salgo, gritame.
-Reí.- Dale.

Pedro se encerró en su cuarto y yo le abrí por el portero eléctrico, lo esperé caminando de un lado al otro y cuando escuché el ascensor, le abrí la puerta. Ya no había marcha atrás.

- Hola. –Le dije.-
- Hola mi amor. –Me besó y entró, claro que sin pedir permiso.- Ya te extrañaba.
-Revoleé mis ojos.- Tengo que hablar con vos de algo importante.
- No me asustes mi amor.

¡Y cada vez que me decía mi amor tenía ganas de trompearlo!

- Sentate Máximo.
- ¿Me explicas qué es lo que pasa?
- ¿Te podes sentar?
- ¡Vos no me das órdenes a mí pendeja! –Me gritó y suspiré, si le respondía mal sabía que iba a ser peor.- Puedo escucharte de parado.
- Prefiero que te sientes.
- ¡Yo no me quiero sentar!
- Está bien. –Hice una pausa.- Necesito que me escuches de verdad.
- Es lo que estoy haciendo nena.
- Tengo miedo de que reacciones mal.
- ¿Cómo voy a reaccionar mal si yo te amo Pau?
-Suspiré, era un cínico.- Estoy embarazada. –Dije sin vueltas.-
- ¿Qué? –Respondió desencajado.-
- Eso Máximo.
- ¿Y me lo decís así? –Me gritó.-
- ¿Cómo queres que te lo diga?
- ¿Cómo podes estar segura de que es mío?
- Nunca estuve con otro hombre.
- ¡Dale Paula! ¡Somos pocos y nos conocemos!
- Por desgracia.
- ¿Por desgracia qué?
- Te conocí.
- Vos a mí no me decís esas cosas pendeja mal educada.
- Te digo lo que se me canta. –Le respondí, enfrentándolo por primera vez.-
- Sacatelo, sacate al pibe.
- No, no lo voy a hacer. –Le respondí segura.- Ni lo sueñes.
- ¿Ves que sos una pelotudita?
- Me importa tres carajos lo que pienses de mí.
- ¡Sos una tarada nena! ¿Cómo vas a tener un hijo? ¿Qué tenes en la cabeza? ¿Por qué no te cuidaste? ¿Por qué queres encajarme a un pibe? ¿Te pensas que soy pelotudo? ¿Qué nací ayer? ¿De verdad pensas que voy a creerte que es mío? ¿Qué voy a hacerme cargo? ¡Sos más pelotuda de lo que creía!
- No, ya sabía que no ibas a hacerte cargo, solo necesitaba que lo sepas.
- ¿Y qué se supone que vas a hacer?
- Tenerlo, es mi hijo.
- Ay, ay. ¡Es mi hijo dice la pelotuda! ¡Es mi hijo!
- Sí, es mi hijo. ¿Algún problema?
- Que no puedo creer que seas tan estúpida.
- Si vas a seguir bardeándome, andate por donde viniste.
- ¡Vos no me hablas así pendeja de mierda! –Dijo agarrándome del brazo.-
- No, estás equivocado. ¡Vos no me maltratas más a mí! –Le grité, con bronca.-
- ¿Quién te crees que sos para enfrentarme pendeja? ¿Quién? –Y me tiró contra el suelo.-
- ¡Sos un forro! –Le grité y me toqué el labio, estaba sangrando.- ¡Pedro! –Le grité.-

Y en ese momento, salió Pedro del cuarto.

- Pau… ¿Estás bien? –Se acercó a mí.-
- Sacalo de acá, por favor. –Me ayudó a levantarme.-

Pedro no me dijo más nada y lo enfrentó.

- ¿Y vos qué haces acá? –Le preguntó Máximo, toreándolo.-
- Soy el que te va a sacar patadas de acá si no dejas de joder a Paula.
- Yo nunca la jodí, es mi novia. La amo. ¿Sos el padre del pibe?
- Sabes muy bien quien soy. –Le respondió.- Y te vas a ir de acá, no tengo ganas de cagarte a piñas.
- ¿Tan cagón sos Pedrito?
- No empeores las cosas.
- Vos las estás empeorando, yo estaba hablando con mi novia.
- Que yo sepa, eso es no es hablar. –Le dijo Pedro.-
- Y yo no soy más tu novia. –Le dije.-
- Andate Máximo, dale.
- No me voy a ir.
- Llamo a la cana, no tengo ningún tipo de problema. –Le dijo Pepe.-
- ¿Llamas a la cana en vez de encajarme una piña? –Rio.- ¡Qué cagón de mierda!

Y claro, lo hizo reaccionar. Pedro le dio una piña en su cara.

- ¡Te vas a la mierda Máximo! Y no volves.
- Qué poca fuerza che.
-Pedro suspiró.- Andate, dale.
- No me voy un carajo. –Y le pegó a Pedro.-

Me acerqué a ellos y me interpuse.

- Andate Máximo, si te vas ahora yo te prometo que no voy a hacer nada. No aparezcas nunca más y no te pido nunca nada, me hago cargo sola del bebé.
- Pau, correte. –Dijo Pedro.-
- Para Pepe. –Le dije y volví a mirarlo a Máximo.- No empeores las cosas, te lo digo de verdad, lo que pasó o no pasó entre nosotros quedará en el olvido, al menos para mí. –Hice una pausa.- Sabía que no ibas a hacerte cargo del bebé, solo quería que lo sepas porque tenes el derecho a saberlo… Ahora que lo sabes podes borrarte y para mí, es lo mejor que podrías hacer.
- Yo te amo Paula.
- No Máximo, vos no me amas. Vos no podes amar a nadie.
- No me digas eso.
- ¿Vos viste cómo me agarraste y cómo me empujaste recién? ¿Eso te parece que es amar?
- Sí.
-Negué con mi cabeza.- Estás muy equivocado, eso no es amar.
- Pero Paula…
- Máximo, te lo ruego. No quiero verte más.
- Dale, andate. –Le dijo Pedro.- No empeores las cosas.
- No quiero irme. –Dijo.- Paula es mía. –Y me agarró del brazo.-
- Máximo, soltame. –Dije tratando de mantener la calma.-
- No Paula. ¡No! –Y me zamarreó.-
- ¡Soltala Máximo! –Le dijo Pedro.-
- No, es mi mujer. –Quiso besarme, pero lo esquivé.- No me esquives mi amor. –Y me golpeó contra la pared, no lo pude evitar y empecé a llorar.-
- ¡La soltas! –Dijo Pedro y lo agarró del cuello, para separarlo de mí.- Por lo menos respeta que está embarazada. ¡Hijo de puta!
- No puedo respirar. –Dijo Máximo.-
- No aparezcas más, te lo digo en serio. ¡No seas tan forro de cagarle la vida a tu hijo! –Pedro lo soltó, pero lo encerró contra la pared.- Andate, no sigas empeorando todo.

Y lo empujó, hasta sacarlo del departamento.

Me dejé caer en el sillón y me largué a llorar con esa angustia que se te incrusta en los huesos. Pedro entró y me abrazó.

- Ya está, ya pasó. –Me dijo.-
- Gracias.
- Sh… Solo pensa en tranquilizarte.
- No quiero verlo nunca más.
- Si vuelve a aparecer, haces la denuncia.
- Pero…
- Confiemos en que no va a volver.
- Eso espero.
- Tranquila, no pienses en eso. –Se separó un poco de mí.- ¿Cómo tenes el labio?
- No sé.
- Voy a buscar algo para curarte.

Y se fue.

2 comentarios: